Retiro, CABA, 5.30 de la madrugada del jueves 16 de julio de 2026.A diferencia de otras jornadas, reina la calma, aunque se ven los vestigios de la algarabía general de horas antes. Los primeros laburantes que llegan a la «Ciudad de la Furia» que se desplazan por la Terminal de buses y las estaciones de trenes, caminan más relajados que lo habitual. En las calles de la Villa 31, también se levantan así los que duermen allí -adentro y afuera-. Después de todo, esa gente que se levanta temprano, se esfuerza por sobrevivir en tiempos crueles de los hermanos Milei y desmiente aquellas interpretaciones binarias -absurdas- que solían hegemonizar las redes en estos días, en el sentido que el gobierno que pretendió inútilmente «desmalvinizar» la semifinal, capitalizaría cada triunfo de la Selección en un Mundial tramposo manejado por la «mafia» de la FIFA.

Ya pasó la euforia del Obelisco, aunque también eso se reprodujo en cada plaza y rincón del país. Todos ayudamos a saltar dos metros treinta a Lautaro Martínez que cabeceó con holgura ante una atónita y acobardada defensa de lungos ingleses inútiles. esta vez, no hubo «Mano de Dios» ni jugada extraordinaria de «barrilete cósmico». Los «Three Lions» perdieron esta otra batalla o esta nueva guerra, en su ley. A puro centro a la olla y remates de larga distancia. Con seis de los nuestros que juegan en las Islas y que seguramente sufrirán bullying apenas regresen allí, como sufrió Maradona a la Italia del norte post 1990. El «mufa» Mick Jagger volvió a verlo desde la tribuna como en 1998 y el patrón de Messi, David Beckham otra vez lo sufrió como aquella vez por penales.

Es que la «progresía» de Argentina, hoy arrinconada, no entiende aún hoy que este equipo representa como nadie, la piel y el corazón y por qué no, el alma, de este pueblo. Muchos de estos chicos son hijos de laburantes como los que veo transitar por Retiro. Son el legado no deseado de los desgraciados noventa y del post 2001. Los Martínez -por dos-, los González, los Fernández se criaron en el sacrificio del conurbano o los Romero y los Alvarez en lugares insignificantes del interior sin haber vivido las viejas épicas de 1978, 1986 o 1990, pero conservaron, más allá de ser exitosos y multimillonarios, ese espíritu amateur de dar la vida en una cancha. Por eso, sobre todo, los europeos nos respetan y hasta nos temen, como quedó demostrado ayer con el propio DT alemán Tuchel al frente de los ingleses. Tienen y rodean a un jugador como Messi que es su nave insignia y que en apenas siete minutos puede dar vuelta un partido aunque también a un grupo técnico conductor que practica tras 103 partidos desde 2019, la hermandad, tiene clara la historia y un método de juego práctico sustentado en nuestra forma de ver y jugar el fútbol.
Por eso llegaron a una nueva final y ojalá la coronen en New Jersey, con otro campeonato. para que, desde la inmortalidad, lo miren y estén orgullosos, los Rattin, los Housemann, los Menotti, los Sabella y por supuesto los Maradona.

Por ahora, por apenas tres días, los guerreros reposan y nosotros también. Pero el domingo, esperamos que esa paz vuelva a ser la de la gloria.








