CON LA “L” DE LIBERTAD

Ayer vía las redes sociales, sin apoyo partidario de ningún tipo, un grupo de ciudadanos, sobre todo, mujeres y jóvenes, más algunos adultos, organizamos la tercera marcha en tres meses, en la ciudad cordobesa de Villa María. Fue menor en cuantía que las dos anteriores, sobre todo, la del 17 de agosto, pero ello guarda relación con el notorio esquive de los partidos opositores y sus concejales y el mayor temor de la población, ante el enésimo brote de contagios, aunque también por qué no, el relax en la costanera, de muchísimos vecinos, aprovechando el bonito día soleado. La marcha se dio en un contexto de protestas masivas en todo el país, que también fueron menores a las anteriores. Un día antes, el viernes, el Presidente Fernández, con su voz en off, grabó un mensaje extendiendo la cuarentena hasta el 11 de octubre, sin ya siquiera argumentar porque claramente, no puede esgrimir defensa científica alguna en pos de la extensión arbitraria.

La democracia está agonizando en la Argentina pero desde hace rato, nunca fue demasiado vital en las Provincias y mucho menos en ciudades y pueblos, como lo demostró en más de una ocasión, el politólogo Carlos Gervasoni. Los extremos de las Formosa, Chaco, Tucumán, Santa Cruz o La Pampa todos los conocemos, pero los de cientos de localidades del interior, mucho menos, donde prevalecen autoritarismos de todo cuño, con reelecciones indefinidas de intendentes, Concejos Deliberantes adictos, periodistas oficialistas o militantes, empresarios amigos del poder y sociedades civiles acalladas, pasivas o dóciles. Es mucho más difícil ser opositor a nivel local, donde las maquinarias clientelares, de compra de votos y voluntades, con empleados públicos obligados a trabajar como fiscales, los días de comicios y hasta los taxistas están al servicio del poder, so pena de perder el permiso municipal de circulación, todos los cuales son los mecanismos perversos de mantenimiento en el poder político y por qué, no el trampolín para cargos nacionales o provinciales. Los votos, como en la actual Bielorrusia, no cuentan, porque encubren una farsa, una mascarada democrática.

Esto explica que aún en ciudades cordobesas como Villa María, Río Cuarto, Leones, Villa General Belgrano o santafesinas como Venado Tuerto, Rafaela y tantas otras, donde la actividad agropecuaria, la más productiva y eficiente del país, es fuerte y dinámica, la oligarquía partidaria, generalmente -aunque no de manera excluyente- peronista, se mantiene incólume en el poder, a través de caudillos o “delfines”, cuando no, desleales con los primeros.

Villa María dio ayer otro botón de muestra. La ausencia llamativa de la oposición sistémica o institucionalizada, es un testimonio de la comodidad con la que los concejales radicales y de Juntos por el Cambio, se mueven, aludiendo la necesidad de no apoyar radicalizaciones o evasiones del diálogo. Luego, claro, ello explica la orfandad en la que transita la oposición callejera que apenas, encuentre un líder, si se lo propone, podrá reemplazarlos sin más trámite.

Esta orfandad permitió que por la noche, un periodista militante oficialista, compañero mío en la UNVM, trabajando en UNITEVE, el canal de TV del Alto Centro de Estudios, encabezando un programa que contaba con financiamiento privado hace más de una década y ahora está virtualmente estatizado, como casi  todo en la Argentina post 2011, fomentara en su red personal de Facebook, un “escrache” al más puro estilo nazi-fascista, contra nosotros, los organizadores de la marcha, motivando acusaciones y descalificaciones de todo tipo, como “anticuarentena”, ”irresponsables”, “egoístas”, etc. Esto hizo mella moral en los más jóvenes que no están habituados a semejante escarnio público, con lo cual, el poder claramente logró su objetivo por esta vía perversa y maniqueísta, de amedrentar y atemorizar más aún a la población. Por supuesto, este mecanismo opera de manera selectiva, porque encubre o relativiza otras acciones como la del Intendente elegido en junio de 2019, hoy, de licencia permanente por ocupar un cargo nacional, situación institucional a todas luces anómala, irregular, viciada de nulidad constitucional, ante lo cual estos pseudoperiodistas eligen callar.

Pero lo más interesante es el repertorio variopinto de acusaciones morales que se nos formularon, que ponen en tela de juicio el atributo de la solidaridad de unos enfrentado al egoísmo de otros. Porque aún desconociendo la naturaleza humana de quienes protestamos -y no por ser “anticuarentena” per se o “contagiadores seriales”-, también tengo el derecho a poner en duda si quienes “se quedan en casa” y vociferan en las redes contra quienes marchamos, no son precisamente ellos los egoístas, al especular con que no salir, lo cual les garantiza evitarse la cama de internación por la que pelearían encarnizadamente por lo que se ve, en función de la virulencia de sus ataques en las redes. En todo caso, esa actitud especulativa, racional in extremis, los hace proyectar en los demás, vicios o conductas no solidarias, que a ellos sí los caracteriza y no nocesariamente a nosotros, que valoramos con otras escalas morales, aunque prefiramos un perfil bajo de nuestras acciones.

Dejo para el final, las fotos de la discordia y sin duda, el símbolo de la Libertad, la “L” con los dedos de la mano, ese gesto que tanto molesta hoy, cuando está más en peligro que nunca, en nombre del cuidado sanitario de todos y todas. Les incomoda a quienes usufructúan el poder, pero sobre todo, a sus lacayos y genuflexos que no trepidan en envidiar o molestarles en su espejo, a nosotros, quienes salimos a defenderla o reconquistarla.

No sin dejar de resaltar que en un país, con una sociedad con la guardia moral baja, desanimada, decepcionada, frustrada, que no hace más que acobardarla, la batalla cultural, racional que los liberales argentinos  creen que hay que revertir, además de ser insuficiente, ha sido y es ineficaz, por más que llenemos la pantalla de la TV con Javier Milei, porque en la vereda de enfrente seguirá existiendo esa maquinaria gubernamental adoctrinadora y manipuladora de las masas. Hay que sumarle liderazgo y calle como lo hicimos el sábado porque de lo contrario, el poder de los estatistas, permancerá en el tiempo y con ello, perpetuarán la decadencia nacional.

LA HEROINA CON QUIEN EMPEZO TODO

171 días de cuarentena en Argentina. La popularidad de Alberto Fernández bajó aunque no tan abruptamente, desde 80 o 90 % de popularidad cuando la decretó el lejano viernes 20 de marzo pasado, a 50 % Los infectólogos ya no aparecen tan habitualmente en los medios, porque no pueden ocultar que el número de contagiados han conducido a la Argentina al top ten mundial y por ende, no hallan argumentación valedera para explicarlo en función del proceso de aislamiento obligatorio tan duro, que ellos sugirieron y militaron. Ya no aparecen las conferencias de prensa con el trío Fernández-Rodríguez Larreta-Kicillof cada 15 días -apenas discursos grabados y por separado-, tampoco quedan vestigios de la moderación política inicial ni los aplausos nocturnos para los médicos y enfermeras.

