CUANDO ESCOCIA VOLVIO EN VIENA

Continuando con su remontada de varios meses, luego de romper el maleficio de 23 años sin participar de ningún torneo relevante a nivel internacional contra Serbia clasificando a la Euro 2020, anoche en Viena, la Selección Nacional de Escocia volvió al triunfo de visitante, al triunfar 1 a 0 con gol de penal de Lyndon Dykes, sobre Austria. Si bien la reciente participación de los escoceses en el tramo final de la Eurocopa, no fue precisamente positivo, dado que perdió dos de los tres partidos que jugó, incluso jugando aquellos como local en Hampden Park, aunque empatara de visitante con el subcampeón de dicho certamen, el archirrival Inglaterra, la victoria de ayer los catapulta al segundo lugar de su zona respectiva, posicionándolos de manera inmejorable para clasificarse al menos para el repechaje para la Copa Mundial de Qatar 2022, lo cual rompería otro karma, el de no participar en un campeonato internacional desde Francia 1998.

Sin duda, el hecho de contar con un combinado en el que se destacan grandes jugadores que participan en la Premier League u otros torneos prestigiosos de Europa, como Andy Robertson, Scott Mc Tominay, Kieran Tiernay y James Mc Ginn, más el valioso aporte del jugador del Celtic local, Ryan Christie, ha hecho que la actual sea considerada la mejor de todas las escuadras nacionales escocesas de las últimas dos décadas y media. Aún contando con un DT como Steve Clarke, un técnico ultradefensivo que no es mejor que otros ex técnicos, como el alemán Bertie Vogts o los ex seleccionados Alex Mc Leish y Gordon Strachan, pero que sí logró reacomodar al equipo desde atrás para delante, Escocia, un país amante del balompié, que en los últimos años, por variadas circunstancias, vio descender el entusiasmo de los niños -aunque no de las niñas- por practicar fútbol, va por la hazaña de participar al menos, ingresando “por la ventana” al máximo certamen ecuménico mundial del año próximo.

Viena fue escenario de la victoria escocesa y el Estadio Olímpico llamado Ernst Happel -en honor al ex gran jugador y ex seleccionador austríaco y holandés que estuvo en el Mundial de Argentina 1978, siendo subcampeón-, cobijó en plena era postpandemia, a los hinchas escoceses que gozaron como pocas veces y los locales, que le reprocharon al final del partido, la derrota a sus jugadores, con el moreno defensor, de origen filipino-nigeriano David Alaba a la cabeza, poniendo a Austria, al contrario de Escocia, al borde de una nueva eliminación, también tras más de dos décadas de ocaso futbolístico -de un país que disfruta de practicar el esquí o la F1, pero no del balompié-.

Hace unas semanas atrás, pude disfrutar de visitar el Estadio Happel (ex Prater), reservado para vacunaciones y testeos contra el Covid-19, de gente que concurría con sus autos y motos, pero donde ganaron ayer los escoceses y donde, en un hecho histórico, que me llenó de emoción, jugara Diego Armando Maradona en 1980 para nuestra Selección, marcando un hat-trick, en una goleada sobre los austríacos, 5 a 1.

Aquí les dejo las fotos del Estadio.

VIENA Y EL CINE

La capital austríaca es extraordinaria. Rodeada de bellezas, pero también dotada de un gran patrimonio cultural, combina historia con calidad de vida, con un clima benigno durante buena parte del año. Eso le permite recibir anualmente una gran cantidad de turistas, aunque la pandemia se lo ha impedido desde 2020.

El capital simbólico de Viena también es elevado. Además de haber sido el hogar y el lugar de trabajo de numerosos artistas a lo largo de los siglos, cualquiera de nosotros puede encontrarse hoy en sus calles, a un poeta que nos entrega sus escritos a cambio de una donación; una melodía entonándose en alguna peatonal o parejas tomadas de la mano a lo largo de la costa del Danubio. Como no podía ser de otro modo, el cine ha elegido esta exquisita capital, para filmar muchísimas películas en sus lugares especiales, que los tiene -y muchos-.

