80 AÑOS DESPUES DEL INICIO DE LA II GUERRA MUNDIAL

1 de setiembre de 1939. Las tropas alemanas del III Reich ingresan a territorio polaco y rápidamente derrotan a las tropas de caballería que se desbandan. Si bien, el Führer Adolfo Hitler había dado evidencias manifiestas de sus intenciones expansionistas en Europa, al anexar Austria (su patria natal, vía el «Anchluss») y Checoslovaquia, en 1938, ni Inglaterra a través de su Premier Chamberlain ni Francia con Daladier, pensaron en la posibilidad remota del inicio de una nueva y cruenta guerra.

De allí en más, se desataría una pesadilla que duraría hasta mayo de 1945, con la rendición germánica y agosto del mismo año, con la capitulación japonesa.

El cine ha reflejado el conflicto bélico con decenas de películas alusivas. Empezaré por una que refleja su final, tan sangriento, considerando que en las últimas semanas, antes de suicidarse, Hitler, mandó a miles de niños, mujeres y ancianos a pelear palmo a palmo contra los americanos y soviéticos que asolaban Berlín. La temible Waffen SS, ahorcaba a aquellos que se negaban a tomar las armas para defender territorio alemán. Desde la óptica original de un grupo comando de tanquistas nortamericanos, el film de 2014, «Corazones de acero» (o «Fury», en alusión, en inglés, al nombre del tanque protagonista), refleja aquellas últimas jornadas de violencia y venganza inusitada entre un bando y otro.

Continúe leyendo

LA PRISION DE LOS REYES

Europa, siglo XVIII, sí, el mismo llamado de “la Ilustración” o de “las Luces”, en el cual, se suponía, sobre todo, a partir de la Revolución Francesa, la razón humana se impondría sobre la religión y la superchería. A la luz del siglo XXI en el que vivimos, se supone que hemos involucionado un poco, no?, sobre todo, para los neohegelianos que piensan la vida y el mundo en términos teleológicos.

Vuelvo al contexto. Aquel fue el primer siglo de la historia de la humanidad, en el que comenzaba a ser incómodo nacer y mantenerse como rey. Tras la Revolución Inglesa instaurando la especial “república” (o dictadura parlamentaria) de Oliver Cromwell (1599-1658) y la Gloriosa Revolución de 1688 que depositó en el trono británico, a un príncipe holandés (Guillermo de Orange, luego Guillermo III) y su esposa María (luego María II), lenta pero inexorablemente, empezaría a prevalecer el axioma de “el rey reina pero no gobierna”. Una verdadera crisis de identidad sobrevolaría las cortes europeas, empezando por la propia inglesa.

No en vano, tres historias, recogidas por el cine, ilustrarían las enfermedades, los pesares, las depresiones y hasta las desventuras y/o desdichas de tres monarcas: la inglesa Ana (la primera como tal de la Gran Bretaña unificada), el inglés Jorge III y el danés Cristián VII.

Continúe leyendo

MARIA ESTUARDO: LA REINA DE LOS ESCOCESES

Escocia es una nación que exigió recurrentemente ingentes sacrificios a quienes pretendieron reinarla, demandando incluso de la vida de terceros. Así como en el siglo XIV, el bravo y popular guerrero William Wallace debió pagar en el patíbulo inglés, la codicia y cobardía de los nobles de su propia amada patria, para que pronto, uno de ellos, Robert de Bruce, se animara a romper con Eduardo I («Zanquilargo»), reinante en Londres, apenas unas centurias después, María Estuardo (Mary Stuart), también perdió la cabeza para que su hijo James, pueda unificar el trono, como Jacobo I y VI sobre ingleses y escoceses, respectivamente. En una nación, donde la pasión ha prevalecido a menudo sobre la razón, no podía ser de otro modo. La imprudencia, el capricho, la ambición, el orgullo y obviamente, el amor, han sido malos consejeros para una elite, incluyendo sus monarcas, que una y otra vez, cederían ante sus pares ingleses.