Ahora todo parece caos. Números sanitarios que aumentan ya no sólo en el AMBA donde parecen haberse “amesetado” -por fin- sino en el interior del país, donde el aislamiento se cumplió con creces pero según parece, los camioneros o algunos viajantes desprevenidos o reuniones de amigos y familiares, difundieron el virus. Aduanas interiores, tomas de tierras y bares cerrados por orden judicial, más regresiones en las medidas de aislamiento, que sin embargo, generaron reacciones de la gente en ciudades variadas como Rosario, Venado Tuerto, Cipolletti, Orán, la frontera puntano-cordobesa, etc.  Delincuencia generalizada, producto en gran medida de la irresponsable medida judicial, con la venia del Ejecutivo culposo, de liberar cerca de 4.000 presos allá por abril. Jóvenes desaparecidos por la violencia policial, cuando no, amparada por el poder político provincial, desde Buenos Aires pasando por Córdoba hasta Tucumán. Es el producto de la negligencia e ignorancia de los políticos en el control profesional de las fuerzas de seguridad post dictadura, en lo que parece, no les alcanzó con más de 3 décadas y media de democracia para hacerlo. Los médicos intensivistas reclaman por el agobio al que están expuestos y las Facultades de Medicina por fin, se expiden sobre una pandemia de la que recién se enteran. En el plano institucional, la oposición en el Congreso, particularmente en Diputados -CFK maneja a control remoto, el Senado-, recién esta semana que pasó, se percató de la relevancia de la presencialidad tratando de acorralar a un oficialismo que no se da por aludido y se victimiza.

Todo ello, sin dejar de recordar que todo el sistema educativo argentino sigue sin funcionar excepto online con los alumnos, maestros y profesores que puedan conectarse -presumo que la mitad-, sin vislumbrar regreso físico alguno, por presión opuesta de los gremios docentes y no docentes; el transporte urbano e interburbano, que sobrevivía en la “vieja normalidad” gracias al subsidio del gasoil, no funciona; los contactos entre Provincias e incluso entre localidades de una misma Provincia, están prohibidos o regulados por la autoridad central o distrital, por temor a la exportación o importación de contagios; los vuelos de cabotaje no existen y la reapertura de los internacionales, programada para el 1 de setiembre, postergada para inicios de octubre aunque no es segura esa fecha; el fútbol, deporta nacional por excelencia, ha regresado a los entrenamientos, pero los contagios en el club más popular del país (Boca Juniors) amenazan con dilatar aún más el regreso de las competencias oficiales, mientras que por ejemplo, en la vecina orilla del Río de la Plata, Uruguay, que ha hecho todo bien en materia en lucha contra la pandemia, sin cuarentenizar todo el tiempo, a toda la población, ya se han disputado varias fechas del torneo local.

Ante este panorama, el gobierno nacional y los 24 provinciales, incluyendo CABA, insistirán en volver a fase 1 o 2 según distritos, seguirán atemorizando por doquier o culpando a las reaperturas o salidas de amigos, etc. por el crecimiento de los contagios. Los periodistas subsidiados continuarán practicando el terrorismo mediático a pesar de que el Presidente, con su típico autismo, insista que el ametrellamiento  es en sentido contrario. Cuando no, como son tramposos y espurios en su accionar habitual, organizarán marchas con actores y actrices afines, como las de ayer en el Obelisco, quemando barbijos, para exhibir que las protestas pacíficas son “anticuarentena”, irresponsables y egoístas.No hay otra salida para ellos, porque carecen de plan alguno y sólo quieren más poder e impunidad para la Vicepresidenta.

Incoherentes porque atacan al positivismo o al biologismo en las aulas, algunos académicos, particularmente aquellos que son funcionarios nacionales, afines al albertismo, podrán negar el agravamiento de patalogías mentales, aduciendo falta de evidencia científica, pero el daño en la salud mental de la población, incluyendo niños, es enorme. Trastornos de ansiedad en los más jóvenes, depresión en adultos, la angustia generada por no poder despedir a familiares que agonizan o mueren, el distanciamiento entre familiares o parejas, la soledad abrumada por la virtualidad, hasta incremento en la tasa de suicidios. Los impactos son de corto plazo pero sobre todo, en el largo, donde al igual que las morbilidades o enfermedades no Covid19, a nadie hoy le interesa blanquear.

Hoy, del otro lado, las protestas callejeras en las fechas patria, los llamados de Carlos Maslatón a la desobediencia civil “barrani” a lo Henry Thoreau,  la decisión valiente del Intendente de Tandil de generar su propia dinámica de fases de lucha contra el Covid19 -tildada ya de “separatista” e “insolidaria” por la burocracia platense- y algunos otros gestos, mínimos, sin mayores impactos, salvo en redes sociales, expresan la impotencia de una sociedad civil, con la guardia moral baja, incapaz de exigir o luchar por sus derechos y garantías, torciendo el destino al que la han sometido.

Por eso, me gustaría rescatar el papel de esa anciana de 84 años, viviendo en Avenida Libertador en CABA, con un matrimonio de 32 años a cuestas, quien el 22 de abril pasado, bajó de su edificio, sacó su reposera, cruzó con firmeza, llegó al Rosedal y se sentó allí, a tomar sol, motivando enseguida la llegada de 7 policías de CABA, gobernada por un tal Rodríguez Larreta al que ella había votado. No se quiso mover a pesar de las advertencias reiteradas de los hombres de seguridad y sólo cuando ella lo decidió, se retiró, ya con todos los medios de comunicación transmitiendo en vivo y en directo.”Tengo derecho a tomar sol”, les espetó a quienes quisieran escucharla.

Sara Oyuela, enferma de cáncer, mostró el camino de la rebeldía, que no tiene por qué ser irresponsable o inconciente, como quiere manipular el gobierno. Una lástima que recién ahora la sociedad argentina parece pelear por no morir. Ojalá no sea tarde para que “el derecho a tomar sol” o “el derecho a respirar”, no se pierdan, en nombre de la salud, en un contexto de genocidio mental, económico y por qué no, sanitario.

UN DIA ESPECIAL: JOHN LOCKE Y JUAN BAUTISTA ALBERDI

Hoy nacieron dos pilares básicos del liberalismo: uno, el Padre del anglosajón, John Locke y otro, el Padre del vernáculo, Juan Bautista Alberdi. Parece mentira -o no tanto- que el segundo haya sido invisibilizado tanto en la educación formal secundaria como en la universitaria, incluyendo en las Facultades de Derecho del país. Tal vez, es la mejor demostración, cabal, de por qué nuestra Argentina ingresó en un cono de sombra. Porque soy un convencido de que las ideas -y no lo intereses- mueven el mundo y en el caso argentino, han sido las grandes responsables del ascenso argentino entre 1853 y 1930 y de la misma decadencia entre esa fecha y la actualidad.

Pero una vez más, cuando pareciera que estamos tocando fondo, en medio de la cuarentena más larga del mundo, en un momento histórico bisagra, decisivo, en el que por primera vez en 37 años de democracia, se han violado como nunca antes las libertades individuales bajo un estado de sitio que no se ha declarado formalmente, por la cobardía del actual Presidente Fernández; se ha anulado prácticamente, el escaso federalismo que teníamos desde el primer tramo del siglo XX y finalmente, se está cometiendo un verdadero genocidio educativo al postergar el regreso a clases presenciales, en los tres niveles (primario, secundario y universitario), la necesidad de retomar el pensamiento de Alberdi es más que ineludible.

Biográficamente, Alberdi nació en San Miguel de Tucumán, en 1810, precisamente el año de la Revolución de Mayo, algo que podría ser considerado con una carga simbólica especial, dado que ejerce el rol que en el gran país del Norte (Estados Unidos), desempeñaron varios prohombres, como Jefferson, Hamilton, Jay y Adams, entre otros. Su vida, no estuvo exenta de vicisitudes: se crió huérfano de madre, la reemplazó su padre y en parte, su hermano, era débil de salud, de contextura física muy delgado, sufrió cierto bullying por parte de sus profesores del Colegio de Ciencias Morales de Buenos Aires, donde fue a estudiar y su carrera de Abogacía -precisamente en honor a su nacimiento, se celebra del Día alusivo de la profesión en Argentina aunque se lo ignore en términos académicos- no pudo terminarla en la Universidad de Buenos Aires, quiso terminarla en Córdoba, en función del hostigamiento de la era rosista y como no quiso jurar fidelidad al régimen, la finalizó en la república vecina del Uruguay. En el interín, formó parte de la gloriosa Generación del ’37, a la que asistió movido por su pasión literaria, pero sobre todo, por su talento musical, porque era un eximio pianista. En gran medida, Alberdi llega ahí por consejo médico, para poder “respirar” un aire diferente al académico que aparentemente lo asfixiaba. Cabe destacar un gran detalle: Alberdi en ese grupo, firmaba como “Figarillo”, en la dirección de la Revista “La Moda”.