Tanto la romántica “Antes del amanecer” (en inglés, “Before sunrise”), estrenada en 1995, con esa dupla postmoderna que conformaron en los noventa, Ethan Hawke y Julie Delpy, como películas claramente de acción y suspenso, como “Misión imposible 5” (2015) y “James Bond: Living daylights” (1987) la eligieron como escenario de imágenes inolvidables para el séptimo arte. Incluso “El pacificador” (“The peacemaker“), en 1997, con George Clooney y Nicole Kidman, tratando sobre la cercana guerra de los Balcanes, menciona a Viena como centro europeo del film, aunque su director eligió Ljubliana para grabar las escenas correspondientes a aquélla.

Aquí, les mostraré numerosas fotos de la ciudad en su vida diaria, a lo largo de los meses de julio y agosto, en pleno verano de este año.

Presten atención a la Opera de Viena, uno de los grandes edificios emblemáticos de la ciudad, donde se filmaron grandes escenas de las películas nombradas.

SCHONBRUNN, LA “JAULA” DE SISSI

Schönbrunn, Viena. Otro de los Palacios imperiales de la capital austríaca. Además de Hofburg, aquí también habitó la gran Sissí Emperatriz.

En algún momento, hace años, escribimos sobre lo difícil que imagino, debe ser vivir en una familia real, como las que usualmente ostentan ciertos Estados europeos, en el presente pero también en el pasado. Este último es el caso de la familia Habsburgo-Lorena (o Lothringen), que reinó Austria -y el Imperio Austro-Húngaro– durante siglos y que cobijó a Isabel de Baviera (1837-1898), más famosa como Sissí Emperatriz. Su triste historia en pleno siglo XIX, podría afirmarse, sin temor a equivocarnos, se asemejaría y hasta anticiparía la de otra Princesa, también liberal y bastante popular, la británica Lady Diana Spencer -“Lady Di”, infelizmente casada con el Príncipe Carlos, en el siglo XX.

Sissí era de origen alemán: cuarta de 10 hijos, nació un 24 de diciembre en Münich pero creció como niña, libre y feliz, en contacto con el campo y la naturaleza, en Possenhoffen, a orillas del Lago Starnberg. Sin duda, que semejante socialización, un tanto rousseauniana, la condicionaría para su futuro, que le depararía sólo encierro y presiones de todo tipo, típicas en toda monarquía.

En un típico matrimonio arreglado por conveniencia familiar, definido por su madre y su tía, se casó con el Emperador Francisco José, quien empero, se enamoró de Sissí. Esta le dio cuatro hijos, aunque dos de ellos murieron en circunstancias diferentes: Sofía Federica, a los dos años, producto de tifus y Rodolfo, el primogénito, a punto de convertirse en Emperador, por causas que aún hasta hoy se desconocen. Como mamá, sólo pudo criar enteramente a su última hija, María Valeria (1868-1924), a quien llamaba cariñosamente “mi hija húngara”, por el aprecio que le tenía a Hungría, que la había cobijado en momentos difíciles y nación a la cual, la propia Sissí estimularía en el logro de su autonomía y libertades constitucionales ante la propia Austria. 

Sissí era bella, inteligente, culta, políglota -hablaba cinco idiomas- y amaba a los animales, sobre todo, a los perros, pero sobre todo, era liberal y rebelde, algo que le deparó enormes dolores de cabeza en su relación con la conservadora elite austríaca. Dicha incomodidad, más los dramas de su vida, la alejaban cada vez más de Viena y de su marido, con quien terminaron teniendo una relación epistolar pero platónica. Sus viajes recurrentes a Irlanda, Inglaterra, Grecia, Portugal y Suiza, entre otros, la relajaban y sólo mostraba interés por los asuntos políticos de Hungría, máxime cuando favoreció la unión monárquica con Austria, bajo el formato del nuevo Imperio.

En uno de esos múltiples excursiones europeas, mientras paseaba con una de sus damas de compañía, por la costanera de Ginebra, Sissí sería asesinada por un anarquista italiano, a dos años de finalizar el siglo XIX.

