En el CEDEMA, un grupo multidisciplinario preocupado por temas de política doméstica e internacional, participé cerrando un ciclo sobre Rusia, junto a otros expositores. Aquí está la grabación de mi presentación.
El bloguero hispanoargentino residente en el norte español, especializado en temas militares, Sergio Rodríguez me invitó en dos ocasiones a hablar sobre la Rusia de Putin y la guerra de Ucrania.
En la primera de modo solitario.
En la segunda, debatiendo con Ignacio «Nacho» Montes de Oca, operador histórico del macrismo, hoy seguramente bullrichista, al servicio del régimen de Javier Milei.
Ojalá los disfruten.
Luego de un largo período de censura, con motivo de asociarme a la sancionada Rusia, volví a la TV europea. me gané el mote de polemista, por ello, intervine en sendos debates, ambos con profesores españoles, claramente alineados con la OTAN y la UE, primero a propósito del supuesto plan de paz de Trump sobre la guerra ucraniana, finalmente torpedeado por los propios europeos y Zelensky y segundo, sobre el pre-acuerdo sobre tierras raras con el líder de Kiev.
He aquí las dos presentaciones.
En febrero pasado:
En mayo pasado:
1. Podemos preguntarnos si esta versión de Trump es la misma impotencia de su primer mandato, donde sobraron los tweets y poca gestión, porque hubo un mix de mucha resistencia y contradicciones propias y por lo tanto, ningún cambio, o si esta vez, viene en serio, una nueva era en EEUU -y el mundo-.

2. Hay novedades esta vez, que le juegan a favor. Fracasó Biden, sobre todo por la inflación y el costo de las guerras innecesarias. El «Deep State«, si lo hay, puso todo de sí entre 2020 y 2024 y fracasó. El triunfo de Trump esta vez fue rotundo: no necesitó a los hackers rusos ni nada que se le parezca. Pero ahora tiene como aliados a los señores feudales «tecno» como Bezos, Zuckerberg y Musk, entre otros, que lo necesitan para competir contra China.

3. En Estados Unidos, dependiendo de la profundidad de sus cambios prometidos, puede ser un «giro reaganiano», un nuevo ímpetu ánimo que les devuelva la grandeza perdida o, simplemente, lo contrario: más polarización, más violencia -innecesaria- y por ende, mayor debilidad presidencial, a pesar de los gestos. Si es este último el escenario, podemos esperar lo peor para el país que fue el más poderoso de la Tierra durante la mitad del siglo XX y parte de éste: separatismo, disgregación, explosión social, etc. Parecido a la ex URSS. En decadencia parece ya estar o, al menos, en una transición de cierto declive.
4. Hay una tercera opción. La medianía, lo cual, parece ser similar a un fracaso, sobre todo personal. Para un megalómano como Trump, es muy poco si no lograr torcer el rumbo de un liderazgo chino pero mucho más, si la sociedad norteamericana no mejora en todo sentido, desde su calidad de vida o bienestar hasta el orgullo de ser parte de un país grandioso, donde el «American Dream» vuelva a ser realidad y no una ficción lejana.
5. Europa se verá en problemas si Trump avanza con la paz en Ucrania, si patrocina gobiernos de derecha afines y deja huérfana a la OTAN. Pero si no lo hace, la relación también será tensa porque las dificultades en el vínculo estarán a la orden del día. La moralidad de unos y otros es muy diferente. Geopolíticamente, tanto seguidismo bajo el ala de Washington le costó muy caro. Axiológicamente, la apuesta a un mundo liberal y progresista como el de 1992, parece hoy llegar a su fin, producto de las propias torpezas. Europeas, no de los chinos o los americanos o los rusos.
6. Los chinos se frotan las manos porque dudan que Trump puede hacer lo que prometió. El mundo no occidental espera confiado su oportunidad histórica. América Latina debiera estar allí pero en estas tierras, sólo Lula «la ve», diría Milei. Este apostó como Menem, antes con otro mundo, ser obsecuente de Estados Unidos, a cualquier costo. Dudo mucho que tengamos algún beneficio. Tampoco lo sería si lográramos algo.
7. Los rusos tienen su sed de venganza saciada. Les hace recordar su momento yeltsinista. El sueño de llegar a Marte ni siquiera los convence. Como románticos que son, prefieren seguir apostando a la Estación Internacional. Más terrenales, tampoco se ilusionan con las promesas de paz en Ucrania.
8. Problemas y mayor incomodidad veo en la relación con México. Para Scheinbaum será todo un reto, como Presidenta de ese país y como mujer, hallar el contraste más inteligente con el nuevo ocupante de la Casa Blanca. Recuerdo siempre a Huntington cuando decía que los mexicanos algún día recuperará en paz, todo lo que los americanos le conquistaron. Llegará ese día pronto? se acelerará la espera con Trump?
9. En gestión interna, algunas fichas le pongo a Kennedy Jr. Puede haber un cambio revolucionario allí si tiene éxito su MAHA. Al resto del gabinete, le veo pocas luces. Es casi una monarquía -plebiscitada-.
10. Malas noticias para los liberales del mundo. No es una era favorable. Ni para las democracias como aventuraba Levitsky ni para el intercambio comercial y cultural. El «Camino de Servidumbre» a lo Hayek, se tejió hace décadas, como antes de 1933. El proteccionismo no desapareció, los intelectuales abdicaron su responsabilidad docente, los liderazgos fuertes pero responsables murieron y no tuvieron reemplazo. Occidente olvidó sus valores. Discutir conservadorismo versus agenda woke es empobrecedor. La manipulación tecnológica y la promesa fácil típica de los demagogos, serán moneda corriente, con sociedades cada vez más idiotizadas. Ojalá las guerras no terminen sepultando los pocos valores que quedan de manera residual. Quizás sólo el comercio del mundo no occidental nos salve.
En el marco de la séptima presentación de mi libro, estuve ayer en la ciudad de La Plata, para participar, como hace 11 años lo hago, en carácter de ponente en el XII Congreso de Relaciones Internacionales, del IRI-UNLP. Allí compartí momentos especiales con colegas, amigos y asistentes, tanto virtuales como físicos a los sucesivos eventos.
Pero antes, fui entrevistado por Facundo Quiroga y equipo periodístico en Realpolitik. He aquí la entrevista que se refirió a la figura de Vladimir Putin y al pueblo ruso.


