NADA QUE REPROCHAR

Si imagináramos un diálogo de Diego Maradona con Lio Messi hoy tras la final perdida en New York, seguramente le diría «estoy orgulloso de vos, pibe, lo entregaron todo».

Fue muy digno lo de la Argentina, afrontando todo tipo de adversidades, más de lo normal hasta aquí, defensores lesionados, un expulsado y agotamiento temprano de cambios. Contra una apenas buena selección española, que era candidata desde el inicio y que en esta ocasión, logró desnivelar a menos de quince minutos del final, en tiempo extra. Con un saldo similar a Italia 1990, nunca sabremos si Argentina se hubiera coronado, si llegaba a los penales. 

Por ello y mucho más, este equipo de este certamen de Estados Unidos-México-Canadá 2026, nos representó como ninguno. Además de sus mensajes políticos acordes a esta realidad social que vivimos, dejó el alma en la cancha y eso merece el reconocimiento social y deportivo para siempre. Infinitas gracias «Scaloneta».

LA GUERRA Y LA PAZ EN VERSION ARGENTINA

Retiro, CABA, 5.30 de la madrugada del jueves 16 de julio de 2026.A diferencia de otras jornadas, reina la calma, aunque se ven los vestigios de la algarabía general de horas antes. Los primeros laburantes que llegan a la «Ciudad de la Furia» que se desplazan por la Terminal de buses y las estaciones de trenes, caminan más relajados que lo habitual. En las calles de la Villa 31, también se levantan así los que duermen allí -adentro y afuera-. Después de todo, esa gente que se levanta temprano, se esfuerza por sobrevivir en tiempos crueles de los hermanos Milei y desmiente aquellas interpretaciones binarias -absurdas- que solían hegemonizar las redes en estos días, en el sentido que el gobierno que pretendió inútilmente «desmalvinizar» la semifinal, capitalizaría cada triunfo de la Selección en un Mundial tramposo manejado por la «mafia» de la FIFA.

Ya pasó la euforia del Obelisco, aunque también eso se reprodujo en cada plaza y rincón del país. Todos ayudamos a saltar dos metros treinta a Lautaro Martínez que cabeceó con holgura ante una atónita y acobardada defensa de lungos ingleses inútiles. esta vez, no hubo «Mano de Dios» ni jugada extraordinaria de «barrilete cósmico». Los «Three Lions» perdieron esta otra batalla o esta nueva guerra, en su ley. A puro centro a la olla y remates de larga distancia. Con seis de los nuestros que juegan en las Islas y que seguramente sufrirán bullying apenas regresen allí, como sufrió Maradona a la Italia del norte post 1990. El «mufa» Mick Jagger volvió a verlo desde la tribuna como en 1998 y el patrón de Messi, David Beckham otra vez lo sufrió como aquella vez por penales.

Es que la «progresía» de Argentina, hoy arrinconada, no entiende aún hoy que este equipo representa como nadie, la piel y el corazón y por qué no, el alma, de este pueblo. Muchos de estos chicos son hijos de laburantes como los que veo transitar por Retiro. Son el legado no deseado de los desgraciados noventa y del post 2001. Los Martínez -por dos-, los González, los Fernández se criaron en el sacrificio del conurbano o los Romero y los Alvarez en lugares insignificantes del interior sin haber vivido las viejas épicas de 1978, 1986 o 1990, pero conservaron, más allá de ser exitosos y multimillonarios, ese espíritu amateur de dar la vida en una cancha. Por eso, sobre todo, los europeos nos respetan y hasta nos temen, como quedó demostrado ayer con el propio DT alemán Tuchel al frente de los ingleses. Tienen y rodean a un jugador como Messi que es su nave insignia y que en apenas siete minutos puede dar vuelta un partido aunque también a un grupo técnico conductor que practica tras 103 partidos desde 2019, la hermandad, tiene clara la historia y un método de juego práctico sustentado en nuestra forma de ver y jugar el fútbol.

 

Por eso llegaron a una nueva final y ojalá la coronen en New Jersey, con otro campeonato. para que, desde la inmortalidad, lo miren y estén orgullosos, los Rattin, los Housemann, los Menotti, los Sabella y por supuesto los Maradona.

Por ahora, por apenas tres días, los guerreros reposan y nosotros también. Pero el domingo, esperamos que esa paz vuelva a ser la de la gloria. 