Es que Alberdi siempre buscó los márgenes, intentando lograr la famosa “ventana de Overton”: estoy convencido que ésa es la mejor manera de aspirar a la libertad. En plena etapa autoritaria de la Mazorca, el ya agotado Alberdi se exiliaría en Uruguay y luego, en Chile, donde recibiría la gran noticia del triunfo del General Urquiza quien rompería lanzas con Rosas en su famoso “Pronunciamiento” en 1852.

En muy poco tiempo, con una rapidez admirable, el creativo pero metódico Alberdi, le escribiría desde el país trasandino, las “Bases” para la nueva organización del país, aunque después aceptaría un rol de embajador plenitpotenciario itinerante. Con él, viajaría a España, que aceptaría por fin, gracias a la gestión del tucumano, la independencia argentina; la Santa Sede, que podría digerir la libertad de cultos del nuevo país en tránsito de ordenamiento institucional y finalmente, Gran Bretaña, donde visitara al propio Rosas, quien con un burdo idioma inglés, le expresaría su gratitud a su vencedor Urquiza, quien lo financiaba desde Paraná, la capital de la Confederación Argentina.

Sería la derrota de Urquiza en Pavón, la que le generaría el encono acendrado de Mitre primero y Sarmiento después, el mismo que lo haría objeto de diatribas en el famoso debate vía Cartas Quillotanas, ya desde Chile. En Valparaíso, Alberdi tiene una famosa estatua mirando al Océano Pacífico pero además, pidió que un emprendedor industrial norteamericano llamado William Ebenezer Wheelwright – a quien un pueblito insignificante del sur de Santa Fe, también le debe su nombre-, fuera reconocido con una similar, dada su encomiable vocación ferroviaria y transportista marítima en toda América del Sur (Argentina, Chile, Perú y Ecuador).

Por fin retornaría en 1879, para ser diputado nacional y Vicepresidente de la Cámara pero esta vez, la política misma lo defradudaría. Volvería a irse en 1881, para ya no regresar y morir cerca de París en 1884.

Hoy, nos sentimos obligados a pagar nuestra deuda moral con él, bajo el “paraguas” de la Fundación Vanguardia, comprometida con la difusión de los valores del civismo activo y una ciudadanía liberal comprometida, junto al Concejal Juan Romeo Benzo (UCR, Juntos por el Cambio) y otros amigos, todos republicanos de pura cepa, aunque militemos en diferentes espacio opositores al oficialismo local. Villa María, en el centro del país, la tercera ciudad de la Provincia de Córdoba, hacía muchísimo tiempo que no le rendía homenaje, al igual que toda la Argentina, excepto en los ceánculos intelectuales liberales. Tuvimos que caer tan bajo y que nuestras libertades estén en peligro de ser eliminadas, para poder rescatar como nunca, la figura del genial alberdiano. Ojalá, su luz nos guíe en el camino de la recuperación democrática porque la sociedad argentina, igual que en el siglo XIX, no tiene hambre, sino sed de educación. Cuando muchos piensan en emigrar a Uruguay, como él, en plena dictadura rosista, esperemos que no sea tarde.

 

FELICES 100 AÑOS A MI QUERIDA COMPAÑERA: LA RADIO

La conocí gracias a mis padres, pero sobre todo por mi abuelo materno, Pedro. Lo veía con su pequeña radio AM, casi agachado para escuchar las voces que emergían del aparato, por la mañana temprano, la tarde y la noche. Esa imagen se prolongó a lo largo de mi propia vida. Cuando mi papá me llevaba en auto cada día a la escuela primaria, me habitué a escuchar las voces de Magdalena Ruiz Guiñazú y el rosarino Eduardo Van der Kooy, en radios de Buenos Aires. Cuando no podíamos ir a Santa Fe, a ver a nuestro querido Colón, me quedaba escuchando sus partidos por la radio. Ya consideraba fantástico el hecho que deparaba imaginar a los jugadores mostrando sus destrezas sólo a través de emoción del relator. Durante los viajes, me dormía escuchando la radio, particularmente la música. Ya en plena adolescencia, imité ese comportamiento durante todas las noches, descubriendo el pop británico en la debutante FM, con una calidad auditiva infinitamente superior a la AM, aunque a veces, sobre todo, para informarme, escuchaba Radio Colonia o la BBC en onda larga. Así elegí hacerlo en plena Guerra de Malvinas, evitando el triunfalismo de la televisión.

Llegó la hora de los estudios universitarios y la politización democrática. Me acostumbré a estudiar por las tardes, encerrado en mi habitación, a Carlos Burone, gran polemista, pero meduloso y certero en sus análisis de la realidad argentina y luego, en los atardeceres, a Mariano Grondona acompañado por un tal Nelson Castro. En los noventa, ya con matrimonio incluido, alteré mi rutina y reemplacé la radio, hasta retomarla tras la crisis de 2001, siguiendo a Rolando “Lany” Hanglin, quien me hizo más llevadera, esa transición tan nefasta que vivimos. Finalmente, en los últimos 10 años, sobre todo, a partir de mi divorcio, me acompaña las voces de Marcelo Longobardi por las mañanas y la de María Isabel Sánchez por las tardes. Cada vez que viajo por Argentina, sobre todo, por las noches, “La 100” hace de guía nocturna.

Como pequeño tributo a ella, pude trabajar en radio, teniendo mis propios programas “Aventura Semanal” en Radio UNVM, con alumnos como pasantes en el año 2011 y 2012 y “Sociedad Abierta”, en FM Concepto, en Buenos Aires, en 2015, colaborando con Fabiana Suárez en su programa diario en Radio Fisherton CNN en Rosario, en 2013 y 2014. Ingresando a Radio Cut, se puede acceder a esos programas.

Ojalá pueda seguir prolongando esa mística de la imaginación otros 100 años más y las nuevas tecnologías, lejos de anularla, la potencien.

EL AUTISMO ARGENTINO NO TIENE BUEN PUERTO: GOLPE DE ESTADO O GUERRA CIVIL?

Anoche, el ex Presidente Duhalde -qué no podría decirse de él- alarmó a las redes sociales, advirtiendo que si el Fernández masculino no se apoyaba en Massa y no se desprendía por fin de la Fernández femenina, esto terminaba sin elecciones de medio término y altas probabilidades de guerra civil o un 15to. golpe militar. Se basó precisamente, en el récord histórico de golpes de Estado. Más allá de que pudo haber sido un aviso cuasi mafioso, más dirigido a la interna eterna del peronismo, que al resto de la sociedad, el gesto de Duhalde puede ser interpretado en términos más estructurales.

Ahora bien, todo proceso hibernador como lo es la Cuarentena más larga del mundo -y en democracia-, con un resultado más que mediocre -número 17 en el top mundial, tras haber partido del puesto 55 en marzo, según número total de contagiados-, cuando finaliza, reproduce con más fuerza, todos los vicios y males que permanecieron latentes durante el tiempo que rigió. Por lo tanto, el regreso de ese pasado ominoso, complementado con una macroeconomía desastrosa, fogoneada por los errores no forzados del propio gobierno, está a la vuelta del camino.