Paradójica ha sido siempre la historia de María Estuardo (1542-1587) y de su «hermana», «prima» y archirrival, Isabel I Túdor (1533-1603).  No en vano, han habido infinidad de libros e historias llevadas al cine, retratando el fuerte contraste entre estas dos Reinas contemporáneas, la una y la otra. En las versiones cinematográficas de 1936 -protagonizada por Katherine Hepburn– y 1971 -con Vanessa Redgrave como actriz principal en oposición a una genial Glenda Jackson que actuaba como la reina inglesa-, por ejemplo, llamaban la atención, la vida «normal» de una (la católica María, casada, joven viuda y nuevamente casada y encinta con Lord Henry Darnley) versus la atribulada y desdichada de la segunda (la protestante Isabel, hija bastarda confinada por Enrique VIII, soltera empedernida, amante de amantes pero sobre todo, enferma de poder).

Apenas asomaba en el horizonte fílmico, algún rasgo opuesto, en términos morales. María, que sería santificada por la Iglesia Católica, era una mujer agradable, seductora, romántica, hasta con convicciones pero de carácter débil, frágil, impulsiva, incapaz de liderar a un pueblo y mucho menos, a dos. Todo ello la conduciría a un destino fatal, viuda dos veces y prisionera 18 años de su edad de 44. Isabel, por el contrario, con una infancia espantosa, rodeada de enemigos (internos y externos), se sobrepuso a tal derrotero, supo adaptarse al contexto adverso y finalmente, reinó 45 años, sacrificando su propia vida privada al Estado. Mientras una fue realmente «humana», la otra debió omitir su propia naturaleza y el resultado está a la vista, sobre todo, dado el sitial de privilegio mundial al que llevó a Inglaterra, una isla pobre e inhabitable por siglos.

La recientemente estrenada película titulada «Mary, Queen of the Scots»(en español, «Las dos reinas»), protagonizada por las «pelirrojas» (jóvenes) Saoirse Ronan y Margot Robbie, se enmarca en un mundo y en un siglo de neto corte feminista, donde se discute -y reivindica- el papel de aquellas mujeres que lograron reinar en un mundo de hombres «crueles», como lo afirmaba la propia Isabel, quien admite en uno de los pasajes del film, haberse transformado en uno más de ellos. Casi toda la película dirigida por otra mujer (Josie Rourke), gira en torno de ello.

Continúe leyendo

CUANDO «TODOS LO SABEN», MENOS TU

La película española «Todos lo saben» (2018) es la excusa para escribir de cierta concepción cultural latina acerca de la familia, que bien puede ser no muy funcional a un orden social más productivo y ético. El film muestra de manera lenta y algo reiterativa, la actitud típica de una familia del interior español. Hay clima festivo, camaradería, hospitalidad, incluso mucha intimidad pero también la contracara, o, dirían algunos, la lógica consecuencia de «meter la narices donde no corresponde», es decir, violar el respeto por los demás: traiciones, deslealtades, recelos, envidias. La trama, centrada en el secuestro de un pariente, más cercano de lo que se presumía, pone al descubierto todo tipo de intrigas que estuvieron latentes durante largo tiempo.

La película me permitió rememorar muchas reivindicaciones que se hicieron del familismo, esa mirada tan especial que se hace de la supremacía de la familia como núcleo de una sociedad, particularmente en Iberoamérica pero también en la Península Itálica. Cuando deportistas argentinos de la talla de Diego Maradona y «Ringo» Bonavena, pero también en la actualidad, la telenovela de los Icardi y los Nara, exaltaban y exaltan el papel de los padres, los esposos o las esposas, como verdaderos «caciques», dueños de las vidas de sus parejas e hijos, lo cual puede trasladarse fácilmente al plano empresario -son muchas las empresas familiares tanto en España, Italia como en América Latina-, no parece haber forma posible y legítima de inclusión para aquellos extraños o lejanos que integran la sociedad pero se hallan fuera el ámbito del parentesco o la consanguinidad. El personaje de Darín en la película citada, pone de manifiesto lo dicho, con el agravante de que representa a un extranjero, lo cual denotaría cierta xenofobia en el guión.

En resumen, todo se circunscribe a la confianza. Como afirmó Francis Fukuyama en «Trust», las sociedades más progresistas son las que se animan a confiar más en los que no son parientes. Construyen vínculos legales, asociativos, hasta financieros con los que están más allá del «batallón propio», diría Burke. Eso les permite crecer y expandirse a lo largo del tiempo.