 

YA ES LEYENDA

El destino los unía. Maradona («D10s») se nos fue en noviembre de 2020 y Pelé («O Rei») a ellos (brasileños) se les fue ayer. Tuvieron sus momentos de amor y odio durante sus vidas pero creo que terminaron en paz. Sus caminos fueron diferentes, sus comparaciones inútiles pero ambos permitieron engrandecer al fútbol, además de difundirlo a nivel global, en una era de telecomunicaciones que recién despuntaba.

Yo por ejemplo, gracias a la televisión (en blanco y negro) tuve mi primera imagen de Pelé, mirando, muy pequeño, el fabuloso Mundial de México en 1970. Menuda sorpresa posterior tuve cuando mi padre me comentó de la hazaña de mi Colón ganándole 6 años antes al invencible Santos FC de Pelé, uno de los pocos que perdiera en suelo argentino durante la década del sesenta.

Fines de los 70 me mostrarían el ocaso de Pelé en el Cosmos de NYC, promoviendo el fútbol (soccer) norteamericano entre 1975 y 1977, precisamente en el país que compartirá sede con México en 2026 pero al mismo tiempo, vería el nacimiento de la «era Maradona».

Se nos fue Pelé -habiendo ganado 3 Mundiales pero sin jugar nunca en Europa-. Se nos fue, como se nos han ido muchos (demasiados) íconos este 2022 que fenece. Su figura excede el deporte porque incursionó hasta en el cine, junto a Sylvester Stallone y Michael Caine, entre otros. No sólo Brasil estará triste. Nace su Leyenda.

Escenas de «Escape a la Victoria» donde Pelé enfrentó a un equipo de los nazis

DE HIJOS A PADRES

Un día, hace mucho tiempo, un viejo Profesor de Contabilidad de mi Universidad, me dijo «no esperes que tus hijos te agradezcan todo lo que haces por ellos». La vida me llevó por caminos diferentes, entre ellos, a veces conflictivos con alguno de ellos pero nunca atravesados por la indiferencia. Como me crié con padres algo reprochadores, no  esperé ni espero agradecimiento alguno.

Sin embargo, emociona ver cómo ciertos hijos sí agradecen a ciertos padres. En el Mundial de Qatar 2022, se ve cómo el norteamericano Timothy Weah exhibió muestras de cariño para con su padre, el legendario ex futbolista George Weah, hoy Presidente de Liberia, quien no pudiera jugar ningún Mundial con la Selección de su país africano, pero que fuera el primer africano Balón de Oro.

Aquí, el holandés Daley Blind, luego de marcar un gol, con Danny Blind, miembro del cuerpo técnico de Países Bajos y ex jugador de la Selección «Orange».

El gran mediocampista Luka Modric también posteó una foto con su padre, fundiéndose en un abrazo.

Los pampeanos Mc Allister, igualmente postearon fotos especiales, tal vez con cierto sentido simbólico, con papá Carlos, el ex Boca, al lado de Maradona y su hijo Alexis, al lado de Messi.

Finalmente, Giannina Maradona posteó la foto de Brasil animando a Pelé que pasa por un momento delicado de salud, reprochando a la Selección Argentina que no homenajea a su padre.

Hijos y padres, padres e hijos, una relación de cierta protección y/o control, pero aún no negando momentos de tensión o distancia, también ricas en amistad, cuidado, hasta de orgullo y proyección, nunca de indiferencia.

NUESTRO «KAISER» DEL FUTBOL

Si los alemanes tuvieron su emblema en Franz Beckenbauer (76 años) como jugador-líder de la Selección campeona mundial de 1974 además de DT ganador en Italia 1990 y hasta Presidente del Bayern Münich, los argentinos también tuvimos ese equivalente, casi contemporáneo y en el mismo puesto, defensor central (número 6) -y goleador-: Daniel Alberto Passarella. Capitán de la Selección argentina que alzara la Copa Mundial en casa en 1978, DT de la Selección aunque sólo llegara a cuartos de final en Francia 1998 y técnico y Presidente de su club histórico (River Plate). Aunque este último detalle, habiéndolo encabezado precisamente en 2011, año en que descendiera la entidad de Núñez, hace que, sobre todo, en la mente de muchas generaciones jóvenes, se empañe toda la carrera expuesta con anterioridad.

La novedad -triste- que hoy nos golpeara a todos los futboleros de bien, fue que Passarella (69 años) sufre de una enfermedad neurodegenerativa (Alzheimer) que conozco muy bien porque afectó a mi madre antes de su muerte, además, aparentemente, de Parkinson. Esta infausta noticia se emparenta con una similar que conociéramos hace semanas, respecto a Edgardo Bauza (64 años), también ex 6, suplente de aquel equipo glorioso de 1986, también ex técnico -muy ganador- de clubes como su querido Rosario Central y San Lorenzo y del fútbol ecuatoriano. Tiempo atrás nos dejó  físicamente Diego Armando Maradona, adalid de aquel team campeón, con quien Passarella tuviera una escabrosa historia de rencillas, nunca debidamente aclarada en función de los testimonios de sus propios protagonistas en ese mismo Mundial de México 1986.

