INCREIBLE: ALEMANIA DERROTADA EN RUSIA 2018

Si “el fútbol es la dinámica de lo impensado” como solía repetir el DT de la Selección Argentina campeona del mundo en 1978, César Luis Menotti, nunca pensaba ya ver en vida, así como hoy, en el Estadio Luzhniki de Moscú, a la otrora invencible Alemania: desorientada, nerviosa, perdida. Con Jerome Boateng -un defensor lento y torpe que ni siquiera sabe sacar un lateral-, empujando al equipo desde atrás, con Mesut Özil, Julian Draxler y Thomas Müller fastidiosos con todo, con la totalidad de sus centrodelanteros en cancha (Julian Brandt, Mario Gomes, Timo Werner) yendo desesperados a buscar cada “centro a la olla”, con su técnico Joachim Löw, sentado al lado de su ayudante, cada vez más confundido, buscando respuestas al desorden de su equipo.

Es que la Alemania de hoy se parecía a la Alemania de la final de 1986, precisamente en el Estadio Azteca del DF, cuando el planteo de la Argentina de Bilardo-Maradona, le planteó un esquema similar para derrotar a aquella que conducía el “Kaiser” Franz Beckenbauer. Como en aquella oportunidad, Alemania no pudo jugar, se sintió los 94 minutos incómoda y ése fue el gran mérito de México, que al contrario, de lo que le indicaba la lógica, le jugó de igual a igual, aunque sin ingenuidad, sino con un esquema previamente preparado y sintonizado a la perfección por sus once jugadores.

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JUNIO: UN MES SIEMPRE ESPECIAL PARA LOS ARGENTINOS

El sexto mes del año tiene un significado particular para los argentinos. no porque sea el de su independencia, que es en cada julio o el de su tan especial “revolución” que no lo fue, en cada mayo. En cambio, junio es el mes de su Bandera celeste y blanca, la misma del color del cielo, aunque no porque haya sido izada en algún  junio del siglo XIX, si no, en honor a su creador, Manuel Belgrano. Este fue un versátil político, abogado y militar, quien murió un día 20, de este mes, pero del año 1820, en una jornada muy especial, donde llegaron a coexistir tres gobernadores en la región más importante del país, que se acababa de independizar de España pero que ya empezaba a mostrar un desorden crónico.

No obstante, junio también es un mes de Mundiales de fútbol, cada cuatro años, y desde 1974, ininterrumpidamente, casi como si fuera una liturgia más importante que la católica, los argentinos se ubican en las pantallas de sus televisores y ven los partidos de su Selección clasificada a los 11 que han habido en diferentes países del mundo desde aquél año. También cientos de miles, los que pueden, por sus ingresos económicos, suelen viajar a las diferentes sedes de cada Mundial, en cualquiera de los continentes donde se haya jugado. Es que en 4 (cuatro) de esos 11 (once) torneos ecuménicos, Argentina fue protagonista especial: ganó en 2 (1978 en su casa y 1986 en México) y fue subcampeona en otros 2 (1990 en Italia y 2014 en Brasil).

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