Sobre las causas de este proceso de infortunio autoprovocado, me he referido en numerosas ocasiones anteriores pero esta claro, que hay una sociedad autista que ha vivido y vive de espaldas a la realidad y una dirigencia o clase política, que en su casi totalidad, ha rapiñado lo más que pudo. Lo trágico es que han pasado 37 años más que suficientes para aprender a caminar hacia la pujanza y todo lo que hemos heredado es más pobreza, más desigualdad, más fracaso.

El 31 de julio escribí en mi Facebook, aquí -prefiero volcarlo aquí y no regalárselo a Zuckerberg-:

“Mientras estás encerrado o encerrada, después de 133 días, ellos se te ríen en la cara. Mienten, no les preocupa tu salud, sólo su poder y su bolsillo. Ineptos, incapaces, han estado al frente de diferentes cargos importantes a lo largo de 37 años, casi todos pagados por tus impuestos. Jamás administraron un maxiquiosco, apenas algún club de fútbol, donde nunca arriesgaron su propio dinero o un programa de TV nocturno, cosificando a la mujer. Han heredado riquezas de sus padres o abuelos, jamás ganaron un concurso docente, especularon con las propiedades de sus ex compañeros muertos, hicieron negocios con el Estado. Abuelo, padre, hijo y nieto (más esposa, amante, novio, novia) han trabajado en la función pública. Les hicieron creer a los argentinos que estaban agrietados irremediablemente pero a la hora de votar leyes de teletrabajo que perjudican a todos, lo hacen al unísono. Cuando tienen que “defender al trabajador”, que ve pulverizados sus ingresos, pactan con sindicatos mafiosos para negociar aumento cero o rebajas del 25 % Desde 1983 juntos, TODOS, gobernaron la Provincia de Buenos Aires y más allá de algunas obras puntuales y cortes de cinta, la dejaron en manos de los narcos y expandieron las villas miseria. Idem el resto de las Provincias. Ninguna osó rebelarse en 133 días, destruyendo el poco federalismo que teníamos ya moribundo en 1994. Jamás confiaron en el diseño y ejecución racional de una política pública, tal como se la enseña en la Universidad, ni del saber intelectual: es más, lo cooptaron apenas pudieron y hoy, usan a un grupo de científicos para lavar sus culpas históricas. Por debajo de ellos, una red de casi dos mil intendentes y una veintena de gobernadores, más “empresaurios” que viven de las sobrecostos en las compras hasta de barbijos o fideos, más cientos de miles de jubilados de privilegio, incluyendo jueces aliados a agentes de inteligencia y periodistas ensobrados que han sobrevivido en una democracia que tiene nada de sí misma, excepto votar cada dos años por maquinarias electorales de punteros y clientelas. Se cubren las espaldas cada vez que pueden pero para la tribuna, o sea nosotros, nos ofrecen el show de la pelea, la grieta, los trolls de un lado y del otro, etc. Son inútiles, ignorantes, son energúmenos, no saben siquiera elaborar una tabla en excel, no saben ponerse de acuerdo en apagar un incendio entre Provincias -pregúntenles a los rosarinos ahogados en humo cada noche-, hasta contagian porque “están en terreno”, cínicamente preocupados por vos porque dicen cuidarte, pero lo hacen para la cámara. Han liberado 4.000 presos, jubilan a jueces corruptos con sumas estrafalarias, son socios en geriátricos asesinos o laboratorios que financian actores aduladores en películas de cero taquilla. Han quebrado lazos de solidaridad mínimos haciéndole creer a cada argentino que su vecino es un contagiador serial e irresponsable, que un surfer es un delincuente o una anciana o un viajero en avión, unos criminales. Son una clase dirigente rapaz, saqueadora, capaz de quedarse con nuestras riquezas, comercios, campos, estudios, etc. y ofrecérselas a testaferros o potencias extranjeras, como los chinos, ávidos de tierras como las nuestras. Están haciendo agonizar el único deporte que más o menos nos une en el canto del himno, cada cuatro años. Los votamos sí, estúpidamente los votamos porque confiamos y una y otra vez, se ríen en nuestras caras. Hoy están confundidos, abjuran de los planes pero la verdad, es que NINGUNO DE ELLOS tiene idea de cómo enfrentar un horizonte de caída histórica, récord de muertos, hiperinflación, default y un mundo esquivo. Por eso, optan por la palabra de moda: procrastinación. NINGUNO DE ELLOS SE MORIRA POBRE O SUICIDADO POR DESHONRA, como algunos próceres de otrora. No será la hora de una nueva independencia pero de esta elite evasora, decadente y degradadora de nuestra historia? Mientras se burlan en tus narices y vos guardado/a en tu casa, obedeciendo a sus carteles y mandatos televisivos omnipresentes, todavía les crees, no pudiendo ver a tus nietos o tus hijos o tus padres o sin poder tomar un café o un mate con tu amigo o amiga, MURIENDO EN VIDA”.

UN WEBINAR CON MATIAS LONGONI: EL GRAN APORTE DEL CAMPO ARGENTINO

Luego de una serie de protestas de productores lácteos al borde de las rutas nacionales en el invierno de 1999, cuando solía viajar ida y vuelta entre Villa María (Córdoba) y Rosario (Santa Fe), para cumplir con obligaciones profesionales de aquella época, casi nueve años después, volvería a ver dicho espectáculo pero multiplicado por varias ciudades y pueblos más, incluyendo soja, trigo y hasta ganadería. Producto de la decisión del Presidente Néstor Kirchner de primero, fijar cupos a la exportación de carne vacuna para asegurar stocks ganaderos y precios mínimos al consumo de carne doméstica y segundo, vía, la polémica Resolución 125, en un esquema de retenciones móviles, aumentar estos impuestos a la exportación a la soja y derivados, en un contexto de boom de precios internacionales -el mayor en 150 años de historia argentina-, los productores volvieron a salir a las rutas, incluso con un nivel de acatamiento a sus paros y cortes, más exposición mediática, como nunca antes habíamos visto, los argentinos, nacidos y criados en ciudades. Estamos hablando de Argentina, un país donde se da la triste paradoja del sector más productivo y competitivo incluso a nivel internacional, conviviendo con uno de los rangos más altos en materia de urbanización.

Los niveles de violencia verbal y actoral más el desabastecimiento puntual de leche y derivados, en aquellos aciagos días de marzo de 2008, impactaron fuertemente en las clases medias urbanas del país, lo cual llevó a un grado de polarización nunca visto, entre la ciudad que se dividió entre los favorables al gobierno nacional kirchnerista y aquellos que defendimos la causa del campo, que también tuvo la habilidad comunicacional de identificarse tal vez, tardíamente, con la nación y la familia, valores algo perdidos a lo largo de las décadas. El resultado de tales jornadas de enfrentamiento político, realmente estériles, fue el voto del Vicepresidente Julio Cobos, que terminó desempatando en contra de su propio gobierno y a favor de la oposición política del campo como sector, en una pulseada que determinó que no se aplicara la suba de la retención hasta el 35 % sino que por supuesto, implicó la primera gran derrota política del kirchnerismo, a poco más de cinco años de haber asumido, incluyendo la caída de un tal Alberto Fernández como Jefe de Gabinete de Néstor Kirchner, por haber propiciado supuestamente, el diálogo y no la confrontación. Esa victoria alentó la conformación de un bloque político que aglutinaría a radicales, con peronistas moderados como Felipe Solá (actual Canciller de Fernández, hoy Presidente) y el empresario colombiano De Narváez y proístas como Macri y Rodríguez Larreta, que ganaría las elecciones parlamentarias de medio término de 2009 dejándolos con expectativas inmejorables para 2011. La muerte de Néstor pero sobre todo, el quiebre de esa coalición opositora en 2010 y el insólito voto del campo a CFK  más la deserción de Macri en 2011, contarían el resto de la película de la supervivencia del kirchnerismo hasta 2015. De todos modos, como el país, nunca la hegemonía de unos y otros, pudo permanecer o imponerse.