Passarella aunque no jugara ese Mundial, formaría parte del plantel y sería el único argentino, dos veces campeón mundial de fútbol. Ojalá que ese dato por demás elocuente, alcance a dimensionar su enorme figura más allá de los debates de las redes sociales.

MILEI-MASLATON: EL QUIEBRE

En las últimas semanas, Javier Milei cometió todo tipo de dislates discursivos y logísticos y descendió notoriamente en las encuestas. Justificar la venta ilegal de órganos -prohibida en todo el mundo-, la libre portación de armas -en un país como éste, con una insuficiente madurez educativa- y organizar actos hace un par de semanas, en el conurbano bonaerense (Gerli) y hoy, en Córdoba Capital, con «derecho de admisión», que fueron sendos fiascos, por la poca o nula masividad, fueron sólo algunos de dichos errores. Producto de ellos, ante una opinión pública hipersensible, de pronto, el otrora»León» de hace unos meses, se transformó en un «gatito» inofensivo.

Bajo el influjo de su hermana «demasiado afín», haciendo «buenas migas» con el ex «armador» de Domingo Cavallo en 1999,  Carlos Kikuchi, de origen japonés, un periodista -más RRPP que lo anterior-,  Milei centralizó en ellos toda la «campaña», desplazando al eje protoperonista de «La Libertad Avanza», es decir, la dupla de los legisladores porteños Eugenio Casielles y Ramiro Marra más el abogado bitcoinero y ex concejal, autopercibido «puntero gratuito» Carlos Maslatón y los «twiteros».

Desde estas páginas hemos sido particularmente críticos con todo esta estructura que nunca fue tal o, que en todo caso, fue demasiado monárquica y verticalista pero desorganizada, lo cual le hizo perder a Milei, desde setiembre de 2021, debates televisivos, puntos esenciales en la elección legislativa de noviembre y el alejamiento definitivo del centro electoral, esencial para aspirar al ballotage de 2023. Tal «derechización» de Milei, bastante incoherente por cierto, al embanderarse el diputado en febrero de este año con la causa de Ucrania, se vio rematada con dos decisiones de la dupla Karina Milei-Kikuchi: una, el armado nacional bajo el viejo Partido Demócrata (de tinte rancio conservador aunque de dudosos papeles en regla) y otra, la formación de alianzas con partidos provinciales, que actuaron como satelitales durante la dictadura militar, por ejemplo, el bussismo tucumano.

Semejante desprecio de Milei por la tradición liberal -pero también por la libertaria, a la que siempre usó con bastante ignorancia- no pudo disimularse aunque la familia Benegas Lynch, de prosapia en el liberalismo argentino, pero demasiado antiperonista y pro-Juntos por el Cambio, lo bendijera. Con el tiempo, lo que veíamos hace meses respecto a una radicalización de los entusiastas por el diputado -bastante poco laborioso en ese rol-, se fue confirmando tristemente. Asesorado por el idóneo sin título universitario alguno, el gay Alvaro Zicarelli, su apoyo reciente al perdedor de la elección presidencial colombiana, un anciano dirigente misógino, violento y realmente populista, sumado al show conservador montado en Brasil, al lado del hijo de Bolsonaro -cuyo padre marcha segundo cómodo en las encuestas para el comicio de octubre-, no hizo más que coronar tal derrotero frustrante.

Tras su viaje en abril-mayo pasado, junto al ex Embajador Mariano Caucino, por Israel, Armenia, Georgia y Rusia, Carlos Maslatón ha decidido enfrentarlo. Conocedor de todos sus secretos -y sus trampas- el ex dirigente de la Ucede y UPAU en los ochenta, creador del estilo «barrani», el gran rebelde de la cuarentena de 2020 y que se jugara por la causa rusa como ningún dirigente político en la Argentina, ha resuelto pedirle internas, intentando que recapacite y se aleje del nepotismo. Lo veo improbable pero si de algo estoy seguro es que el lugar de «antisistema» que Milei ocupó coyunturalmente, hoy está vacante y seguirá así si nadie puede erigirse en la figura que canalice el malestar latente del argentino medio.