Su legado ha sido trasladado al cine, donde sería protagonizada por una actriz austríaca también muy bella y de similar trágica vida, Romy Schneiderel gran amor del francés Alain Delon– pero en términos políticos, podría afirmarse que Sissí pudo imprimir su sello liberal al gran Imperio Austro-Húngaro, el más pacífico y tolerante de las últimas centurias. Tal vez, tanto amor y tanta pasión, no correspondidas en la corte vienesa y sus hermosos jardines, con la amplitud y significado que ella hubiera deseado, pudieron plasmarse en la integración de naciones europeas, incluyendo sus culturas variadas, en el contexto de una paz que duró décadas.

HOFBURG Y SU BALCON MALDITO

Austria tiene una particular historia de amor-odio con Alemania. En ausencia de ésta, en el siglo XIX, formó parte sucesivamente, con Prusia y otros Estados alemanes, de la  Confederación del Rin o Rheinbund (1806-1813) -bajo hegemonía napoleónica-; la Confederación Germánica o Deutscher Bund (1815-1866) , ya bajo la Santa Alianza, entrando luego en guerra con aquélla y tras un cierto distanciamiento, en el siglo XX, siendo anexada vía el Anschluss a la Alemania nazi, cuyo Führer nació en un pueblito alpino austríaco. Tras haber compartido un lúgubre destino común, con ejércitos de ocupación americano y soviético hasta 1955, Austria logró su independencia, a costa de su neutralidad en la Guerra Fría y hoy, en el seno de la Unión Europea, Sebastian Kurz se alinea casi al unísono con Frau Angela Merkel, incluso en la lucha contra la pandemia.

En la entrada central a la Plaza de los Héroes donde se halla el Palacio

Del fragmento olvidable de la historia, es decir, el nazismo, todavía quedan retazos. En marzo último, la Directora de la Casa de la Historia de Austria, pidió que se reabra al público, el balcón del Palacio de Hofburg, donde Hitler diera su célebre discurso del 15 de marzo de 1938, ante 200.000 personas. El mismo es arquitectónicamente más similar a una terraza, ya que se encuentra directamente encima de una entrada cubierta que conduce al palacio desde la Plaza de los Héroes (en alemán, Heldenplatz), un sitio de manifestaciones políticas y reuniones, tanto pasadas como presentes.

Vieja fortaleza militar del siglo XVIII, restaurada como Palacio en 1847, es uno de los tres más famosos -junto con Schönbrunn y Belvedere- que tiene Viena y uno de los tantos que usaron los Habsburgo, la familia real austríaca -cogobernante de la España imperial- en el pasado. También es el más grande y el más antiguo, habiendo tenido como inquilinos célebres previos a Hitler, a Francisco José I y su esposa Isabel de Baviera, más conocida como “Sissí”. Mucho más fugaz fue la estancia del Zar de todas las Rusias, Alejandro I, quien se hospedó allí durante el histórico Congreso de Viena de 1815.

Estatua en honor al Archiduque Carlos de Habsburgo-Lorena (Habsburg-Lothringen). Carlos fue Generalísimo del Ejército austríaco, el mayor rival de Napoleón y comparable a Wellesley.

Volviendo al episodio de la apertura del balcón de Hitler, remite una vez al pasado, el mismo que del que Austria se ha hecho cargo, por sus complicidades con el nazismo alemán. Su República actual está entretenida con otros quehaceres más pueriles, si se me permite el término, como el asilo o no, a refugiados afganos pero como se ve, esa especial relación de pocos años con el totalitarismo nazi, vuelve una y otra vez, a impactar, por el peso de la memoria histórica.

Estos carteles alegóricos a la democracia liberal, ubicados en plena Heldenplatz, testimonian la legitimación republicana de la que hace gala Austria día a día, tratando de enterrar para siempre, aquellos años malditos de fines de la década del treinta, aunque pueda haber todavía hoy disidencias respecto a cómo hacerlo.

PARALELISMO DE DOS PAISES QUE EMPIEZAN CON “A”

Me preguntan que asemeja y qué diferencia a #Argentina y #Austria?

En principio, los iguala la globalización y por lo pronto, la fecha de elecciones (en noviembre). Luego, hay varias distinciones. No sólo que el segundo está poblado originariamente por germanos (campesinos y conservadores) mientras el primero, por mestizos, aunque ambos tuvieron grandes oleadas de inmigrantes cuando mejor les fue: Austria, ahora, desarrollada, con un generoso Estado Benefactor, miembro de la #UE y la #OTAN, atractiva para sirios, afganos, kurdos, iraníes, balcánicos, africanos, etc.; Argentina, en la segunda mitad del siglo XIX, cuando recibió el récord de 6 millones de inmigrantes, preferentemente europeos.

