UN HOMBRE DE OTRA EPOCA: ALAIN DELON

“Si realmente estamos enamorados, debemos animarnos a todo” (Alain Delon)

Aquella era otra época, tal vez, de la mano de la ausencia del cambio tecnológico, tal como lo conocemos hoy. Me crié, rodeado de dos hermanas mucho mayores, una de las cuales sentía devoción, adoración, fascinación por un hombre mayor, de cabello negro, realmente bello, que a través de posters que exaltaban su figura, adornaban la totalidad de la habitación. Creo que hasta el día de hoy, estaría “enamorada” de ese hombre y hubiera corrido hasta él, a buscarlo a París, si tenía la oportunidad de hacer realidad la frase que él mismo acuñó.

Ese hombre, era Alain Fabien Maurice Marcel Delon, actor, cantante y empresario francés, uno de los tantos “bon vivant” y sexies galanes glamorosos de los años sesenta y setenta. Claro, hoy comprendo lo fácil que es enamorarse de un poster, de una foto, de una imagen que estéticamente luce impecable. Lo importante es hacerlo desde adentro, allí, en las profundidades del alma del otro u otra. Ya volveré al final al reflexionar sobre esto. Pero primero, vayamos al comienzo “feliz”.

Delon gozó de 62 años de carrera. Volvió de la última guerra imperial francesa, de la Indochina (luego Vietnam) y sin trabajo, gracias a una actriz, empezó a circular en los sets de grabación para no terminar. La belleza dle actor peor también su estilo de caballero y sobre todo, su voz, conquistaría mujeres y directores en Francia y toda Europa, aunque no en Estados Unidos. A la par de grandes amores como Romy Schneider y Mireille Darc, hizo grandes películas (“El gatopardo” -1963-, “El tulipán negro” -1964-, “El samurai” -1967-, “Arde París?” -1966-, “Zorro” -1975-, “Aeropuerto 79: el Concorde” -1979-, “Tres hombres para matar” -1980-, etc.). Amigo de amigos, todostan machistas como él, organizó peleas de box en Francia para Jean Claude Bouttier y luego, el argentino campeonísimo mundial Carlos Monzón. Esta relación lo ligaría a ex Presidentes como el propio Carlos Menem.

Delon fue siempre un burgués conservador. Adoraba en aquellos años mozos, la “buena vida”: romances, trabajo, alcohol, viajes, lujo, placer y más placer. Lo rodeaba el glamour. Tal vez, eso hizo que nunca tuviera grandes reconocimientos por su cine. Estuvo 7 veces nominado en el Festival de Cannes pero nunca ganó.

Las décadas pasarían, el tiempo no avanzaría en vano sobre su físico, sus amores morirían, sus amigos idem, él se divorciaría, sus dos hijos varones se distanciarían, había confesado que ya se resignaría a morir sólo, con su perro.

Claro, Delon estaba comprobando hasta abril de este año que su estrella se estaba apagando irremediablemente, incluso mucho antes de su vida. Europa está llena de inmigrantes, ya no hay lugares para tipos como él, su compatriota Jean Paul Belmondo, el inglés Roger Moore y tantos otros que alardeaban y conquistaban con su machismo.

Vivimos otra era. La misoginia es condenada oralmente por el tribunal global (o europeo) feminista, igual que la violencia de género, la homosexualidad es visibilizada como nunca y las jóvenes generaciones, los “Millennials” verían hoy a Delon como un verdadero “dinosaurio”. Eso hizo que el propio actor se hiciera célebre por sus polémicas declaraciones en contra de todo esto, con un lenguaje políticamente incorrecto y hasta firmando su apoyo al Frente Nacional de Le Pen.

Pero claro, suele ocurrir que cuando estamos al borde de caer rendidos, aparece alguna luz reivindicatoria. El Festival de Cannes, decidió premiar en vida a Delon, otorgándole la Palma de Oro honorífica en abril pasado. Unas 26.000 firmas se juntaron por parte de la organizaciones feministas, para impedir la ceremonia, pero los organizadores del Festival hicieorn caso omiso a la presión. Anouchka, la hija comprensiva del actor, sí, una mujer, aceptó subir a entregarle el premio. Delon habló y lloró de la emoción, pero sobre todo, agradeció a las mujeres de su vida, particularmente a las que ya no puede ver en vida.