Aquel fue un empate técnico, con una leve inclinación hacia un lado o hacia el otro de la grieta, pero sin finalmente, como también suele repetir el economista de la UTDT, Pablo Gerchunoff, cambiar la estructura social agropecuaria del país, que necesita divisas frescas por un lado para pagar sus compromisos externos como deudor serial que es, pero al mismo tiempo resolver su déficit alimentario (en calorías) en clases bajas y su pésima dieta en ese rubro, incluso en los hijos de la clase media urbana (obesidad) y problemas ecológicos (degradación de los suelos, producto del extractivismo sojero).

Claro, el gobierno de Macri, sí, el hijo de un empresario industrialista y desarrollista, por ende, supuestamente antagónico con el campo, producto de la vieja, superada y hasta falsa antinomia campo-industria, prometió y cumplió con la rebaja de retenciones, incluso favoreciendo algunas explotaciones como las del maíz, en detrimento de la soja. Ni hablar del boom ganadero que provocó, eliminando las distorsiones y trabas que había pergeñado el cavernícola de Guillermo Moreno como Secretario de Comercio, para exportar carne vacuna a mercados tradicionales pero también alternativos, demostrando que es absolutamente falso el dilema de exportar y traer dólares y garantizar el “asadito” para los argentinos a precios razonables. Porque en realidad, todo se trata de incentivos. Con unos pocos incentivos institucionales, impositivos, burocráticos, el campo argentino y particularmente, la ganadería, reacciona favorablemente, de manera rápida y eficiente, a pesar de que hay que esperar a un proceso lento de cría y engorde de las especies. Imaginemos el shock que se produciría si hubiera una verdadera, única, integral y duradera política de Estado para el sector.

Es que es este distanciamiento absurdo entre el campo y la ciudad en Argentina, es en el fondo, epistemológico, de desconocimiento mutuo. El kirchnerismo y buena parte de la clase política argentina, jamás entendió ese proceso, que demanda trabajo, esfuerzo diario, paciencia, mucha vulnerabilidad, porque está sometido a cambios climáticos de largo plazo pero sobre todo, de corto -una lluvia, un granizo, una nieve, una sequía larga, como la que vivimos ahora mismo en Córdoba y buena parte de la llamada “Pampa Gringa”-. Porque excepto el mencionado Solá, ingeniero agrónomo de profesión, hoy improvisado como Canciller o De Angeli o Buryaile o Etchevehere, se trata de una gran mayoría de adultos criados como jóvenes en las ciudades, lejos del campo, beneficiándose de los productos de éste, pero sin jamás entender ni estudiar el verdadero aporte del campo a esa ciudad y la Nación entera.

Mucho menos, jamás entendí a mi ex esposa, arquitecta egresada de la UNC pero criada  en un pueblo de 5.000 habitantes que vive del campo, despotricando contra los “gringos” (productores agropecuarios), por comprarse una “chata” o pickup o camioneta Ford u hoy, Toyota Hilux o invertir en departamentos en Córdoba. Así sucesivamente, tampoco entendí a ex alumnos universitarios, leyendo libros de Economía o Sociología Rural, formados en la diatriba contra la “oligarquía” agropecuaria y mucho menos, admirar a antropólogas e historiadoras de este corazón de la “Pampa Gringa” que atacan al proyecto agroexportador de la “Generación del Ochenta” y por el contrario, reivindican al gaucho o al indio asesinado o marginado por ese “macabro plan exterminador”, siempre en términos de una antinomia absurda, que atrasa el debate, porque impide ver todos los grises que hay en el medio.

Porque claro, la realidad es la que trajo a colación Matías Longoni hoy en un fenomenal webinar, por cómo “nos abrió las cabezas” y éste es tal vez, uno de los únicos efectos positivos de esta pandemia, la posibilidad de contar con analistas o periodistas de lujo, que conocen el sector, mejor que los propios políticos y dirigentes ruralistas. A Longoni, lo conocí en el mismo 2008, en medio de la crisis del campo, y desde ese momento me sorprendió por la lucidez y claridad con la que describía el fenómeno rural en Argentina, destruyendo uno por uno, los mitos, con los que, primero, en los años ochenta, radicales alfonsinistas, los de la Franja Morada y la Junta Coordinadora Nacional -sí, los Jesús Rodríguez, los Marcelo Stubrin, los Jaroslavsky, los Suárez Lastra, los Laferriere, los Raimundi, los Leopoldo Moreau -muchos de ellos hoy en Juntos por el Cambio con Macri, excepto los dos últimos en el kirchnerismo- y en los dos mil, los kirchneristas, edificaron sus proyectos de reforma agraria, impuesto a la tierra “libre de mejoras” y aumento de las retenciones, entre otras “locuras”. Longoni fue el gran artífice de las investigaciones y denuncias contra las irregularidades de la ONCCA (Oficina Nacional de Control Comercial Agropecuario), el organismo regulador del kirchnerismo, bajo la jefatura del polémico abogado Ricardo Echegaray, luego detenido por asociación ilícita y enriquecimiento ilícito (en su gestión de la AFIP) -recientemente sobreseído-.

Irracionalidades, al igual que la reciente expropiación de Vicentín o la proyectada YPF Agro como “empresa testigo” o, la misma Ley de Humedales, que no lo son tanto, si se discutieran en el marco de una política agropecuaria integral, con incentivos a la producción, con retenciones móviles y diferenciadas según esa misma producción, para evitar el extractivismo, con subsidios puntuales, no indiscriminados, para evitar tensiones inútiles y calmar a las organizaciones ecologistas de la ciudad, por ejemplo, para realizar las inversiones necesarias para no degradar los suelos o evitar las quemas o favorecer las granjas agroecológicas o retener a las miles de familias frutihortícolas en el Alto Valle del Río Negro, evitando los excesos megainmobiliarios. Porque en todo ello hay razonabilidad siempre y cuando se piense en favorecer a productores que luchan por sobrevivir, en un proceso de urbanización que no se detuvo nunca en siete décadas, primero en el marco del insensato y desmedido proceso de sustitución de importaciones que terminó favoreciendo la megalomanía del conurbano bonaerense, más el hacinamiento invivible de sus ciudades, algo que la clase política ignorante del campo, alentó y aprovechó, además y en segundo término, tuvo que soportar la “demonización” académica, como si el productor, fuera el victimario de este proceso, cuando en realidad, es la víctima, de otros eslabones de una cadena rentística (grandes exportadoras, pooles de siembra, feedloteros, arbitrajistas, supermercados, etc.). Para colmo, de nuevo, todo ello, con la diatriba de los profesores de la UBA, como suele repetir Longoni, en la que se suele estigmatizar al productor agropecuario, como si fuera el viejo “oligarca”  terrateniente, con la ignorante de CFK resonando en mis oídos, acerca de “los piquetes de abundancia”, para referirse peyorativamente a los ruralistas asentados en carpas y fogones, a la vera de los caminos, en aquel frío invierno de 2008.