Hay otras singularidades, a pesar de que te podés encontrar en el bus, una joven argentina, mendocina, tatuada, con su pelo teñido de violeta. que hace más de un año, deambula por Austria, eso sí, acompañada por un valenciano, estudiando Anatomía Patológica (Medicina) y ahora intentando entrar en Ingeniería, aunque antes debe rendir el nivel básico de alemán. Argentina es en grande, como esa joven. Está perdida, sin brújula. Austria es ordenada, organizada, todo funciona, no hay ruidos en su capital (Viena), excepto alguna ambulancia, autobomba o coche policial persiguiendo drogadictos en la costa baja de los canales del #Danubio (Donau).

En Viena, la ciudad con mejor nivel de vida de #Europa, donde gobiernan los socialistas hace 102 años, invictos en todas las elecciones, todo está limpio, impecable, sin grito alguno, la sociedad es homogénea y obediente pero responsable, no hay pobres en las calles, excepto algunos borrachos noctámbulos aislados. Los únicos diferentes son los refugiados e inmigrantes recientes de la última década, cuando aprisionados en #Turquía y #Grecia, se fueron viniendo al norte, recalando masivamente aquí, porque es el paso previo -y más accesible- que #Alemania.

En este país de Europa Central, lindero y tan afín a esa primera potencia europea (Alemania), los políticos no son profesionales: tienen vocación de servicio, están encuadrados ideológica y partidariamente -hay disciplina en tal sentido-, sujetos a códigos especiales y como no deben vivir de la política, o del #Estado, o del dinero de los contribuyentes, las propias empresas, sobre todo, las de seguros, los emplean. Sí, aquí los políticos se dedican a vender seguros: no entran a los directorios de las compañías para hacer lobbying en favor de sus intereses.

Como ya hemos visto, en una entrega anterior, el Presidente Van Der Bellen, por ejemplo, pasea todas las mañanas por el #Arenbergpark como un jubilado más o, concurre a su trabajo, en metro.

Respecto a temas de la agenda política, en vísperas de elecciones, el gran problema de los últimos años, es que han proliferado las ayudas a los refugiados e inmigrantes iraquíes, afganos y sirios -los más cultos de todos, igual que los iraníes-, con sólo llenar formularios y obligarse a aprender el alemán. Ello ha despertado inquietud y rechazo por parte de la población austríaca autóctona pero también de los inmigrantes de los ochenta y noventa, quienes han pagado ya un “enorme derecho de piso”, razón por la cual se enrolan en las filas del #FPÖ (Partido de la #Libertad), el viejo partido de Jörg #Haider, uno de los primeros dirigentes derechistas que tuvo #Europa, trágicamente desaparecido en 2008, tras haber sido gobernador del Estado de #Carintia (vecino a #Eslovenia).

Tuvimos la suerte de asistir a uno de los primeros actos políticos del #FPÖ (Partido de la #Libertad), agrupación de derecha conservadora-liberal, tercera fuerza nacional detrás de los socialistas y la coalición gobernante democristiana (conservadora-popular)-ecologista (izquierda actual). Fue en un distrito alejado de la ciudad de Viena, el 22, llamado Donaustadt -donde naciera el gran futbolista austríaco (negro) David Alaba-, pero el tercero más importante por su nivel de ingresos. En un bar al aire libre, con la sombra de los árboles, en lugar de choripán y una Coca Cola, les daban a los asistentes, casi todos, de mediana edad, blancos nativos y canosos, la tradicional salchicha (picante, para mi gusto), en un pebete vienés y un jugo de manzana.

Los discursos de Angela Schütz -la nieta del gran sociólogo austríaco Alfred Schütz, discípulo de la Fenomenología de Hüsserl y ex compañero de estudios de Mises y Hayek- y el candidato a concejal Maximilian Krauss, incitaban a los aplausos de los presentes, sobre todo, cuando se proponía pagarles boleto de regreso a los últimos inmigrantes. Conste que este acto se desarrolló unos días antes de la caída de Kabul, capital de Afganistán, lo cual podría generar otra oleada humanitaria hacia estas tierras, de la magnitud que tuvieron los austríacos con la guerra de Balcanes en los noventa y la crisis siria en 2015.

