EL PUERTO DE ROTTERDAM

Hasta hace algún tiempo atrás, el Puerto de Rotterdam en Países Bajos, era el más grande del mundo. Pero los profundos cambios del comercio global, han provocado que haya sido superado por algunos puertos asiáticos y hoy, el que fuera el verdadero “rey de la industria marítima”, ocupe el puesto 10 en importancia portuaria.

Aun así, sus estadísticas son impresionantes. En el año 2017, se movilizaron por él, 467,4 millones de toneladas de carga y 13.734.334 contenedores. Allí trabajan 180.000 personas (entre operarios y administrativos) y su infraestructura ha sido destacada por el Foro Económico Mundial como la mejor del mundo, por sexta vez consecutiva.

Lo pudimos conocer con Ekaterina, gracias a un idea original de ella: realizar el célebre Spido Harbor Tour, en los emblemáticos barcos o catamaranes de la centenaria empresa holandesa Spido.

Rotterdam desde el Río.

Aquí, a partir de esta foto, empieza a visualizarse el Puerto como tal, por la mayor presencia de cargueros.

Ubicado en un punto de confluencia de los ríos Rin y Mosa, el Puerto de Rotterdam, que incluye 80 terminales y un complejo industrial dentro de sus instalaciones, se extiende por una superficie aproximada de 12.426 hectáreas a lo largo de los 57 Kms. del canal de navegación.

Gestionado por la Port of Rotterdam Authority (PoRA), es el único Puerto en el noroeste de Europa que ofrece un acceso sin restricciones a los buques más grandes del mundo conocidos hasta la fecha, con calados de hasta 24 metros, y sin ningún tipo de restricciones en cuanto a eslora o manga, como los petroleros, los mineraleros y buques porta-contenedores.

Como curiosidad, llegan anualmente al Puerto, unos 30.000 buques de ultramar y unas 110.000 barcazas, haciendo uso de sus instalaciones, es decir, una media de 383 barcos por día, unos 80 cargados o descargados de mercadería, cada 24 horas. Aproximadamente, las autoridades del Puerto deben guiar un barco cada 6 minutos por jornada. Hace una década, se calculó que a un ritmo de casi 10 millones de contenedores con un peso aproximado de 387 millones de toneladas que pasaron por el Puerto, si todos ellos se pusieran en linea recta, se podría dar la vuelta al mundo.

En el año 2018, el Puerto de Rotterdam tuvo un tráfico total de 469 millones de toneladas, lo que representa la mejor marca histórica del primer enclave europeo.

El transbordo de contenedores, volvió a ser el motor de tal crecimiento, con un aumento del 4,5% en tonelaje. En números absolutos, el aumento fue del 5,7%, hasta un total de 14,5 millones de unidades, lo que representa también otro récord para el puerto holandés. Esto refuerza la posición del puerto número uno de contenedores de Europa en un segmento de mercado de una importancia estratégica.

Uno de los aspectos más destacados de 2018 fue la evolución del tráfico de GNL, que se dispara un 163,6%, debido principalmente a los transbordos procedentes del yacimiento ruso de Yamal, con destino final principalmente, a Asia.

El balance económico del puerto registró una facturación de 707,2 millones de euros en 2018, casi cinco millones menos que en el año anterior, debido a los descuentos aplicados por la autoridad portuaria. Por su parte, el resultado neto sin impuestos ascendió a 254,1 millones de euros, unos siete más que en 2017, «debido principalmente a la reducción de los intereses». El año 2018 se caracterizó por un alto nivel de inversión, cerrando el curso con un desembolso de 408,1 millones de euros (91% de incremento). La mayor parte de esta inversión se corresponde al proyecto de accesibilidad logística del Puerto de Rotterdam y a la reubicación de líneas ferroviarias.


A nivel comparado, el Puerto de Rotterdam recibe más toneladas de mercancías al año que entre todos los puertos españoles. Es la puerta de entrada al mercado europeo más utilizada y desde donde llegan la mayoría de los productos que utilizan y consumen 350 millones de consumidores.

Pero esto ha sido el resultado de un proceso de inversión constante, sobre todo en el último siglo. Así, de tener dársenas en la orilla del río Nuevo Mosa –un afluente del río Rin– en el siglo XIV, ha llegado actualmente a ampliarse sobre el Mar del Norte, ganándole espacio a éste con la obra Maasvlakte II, un proyecto de ingeniería civil en el que se invirtió, en asociación público-privada, € 2.300 millones de euros y que tuvo por objetivo ampliar en un total de 2.000 hectáreas el área del Puerto, donde se tiene un nuevo terminal de contenedores operado por APM Terminals desde abril de 2015, con un calado de hasta 20 metros de profundidad.

La región ofrece una gama completa de empresas especializadas en el almacenamiento y el transbordo, transporte, transformación industrial y de servicios auxiliares. En Rotterdam también hay muchos proveedores de servicios de negocios tales como bancos, compañías de seguros y casas comerciales. La concentración excepcional de las instalaciones, el know-how y experiencia en un único ámbito ofrecen la mejor garantía posible de los niveles de servicio óptimos y soluciones personalizadas.

En definitiva, el Puerto de Rotterdam constituye un verdadero hub global que obtiene el 60 por ciento de su carga contenerizada gracias a las conexiones terrestres con muchos países del norte de Europa y del Mediterráneo. Su hinterland se ha expandido considerablemente debido a la formación de una sólida red intermodal, donde los operadores de transporte multimodal han integrado de manera eficaz los ferrocarriles y el autotransporte con el Puerto.

Pero esto no es suficiente para el Puerto holandés, que quiere convertirse en el más inteligente y limpio del planeta. Para conseguirlo, requiere de otra gran transformación. Por eso, la terminal adopta la innovación y ha invertido en tecnologías disruptivas.

Por ejemplo: ¿qué pasaría si las piezas de repuesto industriales estuvieran disponibles justo en los lugares y las ciudades donde son requeridas? La fabricación aditiva (impresión 3D) tiene el potencial para permitir esa disponibilidad, a gran escala, de piezas de metal certificadas a pedido. Hace un año, la compañía Ramlab dio a conocer la primera hélice de barco impresa en 3D aprobada en el mundo. Este es el primer paso hacia un nuevo y atractivo futuro para las piezas de repuesto. Pero existe un paso adicional: Blocklab. Hace tan sólo un año, el Puerto de Rotterdam, la Alcaldía de la ciudad e InnovationQuarter lanzaron esta iniciativa de blockchain para energía y logística. Esta tecnología tiene un considerable potencial para cambiar el manejo de las cadenas de abastecimiento.

Al mismo tiempo, la transición de energía es uno de los grandes desafíos del Puerto de Rotterdam y del mundo. Los especialistas afirman que en un futuro el mercado de energía sostenible dependerá del intercambio descentralizado, y esa flexibilidad será un elemento clave para el nuevo sistema. La tecnología blockchain puede cumplir un papel fundamental en esta transición. Con alianzas de ingenieros, desarrolladores, y usuarios finales, BlockLab realiza casos de uso de múltiples partes interesadas en ambos dominios y ya ha despertado un gran interés internacional.