Realmente, Longoni, hoy, nos dio en un par de horas amenas, una clase condensada de Sociología Rural, de Economía Agraria, de Historia Política, de Medio Ambiente, hasta de Comercio Internacional, cuando se refirió al proyecto de inversión millonaria de los chinos para cría de chanchos y exportación de carne porcina, un mercado que irresponsablemente, por falta de políticas de Estado, los argentinos, a pesar de nuestra retórica nacionalista, terminamos cediendo a extranjeros. Son nuestras absurdas contradicciones, por el erratismo crónico, por nuestros ideologismos estúpidos, por las pésimas y torpes ejecuciones de medidas por parte de los kirchneristas. Los que hicieron que por tanto hablar de los pooles de siembra, ya éstos dejaran de ser rentables y Grobocopatel, el otrora zar de la soja, hoy se dedique a tener todo concentrado en una empresa de agroquímicos. O que la improvisada jugada de Fernández de expropiar Vicentín, terminada ayer en un fiasco, en nombre de “la soberanía alimentaria”, que no estaba en juego realmente, derive en la venta a Glencore, una multinacional extranjera. Porque, a fuerza de ser sinceros, toda la clase política sabía hacía largo rato, del “descalce” de los osados del Grupo exportador de Avellaneda y que habían dejado a Bancos y muchísimos productores, sin cobrar sus acreencias. Tanto Macri como Fernández, fueron cómplices de esa estafa, negociaron una transición de cuatro meses, en medio de ese desfalco y jamás ordenaron a sus equipos respectivos, para que anticiparan una solución viable para evitar llegar a esta situación indeseable -aclaramos, en el marco de una ley que permitió tal estafa, que data de la época de la dictadura del General Videla-. Aquí, según parece, tampoco hubo grieta alguna.

Como tampoco y con ello, voy terminando, la dirigencia ruralista estuvo a la altura de las circunstancias. La llamada “Mesa de Enlace”‘, “salvó la ropa” gracias a Eduardo Buzzi (Federación Agraria), un líder de gran exposición en la crisis de 2008 pero que luego, gracias a sus oscilaciones políticas y demás factores, hoy quedó relegado a ser dirigente de un club de fútbol del interior, de tercera división. Jamás, en los años de Macri, con toda a favor, con dos Ministros de Agricultura, oriundos del sector, se pudo motorizar y concretar un recambio dirigencial y mucho menos, algo fundamental, una ley que le asegure al lobby gremial rural, una unificación de las cuatro entidades (FAA, CRA, Sociedad Rural y Coninagro), con el mismo o mayor peso institucional que la UIA, proporcional a su gravitación económica. La Argentina se da esos lujos insólitos, de quemar liderazgos políticos y arriesga seguir perdiendo capital social, con los productores ya abuelos, sin descendencia, con sus hijos y nietos emigrados a la gran ciudad, a estudiar Sociología o Ciencia Política.

Por todo ello, no queda otra, termina Longoni, que optar por un minimalismo realista: bajar la cabeza, evitar la confrontación y relegando a “las damas”, por ejemplo, tanto la “Gran Dama” CFK, que necesita descomprimir, si quiere asegurar sus proyecto político, como del otro, la Mesa de Enlace y de la mano de la gran necesidad económica de urgencia financiera, con el marco de la negociación resuelta con los bonistas, teniendo la excusa ecológica enfrente (sequía, Ley de Humedales), acordar con el gobierno y el Congreso, una gran política de Estado que gire en torno a una agenda innovadora de grandes temas: impositivo (retenciones), medio ambiente, banco de tierras, despoblamiento, una nueva Ley de Arrendamientos, subsidios de pequeños productores, etc. El primer paso ya se dio y hay una foto elocuente de ello: la reunión de la pragmática CFK con los directivos del Consejo Agroindustrial Argentino (CEA). Para Longoni, es la única manera de dar un salto rápido y hacia delante, si es que se viene otro viento favorable de cola, otra vez, gracias a China y post pandemia.

Porque el campo argentino una y otra vez, a lo largo de la historia, fue leal a su país. En toda la cuarentena, gracias a él, junto a los transportistas, como lo vimos en el Canal Rural y lo escuchamos en el programa radial de Longoni, “Bichos de Campo” en AM Rivadavia, desde el 20 de marzo, nunca dejó de trabajar y operar, nunca dejó de abastecernos, nunca dejó de alimentarnos. Quizás, en un contexto de destrucción empresaria, con la mitad de los argentinos en situación de pobreza, que arrastró esta “cuarentena china” de Alberto Fernández, no es hora de que la ciudad y la clase política le devuelva algo por esa lealtad incondicional? No es hora de demostrar que la oportunidad histórica del 2008 no fue en vano?

ORIGEN, AUGE Y CAIDA DE UN “MONJE NEGRO”

Martin Gill es un político poco conocido a nivel nacional, apenas ahora, porque es Secretario de Obras Públicas de la Nación, en el gobierno de Alberto Fernández pero lo es mucho más, a nivel local, en su propia Ciudad, donde ha sido Rector de la Universidad Nacional de Villa María (UNVM) y desde 2015, Intendente reelegido en 2019, aunque hoy esté de licencia desde que asumió en aquel cargo citado en primer lugar. Acaba de ser imputado judicialmente junto a un grupo de allegados y familiares – por la Fiscal Julia Companys, en la justicia provincial cordobesa-, por haber arribado a la ciudad, contagiado de Covid19. Las redes sociales de la ciudad han estallado, divididas, entre los opositores a su figura, juzgándolo por su responsabilidad -o irresponsabilidad doble como funcionario y ciudadano ante la pandemia- y sus simpatizantes -los que le quedan-, quienes le dan ánimo y consideran que se trata de un show mediático para medrar contra su figura pública.

Todo ello en un contexto de una cuarentena que en el interior de Córdoba en general y Villa María, en particular, una ciudad asentada en el corazón del campo -que vive de los servicios-, cuenta con pocos casos de contagiados e ínfima cantidad de muertos por Covid19, aunque la dureza de la cuarentena, de todos modos, vivida más relajadamente que en el AMBA (Area Metropolitana de Buenos Aires) o la misma Córdoba Capital, ha dejado un tendal de comercios con carteles de “alquila o vende” o cerrados definitivamente. En una ciudad que ha crecido enormemente en las dos últimas décadas, producto de la instalación de la Universidad Nacional pero -sobre todo-, del “boom” del campo entre los años 2002 a 2011, Gill está asociado a semejante fenómeno positivo, al menos estéticamente, porque la gente ignora cómo él mismo pudo trepar hasta el máximo poder, independientemente de su lealtad hecha añicos para con Eduardo Accastello, el político justicialista que arribó a la Municipalidad en 1998, tras un largo período de hegemonía política radical, en una ciudad emblemática para los “boinas blancas”, dado que allí nació, vivió y gobernó Don Amadeo Sabattini, uno de los líderes más conspicuos de la UCR, que pudo haber sido Vicepresidente del mismísimo Perón.

Gill pidió disculpas públicamente, seguramente culposo por el alboroto que causó su “visita contagiosa”, en una sociedad altamente sensibilizada y atemorizada adrede por su propio gobierno nacional y su aliado, el provincial, pero, sobre todo, considerando la expulsión de dos periodistas de un medio local online –que anticiparon la noticia de su imputación-, algunas jornadas previas. Villa María no es Formosa, La Rioja, San Luis, Salta, Neuquén, Santa Cruz, Chaco ni Tucumán, donde gobiernan verdaderos monarcas electos y no existe el mínimo republicanismo, porque la oposición legislativa está menguada o es funcional al poder y la justicia más los medios de comunicación están cooptados por amigos del poder o financiados por el mismo.

