POR FIN, CHILE CAMBIA?

Hay hechos simbólicos. Anoche, mientras Sebastián Piñera trataba de disimular su incomodidad con los 4 a 12 puntos menos que sacó de acuerdo a lo que le predecían encuestadores complacientes con el poder fáctico chileno, Beatriz Sánchez, la voluptuosa y simpática líder del Frente Amplio, festejaba su 20 % a pesar de que no entraba en el ballotage, por apenas 2 puntos y medio. Tras cartón, Fernando Matthei, el General de la Fuerza del Aire (FACH), ex Comandante en Jefe de la Junta Militar que gobernara Chile, bajo la tutela del General Pinochet, entre 1973 y 1990, fallecía a los 92 años.

Piñera, un empresario exitoso, quiere volver a la Presidencia de Chile, un país que ha encaramado y mantenido a muchos Piñera, en estos últimos 40 años, en el contexto de una economía abierta al mundo, pero pequeña y una sociedad aún demasiado elitista, “pacata” y desigual, a pesar del proceso de democratización iniciado en los noventa y la gram consistencia y eficacia de las políticas que bajaron la pobreza.

Continúe leyendo

UN PAR DE 11S

Un gran primer impacto que viví ese día, fue el 11S de 1973, el día del golpe militar del General Pinochet contra el gobierno constitucional de Salvador Allende Gossens en Santiago de Chile. Me llamó la atención el carácter cruento de la asonada, los bombardeos sobre el Palacio de la Moneda y sus alrededores, los mismo en lo que años más tarde caminé y recorrí en auto, de día y de noche; la muerte de Allende en el mismo acto, su suicidio honroso y digno, inmolándose como alguien fiel a sus ideas -nunca más vi la misma actitud en alguien que comulgase su socialismo-; los fusilamientos en el Estadio Nacional, al cual siempre sentí especial rechazo en visitar, viviendo en ese país en 1995 y viajando varias veces, etc.  Luego, experimenté el régimen militar chileno de una manera especial, apreciando todo el proceso de transformación económica pero rechazando el rasgo autoritario férreo del pinochetismo, aunque también indagando y criticando mucho la inédita experiencia allendista de la UP.

El segundo hecho fue el atentado a las Torres Gemelas en New York en 2001. Un edificio imponente al que también me negué a conocer en agosto de 1990, en ocasión de mi viaje a “la Gran Manzana”. Fue un hecho que generó sensaciones ambivalentes en mí. Por un lado, en el plano analítico, el sentimiento de vulnerabilidad o fragilidad del gran Imperio victorioso otrora, a manos de un terrorismo “postmoderno” (Walter Laqueur), cultural, no ideológico como antes y por el otro, a nivel personal, la posibilidad de recuperar mi entusiasmo intelectual y profesional con las Relaciones Internacionales, luego de una década demasiado economicista como la del noventa a nivel global. Fue en ese mismo momento en que decidí emprender mis estudios de postgrado, volver a Rusia como foco de estudio y hasta viajar por Europa como me había decidido al final de mi carrera de grado.

DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO Y LA GRIETA DE SIEMPRE: CIVILIZACION O BARBARIE

Desde el día en que mi abuelo materno, un furioso peronista me advirtió que era “un loco”, como un niño siempre callado pero curioso, me interesé en investigar su biografía, sus numerosos y variados aportes, sus claroscuros, sus obsesiones, sus “culpas” (la muerte de u hijo “Dominguito”, tal vez), sus pasiones, incluyendo la femeninas, sus “locuras”.