Es más, en 2015 se fundó PortXL, el primer acelerador portuario y marítimo en el mundo. Más de 1.000 startups a nivel mundial han sido encontradas, 36 ya arrancaron y se han firmado alrededor de 100 contratos para realizar pruebas piloto con socios industriales. El año pasado, PortXL abrió sus filiales en Singapur y Amberes.

Dentro de este esfuerzo por impulsar la innovación y convertirse en el puerto más inteligente del mundo, no hay que dejar de mencionar el papel del Fondo del Puerto de Rotterdam. Es un fondo de capital de riesgo que comenzó esta organización portuaria, el Banco NIBC, InnovationQuarter y algunos emprendedores locales, que se concentran en invertir directamente en promesas innovadoras del sector. El eslogan de la ciudad es “Haz que suceda” o Make it Happen: seguramente, el Puerto de Rotterdam será el más inteligente del mundo.

Qué relevancia tiene Rotterdam para América Latina? Incluso para la Rusia de Ekaterina, dentro de la misma Europa? Muchísima. Por ejemplo, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) sostiene que nuestra región se ha convertido en el mayor exportador neto de alimentos del mundo, tanto que para 2024 el comercio neto de productos agrícolas de Latinoamérica alcanzaría los US$ 60.000 millones, tres veces el valor registrado en 2000. Uno de sus principales destinos de estos productos es Europa. Precisamente, un reporte del Centro de Promoción de las Importaciones desde Países en Desarrollo (CBI), de Holanda, señala que América Latina es uno de los principales proveedores de frutas y vegetales frescos del Viejo Continente, al representar casi el 20% de todos los alimentos que importó de países en vías de desarrollo en 2014, seguida de países como Sudáfrica (4%), Turquía (1%) y Costa de Marfil (1%). Holanda es un hub clave para las exportaciones de América Latina y de Rusia y el espacio postsoviético, ya que se encuentra en un lugar estratégico –logísticamente hablando– de Alemania, Francia y el Reino Unido, las tres principales economías de la región.

En este nuevo espacio se ha tomado en cuenta la importancia del sector alimentos, debido a que la carga de perecibles, entre frescos y congelados, está entre 7 y 8 millones de toneladas al año, con altas perspectivas de crecimiento de las importaciones de estos bienes, sobre todo de frutas, cuyo volumen pasó de 3,6 millones de toneladas en 2014 a 3,7 millones de toneladas el año siguiente, de acuerdo con cifras proporcionadas por Sofie Tolk, Gerenta del área de negocios agroalimentarios del Puerto de Rotterdam.

El “Cool Port Project” a cargo de la empresa Klosterboer, implic una multimillonaria inversión en tecnología de almacenamiento en frío, ideal para América Latina como principal proveedor de alimentos frescos y congelados. La ruta más eficiente para exportar al mercado europeo es la que va hacia el Puerto de Rotterdam y el Aeropuerto de Schiphol, por la conectividad que tiene con mercados donde los espárragos blancos, las paltas, las bananas, las cerezas, las uvas, las manzanas, las peras y los arándanos provenientes de Ecuador, Chile o Perú, llegan rápido, afirma Tolk.

Según los expertos en logística, más del 80% del volumen de las exportaciones mundiales, incluidas las perecibles, se transportan por vía marítima porque los fletes son más baratos, los tiempos de travesía son cada vez más cortos y se ha desarrollado una cadena de frío que puede asegurar que el producto llegue en óptimas condiciones a su destino final.

En Holanda existen varias localidades con importantes centros de distribución, siendo Barendrecht –ubicada apenas a 20 kilómetros al sur de Rotterdam– y Venlo, cerca de la frontera con Alemania y a solo 167 kilómetros de Rotterdam, las más relevantes en estos momentos para el comercio de productos perecibles. Esto hace que Alemania sea el principal mercado atendido desde el Puerto de Rotterdam.

El Puerto también se conecta por el Mar del Norte con países como el Reino Unido, Finlandia, Suecia y Noruega mediante barcos que sirven de alimentadores. Por ejemplo, desde el Puerto de Rotterdam hacia el Reino Unido, hay tres servicios diarios.

Esto explica por qué más del 60% de la carga que llega a Holanda tiene como destino final los países de la Unión Europea, pero también justifica la inversión extranjera que hay en el rubro logístico en este país. Dicha inversión procede de diversas compañías del mundo, como las estadounidenses y japonesas, por citar algunas, para manejar su carga de una manera eficiente. Incluso, muchos productores latinoamericanos con sus cámaras respectivas, se han instalado en Rotterdam.

Además, el Puerto de Rotterdam ha firmado un joint venture con la compañía brasileña TPK Logística para desarrollar en el Estado de Espíritu Santo, en el centro de la costa brasileña, un complejo de aguas profundas que pueda captar la carga agrícola, petróleo, gas y minería, y así servir a las rutas comerciales con el mundo. Este tipo de alianzas estratégicas ya han sido establecidas por el Puerto de Rotterdam en otras latitudes del planeta, tal como el puerto de Mundra, en la India; el de Kuala Tanjung, en Indonesia, y el de Chemport, en Turquía.

Enviar un contenedor desde el puerto peruano del Callao hacia Rotterdam puede tomar unos 19 o 20 días. Luego de ello, a la carga le tomará entre uno y dos días adicionales para llegar a su destino final, en caso que éste sea un país distinto a Holanda. En tanto, desde el aeropuerto limeño Jorge Chávez, la aerolínea franco-holandesa KLM Cargo opera un vuelo diario directo hacia Ámsterdam en el que transporta 15 toneladas de vegetales frescos a esta ciudad holandesa, desde donde los consignatarios retiran su embarque y lo llevan a distintos países de Europa.

Aquí, ya estamos volviendo al embarcadero del catamarán.

Continúo con la importancia del Puerto, ahora, para la propia economía holandesa. Un nuevo estudio, realizado por la Universidad Erasmus de Rotterdam (EUR), reveló que el 6.2% del valor agregado de los Países Bajos se debe al Puerto de Rotterdam.

Según el mismo, el Puerto citado, contribuye dos veces más al PBI que el calculado previamente: la importancia económica del Puerto es el doble de lo calculado anteriormente. Tradicionalmente, al determinar la importancia económica del Puerto, solo se medía el empleo directo y el valor agregado, incluidos los llamados efectos indirectos hacia atrás. Estos efectos atrasados son el valor agregado que es una consecuencia de las inversiones que realizan las empresas portuarias al comprar en otros lugares de la economía holandesa.

Además de esto, el estudio EUR también analizó los efectos indirectos del Puerto de Rotterdam, que son las actividades económicas que se hacen posibles en los Países Bajos debido a la presencia del Puerto de Rotterdam, como la reexportación a través de la logística y la distribución.