Pero en una ciudad con el perfil social como el descrito, sin prácticamente pobreza urbana ni demasiada aglomeración, con un IDH relativamente alto, con parámetros cuasi europeos, sin industria contaminante, tras heredar el poder gracias a su supuesta lealtad a Accastello, Gill desmontó toda la estructura anterior y la reemplazó por su propia maquinaria de obsecuentes y mediocres funcionarios, reteniendo el poder hasta de la Universidad Nacional, a cargo de un amigo (el abogado Luis Negretti) y hasta copó la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) -de donde extrajo a su ex Rector, el Ingeniero Pablo Rosso, para primero, sentarlo en el Concejo Deliberante y luego, ungirlo como su “regente”a cargo del Municipio-. Una situación, a todas luces, anómala, irregular, incompatible con un régimen republicano. Comparativamente, igual o peor, que cualquiera de las Provincias antes nombradas.

Esa particular construcción política, sutil, silenciosa, urdida tras bambalinas, se consolidó con un vasto despliegue sobre organizaciones sociales, sindicatos, colegios privados -obviamente públicos-, centros vecinales, cámaras empresarias, colegios profesionales, centros de estudiantes secundarios y por supuesto, en el pináculo de esa fenomenal red clientelar, las dos Universidades, acompañadas por los medios silenciados y un Legislativo comunal que tardó en reacomodarse como verdadera oposición, hasta hace apenas un par de meses tras décadas de refugiarse en “zona de confort”.

Pero claro, semejante construcción no fue rápida y éste precisamente, es el propósito de este artículo, vivencial, experiencial, para describirles -de cerca, a la manera de una genealogía de ese poder-, cómo Gill lo edificó, con paciencia, con inescrupulosidad, a lo largo de más de dos décadas. Como buen descendiente de irlandeses, era católico militante, no provenía de una familia adinerada sino por el contrario, utilizó la red cooperativa de la Iglesia Católica, para financiar sus estudios de Abogacía en la UCC (privada y jesuita)  en Córdoba Capital y luego, en pleno menemato, se incorporó al accastellismo, una de las líneas internas “renovadoras” del peronismo local, aunque tal vez, dada su visión ideológica hubiera ameritado militar en el oficialismo de entonces. Porque Gill siempre fue un político de derecha, coherentemente de derecha, conservador, repito ello a propósito de su particular transmutación actual, en la que seduce a estudiantes supuestamente progresistas y hasta dirigencias transexuales. Tal vez ello tenga que ver con cierta transmutación personal de Gill y no con su verdadero posicionamiento ideológico.

Es que la vida política de Gill no empieza en un gremio, ni en la unidad básica, donde era un “‘ángel rubio”, un oscuro abogado que generaba desconfianza y nada de empatía en el “paladar negro” peronista, ni mucho menos en los barrios pobres, a los que no caminó ni siquiera en campaña. Comenzó colaborando con Accastello en la UNVM naciente -donde yo trabajo como docente concursado desde hace 21 años-. Allí fue su “ladero”, su hombre de máxima confianza y a través de él, pudo enmendar su error inicial de confiar ingenuamente en docentes de Córdoba, para construir una Universidad -y carreras-, con recursos humanos de procedencia local, subordinando a los “extranjeros”, sin reparar quizás que esas miradas externas le darían riqueza y diversidad a la ciudad y región, algo que lamentaríamos y mucho a lo largo de estas dos décadas. Si las Universidades nacionales -en Argentina-, son endogámicas en su gran mayoría, por la estructura legal laboral docente y administrativa, la UNVM es doblemente endogámica: hoy, gracias a Gill, es una Universidad que ha quedado en manos de cierta elite local (abogados, contadores, ingenieros) que responden a una mirada singularmente villamariense, sin feedback con el exterior, con cordobeses y riocuartenses, ahora disciplinados. Resulta todo un contrasentido, en una ciudad que vive de un campo competitivo y globalizado.

Gill ganó primero el poder en 1999, gracias a una elección rectoral emblemática, volvió a hacerlo en 2003 -ya prácticamente sin oposición excepto en Consejos Directivos y Superior- y recién en 2007, tras haber empleado “peones” en el tablero de ajedrez, aquí y allá, mostrándose “leal” al accastellismo, por fin, se candidateó como Rector y también triunfó. A partir de ese momento, inauguró una prolongada fase larga de 8 años, hasta 2011, primero -donde lo apoyé y fui funcionario subalterno de él, en un cargo menor- y hasta 2015, después. Yo había hecho campaña con él, incluso viajé a Buenos Aires acompañándolo en un periplo que incluyó el pago de estudiantes a una visita cultural a la Corte Suprema de Justicia y al Congreso Nacional. Antes, entre 2005 y 2006, cuando yo me erigía, por obra y gracia de las circunstancias, en un líder gremial de cierta “peligrosidad”  -en su horizonte de ambición desmedida-, su acercamiento a mí fue indisimulable. Subrayo esto, porque Gill que sabía que “cada hombre o mujer tienen su precio”, supo captar y cooptar desde el inicio, a diestra y siniestra, de manera hábil, seductora, siempre con una sonrisa, sin importarle demasiado la ideología de cada uno. Más allá de la personalización del relato, préstese atención a su racionalidad, a la claridad de sus objetivos y a cómo fue envolviendo a todos y todas, en su puño, sin coerción alguna. Con una sonrisa.

Siguió haciéndolo en pleno kirchnerismo. Lejos de optar por una salida alternativa, continuó y hasta sobreactuó, vistiéndose de progresista. En el camino, ya había traicionado a quienes le dieron la posibilidad de triunfo en 1999, por ejemplo, el abogado Dante La Rocca Martín, de quien se decía, “su amigo”. Idem Carlos Domínguez, el primer Rector normalizador de la UNVM, quien había sido reelegido en 2003, pero que jamás confió en él y no quiso enfrentarlo. Antes, Rosario Galarza, peronista o más peronista que él, si existiera un “peronómetro”, a quien había dejado en el camino, incluso favoreciendo el juicio de un concurso amañado, donde ella perdería para quedar fuera de toda competencia electoral. Hablando de concursos, el propio Gill pudo ser Rector, gracias a otro concurso -para auxiliar docente, ni siquiera Profesor- en la UTN. Sucesivamente, a lo largo de su vida política, Gill iría descabezando “muñecos” unos tras otros, mientras hacía el lobby necesario para traer obras públicas y financiamiento público nacional para “su UNVM” -como si fuera privada-, mantener contenta a “su tropa” y agradar a “su ciudad”. De nuevo, con una sonrisa. Así, la Universidad no pudo ser un templo donde se buscaba el saber y la verdad, sino un trampolín, más en su búsqueda incesante de poder -aún ignoro, para qué, con qué fin-.

En ese camino, un detalle simbólico: el día de su asunción en setiembre de 2007, algunas estudiantes (mujeres) de agrupaciones inclinadas a la izquierda, hoy mayoritariamente cooptadas como no docentes y unas pocas, retiradas o en el extranjero, se presentaron con féretros negros de cartón, anticipando la “muerte” de la UNVM, con su gestión. Hoy, aquel gesto al que muchos criticamos, reprodujo la realidad: el gillismo, a la manera de “los hunos de Atila” en Europa, destruyó, con tanta chatura y mediocridad, cualquier atisbo de diversidad, de creatividad, de innovación, de vitalidad, existente o naciente en la Universidad. Claro, pocos se animaban a contradecirlo o cuestionarlo en aquella “época de mieles”. A los que dejaba en el camino, en silencio, bien indemnizados, Gill los reemplazaba por otros más adulones, siempre disponibles, que ya conocían las reglas de juego, si querían escalar tanto o más que él. El resultado: una atmósfera sórdida, oscura, cuasi totalitaria, donde todos sospechaban de todos, aún dentro de la misma coalición gobernante que Gill tejió sin prisa pero sin pausa, con la finalidad de eliminar cualquier disenso, que lo atemorizaba.