Será Maslatón quien lo ocupe? Anticambiemita y enemigo de los radicales desde hace 4 décadas, aunque nada «gorila» ( o sea, antiperonista), posee a su favor, la cuota de realismo político y experiencia organizativa de la que carece el 90 % de los políticos que aspiran a representar las ideas liberales y/o libertarias.

Encuentro casual con Maslatón en el Edificio Kavanagh, CABA, diciembre de 2021.

De seguro, si fuera él, tendrá que exigir y autoexigirse el cumplimiento de varias condiciones. Insisto en el punto: si deseara hacerlo. Porque será clave corregir el error básico de Milei: éste jamás prestó atención a la necesaria institucionalización y nacionalización de una estructura partidaria única y novedosa en el escenario político, incluyendo por qué no a José Luis Espert, que lo proyecte de manera competitiva de cara al 2023. Aún hay tiempo.

Cena con Maslatón y mi amigo Julio Nieto, CABA, enero de 2021.

Aquí la nota que le dio a Julio anticipando su interés por candidatearse hace más de un año, en el cual, incluso se animó a hablar de Maradona y el amor a la patria, entre tantos tópicos abordados.

CUANDO ESCOCIA VOLVIO EN VIENA

Continuando con su remontada de varios meses, luego de romper el maleficio de 23 años sin participar de ningún torneo relevante a nivel internacional contra Serbia clasificando a la Euro 2020, anoche en Viena, la Selección Nacional de Escocia volvió al triunfo de visitante, al triunfar 1 a 0 con gol de penal de Lyndon Dykes, sobre Austria. Si bien la reciente participación de los escoceses en el tramo final de la Eurocopa, no fue precisamente positivo, dado que perdió dos de los tres partidos que jugó, incluso jugando aquellos como local en Hampden Park, aunque empatara de visitante con el subcampeón de dicho certamen, el archirrival Inglaterra, la victoria de ayer los catapulta al segundo lugar de su zona respectiva, posicionándolos de manera inmejorable para clasificarse al menos para el repechaje para la Copa Mundial de Qatar 2022, lo cual rompería otro karma, el de no participar en un campeonato internacional desde Francia 1998.

Sin duda, el hecho de contar con un combinado en el que se destacan grandes jugadores que participan en la Premier League u otros torneos prestigiosos de Europa, como Andy Robertson, Scott Mc Tominay, Kieran Tiernay y James Mc Ginn, más el valioso aporte del jugador del Celtic local, Ryan Christie, ha hecho que la actual sea considerada la mejor de todas las escuadras nacionales escocesas de las últimas dos décadas y media. Aún contando con un DT como Steve Clarke, un técnico ultradefensivo que no es mejor que otros ex técnicos, como el alemán Bertie Vogts o los ex seleccionados Alex Mc Leish y Gordon Strachan, pero que sí logró reacomodar al equipo desde atrás para delante, Escocia, un país amante del balompié, que en los últimos años, por variadas circunstancias, vio descender el entusiasmo de los niños -aunque no de las niñas- por practicar fútbol, va por la hazaña de participar al menos, ingresando «por la ventana» al máximo certamen ecuménico mundial del año próximo.

Viena fue escenario de la victoria escocesa y el Estadio Olímpico llamado Ernst Happel -en honor al ex gran jugador y ex seleccionador austríaco y holandés que estuvo en el Mundial de Argentina 1978, siendo subcampeón-, cobijó en plena era postpandemia, a los hinchas escoceses que gozaron como pocas veces y los locales, que le reprocharon al final del partido, la derrota a sus jugadores, con el moreno defensor, de origen filipino-nigeriano David Alaba a la cabeza, poniendo a Austria, al contrario de Escocia, al borde de una nueva eliminación, también tras más de dos décadas de ocaso futbolístico -de un país que disfruta de practicar el esquí o la F1, pero no del balompié-.

Hace unas semanas atrás, pude disfrutar de visitar el Estadio Happel (ex Prater), reservado para vacunaciones y testeos contra el Covid-19, de gente que concurría con sus autos y motos, pero donde ganaron ayer los escoceses y donde, en un hecho histórico, que me llenó de emoción, jugara Diego Armando Maradona en 1980 para nuestra Selección, marcando un hat-trick, en una goleada sobre los austríacos, 5 a 1.

Aquí les dejo las fotos del Estadio.

MENEM: EL ESPEJO DONDE NO QUEREMOS MIRARNOS LOS ARGENTINOS

«Depende del prisma con el que se lo mire». Se trata del juego de las interpretaciones y no tanto de los balances que se precian de racionales, que hacen los terceros, cercanos o no, cuando uno muere.