Como todo en Argentina, una sociedad recurrente en la formación de “grietas” muchas veces, artificiales, tuve maestros y profesores que lo ensalzaban y otros que lo defenestraban, jamás un punto intermedio, especialmente, considerando que mi educación primaria y secundaria, la viví en un colegio católico. Luego, a la hora de recorrer la historia argentina, por supuesto, entendí por qué los liberales (aunque no todos, sobre todo, los laicistas) lo amaban y los revisionistas lo odiaban. En la Facultad de Ciencia Política en la UNR, donde conocí a mi gran amigo, Marclo Fretes, sanjuanino como él, quien me atrapó con su gran amor de coterráneo, a Sarmiento. Finalmente, al entrar a la UNVM como docente, menos entendí cómo profesores nacidos, viviendo y trabajando en la ciudad de Villa María – y su aledaña Villa Nueva, a las que algún diputado de la época de la presidencia del propio Sarmiento imaginó algún día, como territorio federal único y capital de la República y el sanjuanino vetó,  “hijas” de la “Pampa Gringa”, también en su enorme mayoría, lo cuestionaban, arguyendo posiciones semejantes a las de los historiadores revisionistas como fanáticos antisarmientinos que yo había escuchado hasta el cansancio, en mi adolescencia. Hasta los niños desde el año 2003 hasta 2015, fueron “adoctrinados” en el canal de TV oficial Paka-Paka, por un personaje indiecito “Zamba”, encargado -desde el poder- de destruir la figura de Sarmiento. Fue recién muchos años después, en 2006, cuando me tocó ver a José Ignacio García Hamilton en el Teatro Verdi de Villa María  y en el año 2009, en San Juan, la cuna del gran Domingo Faustino, al mismo escritor y periodista tucumano que moriría poco tiempo después, quien reivindicó públicamente a Sarmiento y su legado, ante un auditorio que parecía reaccionar por fin, de tanta anestesia premoderna.

Continúe leyendo

CATACLISMOS, AQUI Y ALLA

Un 29 de julio de 1995, quedó grabado en mi memoria para siempre, porque ascendió a la máxima categoría, “el club de mis amores”, Colón de Santa Fe, mi ciudad natal, tras 14 largos y frustrantes años en la segunda división del fútbol argentino. Lo trágico es que viví tal alegría a la distancia, en momentos en que recién empezaba a funcionar Internet y no había aún transmisiones televisivas online, porque estaba viviendo en Viña del Mar, Chile y, escuchando la radio con mucha dificultad, me enteré de ese triunfo deportivo.

Sin embargo, por aquellas horas, ni siquiera imaginaba la vivencia desagradable que sufriría de modo tan contrastante,  un rato después. Ya al inicio de la madrugada, siendo la 1.11 horas del domingo 30 de julio de 1995, mientras dormía, la cama empezó a sacudirse, idem las paredes y pronto, toda la familia cobró conciencia de que se movía no sólo el departamento sino todo el edificio, una torre elevada de 22 pisos, sobre la misma costa del Océano Pacífico, que en ese momento inolvidable no le hizo honor a su nombre. En el piso 11, podía sentirse cómo todo el edificio se movía como un acordeón y ya se escuchaban los gritos de desesperación de sus propietarios e inquilinos. Era un terremoto de magnitud elevada, incluso con riesgo de maremoto o tsunami, el cual finalmente, no se produjo. Un largo minuto duró la sacudida y luego continuaron réplicas a lo largo de toda la noche. En la televisión pudimos enterarnos de que el epicentro había sido en Antofagasta, una populosa ciudad costera del norte chileno, donde se registraton enormes daños materiales, apenas 3 muertos y unos 20 heridos, a pesar de los 8 grados de intensidad en la escala de Richter y los 6 a 7 en la escala de Mercalli.

Como lo reflejaba esta tapa del Diario trasandino “El Mercurio”, el sismo se sintió no sólo en toda la Región de Antofagasta, sino también en las de Coquimbo y Valparaíso-Viña del Mar. Si bien las réplicas continuaron a lo largo de las semanas, para argentinos poco habituados a este tipo de fenómenos, no dejaba de haberse constituido en una inédita experiencia muy ingrata, en términos emocionales, a pesar del poco o nulo daño físico registrado. La broma ocasional del taxista que me recogió en la esquina de mi edificio, en la mañana del lunes  siguiente, ironizando sobre mi susto como extranjero (o vecino argentino) con el episodio, en una tierra que según él, “tiembla 500 veces al año”, en la mayoría de las veces, imperceptiblemente, tampoco dejaré de recordarla.