El informe también encontró que la capacidad de ingresos futuros del Puerto es saludable, con grandes posibilidades de crecimiento para la industria de fabricación marítima y los servicios comerciales marítimos en Rotterdam, considerando el contexto de la digitalización y la transición energética. También se demuestra las sólidas oportunidades de crecimiento de la futura capacidad de ingresos del puerto. Ambos de los principales resultados de la investigación subrayan la relevancia de Mainport Rotterdam.

Un video de despedida del Puerto más grande de Europa.

PAISES BAJOS Y SU DIVERSIDAD EN VIVO Y EN DIRECTO

A cualquier desprevenido, le costaría reconocer otra fisonomía para Holanda, que no sea la de una nación homogénea, que habla un idioma dialecto del alemán, que es el flamenco, tan inentendible como su lengua materna y una conformación étnica, muy singular: una población blanca, con mayoría de rubios de ojos claros. Podría incluirse una religión protestante (ya sea en su versión calvinista o luterana). Claro, ya tenemos un problema inicial. Holanda no es un país como tal, sino una Provincia más de siete, los mismos que conforman los llamados Países Bajos, el Reino de los Países Bajos, recordando que alguna vez, en su historia, durante una fase muy breve, fue una república.

Provincias que entre otros, fueron dominadas por los Duques de Borgoña, luego sometidas por el Imperio español de los Habsburgo (Carlos I o V y Felipe II), mucho más tarde por Napoleón Bonaparte ya en el siglo XIX y finalmente, sí podrían independizarse hasta volver a ser conquistadas por la Alemania nazi en 1941 hasta 1945.

Esa voracidad de potencias extranjeras vecinas y no tanto, explica que desde sus orígenes vikingos del norte de Europa, este pueblo marcadamente marítimo, se haya mantenido neutral históricamente a fin de evitar invasiones o involucramiento en guerras innecesarias que la hubieran borrado del mapa. El camino que eligieron las Provincias nederlandesas, fue el de salir a los mares diversos para abastecer de comida a su población y de ese modo, intercambiar bienes incluso con tierras recónditas. Los inquietos “mendigos del mar”, ésta sí es su marca identitaria clave y por eso, hoy cuentan con el segundo puerto más importante del mundo y primero de Europa (Rotterdam -700.000 hab.), se animaron a llegar a lugares tan diversos, como Indonesia, en el Lejano Oriente, a Africa meridional, a Ceylán, al Caribe americano y hasta la hoy isla de Manhattan. El Almirante De Ruyter fue un ícono de la Marina nederlandesa y aquí ya le hemos dedicado un espacio especial.

La Reina Máxima -de origen argentino- y el Rey Guillermo Alejandro de Orange, la misma Casa Real que por un momento, gobernaría el Reino Unido, a principios del siglo XVIII, gobiernan este territorio pequeño que va del nordeste europeo al sudoeste, allende al Mar del Norte, pero rodeado de agua (ríos y canales), pero además con territorios de ultramar como destinos turísticos en nuestro continente como las Antillas Holandesas (Curazao, Aruba y Saint Marteen). Muchas argentinas se han enamorado de holandeses, como Máxima Zorreguieta. Nuestro fútbol se ha enfrentado a ellos en Mundiales, donde han sido tres veces subcampeones. No obstante ello, parecen bien diferentes a nuestra cultura.

Por empezar, como país desarrollado, siempre se halla en el ranking de los 9 o 10 países del mundo, en términos de calidad de vida, felicidad o reputación, codeándose con los escandinavos y superando largamente a su vecina Bélgica.

La felicidad deriva de que en Países Bajos, por ejemplo, los niños se crían en holgura y con alegría. Están mucho tiempo pasando sus primeros años de vida en familia. No tienen tanta exigencia horaria escolar, excepto desde los 10 años y la vida en familia, favorecida por el Estado, donde el ocio y los paseos o la contención del padre o la madre, son habituales, les permiten criarse en un contexto de cierta relajación. Eso explica la valoración de la mujer argentina del hombre holandés. Los adultos son relajados, muchos practican deportes preferentemente grupales desde pequeños, sin disciplinas rígidas a lo que debemos sumar su vocación mercantil: desde niños, aprenden a vender, ahorrar y ser autosuficientes. El hecho de que la mayoría de la población use la bicicleta como medio de transporte tan generalizadamente, revela cuan vitales y cerca de la naturaleza se sienten los nederlandeses. Ellos no entienden cómo en América Latina, en verano, con tanto sol, nos encerramos con el aire acondicionado en lugar de disfrutarlo a pleno. La influencia judía pero también la calvinista seguramente, juegan aquí positivamente en todas estas actitudes y hábitos.

Hay que recordar que estas Provincias fueron históricamente receptoras y tolerantes a la emigración. Todos los judíos y protestantes expulsados o perseguidos por los países católicos, llegaban a tierra nederlandesa para poder escribir, desarrollar sus artes, predicar, trabajar, invertir. Erasmo de Rotterdam con su filosofía humanista y Baruch Spinoza han sido los grandes ejemplos de esa tolerancia que se practicaba en el siglo XVI pero también en el XVII en este rincón de Europa mientras en el resto se mataban los unos con los otros por su credos religiosos. Producto de esa libertad civil, pronto llegarían a estas tierras, la propiedad privada, antes que en el resto del continente.

La tolerancia se practica de la mano de esa vida relajada. El nederlandés valora la honestidad y la franqueza: decir lo que uno piensa, sin rodeos, puede verificarse en los encuentros de amigos y allegados. Allí se habla de todo menos dinero o bolsillo propio, sí de los temas que les preocupan: familia, sexo, religión. Abiertamente, sin tapujos, se empatiza así. La responsabilidad individual es un atributo que permite socializar a los holandeses por lo que no hay nada que ocultar: nadie los juzgará ni acusará. Jamás hubo Inquisición alguna en esas tierras rodeadas de agua. Luego, en su ámbito privado buscará su salvación, si cree en ello. En realidad, hoy cerca del 48 % de la población se declara atea o agnóstica. Ningún Papa o Dios les dice a ellos cómo o cuándo uno debe morir. La eutanasia está legalizada hace tiempo ya.

Muy tolerantes son pero también muy igualitarios, a pesar de que hay pocas mujeres que trabajen fuera del hogar. El feminismo no equivale automáticamente a mujer laboriosa fuera del hogar. En todo caso, se percibe en términos de equiparación o reducción de la brecha salarial o compartir tareas del hombre con la mujer en el hogar.