Qué objeta particularmente -y con alguna razón- la derecha austríaca en relación a los refugiados? Que por ejemplo, los refugiados provenientes de Afganistán son trasladados en helicópteros o aviones de la Fuerza Aérea Austríaca, financiados con el dinero de los contribuyentes austríacos. Allí nace una segunda objeción: “quien abandona su hogar para estar cómodo en nuestro Seguro Social no necesita protección, sobre todo si luego visita su país para irse de vacaciones a casa”. Agrego yo, en función del carácter gregario o colectivista de sus entornos familiares, hasta son portadores irresponsables del virus Covid-19, cada vez que van y vienen de sus tierras natales, por ejemplo, los balcánicos.

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VIENA Y SUS CONTRASTES

En el Arenbergpark de la majestuosa capital austríaca, podemos encontrarnos una mañana cualquiera sentado en un banco, a un anciano dándole de comer a las palomas -o a los cuervos, omnipresentes por la cercanía con el verdoso -no azul- Río Danubio (el Donau, en idioma alemán).

Es nada más ni nada menos que el Presidente Federal del país, Alexander Van der Bellen (77 años).

Por cierto, no podría imaginar algún primer mandatario latinoamericano y mucho menos, argentino, que adoptara ese tipo de conductas, incluyendo viajar en metro o en tren, como si fuera un ciudadano común más. En realidad, lo es aunque, independientemente de ese cargo que ostenta hace apenas cuatro años, algo más que simbólico o protocolar como en todo semiparlamentarismo, los gobernantes austríacos no gozan de privilegios especiales, viven en sus domicilios particulares, no tienen autos con choferes ni son mirados por la población, como príncipes o virreyes, con algún “derecho divino”, sino como simples servidores públicos, sin mayor distancia que la que guarda Van der Bellen con sus vecinos vieneses en el subte o el parque.

Foto tomada del Wiener Linien, 2019.

Más reciente, en plena pandemia, 2020.

Sin embargo, en el mismo parque al que suele concurrir el Presidente, profesor universitario (de Economía) y dirigente ecologista Van der Bellen, sorprenden erguidas dos moles de cemento, cerradas, tenebrosas, que impactan mucho más al estar rodeadas de verde, plantas, árboles, pájaros y hasta simpáticas ardillas, con un bar un poco más allá de ambas. Al lado de las mismas, incluso, hay una cancha de básquet -o fútbol cinco-, con piso de mosaico, donde juegan chicos propios del multiculturalismo de este país: negros africanos, balcánicos, musulmanes, cristianos ortodoxos, sirios, persas. Esas moles son los famosos bunkers de la II Guerra Mundial. Han permanecido allí como tristes recuerdos de un pasado austríaco ligado al nazismo: Adolf Hitler nació en Austria y este país fue anexado en 1938, en el contexto del famoso Anschluss (unión o reunión, en lengua alemana), preanunciando lo peor: la invasión un año más tarde, de la invasión alemana a Polonia, un 1 de setiembre de 1939.

Uno de los bunkers con la cancha de básquet al lado.

Una cabina teléfonica en desuso, reciclada a pequeña librería para donar. Atrás, uno de los bunkers.

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VIENA: LA CAPITAL DEL ARTE? O EL INTELECTO?

Muchísimos turistas europeos y chinos recorren las tiendas de souvenirs de la emblemática capital austríaca, donde abundan muñecos, dibujos y regalitos con la figura de la Emperatriz Sissí (inmortalizada en el cine por la malograda Romy Schneider) o Wolfgang Amadeus Mozart, al que también popularizó Hollywood pero más por los celos de su maestro Salieri, por sus extraordinarias dotes musicales. No me olvido de otros músicos como “el padre de la sinfonía” Franz Joseph Haydn o clásicos como Franz Schubert o Johann Strauss (padre e hijo), así como el más contemporáneo Falco (pop) o el gran pintor simbolista-modernista Gustav Klimt. No obstante ello, Viena (con 1,8 millones de habitantes o 2,4 millones si se incluye la zona metropolitana), además de estar situada en la propia línea de fractura entre Occidente y Oriente, advertiría Huntington, fue la residencia de Sigmund Freud (entre 1891 y 1938), quien además le debe a la ciudad, su ámbito de trabajo y, lo más importante, el nacimiento del Psicoanálisis.