Continúe leyendo

HACE UNA DECADA: NIEVE EN ARGENTINA

Para generaciones enteras de argentinos, fenómenos trágicos o cataclismos como guerras continentales, volcanes, terremotos, tsunamis y hasta tormentas de nieve o arena, son más que improbables o inexistentes a lo largo de sus vidas. Pueden no serlo para europeos, para americanos del norte, incluso para latinoamericanos como los vecinos chilenos y peruanos, pero no para los argentinos.

Clima templado en la mayor parte del territorio nacional, geografía de llanura, recorrida por ríos, lagos y lagunas, bordes costeros de mares, sólo las zonas montañosas, lindantes al oeste con Chile o o al norte con Bolivia, es decir, sólo los habitantes del norte, oeste y sur del país, pueden sufrir algunos de aquellos fenómenos climáticos o geológicos., aunque tampoco con la misma intensidad o duración.

Por eso, y en el marco de un cambio climático innegable, aún cuando sean discutibles las causas. sorprendió sobremanera la nevada sobre buena parte del territorio argentino, incluyendo la llanura, el día lunes 9 de julio de 2007, hace exactamente una década.

Continúe leyendo

CHILE, 27 AÑOS DESPUES

Viajé a nuestro país “hermano” en los años 1989, 1991, 1992, 1995 -viviendo allí todo ese año-, 2003, 2009, 2012 y a principios del año pasado. Fui testigo de la evolución de la sociedad chilena, a través de los sucesivos gobiernos, desde el final de la dictadura pinochetista (1973-1989), hoy mínimamente discutida, con sus claroscuros, pero con un innegable efecto transformador posterior. Toda la agenda democrática de los últimos 27 años, giró en torno al impacto y al legado de esa misma dictadura. Precisamente, uno de los últimos temas de debate que dividió a la sociedad chilena, fue la introducción de la gratuidad en la enseñanza, reforma que cuestionó uno de los pilares de aquella herencia del régimen que derrocó al gobierno de la UP de Salvador Allende Gossens.

Como en las ocasiones anteriores, vi un país que sigue cambiando, viviendo una modernización sin pausas. Aun habiendo atravesado gobiernos diferentes, dentro de la misma Concertación triunfante en el `89 o la misma derecha democrática de Piñera hace algunos años atrás, Chile no detuvo su marcha ascendente. 

Continúe leyendo

RECORRIENDO EL PERU EN LOS INICIOS DEL SIGLO XXI

Conocí Lima en noviembre de 2013 y volví a recorrerla junto al sur peruano, en el verano de 2016. En ambas ocasiones, me sorprendió gratamente el grado de avance económico y social que logró el país, con una trayectoria que si bien, salvando las distancias, es diferente a la de otrora enemigo, Chile, intentó imitar la consecución de sus pilares básicos y algunos de sus resultados.

En efecto, la sociedad peruana, también pragmática, a su manera, demostró una vez que le encantan los escritores y la literatura, pero no los vota. En 1990, una vez que se había iniciado la transición democrático-capitalista chilena, tras su exitosa embestida contra la nacionalización bancaria emprendida por el entonces Presidente Alan García –casado con una cordobesa de apellido Cafferata Norés- del antiimperialista partido APRA, el célebre Mario Vargas Llosa pasó a liderar el Movimiento FREDEMO y encabezaba las encuestas presidenciales, contra los partidos tradicionales. Ganó la primera vuelta donde terminó enfrentando a otro “outsider” sorpresivo, el ingeniero rural, el japonés “Chino” Fujimori, quien en un increíble e inexplicable giro del destino, le terminó arrebatando la Presidencia al escritor. Así como hay un Chile, antes y después de Pinochet, aunque hoy ya esa figura cobra enorme lejanía, ese hecho del resultado de los comicios presidenciales de 1990 en Perú, marcó a fuego la historia política del país “hermano” de los últimos 26 años.

Continúe leyendo