El ascetismo intramundano a lo Peter Berger, funciona a la perfección allí en la moral nederlandesa. Hay que ganarse el cielo aquí en la Tierra y punto. Hay que ser laborioso, esforzado, sacrificado pero valorar la vida, el placer, el sol -que sale dos a tres días apenas en la semana, el resto está nublado o llueve-. En tal sentido, hay que ganar tierras al mar. Los holandeses son expertos en hacerlo: pólders. Canalizar ríos, dragarlos para hacerlos operables, navegarlos, no tenerlos de simple adornos estéticos para la vista turística. Me acuerdo de la obsesión permanente de mi viejo Profesor de Geografía Económica Mundial, el desarrollista Juan Carlos Aguilar en la UNR, hace 30 años, porque los argentinos convirtamos en navegables no sólo la Hidrovía Paraná-Uruguay-Paraguay, sino todos los ríos interiores. Hasta el hartazgo, abogaba por imitarlos aquí. En Rótterdam, vi como los ciudadanos, usan taxis o buses fluviales. Cada barcaza además de transportar carga o mercadería, lleva el auto del señor o la señora, desde su barrio alejado separado por agua, hasta el centro de la ciudad donde trabajan.

Es que la gente vive rodeada de agua (canales y ríos). Desde la gran inundación de 1953, la construcción de diques ha evitado males peores pero el riesgo siempre existe y máxime ahora, con el gran cambio climático. Experiencialmente, uno sólo puede disfrutar el viento cuando va dejando el Río Mosa y se empieza a adentrar en barco en el Mar del Norte.

Encendemos la TV y vemos una programación muy especial, revelando el rol de pueblo campesino que también asume Holanda. Desfilan imágenes y reportajes a gente común en sus granjas (con importante tecnología) pero granjas al fin, ordeñando la leche de las vacas, cultivando y exhibiendo orgullosos sus flores. También aparece un entrenamiento de niños vestidos prolijamente con sus casacas coloridas, jugando al rugby. Claro, uno se pregunta desde cuándo a los holandeses les gusta el rugby. Bueno, no son muy profesionales seguramente, pero a sus niños les agrada jugar este deporte colectivo donde más allá de la rivalidad en el campo de juego, luego se fomenta la camaradería, el famoso “tercer tiempo”. La ancianidad también tiene su espacio en los medios. La vida cotidiana, simple, en paz. En los noticieros, primera gran preocupación es el clima, del día y de mañana y toda la semana, dónde lloverá y cuánto. Luego, Europa y el mundo. Quizás la inmigración musulmana (la prohibición o no, de usar el burka) o el tránsito. No hay noticias ni imágenes de delitos o crímenes.

Los programas de debates en paneles nocturnos, tratan sobre Putin y Rusia. Les llama la atención la represión a las protestas, sobre todo de los más jóvenes en Moscú. Periodistas y algún analista que algo conoce del tema ruso, se hallan presentes discutiendo y analizando el tema, al cual le sucede el accidente nuclear en el Artico. Igualmente, Rusia aparece como el “Otro” europeo que no forma parte de la “civilizada” Unión Europea.

Pero claro, la Federación siempre los atrapa desde hace mucho. Nada más ni nada menos que el Zar Pedro l El Grande, viajó disfrazado de civil, a Holanda para conocer de cerca cómo los nederlandeses fabricaban barcos en sus astilleros. Luego, cuando volvió a Rusia, se encerró obsesionado durante meses en una cabañita de madera donde apenas entraba por su altura, para copiar los diseños que había observado al detalle. Más tarde, esos planos llevarían a la conformación de la Flota Naval del Mar Báltico, decisiva para ganarle a los suecos en la Gran Guerra del Norte. Algunos siglos más después, Holanda y Rusia verían quebrados sus lazos por dos episodios. Uno, en 2013, la supuesta violencia ejercida por un funcionario de la Embajada rusa contra sus hijos en su domicilio en Amsterdam, lo cual generó denuncias de sus vecinos por los ruidos molestos generados, a lo que Moscú respondió que el ámbito diplomático de la casa del diplomático es territorio soberano e immune a la injerencia holandesa. Dos, en julio de 2014, el derribo de un avión comercial de Malaysian Airlines en territorio ucraniano, aparentemente abatido por un misil de fabricación rusa, por parte de las fuerzas rebeldes prorrusas en la guera civil que azota al país otrora hermanado a Rusia. En dicho avión, viajaban 193 ciudadanos holandeses que pasaban sus vacaciones en Asia oriental.

Más allá del poderoso capitalismo nederlandés, que excede por lejos tal pequeño país, desde aquella primera gran multinacional que tuvo, como La Compañía Holandesa de las Indias Orientales, pasando por las actuales megaempresas y holdings como Shell (petróleo), ING (finanzas y seguros), ABN Amro (banca), Maersk (servicios portuarios), KLM (aviación), Heineken (cerveza), Erven Lucas Bols (ginebra), Philips (lámparas eléctricas y electrodomésticos), entre otras, hay otras dimensiones morales interesantes que exceden la cuestión macroeconómica.

Por ejemplo, producto de ese clima de tolerancia y libertad civil cuasi irrestricta, a los nederlandeses les importa poco lo que cada uno hace con su cuerpo, si lo usa o no, lo somete a excesos, etc. Luego, será el Estado el que recoja los heridos o muertos por tales vicios. Desde 1976, drogas como la marihuana y el hachís, están legalizadas, permitiéndose los coffee-shops para turistas, donde pueden consumirlas libremente. Las duras como la cocaína y la heroína, no, pero se sabe muy bien que entran por Rotterdam sin demasiado freno, debido a la corrupción aduanera. La prostitución también se ejerce libremente, sin penalización alguna y el Barrio Rojo de Amsterdam es otra demostración cabal de ello, tal como vimos antes en Hamburgo (Alemania). Las uniones gays también están permitidas por ley al igual que la muerte digna o eutanasia. Respecto al aborto, existe una ley aprobada por una sólo voto de diferencia, en 1980 y reglamentada en 1984, que es de plazos, o sea, lo permite dentro de las primeras 24 semanas de gestación y sólo en un centenar de hospitales y clínicas autorizadas en todo el país.

Los derechos humanos son un bien público exportable para los nederlandeses. La Haya es la capital jurídica mundial. Allí está la sede de la Corte Internacional de Justicia, que depende de la ONU. El Derecho Internacional Público tiene su templo allí, donde se suelen juzgar las atrocidades y genocidios de los Milosevic y los dictadores africanos. La sociedad civil también actúa. La Iglesia Protestante de Holanda participa en el financiamiento y cooperación política con otras ONGs que están embanderadas en la difusión de los derechos humanos, com por ejemplo, en nuestra Argentina, las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo. El parentesco directo de Máxima con su familia donde su propio padre fue funcionario de Agricultura de la última dictadura militar, involucrada en violaciones a los derechos humanos, generó enorme controversia pública en su momento, antes de llegar al trono de los Orange. Aunque los reyes y reinas “reinan pero no gobiernan”, como en cualquier parlamentarismo europeo.