Caminando en un agosto calurosísimo pero húmedo, por sus bellas y tranquilas calles, con sus recuerdos del infierno nazi y cerca de un rinconcito “latinoamericano”, donde se halla la Embajada de México y un Instituto de cultura iberoamericana, casi de casualidad, descubrimos la Plaza del genial pero polémico Freud. Como no podía ser de otra manera, con un extraordinario verde, con “duchas” públicas que lanzaban agua vaporizada pero sobre todo, y ésta es la novedad, con reposeras gratuitas para que la gente pudiera elegirlas y sentarse plácidamente en el césped, como si la vida y el mundo fueran puro placer. Y vaya si lo es, o al menos, lo fue en esas dos horas que estuvimos allí, hasta que la crueldad de la necesidad básica del hambre distrajera nuestro cerebro y sentidos, cuando no, una lluvia breve pero intensa, propia del cambio climático que Trump y muchos niegan, nos hizo desistir de todos nuestros planes originales.

Ya sentado en ese paraíso urbano, recordé al Círculo de Viena, esa pléyade de intelectuales brillantes que en 1921, apenas unos años del final de la Primera Guerra Mundial, debatían en los cafés de la ciudad, sobre preocupaciones epistemológicas y filosóficas, como el origen y las formas del conocimiento humano, aunque obviamente, la sombra de Freud sobrevolaba aquellos debates. Todos aquellos positivistas lógicos como su fundador, Moritz Schlick -asesinado por un estudiante nazi en 1936-, Rudolf Carnap, Carl Hempel, Otto Neurath y desde una mirada crítica, Karl Raymund Popper y Ludwig Wittgenstein, quienes desplegarían en las décadas posteriores , toda su sabiduría pero también refutaciones mutuas y mutaciones en sus pensamientos originales en cátedras europeas y americanas -tras la llegada del nazismo-, además de influir sobre la Economía, la Filosofía, la Historia y la Ciencia Política, entre otras disciplinas, cuando no, hasta movimientos políticos, tan contrastantes, como el “Mayo francés” y la llegada del neoconservadorismo thatcheriano y reaganiano al poder en la alianza noratlántica.

El también vienés Friedrich Hayek, era contemporáneo de Popper y varios años más tarde, fue un afamado economista, Premio Nobel y gran influyente en políticas macroeconómicas de no pocos gobiernos de centro-derecha en el mundo, empezando por el de Adenauer-Erhard en la Alemania de postguerra. Genuino representante de la llamada Escuela Austríaca de Economía, Hayek también respiró y vivió aquél aire especial de Viena en la primera etapa de su larga vida (93 años) aunque viviría en Inglaterra y moriría en Alemania. Estoy seguro que gravitó especialmente en su devenir intelectual.

Precisamente, en dicha ciudad, cuando joven, Hayek dudó entre estudiar Economía o Psicología. Al decidir por la primera, jamás abandonó la inquietud social pero sobre todo por “la explicación del principio”: por qué y cómo conoce el hombre. Década tras década, sus análisis de la formación de precios, la función que éstos cumplen, el orden espontáneo del mercado (imperfecto) y el conocimiento disperso que lo sostiene, pero particulamente, los mecanismos de cooperación voluntaria, comparando a la sociedad con “la fábula de las abejas” de Mandeville, mostraría un Hayek permanentemente preocupado por indagar acerca de aquella primera gran pregunta.

Lo que muchos ignoran es que aquel Hayek relativamente maduro escribió en 1952, un libro brillante, como “El orden sensorial: Los fundamentos de la Psicología teórica”. En medio de la ignorancia que existía en la primera mitad del siglo XX acerca de la organización anatómica y fisiológica de la corteza cerebral, Hayek podría intuir genialmente con increíble clarividencia, lo que en Neurociencia cognoscitiva, se verificaría muchos años después.