A pesar de que nunca quise enfrentarlo y fui leal aún a sabiendas de que no comulgaba con su estilo ni falta de principios ni códigos, me tocó el turno de ser una de sus “víctimas” en mayo de 2014, casi un año después que el rectorable Arquitecto Hugo Traverso -a quien desbancó electoralmente de su cargo de Decano reelegido en Ciencias Básicas-, a través de un nuevo “ariete” (Germán Cassetta), instalado a tal fin, ya con Gill como Secretario de Políticas Universitarias (SPU) de la Nación -bajo CFK-. Es que una característica clave de Gill era actuar precisamente, a través de terceros funcionales -de modo hasta cobarde-, tal vez, pocas veces, operaba él mismo: lo hacía cuando estaba absolutamente convencido de hacerlo. Pero, como las leyes de Parkinson lo revelan, al verse obligado a crear y sostener una maquinaria cada vez más pesada de adulones, mediocres y sobornados, la eficacia de esa red, empezó a resquebrajarse.

Claro, haber llegado al Municipio primero, para luego traicionar a su padre político (Accastello), ambicionar la Provincia de Córdoba y llegar casi sin respiro, a la Casa Rosada -un “monje negro” trabajando para otro de igual o peor calaña (Fernández)-. Todo ello, en un cortísimo trayecto, lo llevó a pensar por un instante que tenía la invulnerabilidad de un monarca del siglo XVI. Siguió traicionando, en el plano personal-familiar, a su propia Iglesia Católica, a organizaciones a las que dividió o agrietó, incluyendo tanto al propio peronismo -sumando a connotados antiperonistas y arribistas independientes a su lado– como al radicalismo en la vereda de enfrente y a la minúscula y heterogénea oposición -que sí ayudé a construir- en el seno de la Universidad en 2017. Es que Gill pensaba que toda Villa María le pertenecía, algo así como su propio patrimonio personal. Funcionario del “Estado que te cuida”, creyendo en esa impunidad, víctima de su propia soberbia, cometió una burda torpeza: regresó a su ciudad, violó la cuarentena, contagió, muchos se enteraron y la justicia ahora lo acorraló. Él mismo cayó en su propia trampa. Queda por develar qué será del futuro de su propio “imperio” -de papel-. Es posible, no sé si probable, que quienes rápidamente lo encumbraron, se vayan despegando apenas visualicen un cambio desfavorable en la ecuación del poder. Quien traiciona, termina siendo traicionado.

Por todo ello, ahora no valen las disculpas, aunque tampoco le caben sólo a él. Con casi toda la sociedad, fuimos cómplices. En mayor o menor medida, todos fuimos funcionales a su armado racional. No se salva del reproche, ni la alemana Fundación Konrad Adenauer -KAS- vía una filial nacional (ACEP), que lo sostuvo en algún momento de esta larga historia. Lo ayudamos a colocarse ahí donde él creyó que estaba, libre de culpa y cargo, incluso agradeciéndole cual si fuera un “dios” -de barro-. Hay muchos Martín Gill en el país y -por qué, no- en el mundo. Todos ayudamos a construirlos.

En esta Argentina de movilidad social ascendente en el ocaso, en una ciudad inserta en la lógica capitalista, nacido en un ámbito católico, llegando a dirigir una Universidad pública y laica, Gill fue posible. Paradójicamente, la modernización de la ciudad que él contribuyó a prohijar, lo fagocitó como él mismo fue devorando a quienes creía hasta de modo paranoico, serían sus futuros competidores.

Ojalá, aun esperando el veredicto final de la Justicia, nuestras relaciones humanas y nuestra forma de crecer, sea a través del vínculo con otras vidas, menos perversas, menos manipuladoras, menos ambiguas, menos opacas, sin dobleces, más sinceras, más abiertas, más auténticas. Si queremos una sociedad de verdaderos ciudadanos.

Por lo pronto, me seguiré dedicando con ahínco con mis compañeros/as sobrevivientes de la tierra arrasada que dejó Gill, a la reconstrucción de la UNVM, para que sea lo que nunca le dejaron ser: una institución vital, al servicio de la búsqueda del saber, que lo irradie hacia su región, el país y el mundo y no del proyecto personal de nadie. Costará mucho hacerlo, será arduo reemplazar la cultura instalada de desconfianza, pero podemos intentarlo, al menos, para salvar nuestra dignidad.

“NO DIGA GOL, DIGA KEMPES”

Hay jugadores de fútbol que quedan en la memoria pero mejor, si hacen felices a muchos equipos, sin egoísmos. Mucho mejor aún si hacen feliz a un país. Si tienen una vida ordenada y ejemplar para las jóvenes generaciones, aún con contratiempos como le tocó afrontar en Argentina -donde no pudo concretar su sueño de dirigir- o en Albania -donde dirigió pero perdió todos sus ahorros-, muchísimo más admirable. Se trata de Mario Alberto Kempes.

El gran cordobés, nacido en Bell Ville, que hizo gozar a los de Instituto (78 goles en 81 partidos), Rosario Central (97 goles, máximo goleador de la historia del club, sobre 123 partidos), River Plate (16 goles en 33 partidos) y Valencia de España (189 goles en 311 partidos).

Aún no siendo hincha de Central, tuve la suerte de cenar con él, cuando era muy chico: mi papá, como buen “burrero” era muy amigo de Don Angel Baratucci, el jockey campeón de los setenta y allí fuimos los dos, una noche, para sentarnos a la misma mesa que Kempes y otros jugadores de Rosario Central en 1975. Yo tenía apenas 11 años y él 21. No sabía que unos pocos más tarde, seríamos muy felices con aquel joven, que era pura potencia en el área.

A principios de los años setenta, Kempes había formado parte de una monstruosa delantera en Instituto Atlético Central Córdoba de Córdoba, con Ardiles, Beltrán, Saldaño y Ceballos. Se cansó de hacer goles en la “Gloria” en la Liga Cordobesa y logró clasificarla al Nacional de 1973. Pero fue vendido en cifra multimillonaria al club rosarino, donde encontró su primera cima. Allí estuvo hasta 1976, sin poder salir campeón, aunque fue transferido por un récord de 5 millones de dólares, previa votación afirmativa de los socios, al Valencia de España.

Ya había jugado para la Selección Argentina (20 goles en 43 partidos), donde se cansó de hacer goles y salvar nuestro orgullo nacional en el Mundial de 1974, donde tuvimos una pobre labor pero gracias a él, pudimos clasificarnos a segunda ronda. También en un recordado partido amistoso en Wembley, sus dos tantos nos permitieron empatar sobre la hora con Inglaterra.

En el Mundial 1978, fue clave para sacar campeón a Argentina, haciéndonos felices en la serie en Rosario, sobre todo con las victorias sobre Polonia y Perú -estuvimos en el 6-0- y por supuesto, la final contra Holanda.

En 1981, en una competencia virtual que se vislumbraba con Maradona, que lo sacó campeón a Boca antes, se convirtió en el referente del River Plate campeón del Nacional. Luego, volvió a Valencia y empezó a deambular por Austria, Chile e Indonesia, donde cerró su carrera como futbolista. Como técnico, no tuvo mayor suerte pero desde hace años, se desempeña como un feliz comentarista deportivo en la cadena ESPN.

Espero haber contribuido a difundir su figura, no tan conocida como las de Messi, Maradona y Riquelme, sobre todo entre los “Millennials”.

Por todo ello: felices 66 años “Matador”!!!!