Hablando de DDHH, Países Bajos tiene una historia particular en la II Guerra Mundial. Cuando creían que no serían atacados por los nazis, en función de su neutralidad, se equivocaron pero su rol en el conflicto, es digno de cuestionamiento. Ana Frank, la chica germano-judía encerrada en un departamento camuflado, dos años y medio, para evitar ser descubierta por la Gestapo, es un buen ejemplo que suele dejar bien parados a los holandeses de bien. Idem la Resistencia, quer recibía apoyo aéreo de la RAF y con ello, mantenía en jaque a los alemanes en su tierra. No obstante ello, también hubo mucho colaboracionismo pronazi, como bien revela el director de cine emblemático de Holanda, Paul Verhoeven, quien cansado de la crítica nacional a sus películas de denuncia social, probó y logró mucha fortuna en Hollywood con películas de la talla de “Robocop” (1987) y “Bajos instintos” (1992). En “El libro negro” (2006), Verhoeven revela cómo la propia Resistencia “jugó su propio pellejo jugando a dos puntas”, con los nazis, a expensas de los judíos. los holandeses entonces, no tienen per se, ninguna moral superior al resto de los humanos.

Aquellos demonios del pasado parecen haber vuelto, bajo otros formatos. Antes, en 2002, Pim Fortuyn (político de extrema derecha) y en 2004, el cineasta y escritor Theo Van Gogh, asesinados por islamistas radicalizados por su ofensiva discursiva y gráfica contra Mahoma y sus fieles y hoy, Geert Wilders, que lidera la principal fuerza política en el Parlamento, de neto corte islamofóbico, parecen reproducir aquellos fantasmas de la intolerancia y el racismo.

Que por lo visto, se suman a otros dramas existenciales. Los holandeses ríen a menudo, saben hacerlo pero no por ello, no ocultan traumas o pesares realmente pesados. En la película “Borgman” (2013), se puede observar la frialdad sádica de un verdadero “equipo” de vagabundos que viven en los interminables bosques y que operan, con la complicidad tácita de una niñera danesa, sin gestos ampulosos, hasta destruir literalmente la vida anodina de una familia burguesa de clase alta, donde la pasión sexual era cero.

En “Luz del día” (en flamenco, “Daglicht”), film también estrenado en 2013, una joven abogada, madre soltera con un hijo autista en conflicto escolar y un hermanastro que desconoce, en la cárcel, por un crimen que no cometió, se enfrenta sóla a una familia empresaria, que está ligada a su vida, mucho más de lo que ella misma cree. Una abuela negadora, un holding que incluye una empresa dedicada a la pornografía infantil pero sobre todo, una historia familiar que revela un silencio atroz por décadas. Así, como en las calles, sin bocinas, sin gritos, sin histerias, sin siquiera llantos, sin puestas en escena, pueden guardar reserva durante años enteros, hasta que algún día, la verdad se sabe y se desnuda pero se resuelve, cueste a quien le cueste. Muy diferente de la cultura latina y católica.

Auto eléctrico en Rótterdam
Foto 1 con el gran piloto de F1 Max Verstappen
Foto 2 con Verstappen
Foto 3 con Verstappen

Algunas imágenes del viaje (lluvioso, nublado y soleado) a Breda (180.000 hab.) y Eindhoven (223.000 hab.), la cuna de la Philips y el PSV, el famoso club de fútbol, gran campeón holandés y de Europa.

Para despedirnos, pemsaban que Argentina no tiene alguna foto también en Holanda?

Parrilla argentina?


ALGO HUELE MAL EN….. ZAGREB

Esta vez, la frase shakespereana no se aplica a Dinamarca, sino al rincón de los Balcanes en pleno corazón de Europa, que hace 20 años vivió una guerra horrorosa, la antepenúltima, antes de Georgia (2008) y Ucrania (2014-hasta la actualidad). Cabe aclarar que ese conflicto fue el tercero que asoló la zona en apenas 90 años, si incluimos en la nefasta cronología, la Primera Guerra Mundial (1914-1918) -cuyo epicentro inicial fue justamente la Península- y la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). Pero hacia atrás y pensando en el siglo XIX, cuando lo atravesó bajo la éjida del Imperio Austro-Húngaro, la zona también vivió otras guerras.

Esto significa que la experiencia de horror, sufrimiento, dolor, crueldad, incomprensión, aislamiento, egoísmo puro, etc., es decir, un cúmulo de sentimientos negativos que afectan a largo plazo el tejido social, se generalizó y perduró a través de generaciones enteras, de modo comparable tal vez, a otras regiones en el mundo, como Medio Oriente.

Lo paradójico es que al mismo tiempo que esto ocurría, esta Península europea meridional, en el límite con otras civilizaciones no occidentales (eslava y musulmana) era el refugio de gran cantidad de minorías étnicas, linguísticas y religiosas que precisamente, empezaron a convivir, algunas desede más temprano, otras, desde más tarde en el tiempo, alternando fases de fraternidad y odio, que cada tanto, eclosionaron. Esa mixtura cultural hizo que al lado de la tristeza, aflorara, otras sensaciones como la alegría, la creatividad, todo en máximas dosis, de tal modo, de opacar aquello negativo, permitiéndole sobrevivir a aquella humanidad balcánica lo mejor que se pudiera. La forma desenfrenada de vivir el dolor y la felicidad (“beber, bailar y fornicar”), siempre “en familia”, es una particularidad de los balcánicos, que en algunos aspectos, se asemejan a la cultura italiana o española, pero también a la oriental, como las del norte de Africa o al Asia sudoccidental.

El cine, una vez más, ha reflejado esta idiosincracia. Las películas del bosnio, hoy nacionalizado serbio, multifacético, director de cine y músico, Emir (rebautizado “Nemanja”) Kusturica, gran admirador de la nación argentina, su ícono futbolístico Diego Maradona y el tango, son testimoniales de esa bomba de pasiones en exceso que representa lo balcánico, sin siquiera animándose a tomar partido por algún bando, como suele hacer “Occidente” al “demonizar” por ejemplo, a los serbios (cristianos ortodoxos). Porque para Kusturica, como para el reciente Premio Nobel de Literatura, de origen esloveno, el austríaco Peter Handke, los serbios “no son tan malos” ni los demás (los católicos croatas, ex ustachas o pronazis, los bosnios y albano-kosovares islamistas, los macedonios, montenegrinos y eslovenos), tan angelicales, en un contexto donde ha prevalecido tanto la integración (gran cantidad de matrimonios y vecindarios interétnicos) como la fragmentación (deslealtades, traciones, delaciones, “limpiezas” étnicas).

Es que no sólo que no se puede hablar, excepto tal vez de la eslovena, de la “comunidad croata”, la “comunidad serbia”, la “comunidad bosnia”, la “comunidad montenegrina”, la “comunidad macedonia” y mucho menos de la “comunidad kosovar”, porque en todas hay otras minorías de las mencionadas yuxtapuestas, sino que además, han habido -y hay- serbios que lucharon contra el despotismo oportunista del ex Presidente yugoslavo -y serbio- Slobodan Milosevic (1989-2000); croatas que no son pronazis ni negadores del “Holocausto”; eslovenos que se sienten apoyados pero también traicionados por los croatas, kosovares que no consideran enemigos a los serbios y así sucesivamente, tal como lo demuestran los artistas e intelectuales nombrados.