En efecto, entre 1960 y 1990, en varios laboratorios alrededor del mundo, con nuevos métodos para trazar conexiones nerviosas en el cerebro del mono, se descubrió una enorme gama de conexiones entre las distintas áreas corticales, es decir, la conectividad entre asambleas de neuronas era larga, incluso enlazando áreas distantes. La novedad era que, como advirtió Hayek, había un orden. Había y hay conexiones pero también existe procesamiento de la información y hasta evolución y desarrollo de difeente grado. Así en ese orden autogenerado y autoorganizado, se forman en simultáneo, percepción y memoria, una forma de explicación que se distancia de la Psicología de la Forma o Gestalt. Para Hayek, se trata de un proceso dinámico y en forma de redes o “mapas” neuronales de representación cortical que permiten explicar no sólo el orden sensorial de la percepción y la memoria, sino también la atención, la inteligencia y hasta el lenguaje.

Fue en Viena, donde Hayek se inspiró para su obra, ésta y toda, por las obras psicológicas que leyó entre 1919 y 1920. Tres décadas más tarde, siendo un profano pero inquieto, descubrió el vacío en el tratamiento del tema, seguramente motivado por el desprecio de la ciencia por la especulación y su apego a todo empirismo. Eso aumentaría su inquietud y curiosidad y entonces se dedicaría a escribir sobre la cuestión. El agradecimiento especial a Popper, a John Eccles pero sobre todo, a Ludwig von Bertalanffy, con su teoría sistémica de la organización (1942), revelaría en el Prefacio, sus influyentes especiales. De Bertalanffy, tuve la primera referencia en mi vida, gracias a mi gran profesor de Derecho Administrativo en la UNR, Norberto Quinto Martínez Delfa.

Pero claro, tampoco todo es arte, o ciencia o filosofía en Viena. Hay lugar para la religión. Claro, fue el último bastión cristiano en resistir a los turcos. La célebre Catedral de San Esteban (en austríaco, Stepahansdom), es visitada por miles de turistas a diario. Allí están enterrada toda la familia real Habsburgo.

Postales del Danubio, que no es tan azul y much menos, en un día gris, con una costanera muy especial y hasta un playita “a lo Rodríguez Larreta”..

Así se procede a la demolición de edificios no tan viejos en Viena, para reemplazarlos por más modernos. No somos los únicos interesados en detener nuestra caminata y observar el proceso. La gigantesca maza-grúa y el cerco especialmente preparado para la caída de escombros, son dignos de elogio.

Como en Bruselas, siempre hay un lugar reservado a ellos, los canes. Pero también los árboles son cuidados con esmero, con advertencias a los transeúntes para caminar con cautela en piso congelado en invierno. Cuándo no, las patinetas eléctricas que aquí se ven por doquier.

El fin del “canillita” -el diariero individual en Argentina-.

Me despido de Viena, con una pregunta existencial y cultural, como no podía ser de otra forma. En qué se diferencian los austríacos de los alemanes? son más puros? son más educados? son más provincianos? menos cosmopolitas? más relajados? Lo dejo a uno de los austríacos más famosos hoy, más allá de los ya nombrados aquí, más otros tan diversos como Hitler, Lauda, etc. que responda a su manera: el actor Christoph Waltz.

Más allá del éxito empresarial más reciente de KTM -famosas motos del Rally Dakar-, Red Bull -en bebidas y F1- y Swarovski, Viena sigue siendo clásica. Bien vale un vals.

Adiós, mi querida capital del mejor Imperio que tuvo la humanidad, el más liberal, pacífico y menos intervencionista: el Austro-Húngaro (1867-1914). Ojalá retorne.

LA F1 DE LUTO: NIKI LAUDA

La máxima categoría del automovilismo mundial, es decir, la Fórmula Uno, está atravesando una de sus horas más aciagas, no sólo por su momento de cierta monotonía, por la hegemonía de Mercedes Benz, sino por la muerte de uno de su ex campeones- ícono, el austríaco Nicolaus Andreas “Niki” Lauda, ayer en Zurich (Suiza). Para colmo, el 19 de mayo se cumplió un nuevo aniversario del cumpleaños -el número 91- del también ya fallecido -en 1982-, genial diseñador, constructor y hacedor de una de las marcas más gloriosas de la F1 -Lotus-, el británico Colin Chapman.