Hace algo más de 17 años, cuando falleció mi «viejo», un hombre que supo vivir y disfrutar de la vida, pero que engañó a mi madre durante 15, ante su ceguera y la nuestra como hijos, descubrí que todos sus amigos., incluyendo los que no conocía yo, sabían perfectamente hasta lujos de detalles de mi vida. Allí me di cuenta no sólo que «no hay peor ciego que quien no quiere ver» sino que, haciendo una interpretación más que idiosincrática de la Argentina, la mentira está incorporada en nuestro ADN. Nos mienten y nos encanta que nos mientan. Eso conduce a una conducta rayana a la esquizofrenia, tal vez cercana a la de muchos países de Europa Oriental, la propia Rusia y sus vecinos cercanos, donde imperó el «socialismo real»: durante décadas, imperó la mentira oficial del «hacemos que trabajamos y ellos hacen que nos pagan». Aquí no hubo ejercicio de falsedad oficial y sistemático -tal vez el más cercano a ello, fue la cobertura de la guerra de Malvinas o la negación de las violaciones de los DDHH, bajo una dictadura- pero nos habituamos, incluyendo bajo la democracia, tal vez, a modo de elusión de una realidad decadente -codearnos con las grandes potencias y luego descender al infierno-, a vivir hipócritamente.

El mismo cinismo que vemos en estas horas en ocasión de otro entierro, el de Carlos Menem. Otro hombre que supo disfrutar del poder, de los buenos y malos momentos, de la farándula, de las mujeres, en fin, del mundo. Como mi padre. No en vano, Menem murió un día como el de ayer, en pleno carnaval, porque su vida era así, simpática, atractiva, prácticamente una fiesta, incluyendo peripecias graves como su prisión en Las Lomitas o la muerte de su hijo Carlos Junior -que lo shockeó, sin dudas-.

Un personaje que hoy, es reconocido como «un buen adversario» o todo «un caballero», por Jorge Lanata, el periodista otrora progresista, por no decir marxista, ahora republicano y social-liberal, que fundó un Diario -Página 12-, financiado con el secuestro de los hermanos Born, desde el cual destrozaba la política económica pro-mercado de Menem -la única transformadora aunque parcial, en décadas- y la manchaba de toda denuncia de corrupción que se le ocurriera, algo que hasta en estas horas, defiende por su «razonabilidad». Subrayo que en el menemismo, excepto en su ocaso (caso Yabrán y crimen de Cabezas), absoluta libertad de prensa, por lo que los Lanata, los Castro, los Verbitsky, pudieron criticar abiertamente a quien estaba intentando transformar a la Argentina, con un gran apoyo en votos, por primera vez en tantas décadas.

Un ex Presidente peronista que ya no está, pero que es homenajeado con un velorio oficial, en el mismo Congreso de la Nación, por la cúpula oficial del kirchnerismo, una agrupación -ni siquiera partido-, que es manifiestamente antiperonista y sobre todo, antimenemista, más allá de que tanto Néstor Kirchner como CFK defendieron las privatizaciones de los noventa, porque claro, la renta petrolera produce milagros como ése: que dos conspicuos pragmáticos y materialistas, disfrazados de progresistas, justifiquen por ejemplo, una YPF privada y años más tarde, cuan interesante ejercicio «travesti», fundamenten las razones de su estatización.

O que, Duhalde y muchos radicales, que contribuyeron al derrumbe de la Convertibilidad por venganza y orgullo perdido, respectivamente, ahora «se pavonean» en los canales de TV y radios, llenando de loas y alabanzas al supuesto «gran estadista» de las últimas décadas. Como si hoy viviéramos en el «Primer Mundo» que prometió.

O que, para no cuestionar sólo a los peronistas y los K, mi propio partido -la UCEDE- rinda un tributo póstumo a quien, mintiéndole a su propio electorado justicialista, nos sobornó a los liberales y robó nuestras banderas, algo de lo que tardamos en levantarnos, otras dos décadas. Por cierto, como creo en el sitio de control interno y la voluntad como su expresión, mi crítica es mayor a mis propios correligionarios y su actitud en aquel momento -más que al presente- y que al mismo agente incentivador.

Finalmente, hasta parece que numerosos cordobeses se dieron cuenta que Río Tercero se halla en esta Provincia mediterránea: producto de la trágica explosión de 1995 insólitamente todavía no resuelta por la justicia, se solidarizaron con la decisión local de no decretar luto por la muerte de quien se supone, fue el responsable de semejante accidente.