En agosto pesado, como otra jugada rara -o no- del destino, Delon sufrió un ACV que lo depositó en una clínica privada suiza, allí en el país del que se había hecho ciudadano, decepcionado con su Francia decadente. La pelea familiar, los hijos enfrentados a Anouchka, la pérdida de sus amores, estuvieron a punto de enterrarlo.

No sabemos en qué condiciones pero hoy llegó sus 84 años. El final de una era no pudo terminar con la vida de este gladiador, quien detrás de tanta belleza, nos mostró como pocos, por enésima vez, lo vulnerables que somos como seres humanos. Quizás tampoco los jóvenes de hoy se hayan criado con la ingenuidad o inocencia con la que se criaron mis hermanas aunque no me extrañaría que les falte cierta “sal en sus vidas”, cuando atraviesen el umbral hacia la adultez. La misma con la que intentó vivir Delon, quien hoy reposa tratando de recuperarse junto a su hija: una mujer. El, que hizo lo que le gustaba y por eso, merece mi reconocimiento.


EL PRESIDENTE QUE NO MERECIMOS

Ayer falleció el ex Presidente Fernando De la Rúa, quien gobernara con una singular alianza de centro-izquierda, que congregaba radicales y peronistas-progresistas, entre 1999 y 2001. A continuación, comparto alguna semblanza.

Estuvo en el lugar correcto en el momento equivocado -y con las compañías inadecuadas-. De la Rúa fue uno de los últimos exponentes de la clase dirigente argentina, en creer y escalar socialmente de manera meritocrática, sin tomar atajos como un matrimonio por conveniencia o alguna otra corruptela. Cordobés de origen, fue abanderado del Liceo Militar General Paz, Medalla de Honor en Abogacía de la UNC, Profesor por Concurso en la UBA y elegido como el “delfín” del histórico dirigente radical Ricardo “Chino” Balbín, para salvarse de la debacle generalizada contra el avasallador peronismo triunfante de 1973, convirtiéndose en el Senador nacional más joven de la historia argentina. En el regreso de la democracia, una década más tarde, tras ser derrotado en una gran interna radical contra Raúl Alfonsín, a la postre, Presidente de la Nación (1983-1989), fue diputado nacional y el primer Jefe de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, donde ya era un connotado vecino adoptivo. Quien fuera llamado con razón, el “Kennedy argentino”, estaba llamado a ser Presidente a su turno. Lo fue en 1999, elegido por más de 11 millones de votantes en primera vuelta, que esperaban que castigara la corrupción menemista, mejorara la política social pero mantuviera la Convertibilidad de 1 dólar = 1 peso.

Sin embargo, no contaba conque su propio partido, encabezado por Alfonsín, lo presionara imponiéndole funcionarios como el economista heterodoxo Machinea ni “le soltara la mano” en el tramo final; tampoco con un peronismo que adentro de la coalición (con “Chacho” Alvarez como Vicepresidente -renunciante-) como en la oposición con la grieta Menem-Duhalde, una vez más asumiría un rol institucional irresponsable; finalmente, no supuso que la sociedad civil, que lo había acompañado, se dejaría manipular discursivamente por una nueva coalición, no partidaria, pero sí sectorial, la devaluacionista, formada por grupos empresarios (mediáticos e industriales), a la que se agregaron políticos vengativos de ambos grandes partidos tradicionales, como Duhalde y Alfonsín y no pocos intelectuales.

La renuncia de De la Rúa, más allá de sus dudas en la gestión y un contexto internacional sumamente adverso -el bajísimo precio internacional de la soja y la altísima tasa de interés en Estados Unidos-, condujo a la Argentina a un abismo, cuyos efectos se perciben hasta hoy. Desde todo lo que significó el derrumbe formal de la Convertibilidad, algo que ni siquiera Rafael Correa se animó a hacer -con la dolarización- en Ecuador, en materia de ruptura de contratos generalizados-incluyendo el “corralón” de Remes Lenicov; el default; una devaluación del 137 % en un año -pulverizando salarios-; el regreso de la inflación y la regresión autoritaria del kirchnerismo. Todo ello fue tolerado y hasta acompañado tácitamente por una sociedad contradictoria y bipolar que a mediados del 2001, en un 80 % aprobaba el mantenimiento de la Convertibilidad pero que rechazó abrumada un ajuste presupuestario quirúrgico de Ricardo López Murphy en marzo de aquel trágico 2001.