En mayo pasado, la entusiasta cineasta Silvana Jarmoluk, a quien conocí hace ya algunos años en las Jornadas Eslavas que organiza la Sociedad Argentina Dostoievski, me hizo un reportaje sobre Rusia y la política internacional en su programa radial propio (Pax Russika). He aquí, la versión original.
Aquí en Radio Jai, la radio judía de Latinoamérica, el martes 2 de mayo, por la mañana.
Difícilmente a tantas décadas de mi ausencia en mi ciudad natal (Santa Fe) podría existir un reconocimiento, pero ya hace unos años, con mi charla sobre la Federación Rusa en la UCSF en noviembre de 2018 y ahora, este viernes 24, presente en un canal de cable, tal vez, nos hayamos acercado como nunca, a esa necesidad interior de intentar esa valoración.
Aquí les dejo entonces, ese último reportaje, aunque todavía no quede tan claro, la verdadera motivación que halló Putin para atacar Ucrania -y por ejemplo, no haberlo hecho antes-.
Una guerra que así como a muchos nos sorprendió por su origen y evolución posterior, hoy, podría prolongarse y hasta desencadenar una guerra nuclear, si los actores siguen perdiendo el control de sus actos.
NOTA PARA SPUTNIK MUNDO RESPECTO AL VIAJE DE BIDEN A UCRANIA
NOTA EN «EL HERALDO» DE BARRANQUILLA (COLOMBIA)
ENTREVISTA PARA TELESCOPIO DE SPUTNIK SOBRE LAS INTERNAS DE LA OTAN
ENTREVISTA PARA RT, SOBRE LA POLITICA DE ENGAÑOS DE EEUU
ENTREVISTA PARA RT SOBRE ACTIVISTA UCRANIANA RECONOCIDA POR EEUU
Para los realistas en Relaciones Internacionales, tanto la historia como “maestra de la vida y el mundo” y los “intereses nacionales” son factores clave a la hora de explicar la lógica de las vinculaciones entre Estados. Sin embargo, la misma historia demuestra en diferentes períodos, cómo esos “intereses” evolucionan y hasta cambian incluyendo un cariz diametralmente diferente del que tenían.
Dicho contraste se observa por ejemplo, comparando el momento de la II Guerra Mundial, con éste que vivimos, a partir del 24F, la fecha que detonara la “operación militar especial” de Rusia sobre Ucrania o, el recrudecimiento de la guerra en el Donbass que se iniciara en marzo de 2014.
Claramente, casi los mismos actores estatales, con diferentes gobiernos, aun cambiando las circunstancias o los contextos, también afectan o modifican los intereses de esos mismos Estados.
Mientras en la II Guerra Mundial cuya finalización inauguraría una etapa de cooperación entre las potencias victoriosas sobre el Eje, los Estados europeos (más Estados Unidos) buscarían casi desesperadamente el auxilio de la ex Unión Soviética, en estos últimos meses de 2022, se vislumbra un escenario de confrontación política y económica inédita entre la Unión Europea y Estados Unidos versus Rusia, a propósito de la cuestión ucraniana.
Por razones ideológicas había muchos más motivos, a la manera del francés Jean Francois Revel, para equiparar como totalitarismos a la ex URSS con la Alemania nazi y entonces, combatirlos a ambos por igual, que para defender por un lado, a una Ucrania actual, de una historicidad nacional frágil más valores demócraticos bastante más dudosos y por el otro, castigar a una Rusia cuya trayectoria histórica reciente es mucho mejor en términos institucionales de lo que se esperaba en 1992 y su relación con vecinos, nada comparable con los Imperios zarista y bolchevique.
Sin embargo, mientras en 1942, “Occidente” eligió aliarse con su supuesto archienemigo ideológico para derribar a Hitler, ahora elige combatir a esta Rusia, cuya cooperación no era puesta en duda en los noventa (hasta 2014) y, defender a una Ucrania, a la que se juzgaba críticamente en Bruselas y Washington también hasta ese año. Qué factores incidieron para semejante cambio de percepciones y acciones entre ambos períodos históricos, es la pregunta que se puede formular al plantearse la elaboración de este trabajo preliminar.
La II Guerra Mundial en el frente oriental
Iniciada la llamada “Operación Barbarrosa” por la cual la Alemania nazi, rompiendo el Pacto Ribbentrop-Molotov (agosto de 1939), invadió la URSS, de manera “relámpago”, Estados Unidos no necesariamente mostró mayor interés geopolítico por el suceso pero sí delegó en Inglaterra, cierto papel al respecto.
Concretamente, como bien documentara el periodista británico Alexander Werth, Washington encomendó a Londres, la negociación diplomática para convencer a Stalin de la necesidad de sostener el frente oriental a cualquier costo, de manera de darle tiempo a la primera para planificar y organizar la “Operación Overlord”, es decir, atacar a Berlín en el frente occidental, desde el Mar del Norte, sobre las playas de Francia.

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