En los años noventa, yo mismo fui testigo directo durante cuatro años, trabajando para el Grupo Villavicencio (u Oroño), holding médico de la ciudad de Rosario, de evidente raigambre familiar, de la intrigas palaciegas entre hermanos, hijos, cuñados y yernos, que sin duda, distraían tiempo y recursos  en tan poderoso clan, retrasando su desarrollo empresarial y generando dudas acerca de su vigencia, más allá de la vida finita de sus fundadores.

En un conocido estudio en los años cincuenta, sobre las causas de la pobreza en el sur de Italia, Edward C. Banfield descubrió cierta «incapacidad de los lugareños para actuar conjuntamente en favor de cualquier objetivo que trascienda los intereses inmediatos de la familia nuclear», y ello, porque la lealtad a la propia familia era el único valor aceptado por todos hasta el punto que imposibilitaba colaborar con cualquiera de otra familia.

Banfield denominó a este fenómeno, familismo amoral y atribuyó este singular ethos a una combinación de variables idiosincráticas. Su tesis desencadenó un extenso debate acerca de los requisitos culturales del desarrollo económico y las diferencias entre sociedades cerradas y abiertas y, pronto, este síndrome de familismo amoral fue también utilizado para explicar otros fenómenos como la Mafia o la Camorra pues basta con trasladar esa lealtad incondicional desde el núcleo familiar a la fratría masculina para encontrar el crimen organizado.

Según el español Emilio Lamo de Espinosa, efectivamente, esta singular ética se caracteriza al menos por tres normas, de indiscutible cumplimiento. En primer lugar, «cualquiera de los míos» puede hacer lo que sea (my country, right or wrong); siempre tendrá razón frente a los demás y merecerá -y tiene derecho a exigir- mi apoyo incondicional, al igual que él está dispuesto a darlo, sin condición alguna. En segundo lugar, «quien no está conmigo está contra mí», pues no puede haber neutralidad, y así el mundo se divide en «buenos» (los míos) y perversos (los demás), que merecen reprobación generalizada. Finalmente, «quien ha estado conmigo no puede dejar de estarlo»; la omertá (ley del silencio o código de honor siciliano) no tiene marcha atrás pues la ruptura de este tipo de lealtades es, simplemente, traición que merece la máxima condena (eventualmente, la muerte).

Se ha discutido mucho cuál es el alcance de este flagelo. Pero lo que es probable es que una vez asimilado, puede trasladarse a cualquier grupo: mi religión, mi nación, mi partido político, mi sindicato, incluso mi «nuevo movimiento social», todo ello, right or wrong. Son, por supuesto, lealtades perversas que una vez establecidas, exigen una entrega total, cerrando al grupo sobre sí mismo y acorazando a sus miembros. Pues en el extremo, se es sólo como miembro del grupo, que defiende la identidad total.

Habría que preguntarse si en Latinoamérica, no hemos pagado un precio demasiado elevado en términos de atraso, por mantener tan vigente este familismo amoral que la Europa meridional apenas disimula sólo por mantenerse en el espacio de la UE, Bruselas y Berlín.

Italia y el equilibrio de baja confianza

El decrecimiento demográfico de Europa del sur

VENEZUELA: EL RETORNO DE LA HISTORIA

La semana que termina mostró a la resiliente Venezuela de Nicolás Maduro, bloqueando los caminos de la frontera con Colombia, por temor a una invasión extranjera solapada en la ayuda humanitaria que se ha resuelto a enviar los Estados Unidos de Trump. Al mismo tiempo, el líder bolivariano ha decidido emplear al banco ruso Gazprombank para evitar el bloqueo financiero y comercial que empieza a imponerle Washington. Cada día que pasa acerca a Venezuela al destino de Cuba que logró sobrevivir solitaria tantas décadas aunque según como opere el Maquiavelo de la debilidad o fortaleza en el poder, también puede terminar como la Panamá de Noriega.