Podríamos seguir infinitamente con el repertorio de conductas cínicas. Pero claro, por razones de espacio, prefiero no hacerlo. Considero que es mejor, sin entrar en el análisis de la política pública en general o la evaluación de la gestión del menemato, al que se lo juzga peor por lo que hizo en el primer mandato que por el segundo cuando tal vez habría que hacerlo exactamente al revés, observar de qué manera ese cinismo puede proyectarse en el tiempo y hacer metástasis en el tejido moral, de la misma manera que lo hecho en el postsocialismo europeo oriental y ruso. Podemos ver más claramente cómo Menem es el padre reconocido de Duhalde quien a su vez, cegado por su ira por la promesa incumplida de aquél de permitirle la Presidencia en ese aciago año 1995, lo fue de los Kirchner y tras éstos, los hermanastros de Macri, a pesar de la grieta artificial, en la que nos han embarcado desde 2008.

Como yo el día del velorio y entierro de mi padre, tal vez -y ojalá-, espero que esta muerte sirva a los argentinos para asumir por fin nuestras verdades por más dolorosas que sean, dar vuelta atrás páginas que ya no nos conducen a nada positivo y finalmente, sobre la base de tal aprendizaje, dedicarnos «a las cosas» como reclamaba Ortega y Gasset.

Mientras tanto, Menem y Maradona seguirán vivos en nuestro recuerdo, dividiendo o alegrándonos.

 

EN EL CORAZON DE LOS BARRIOS PORTEÑOS

León «Lío» y Berta Festinger constituían un matrimonio de larga data que vivían como miembros de la comunidad judía de Buenos Aires -la más importante tras la de Nueva York, en el tradicional y coqueto barrio de Villa Crespo. Lío era taxista, era propietario de un Ford Falcon al que mantenía en buena forma y con él viajaba con su esposa al resto del país, incluyendo mi Santa Fe, a la que iba cada fin de año, a festejar con nuestra familia y la suya, siendo Ester, su sobrina entrañable, la hija de su hermano nacido en New York Estados Unidos, mi tío Benny, mi prima hermana, nacida el mismo día que yo. Tenían un hijo único, Mario, quien ya adulto, en 1988, probaría suerte en Canadá, donde escalaría hasta tener su propia empresa retroexcavadora de nieve, contratada para jardinería. En 2007, volvería al país para instalar su propia joyería en el mismo barrio.

Un taxi típicamente porteño de los años sesenta

Hoy, los judíos están en retirada en Villa Crespo (81.000 habitantes), conservan pocos negocios debido al avance chino pero nadie podrá negar cómo esta comunidad llegó y creció en ese barrio porteño como «Lío» y Berta y tantos otros de clase media, con su casa propia, con su seguro médico, jubilación, auto, veraneo, etc.

Villa Crespo también alberga un club de fútbol, como Atlanta. Allí, actores como Osvaldo Miranda o más recientemente Sebastián Wainrach, profesores universitarios como Eduardo Slomiansky, economistas ligados a la «city» y la banca como Miguel Angel Broda, cada 15 días, concurren los sábados a ver a su equipo favorito sufrir en las categorías de ascenso. Tuvo su época de gloria en los setenta, cuando se codeaba en la «A» con Boca y River -y mi Colón-, con jugadores de jerarquía como Gómez Voglino, el «Turco» Ribolzi, Omar Atondo y un goleador de raza, como Delio Onnis, célebre en Francia, en la misma época donde la clase media «bohemia» tenía un buen nivel de vida.

El mismo que tenían los habitantes de La Paternal (20.000 hab.), con su famoso Asociación Atlética Argentinos Juniors, donde nació Maradona y vivieran entre otros célebres como el ucraniano «César Tiempo», el actor Pedro Quartucci y los músicos, el tanguero Osvaldo Fresedo y el rockero «Pappo» ; Caballito (176.000 hab.), con su Ferro Carril Oeste; Floresta (38.000 hab.) con All Boys; Mataderos (64.000 hab.) con Nueva Chicago y Villa Luro (33.000 hab.) con su Vélez Sarsfield. Todos disfrutaron de la misma época de progreso y bienestar. Careciendo de clubes de fútbol tan populares y ganadores, otros barrios como Villa Ortúzar (22.000 hab.), Colegiales (53.000 hab.) y Chacarita (28.000 hab.), este último archirrival de Villa Crespo y al que Borges le dedicara mucha atención en sus libros, muestran fisonomías e historias semejantes. Con sus bares, bazares, panaderías, talleres, librerías, gomerías, mercados, ferias, pescaderías, negocios de quiniela, lavaderos, inmobiliarias, mercerías, etc., acrecentaron sus patrimonios aún en un contexto macroeconómico tremendamente adverso como el argentino, pletórico en inflación alta persistente, devaluaciones y confiscaciones.