Pero volvamos a Lauda, insisto, tres veces campeón (1975, 1977 -ambos con Ferrari- y 1984 -con Mc Laren-), subcampeón en 1976 y dos veces cuarto (1974 y 1978). No estoy de acuerdo con la mirada al estilo de la película “Rush: pasión y gloria” (2013) donde se construye una imagen del austríaco como un piloto fino, pero sobre todo frío, racional, calculador, en constraste con el aventurero y siempre audaz británico James Hunt.

Tal vez, la imagen grabada en nuestras retinas del abandono de Lauda el día de la carrera de Fuji (GP de Japón) en 1976, por condiciones adversas en la pista, debido a la copiosa lluvia, cediéndole el trofeo de campeón a Hunt, algunas carreras después del propio terrible accidente que sufriera en Nürburgring (GP de Alemania), haya contribuido a dejarnos esa falsa representación.

Pero más allá de qué factor influyera en esa polémica decisión, está claro que toda la extraordinaria trayectoria de Lauda antes y después de ese accidente, su increíble recuperación, quedando desfigurado para toda la vida, volviendo a salir campeón mundial de pilotos ocho años después y hasta emprendiendo nuevas actividades fuera de la F1 pero en otro campo tanto o más peligroso pero excitante, como la aviación comercial civil con “Lauda Air”, “Niki” y “Laudamotion”, en su país natal – poco afecto al emprendedorismo capitalista-, demostraron sobradamente que el gran Niki, era tanto o más orgulloso, luchador, perseverante pero también audaz, arriesgado y veloz que cualquier colega top, escribiendo una de las páginas más gloriosas y épicas del automovilismo global.

Terminaría sus días antes de tener sus recientes complicaciones de salud que lo llevarían a su deceso en Suiza, como asesor en los boxes de Mercedes Benz, donde se cansó de ver los triunfos de Lewis Hamilton. Seguramente, este gran vencedor británico, no muy querido a escala mundial, ha recibido más de un consejo del gran ex piloto nacido en Viena.

A pesar de que, al igual que Senna y Vettel, nunca fue mi ídolo -por su puja con el mío, Carlos Alberto Reutemann-, mucho más tarde, reconocí su grandeza. Con esta página, creo saldar esa deuda pendiente. Sus coterráneos, pero sobre todo, los simpatizantes en el mundo de Ferrari, Mc Laren y Brabham, entre otros también pensarán lo mismo. QEPD Nicki.

PRIMAVERA: DESDE LA MUSICA CLASICA

La estación primaveral en el Hemisferio Sur comienza cada 21 de setiembre (este año, exactamente el 22) y culmina con el inicio de un verano fulgurante, todos los 21 de diciembre, orillando las Fiestas cristianas de Fin de Año – Navidad y Año Nuevo-.

Es hora de homenajear esta estación, en la que yo nací y con la cual me siento más a gusto, aunque durante mi infancia, me trajo trastornos alérgicos que sólo pude superar con el mero transcurso del tiempo. Se trata de la más romántica del año, con el crecimiento de las plantas, los árboles, las flores y el césped, que soportaron los cada vez menos duros inviernos y esta vez, le ofreceremos nuestro tributo a través de la música clásica, propicia para el relax y la meditación, tan de moda en estos tiempos postmodernos.

En plena modernidad, el italiano Antonio Lucio Vivaldi, nacido en Venecia en 1678 y fallecido en Viena, en julio de 1741, en pleno maravilloso siglo XVIII, fue un verdadero genio innovador musical, exponente de la música barroca, que compuso cerca de 800 obras, que inspiró nada más ni nada menos que a Johann Sebastian Bach y que con su famosa serie de conciertos para violín y orquesta, llamada  “Las Cuatro Estaciones”, le dedicó en 1726, estos sones de violín a nuestra querida primavera.

Un detalle poco conocido de Vivaldi es que era sacerdote y fue ordenado como tal a los 25 años de edad. Tuvo sin embargo, una vida un tanto licenciosa y era un despilfarrador nato del cuantioso dinero que cobró como empresario teatral de ópera, muriendo en la pobreza en la capital austríaca.