Es que el ex chofer de buses ha demostrado ser, a pesar de sus evidentes limitaciones personales, incluyendo las más recientes, con el mal uso del idioma inglés, objeto de burla en las redes sociales, un líder inoxidable. Heredero del chavismo. en elecciones bastante discutibles en 2013, desde 2014 en que empezó a encarcelar opositores como Leopoldo López, tuvo un trienio (2016, 2017 y 2018), que fue empeorando de manera manifiesta en todos los planos. Hoy, Venezuela es sinónimo de todo lo malo que puede vivir un país, en un estado de cuasi guerra. Drama humanitario (3 millones de emigrados), de lo cual fui testigo directo en mi viaje el año pasado, en la frontera peruano-ecuatoriana, con miles de venezolanos de clase media huyendo en buses por la madrugada, esperando que uno por uno, los países latinomericanos los comprendan, alojen y empleen. Escapan de la pauperización, ocasionada por una feroz hiperinflación.

En efecto, desde 2013, el PIB venezolano se ha hundido a la mitad y el año pasado, la inflación superó el millón por ciento. Producto de un «socialismo» poco real, los sueldos de los venezolanos han perdido más del 90% del poder de compra que tenían en 1998, lo cual ha provocado una población desabastecida y por ende, desnutrida. Venezuela hoy posee 220 presos políticos, más que en Cuba, Irán o Rusia. Sólo se han quedado a gozar de las menguadas «mieles» del poder, la «boliburguesía» -los pseudoempresarios amigos del chavismo-, los grupos parapoliciales de choque y los pobres clientelizados.

Claro, Maduro ha demostrado ser un hábil jugador de ajedrez político. Eludió a la oposición una y otra vez. incluso perdiendo las elecciones legislativas de diciembre de 2015. Generó algunas estrategias de desatención y con la ayuda del Vaticano, Cuba y hasta el español Rodríguez Zapatero, pudo mantenerse en el poder.  Estados Unidos sin estrategia alguna y enimismada desde 2001, una Latinoamérica desunida, con Uruguay y Bolivia aún afines al círculo antiimperialista, la Colombia de Santos, enfrascada en una «guerra fría» con Uribe, contribuyeron al resto. Hoy, sin embargo, la situación parece ser otra y los planetas parecen habérsele desalineados a Maduro.

De la mano del nuevo presidente de una Asamblea Nacional que ya no era reconocida como tal, el joven e ignoto Juan Guaidó, se produjo la resurrección de la oposición. Tomar las calles ya no era la única consigna: había que ofrecer diálogo, ley de amnistía para los chavistas y dividir al Ejército, para evitar otra Cuba monolítica. También se trabajó de manera diferente -y eficaz-, el apoyo internacional.

Maduro, descolocado, redobló la apuesta: aceptó el diálogo propuesto por México, Uruguay y Bolivia más nuevas elecciones parlamentarias. Pero sólo le creen Rusia y China (potencias amorales y acreedoras de Venezuela) y el poder militar (del generalato). La «cubanización» del régimen, es decir, mantenerse en el poder, haciendo sufrir hambre a un pueblo engañado y dominado con la excusa del enemigo externo, parece ser la única opción. Como toda mafia, no cederá, no renunciará, porque a los militares y Maduro, los une el delito. Tampoco confían en amnistía alguna.

Es que del otro lado, no hay escenario Panamá 1989. Estados Unidos no podrá invadir. Habría un «baño de sangre» como anticipó Putin y todo ello acarreará mayor impopularidad para los Estados Unidos de Trump. Sólo el tiempo puede definir la partida.

HEINZ DIETERICH EXPLICA EL FRACASO DE MADURO

NICOLAS ISOLA Y LA CINICA ACTITUD INTELECTUAL ARGENTINA EN RELACION A MADURO Y VENEZUELA

BRASIL-ARGENTINA Y EL LIMITE DEL COMPARATIVISMO

Brasil es una realidad muy cercana para mí. Desde pequeño, admiré -y envidié sanamente- su fútbol, conociendo el sur de su vasto territorio por primera vez junto a mis padres hce cuatro décadas exactas cuando tenía 15 años de edad y volví a veranear en él, en los últimos años, recorriéndolo hasta el norte y parte del centro. Ex compañeros de estudios y amigos personales como Marcelo Fretes, Mariano Sánchez, Javier Vadell -a quien tuve como mi propio profesor de Economía Internacional en el Doctorado de Relaciones Internacionales en la UNR en el año 2010- y Guillermo Raffo quienes han tenido o mantienen vínculos afectivos o laborales, incluso tres de ellos, de residencia con el país. El transcurso del tiempo me dio la posibilidad de publicar un capítulo de un libro, proyecto brasileño-español sobre la crisis política de 2015. La afinidad pero también rivalidad con Argentina -producto tal vez de una breve guerra en 1826-1827-, está siempre presente.