A De la Rúa, lo conocí hace apenas cuatro años en el CARI, cuando fue a ver a Mariano Caucino, en una charla de presentación sobre su primer libro de Rusia. Me impresionó como un buen hombre, un político culto -de los que ya no quedan-, honrado, respetado -en tal círculo- y respetable. Seguramente, su vulnerabilidad cardíaca y renal, empezó a perfilarse por aquellos años aciagos del país, así como muchos compatriotas, como mi ex suegro y mi propio padre, que sufrieron infartos mortales entre 2001 y 2004. Con estoicismo admirable, guardó un bajo perfil durante la década durante todos lo demonizaron, aunque se quedó a vivir en el país.

Un detalle final: De la Rúa murió un 9 de julio, coincidiendo con la fecha de la independencia patria. Tal vez, la amaba más que ninguno. Tal vez, todos, ciudadanos de un país de baja institucionalidad, fuimos muy injustos con él. Quizás en Suiza -o Uruguay-, lo hubieran apreciado y valorado mucho más.


EL RECUERDO DE RAUL ALFONSIN

Un 31 de marzo de 2009, moría Raúl Ricardo Alfonsín, abogado pacifista y de derechos humanos (DDHH), gran caudillo radical y lo más importante, ex Presidente de la Argentina entre 1983 y 1989, es decir, el primer mandatario de la restauración democrática en el país, tras 5 décadas de una espiral  de inestabilidad institucional, signada por golpes militares, gobiernos constitucionales débiles y violencia política.

En un análisis histórico, puede recordarse que Alfonsín tiene su lugar ganado en el altar republicano, por haber sido el primer político no peronista -y el primer radical-, en derrotar al peronismo en elecciones libres, imparciales y justas. Fue el último político argentino en generar actos populares masivos como el del Obelisco en Buenos Aires y numerosas ciudades y capitales del país. Nunca más, cientos de miles y hasta millones de argentinos se agolparon en calles, avenidas y estadios para escuchar el discurso de un dirigente partidario. Alfonsín marcó una era en la que la motivación, el entusiasmo, la adhesión y militancia política, sobre todo, de los más jóvenes, escaló a niveles inéditos, sin ninguna moneda a cambio. Más allá de que la restauración democrática post 1983, haya sido producto de la derrota en Malvinas y no de un cambio generacional interno, aquel boom de participación desinteresada en jóvenes jamás socializados en democracia, es un factor llamativo y paradójico sobre el que nunca se indagó de manera profunda, pudiendo tal vez, si se hiciera, derribar algunos mitos científicos.

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DANIEL HADAD: EL REGRESO DEL PERIODISTA Y EMPRESARIO DE MEDIOS

Porteño, nacido de una familia de clase media baja del límite de Flores-Floresta, su abuelo era vendedor de botones. Lo conocí cuando leía en los años ochenta, la Revista “Somos”, un brillante medio gráfico que pertenecía a Editorial Atlántida. De Hadad recuerdo grandes reportajes, sobre todo, su viaje como corresponsal al territorio tomado por la contrainsurgencia antisandinista, la llamada “contra”, aquel ejército de rebeldes guerrilleros financiados por Washington para desgastar y derrocar al gobierno sandinista, emergido de la revolución nicaragüense de julio de 1979. Luego vendrían los inolvidables años noventa, en los que Hadad sedujo al entonces Presidente Carlos Menem, como tantos otros liberales argentinos y se generó allí una sólida relación que abarcó el plano empresario, no sólo periodístico. Hadad se convertiría en uno de los periodistas favoritos del menemismo, esto le acarreó conflictos con su compañero de programa, Marcelo Longobardi (hoy Radio Mitre), de una visión también liberal pero más republicana y entonces, pronto incursionaría en el negocio de los medios, como un empresario más.

Hadad siempre fue un realista pragmático, poco amigable con los Cavallo (enfrentado a Menem) pero sobre todo a los republicanos puros, al estilo de Lilita Carrió, también una feroz crítica del menemato, por su gran corrupción. Tras un período de bajo perfil con la Alianza (1999-2001), se convirtió en un emprendedor millonario, aunque sus negocios florecerían recién paradójicamente con el kirchnerismo: Radio 10, la FM Mega, C5N y el portal de noticias Infobae. Esta expansión también le depararía conflictos con el gobierno inaugurado en 2003. Se vería obligado a vender las acciones de cada una de sus criaturas, excepto Infobae. Hoy, con los empresarios “bendecidos” por el kirchnerismo en retirada o al borde de la cárcel, se habla de su renovado interés en recuperar las empresas perdidas.

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