Tanto en “Underground” (1995), donde Kusturica explica de modo tan fantástico como surrealista, 5 décadas de historia balcánica, desde 1941 -la invasión nazi- pasando por el período “yugoslavo” del Mariscal Tito, asemejándolo a la “alegoría de la caverna” de Platón para finalizar con la guerra de 1991-1999, como en “La vida es un milagro” (2004), entre otros filmes, hay un intento de describir una realidad paralela, donde el mundo privado (saciador) parece alejarse del público (insoportable), en el que se puede delatar, traicionar, secuestrar, violar y matar, aún al hermano, al amigo o la amante. Todo ello, en un contexto de verdadera locura -o no-.

Claro, la zona está en Europa que es “Occidente” y la pregunta es cuál ha sido el papel de ambos en conflictos que han sido típicamente europeos y semioccidentales. En gran medida, ya en los años noventa, en plena era clintoniana, de euforia por la globalización y postmodernidad, películas con el sello de Hollywood, como “El pacificador” (1997), “Savior ” (1998), “Detrás de las líneas enemigas” (2001) y “La verdad oculta” (2010), como la serbio-bosnia “En tierra de nadie” (2002), han sido relativamente críticas con el papel de OTAN y las fuerzas pacificadoras de la ONU (UNPROFOR), despectivamente llamados “pitufos” por los nativos, precisamente por su papel de indiferencia o impunidad atroz, como lo prueban la matanza de Srebenica (1995), el tráfico ilegal y abusos de chicas jóvenes de Europa del Este y el bombardeo despiadado sobre Sarajevo (la capital bosnia) en la primavera-verano de 1999.

Hoy, si bien Eslovenia y Croacia están en la Unión Europea, desde 2004 y 2013, respectivamente, no por ello, atraviesan situaciones de holgura económica, ni patrones de bienestar social ni siquiera semejantes al del norte de Europa o países escandinavos. Muy por el contrario, incluso normativamente, su acceso al “club europeo” no estuvo exento de dificultades y debates, además de que aún entre ellos, mantienen fronteras y migraciones, impidiendo lo que es norma en el resto del territorio europeo: la libre circulación de personas, porque a Croacia no le permiten adherir al régimen de Schengen. Para colmo, los rodean vecinos que están en una situación mucho peor: hay situaciones de Estados fallidos o inestabilidad política crónica, cuando menos en Montenegro, Macedonia y Kosovo. La globalización llegó para quedarse allí pero en forma de tráfico ilegal de armas, drogas y personas, con volúmenes de dinero sucio con el que se financia a los políticos oportunistas que explotan el nacionalismo delirante (la “Gran Albania” o la “gran Serbia”), mientras se vive un colosal drama humanitario: a los chicos huérfanos de la guerra de hace 20 años, crecidos sin amor alguno, en orfanatos, hay que sumarles los que ahora vienen de tierras lejanas como afganos, sirios, iraquíes, yazidíes, libios, kurdos, etc.

Dicho todo esto, no se me ocurrió mejor idea que llegar a Zagreb, la capital de Croacia, este año, un 5 de agosto, precisamente, el día en que se conmemoraba el triunfo croata sobre los serbios que luego conllevaría a la independencia de aquella nación católica, la primera en secesionarse tras las ruinas de la ex Yugoslavia en octubre de 1991. Lo hicimos con mi novia Ekaterina, tras vivir una verdadera odisea, viajando en bus de origen croata (Croatia Bus), desde la ciudad alemana de Frankfurt, donde gozamos y sufrimos en carne propia, lo que es tanto la camaradería de un chofer eslavo como la descortesía y brutalidad de su mismo colega connacional.

Aquí se puede ver buena parte de la ciudad embanderada, típico de una ambiente festivo. Pero claro, ese mismo día, en la frontera serbia, la ceremonia no tiene nada de alegría sino muy por el contrario, se recuerda ese día, en honor a los muertos en combate. Al poco tiempo de caminar en busca de un supermercado abierto, tarea infructuosa, la respuesta verbal cortante y hasta agresiva de un veterano croata a la pregunta ingenua de un turista. me hizo recordar que estábamos en un territorio donde las heridas no cicatrizan y la violencia se respira en el aire.

Vamos a ver las fotos de la histórica ciudad de Zagreb (900.000 a 1,1 millones de habitantes), con sus numerosos templos católicos, mercados o ferias, bares, edificios premodernos, escuelas confesionales, teatros y parques.

Como se ve en estas imágenes, Croacia también tiene un importante campesinado, cuya producción luego se vende en las ciudades como Zagreb. Muchos habitan en pequeñas aldeas, entre las montañas, con sus casas precarias, rodeadas de gallineros y dedicados a la cría de cabras. Es habitual observar en dichos hogares, pequeños altares dedicados a la Virgen o santos diversos. Tal fisonomía permite aventurar la naturaleza convervadora de dichas poblaciones. “En la Vía Láctea” (2016), otra película que protagoniza el propio Kusturica, pero acompañado por la escultural italiana Mónica Bellucci, puede comprobarse esta mirada sociológica de la zona rural croata.

Vamos descubriendo muchos turistas con marcado acento español a medida que caminamos y claro, la afinidad religiosa pareciera ser una clave para entender tal presencia, porque los vemos sobre todo, visitando las iglesias.

Como se puede apreciar aquí, algunas fachadas, de casas relativamente cercanas al centro “moderno” se hallan en pésimo estado.

Continuamos nuestro camino hacia la parte alta de la ciudad.

El fútbol está presente en más de un negocio. Ello explica la pasión por ese deporte y lo poderosos que son jugándolo, considerando el antecedente de la ex Yugoslavia que batalló contra Argentina en el Mundial de 1990 en Italia, mientras la vieja federación empezaba a desangrarse y los buenos equipos de Croacia en Francia 1998 y el año pasado, en la propia Rusia 2018. Ni hablar del tenis, donde los croatas también se han lucido: con jugadores como Goran Ivanisevic reciente coach del campeonísimo serbio Novak Djokovic– y el “pelado” Iván Ljubicic, bosnio nacionalizado croata, actual entrenador del genial Roger Federer pero que como singlista, hacía batallar en demasía a nuestro cordobés David Nalbandián a comienzos de los 2000 y hoy, Marin Cilic, todos ganadores de la Copa Davis, en sus ediciones 2005 y 2018, ambas como visitante en Bratislava (Eslovaquia) y Lille (Francia), respectivamente y, -subcampeones nuestros en 2016, precisamente en Zagreb-.

El periplo prosigue por barrios más alejados del centro aunque allí también veremos al pintoresco tranvía en sus últimos tramos, cuando no, algún exótico dragón postmoderno (“arte contemporáneo”) en algún patio de casa de clase alta o media-alta o simpáticos carteles advirtiendo de la presencia de perros guardianes.