En los últimos días, Brasil vivió un comienzo de año de terror.  A fines de enero, el rompimiento de la barragem (represa) en la localidad de Brumadinho en el Estado de Minas Gerais, provocando 157 muertos y 165 desaparecidos con un daño ambiental posterior enorme y ya en febrero, un temporal con una lluvia abundante y duradera que azotó la ciudad de Rio de Janeiro, causando la muerte de 6 personas, fueron dos tragedias que enlutaron al país. Ayer, para agravar este panorama desgraciado en un año que se inició con un nuevo Presidente -internado hace semanas en un nosocomio en Sao Paulo, convalesciente tras la herida provocada durante la campaña electoral del año pasado-, se produjo un incendio pavoroso que mató a una decena de jóvenes promesas de 14, 15 y 16 años, jugadores del Club Flamengo, en las instalaciones del centro de entrenamiento de la entidad, en Ninho do Urubu, también en la capital carioca, donde vivían becados.

Los chicos (en portugués, meninos), aunque apadrinados por actuales y ex jugadores de fútbol profesional, eran atletas de base, que proviniendo de familias pobres de Sao Paulo, Minas Gerais pero también de lugares alejados de Brasil (del norte como Ceará o del sur, como Santa Catarina), dormían insólitamente en un container adaptado como habitación con literas, aunque la Prefeitura (Municipalidad) de Rio de Janeiro sólo la había autorizado como lugar apto para estacionamiento de vehículos. Hay que recordar que el Flamengo es el equipo más popular de Brasil, con más de 32 millones de simpatizantes en todo el país.

Tres acontecimientos muy diferentes, dos de ellos vinculados con el medio ambiente, otro, tal vez más azaroso, provocado por el desperfecto técnico de un aire acondicionado, pero que demuestran a las claras, que detrás de un país que es y se cree grande, llamado a desempeñar un papel importante en su continente y hasta en el mundo – recuérdese la pretensión del ex Presidente Lula -hoy preso en Curitiba-, de una banca estable para Brasil en el Consejo de Seguridad de la ONU como un sexto miembro-, existen debilidades o fragilidades evidentes que alejan al país de la concreción de semejantes ambiciones.

Continúe leyendo

BREXIT SIN ACUERDO: EL FIN DE LA GRAN BRETAÑA CONOCIDA?

Todavía queda margen para evitar el infierno. Ayer, lunes 21, la Premier Theresa May -cuyo contraste con Margaret Thatcher es elocuente-, presentó apenas un esbozo de nueva propuesta de acuerdo de Brexit o salida ordenada de Reino Unido de la Unión Europea (UE). Lo hizo demostrando escaso liderazgo -ya es superada en popularidad por el Speaker de los Comunes, John Bercow-, pero también una enorme capacidad de resiliencia.

Fue derrotada estruendosamente en el Parlamento el martes pasado, algo histórico que no ocurría desde 1924 para un Primer Ministro en ejercicio y ayer apenas superó una moción de censura del laborista Jeremy Corbyn. Acorralada por sus propias incoherencias -la más importante: ser euroescéptica, pero no apoyar el Brexit en 2016 y luego conducir su Partido Conservador y su gobierno hacia tal desenlace-, May se halla en una situación parecida a la de Gorbachov en los meses finales de la ex URSS: salvar el barco, intentar enderezarlo o hundirlo definitivamente.

Continúe leyendo

INTELECTUALES PERDIDOS EN ESTE MUNDO

Quedaron estupefactos primero ante la caída del Muro de Berlín y luego, con el fin de la URSS. Muchos de ellos, tanto los dogmáticos como los arrepentidos, no dejaron de creer que el futuro era «el socialismo real». Pero tampoco «los del otro lado», excepto Francis Fukuyama,  creían en los efectos del avance tecnológico sobre los sistemas sociopolíticos y el impulso que ello le daría a las libertades  y la globalización.

Tampoco vieron venir las crisis financieras globales de los años noventa y ni los retrocesos o contramarchas en contra del denostado «neoliberalismo». Ni siquiera las reacciones de parte del mundo no occidental en contra de la postmodernidad europea o anglosajona, que harían eclosión en el 11S.