Mural dedicado a Maradona en la Calle Alvarez Jonte a una cuadra del Estadio que lleva su nombre.

Claro, a mí no me satisfacen las explicaciones que se precian de científicas intentando enrostrarle al menemismo globalizador, el deterioro social que vivió a partir de los años noventa, dicha clase media otrora tan pujante. Para ser justos, no hay que olvidar tampoco que los porteños tuvieron servicios públicos durante décadas hasta alcanzar la autonomía como Ciudad tardíamente en los noventa y de modo gradual, como la justicia (federal), policía (ídem), transporte (subte, colectivos, trenes), que fueron financiados subsidiariamente por el resto de los argentinos, por el sólo mérito de albergar la capital del país.

Hoy, en favor de ella, el distrito más rico de la Argentina, por ser la sede o matriz de muchas empresas poderosas, ya ha logrado una gran autosuficiencia que depara un enorme debate en torno a sus recursos propios y beneficiarios de sus políticas públicas. Cabe recordar que la ciudad recibe día a día, millones de personas provenientes del conurbano bonaerense, que trabajan en ella, se atienden en sus hospitales, usan su transporte, etc. sin aportar un peso, lo cual genera otra inequidad.

Algunos subsectores de ella pudieron haber sufrido algún traspié, incluyendo los jubilados aunque ello no es atribuible por supuesto sólo a esta barriada porteña, pero el grueso pudo evitar la caída, lo cual es fácil de percibir hoy con sólo pasear por dichos barrios. La creciente marginalidad, con villas al interior de algunos de ellos, como la Villa Fraga; la delincuencia al estilo «punguismo»; el avance cartonero; el cierre de comercios, etc., no ha sido mayor en estos barrios que en otros. Hoy, el Parque Centenario refleja en parte, esa decadencia, con la presencia de muchas parejas jóvenes con niños, con un lenguaje, vestimenta y códigos que distan mucho del que uno está habituado a escuchar o ver en zonas como Palermo, Recoleta o Belgrano.

Ese mismo Parque en los alrededores, presenta a diario, una buena cantidad de puestos de vendedores de libros usados, el cual es un indicador más de la impronta cultural y artística de estos barrios porteños. Alberto Fernández, el actual Presidente argentino, es un vecino connotado de La Paternal y como él, hay muchos académicos, intelectuales, creativos, etc. que terminan generando un contraste enorme -uno más- con algunas ciudades del interior del país, donde puede existir cierto vigor productivo e industrial pero ambientes carentes de vida cultural.

Tampoco el Estado ha retrocedido. Hay una sucursal del Banco Nación cada 10 cuadras, hay policía de la Ciudad más la Federal patrullando calles y veredas, el Gobierno de Rodríguez Larreta ha embellecido parques y paseos, construido viaductos, limpiando áreas abandonadas como los alrededores del Cementerio de la Chacarita, aunque siga viviendo una familia entera allí, al lado de los muertos célebres allí (Gardel, Vandor, Rucci, Calabró, Pugliese, «Tita» Merello, Guy Williams «El Zorro», Ariel Ramírez, Quinquela Martín, Sandrini, Troilo, Olmedo, Porcel, Gilda, Cerati, Bonavena, etc.) y «fantasmas».

Incluso el mercado no les dio la espalda. El «boom» de Palermo derramó hacia estos barrios citados, sobre todo los más cercanos. Hubo negocios tradicionales que se reciclaron o especializaron. La Avenida Warnes, célebre en el país por su enorme oferta repuestera para autos y camionetas, continúa con vida y hasta parece revitalizada de la mano de Toyota y otras marcas extranjeras. Pudieron venderse casas o edificios para que se instalen allí gigantes de los medios como Fox Sports, radios como la de Luis Majul, empresas discográficas que crecieron después de 2001 y hasta Universidades privadas.