Con banderas y más banderas. Nacionalismo croata y religión católica. Hay demasiado conservadorismo por aquellas tierras, donde los nazis fueron recibidos como héroes en 1941 y como queda dicho, numerosos turistas son españoles. Alguna coincidencia histórica o cultural, tal vez? Recordemos que también hubo argentinos enrolados como voluntarios en la guerra contra los serbios y hasta un par de muertos. La diáspora croata en el mundo ayudó muchísimo a disimular la asimetría militar entre las fuerzas croats y serbias en el conflicto.

Penúltima etapa del paseo.

Ahora sí, terminando, en la parte antigua de la ciudad, que coincide con la más alta. Allí, más exactamente en el Art Park, hay un exótico túnel donde hay baños y bebedores, con una entrada difícil de imaginar como tal. Lo insólito es que también hay un “Café Argentina”.

Final. Tierra de discordia. Pónganse de acuerdo por favor, Tesla es croata o serbio? Algo dijimos al respecto hace un par de años.

No me quiero olvidar: para quienes les interesa la problemática balcánica en profundidad, nada mejor que consultar las páginas y artículos habituales de un académico español que reside desde hace años, en la Península: Miguel Rodríguez Andreu, editor de la Revista Balcanes, columnista habitual de esglobal.com e investigador de la red de especialistas dedicados a Europa Oriental, Asia Central y Rusia postsoviética llamada GEurasia.


MI “WATERLOO” EN BRUSELAS

Bélgica (11,5 millones de habitantes) es un país pequeño y diverso, cuya capital, Bruselas, también lo es de la Unión Europea.

Un Estado tapón tal vez? al estilo de Uruguay. Me llamó la atención al recorrer la capital, la gran cantidad de monumentos, recordatorios y hasta bares alusivos a los ingleses. Habían sido ellos quienes, tras Waterloo (1815) -localidad de la célebre batalla, a 15 km., a la cual volveré más tarde-, pergeñaron la independencia de este país para neutralizar futuros ataques de los franceses al resto del continente? Considerando sobre todo que en la mitad de Bélgica , la Valonia, se habla el francés; en la otra mitad, la región de Flandes, el flamenco.

Dada esa división lingüística clara, Bélgica es un Estado federal, precisamente para contener semejante tensión. Además de la capital, lucen como relevantes, centros urbanos como el gran puerto de Amberes, la bonita Brujas, -adquirió fama mediática por un film de 2008-, Gante, Gerk, Namur, Charleroi y Mons, entre otros.

Bélgica, es célebre por Tintín. el Manneken pis, la cerveza Stella Artois, los chocolates artesanales, entre otros.

Bruselas es una capital muy especial, una ciudad muy pequeña en términos de población: apenas 181.726 habitantes. En cambio, la región donde se halla la capital, es una de las 3 regiones de este país federal, junto con Flandes y Valonia, sumando más de un millón de habitantes , en apenas 161 km cuadrados. Allí hay 18 Municipios más, entre los que se destacan Anderlecht, Mollenbeek y Schaerbeek,entre otros.

Mollenbeek, con más de 97.000 habitantes, tiene un 40 % de comunidad musulmana, fundamentalmente marroquí, aunque también hay allí polacos, rumanos, turcos y congoleños. Dos grandes responsables de los atentados terroristas en Atocha (Madrid) en 2004 y en la propia Gare Centrale, en junio de 2017, vivieron allí. Schaerbeek, con unos 133.000 habitantes, posee una poderosa comunidad turca.

Aquí vemos algunas fotos de la última comuna mencionada.

Tal riqueza multicultural se observa por ejemplo, en el fútbol: el blanco, europeo y belga puro Eden Hazard convive con Chadli,
Dembélé y Lukaku, entre otros, grandes figuras en el Mundial de Rusia 2018.

Al norte de la región capitalina, se puede divisar el Atomium, uno de los monumentos emblemáticos de la ciudad, construido para la Exposición General de Primera Categoría de Bruselas en 1958, la primera más importante organizada tras la II Guerra Mundial en Europa.

Cabe recordar que este país tan bonito y verde -porque es por demás de lluvioso y húmedo-, estuvo con su régimen parlamentarista, 541 días sin gobierno en 2010-2011 y sin embargo, semejante detalle institucional no causó ningún revuelo en la opinión pública, ni afectó a la economía.

Los canes también tienen su lugar aquí.

Pero claro, este viaje a Bélgica no hubiera tenido mayor atractivo sino se hubiera agregado a él, la insólita experiencia de la pérdida -transitoria- de la pérdida de mi pasaporte. Por qué mi Waterloo propio? Por la forma en que se dio. Al igual que Napoleón, que tenía la batalla ganada y a quien la lluvia copiosa lo empantanó, permitiéndole ganar tiempo al inglés Welleslley (Duque de Wellington), yo tenía todo previsto para viajar a París cómodamente con mi novia, con todo en horario y visitando el Palacio Real de Bruselas como último entretenimiento. Una lluvia imprevista de verano, más los nervios del momento más la mano de un tercero abriédome la mochila para arrebatarme el documento tan importante para poder viajar en continente extranjero, terminó arruinándome o por lo menos, generándonos una gran carga de incertidumbre, que sería subsanado algunos días después cuando sí lograríamos recuperarlo, gracias a la ágil y comprometida gestión de la propia guardia de seguridad del Palacio Real, pudiendo ahora visitarlo por dentro, como nos habíamos propuesto el sábado anterior.

Allí conocimos donde habitó históricamente la familia real belga, la Casa de Sajonia-Coburgo y Gotha (desde 1831), la misma que catapultó al trono, a Leopoldo I (hasta 1865), Leopoldo II (1865-1909), Alberto I (1909-1934) y Leopoldo III (1934-1951), el célebre Balduino (1951-1993) y del actual monarca Felipe -hijo de Alberto II- y su esposa Matilde, quienes entre otros hobbies, tenían por ejemplo, apoyar fuertemente a la ciencia, pero también las investigaciones en el espacio, lo cual me parece insólito, considerando el tamaño y envergadura política de Bélgica.

Hora de despedirnos de la muy cambiante -climáticamente- Bélgica. Camino a Lille, ya en Francia.

FRANKFURT, LA ALEMANIA GLOBALIZADA

Alemania cuenta con dos Frankfurt. Una es Frankfurt -o Fráncfort, en español- del Meno, en el Estado de Hesse y la otra es Frankfurt del Oder, en el Estado de Brandenburgo. La primera, a la cual visitamos, esla quinta ciudad más importante de Alemania, con más de 730.000 habitantes, detrás de Berlín, Hamburgo, Münich y Colonia. La segunda, fue prácticamente destruida en un 90 % durante la II Guerra Mundial, cuando tenía 67.000 habitantes, unos 9.000 más de los que cuenta hoy mismo, en un elocuente ejemplo de declinación demográfica.

Desde el siglo VIII d.C., a orillas del Río Meno (o Maln, en alemán), Frankfurt es una ciudad muy relevante, superando a Wiesbaden, que es la capital de Hesse. Primero, fue ciudad imperial libre, luego aquella que elegía y coronaba al Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. El propio Carlomagno habitó allí gran parte de su vida.