Mucho menos podrían interpretar por qué se produjo el «Brexit» en las urnas en 2016 y ni hablar de prever el triunfazo de Trump sobre casi todo el establishment americano. La llegada del populismo a tierras europeas tampoco fue anticipado: si bien se describía hacía tiempo, el impasse en el que cayó la UE desde los dos mil, nada permitía avizorar a los Le Pen versión familiar, Salvini, Iglesias, Wilders y tantos otros personajes caricaturescos que suman grandes cantidades de votos.

Los que tenían que aportar la materia gris, el pensamiento diverso, la explicación, la anticipación -no a la manera de un gurú u oráculo de Delfos, sino a modo de consejero que contribuya a disipar la bruma o la confusión-, no estaban -ni están. En la era de Internet, los influencers se han devorado a los intelectuales.

Continúe leyendo

UN PALACIO CON HISTORIA PRESIDENCIAL EN RIO DE JANEIRO

Rio de Janeiro es famosa por sus numerosas atracciones turísticas y playas aunque también como ex capital imperial, alberga importantes edificios históricos, entre otros, el Palacio do Catete, también denominado «Palácio das Aguas» o Palacio del Barón de Nova Friburgo o ex Palacio Presidencial -el actual donde asumió el 1 de enero pasado, está en el Planalto en Brasilia- o Museo de la República.

Diseñado en el siglo XIX, por un arquitecto alemán, a solicitud del Barón de Nova Friburgo -la colonia suiza cercana a la capital carioca-, el ex Palacio Presidencial guarda un interesante eclecticismo porque exhibe varios estilos: grecorromano, renacentista, versallesco y hasta musulmán. Cuenta con una planta y tres pisos además de amplios jardines, con laguitos y estatuas de diferente tamaño. En la actualidad, desde que dejara de ser sede de gobierno en 1960, es visitado por miles de personas por mes y es empleado como parque de descanso para otros tantos ancianos de clase media que viven en el barrio de Catete, uno de los de mejor calidad de vida en Rio, dada su cercanía con el Parque y praia de Flamengo.

Continúe leyendo

AÑO NUEVO EN BRASIL CON FLAMANTE PRESIDENTE: OTRA ERA?

El 2019 empezó en Brasil con la tradición como cada lustro, de un Presidente novo (nuevo, traducido del portugués). Ya en las calles y las bellas playas del extensísimo litoral costero brasileño, los últimos días del 2018, permitían visualizar no sólo una revitalización de la economía, tras los largos años recesivos de la fase final del petismo en el poder, sólo interrumpido por el ajuste de Michel Temer (2016 en adelante), sino también un clima festivo y de «boom» del consumo que a la postre, quedaría demostrado en el récord de masas de povo (pueblo) presentes en Brasilia, para la asunción del Presidente entrante.

Unas 150.000 personas estuvieron allí el primer día del 2019, con banderas sólo verde-amarelhas con el escudo del «Orden y progreso», como no ocurría desde la asunción de Lula en su primer mandato, en 2003. Claro, primer síntoma de una nueva era: más banderas brasileñas, más nacionalismo, más sentimiento de patriotismo antes que preocupación por clivajes sociales o económicos. Allí estaban vitoreando a su Capitao (capitán), porque no hay que olvidar que Jair Bolsonaro llegó a esa jerarquía como paracaidista del Exército (Ejército) brasileño. Otro outsider y populista que les prometió como personajes tan disímiles ideológicamente pero comunes en varios aspectos, Chávez, Trump u Orban -de presencia insólita en Brasilia-, que venía a «limpiar Brasil», en todo sentido: contra la corrupción, contra el narcotráfico, contra «el comunismo» -hubo una mención explícita a que «la bandera brasileña nunca será roja»-. Lo dijo alguien que a pesar de haber sido diputado durante 28 años, se declaró admirador de la feroz dictadura militar de 1964 a 1985.  Ese halo militarista hegemonizó todo el acto de asunción: la omnipresencia de guardias de seguridad, el desfile del auto descapotado con hombres del servicio secreto, las decenas de miles de soldados y oficiales destinados a resguardar la seguridad del evento y del propio Presidente, quien ya sufriera un atentado que lo favoreció en plena campaña hace algunos pocos meses.

Continúe leyendo