De acuerdo a la fría estadística, la ciudad de Buenos Aires tiene un ritmo inmobiliario cambiante, fluctuante, incesante pero demográficamente estable. En las últimas siete décadas, su población se mantiene incólume en 3 millones de habitantes. Una muy baja tasa de natalidad, una inmigración que se mantiene alrededor de 15 % de la población -mucho menor que la de inicios del siglo XX- y una esperanza de vida muy elevada lo cual revela un profundo envejecimiento, explican aquella estabilidad. Barrios enteros como Puerto Madero se han sumado pero están dedicados a la inversión inmobiliaria, hotelería y alquiler selectivo para turistas. Muchos porteños de clase alta han emigrado hacia la zona norte (Vicente López, Olivos, Tigre, Pilar, etc.). Lo que ha crecido enormemente es el primer cordón del conurbano (Avellaneda, Lanús, La Matanza, Quilmes): ello explica la duplicación poblacional diurna de la Capital Federal, fácilmente visible en estaciones de trenes y buses como Retiro y Constitución. El corazón de la vieja Buenos Aires todavía permanece vigente en los barrios que hemos citado y descrito aquí: donde hay paz por las tardes, se baldean veredas y los vecinos toman mate en las veredas.

Los barrios citados con su medio millón de habitantes, son otra cara más de la diversa pero excitante Ciudad de Buenos Aires y por ende, del también variopinto país en el que nací. Ningún estereotipo ni tampoco explicación fácil sirven para describir su realidad. Pertenecen a una realidad nacional y urbana con una baja productividad pero al mismo tiempo, con una increíble vitalidad y hasta capacidad de reacción. La misma que me transmitían Lío y Berta cada vez que los veía. Ellos también son ejemplo de supervivencia en esta Argentina tan especial, a su manera.

UN MAGO DEL FUTBOL

Los Millennials nacían a este mundo cuando ya Juan Román Riquelme, uno de los cuatro mejores jugadores de futbol que dio este país junto a Maradona, Messi y Bochini, empezaba a deslumbrar en el Mundial Juvenil de 1997 logrando campeonar a la Argentina en Malasia. Hoy, es nombrado en una nueva faz, la política, candidateándose como Vicepresidente segundo de una lista opositora al macrismo hegemónico en Boca Juniors, el club de la Ribera en el que se consagró desde 1996 a 2002, a pesar de que se había formado en «el semillero del mundo», Argentinos Juniors, la entidad del barrio porteño de La Paternal, del cual es hincha, el actual Presidente argentino electo, Alberto Fernández.

De bajo perfil mediático, a menudo hermético, lo cual le granjeó pocos amigos en un país como Argentina, donde hay que abrir la boca hasta cuando redunda, Riquelme era un jugador algo cuestionado por su frialdad y hasta «lagunas mentales» en el juego, especialmente por su forma displicente de desplegar su fútbol. Pero nadie jamás pudo dudar de su inteligencia extraordinaria para mirar la dinámica del partido, colocar preciosas asistencias de gol y cuando no, potentes y precisos remates al arco desde media distancia o tiros libres. Era muy difícil -o imposible- arrebatarle la pelota: sacaba de quicio a sus marcadores, dejándolos siempre al borde de la tarjeta amarilla o la expulsión. Con un físico muy particular -y raro para un «enganche» de su categoría-, aunque tampoco fuera un 10 normal, Riquelme sabía como pocos, esconder el balón y sacar pases filtrados, que descolocaban a los defensores rivales. Como si tales talentos no le alcanzaran, dominaba mentalmente el juego, supliendo la disciplina táctico-física con su dominio mental.

Aquí lo vemos lucirse jugando para la selección argentina dirigido por Peckerman y Bielsa contra el Brasil campeón mundial de 2002, en 2005 y el Chile de Bielsa en 2007, respectivamente. En ambos partidos, Riquelme sería la figura central, marcando hermosos goles contra sendos rivales poderosos.

En el Mundial de Alemania de 2006, el único que jugó, Argentina quedaría eliminada por el anfitrión por penales en cuartos de final. Fue el último mejor equipo nacional que yo viera jugar en certámenes globales. Observarlo a Juan Román jugar con Messi era un deleite especial. Los absurdos caprichos de Bielsa en 2002 y Maradona en 2010, lo privarían de jugar otros dos Mundiales.

A nivel de clubes, Riquelme jugó también en el Barcelona (2002) pero sin destellar como lo haría en el pequeño Villarreal de España (2003-2006), llegando a una semifinal de la Champions League, cobrándose revancha de su experiencia anterior. Volvió a Boca Juniors (2007-2013), su verdadero lugar en el mundo aunque se retiró donde había comenzado: en Argentinos Juniors (2014).

Admirado y respetado por los hinchas de River, me despido con los goles que Riquelme le marcó a mi Colón: lo tuve que padecer pero al mismo tiempo, disfrutar y envidiar sanamente, a menudo, jugando en contra.