También fue capital de la Confederación del Rin (1806) y la Germánica (1815) en el Siglo XIX.

Hoy, es un centro económico y financiero europeo, alojando al Banco Central Europeo (BCE), a la Bolsa de Frankfurt y también a la Frankfurt Messe, centro de convenciones internacionales como el Salón del Automóvil y la Feria del Libro.

La Eurotower, sede del BCE

Dada su gran cantidad de rascacielos, se la compara con Manhattan.

Así llegábamos a Frankfurt, desde Rotterdam (Holanda), en una jornada lluviosa.

Ahora sí, vamos a ver y disfrutar esta fantástica ciudad de Frankfurt del Meno, que también fuera semidestruida por los aliados pero luego levantada por el esfuerzo alemán.


La gente disfruta al borde del Río Meno.


BREXIT SIN ACUERDO: EL FIN DE LA GRAN BRETAÑA CONOCIDA?

Todavía queda margen para evitar el infierno. Ayer, lunes 21, la Premier Theresa May -cuyo contraste con Margaret Thatcher es elocuente-, presentó apenas un esbozo de nueva propuesta de acuerdo de Brexit o salida ordenada de Reino Unido de la Unión Europea (UE). Lo hizo demostrando escaso liderazgo -ya es superada en popularidad por el Speaker de los Comunes, John Bercow-, pero también una enorme capacidad de resiliencia.

Fue derrotada estruendosamente en el Parlamento el martes pasado, algo histórico que no ocurría desde 1924 para un Primer Ministro en ejercicio y ayer apenas superó una moción de censura del laborista Jeremy Corbyn. Acorralada por sus propias incoherencias -la más importante: ser euroescéptica, pero no apoyar el Brexit en 2016 y luego conducir su Partido Conservador y su gobierno hacia tal desenlace-, May se halla en una situación parecida a la de Gorbachov en los meses finales de la ex URSS: salvar el barco, intentar enderezarlo o hundirlo definitivamente.

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UN G20 CON ALGUN ALIVIO ARGENTINO

Pasó el G20 por Argentina, más precisamente por Buenos Aires y está claro, que cobra una dimensión especial, ver juntos a los 20 Jefes de Estado que representan a dos tercios de la población mundial y el 85 % del PBI global. Tanta presencia internacional masiva no se veía en el país desde el Centenario (1910), cuando Argentina era digna de elogio en todo el mundo, recibiendo millones de inmigrantes y convirtiéndose en tierra de oportunidades y progreso.

Claro, muy diferente a ésta Argentina, que venía precedida de la incapacidad para organizar con éxito y en paz, un simple partido de fútbol y a pocas horas del inicio de la Cumbre, el asalto a plena luz del día, a John Kirton, un economista e investigador canadiense, experto en temas como el G20. El “anillo de seguridad” en torno a los lugares, edificios y hoteles, donde se moverían los primeros mandatarios, en la exclusiva zona del Barrio de Recoleta, el más bonito de Buenos Aires; el fuerte operativo con aporte militar extranjero; la interna policial resuelta entre la Nación y la CABA; más el pacto de no agresividad en las protestas anticumbre, con las organizaciones sociales vernáculas, finalmente, revertirían los malos pronósticos y todo se ejecutaría con un cierto orden y tranquilidad, ofreciendo una “cara lavada y hasta maquillada” de una, últimamente, muy degradada, Buenos Aires.

El evento revistió mucho de social y algo de político. El glamour lo aportó la gala del Teatro Colón -aunque descartando otras acciones culturales más clásicas-, más los paseos de la Primera Dama Awada con las esposas de los colegas de su esposo Macri y hubo hasta posibilidades de escapar del protocolo de algunos líderes. Dos ejemplos: el paseo de Macron comprando libros en la librería Yenny-El Ateneo y recibiendo las ovaciones de gente de a pie, que en Francia, extrañará seguramente cuando enfrente nuevamente a los “chalecos amarillos” y la salida nocturna del sábado de Angela Merkel, cenando en la Parrilla Don Julio, como si fuera una ciudadana más, disfrutando de la libertad civil que los alemanes del este, sus coterráneos, no conocían en la vieja RDA.

En este G20 -un lugar al que entró de casualidad-, la gran preocupación de Argentina, un país sin debate ni rumbo estratégico desde hace décadas, era la redacción consensuada del documento final. Aprovechando al máximo, la capacidad de nuestra nación -por hallarse en una situación geopolítica ideal, dada una serie de ventajas naturales-, para construir consensos globales, Macri ofició de facilitador y ése es el rol que le cabe oportunamente: un buen Jefe de Public Relations –no se le puede exigir otro papel-. Lo logró aunque no puede desdeñarse el arduo desempeño de una vasta gama de diplomáticos y funcionarios que trabajaron con aquel objetivo durante largos meses.

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LA ENCICLOPEDIA SOLIDARIA: WIKIPEDIA

La Edad Media, a pesar de su halo superreligioso, fue una época de grandes pecados como la codicia y la avaricia. Sin embargo, también favoreció la curiosidad y el ansia de salir de semejantes grilletes materiales y espirituales, dando lugar al auge de viajeros y exploraciones de mundos no conocidos. Lo mismo pasó con el arte: fue gracias a los “mecenas” de la época, que se financió la gran cantidad y calidad de obras que hoy inundan los pasillos de los grandes museos europeos. La Edad Moderna, vio florecer el capitalismo del trabajo de mujeres y niños en las minas inglesas de carbón, a lo Charles Dickens, pero también generó a John Harvard y tantos otros filántropos, que donaron sus riquezas para el logro de causas colectivas, como la educación, la ciencia, de nuevo, el arte. Hoy, en la era postmoderna, al lado de un Mark Zuckerberg que supo aprovechar su despecho amoroso creando Facebook, hay un Elon Musk que se dedica a negocios futuristas como los autos eléctricos pero también se ofrece rescatar a los chicos futbolistas de las cuevas thailandesas, a cambio de, sencillamente, nada. En ese sentido, es Wikipedia el experimento más elocuente actual de la combinación de curiosidad, saber, mercado y desinterés.

Creada hace 17 años, siendo el quinto website más visitado del planeta (tras Google, You Tube, Facebook y el chino Baidu), Wikipedia es el representante actual más genuino del “orden espontáneo” de Friedrich August Von Hayek. En efecto, se trata de una enciclopedia virtual que es el fruto de millones de personas alrededor del mundo que la van nutriendo día a día, hora tras hora. Son millones de curiosos que tienen siempre algo que aportar en materia de info: desde jóvenes hasta ancianos que pasan sus últimos días de vida frente a una computadora, contribuyendo con lo experimentado, conocido, sabido. Donan su tiempo a cambio de  nada. Como vemos, en tiempos de falta de iniciativa a menos que sea recompensada monetariamente, en forma de salario, honorarios o acciones, todavía sigue vigente la necesidad de difundir por la vocación de conocimiento mismo más el placer o gusto por hacerlo.

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