26 AÑOS SIN FREDDIE MERCURY

Prefiero recordar a Mercury por su música, su voz, su liderazgo en Queen y su enorme despliegue físico en un escenario, que por el SIDA, su pareja al momento de morir, su origen africano en la ex colonia británica de Zanzíbar, su infancia en esa paradisíaca isla, donde se mezcla lo indio con lo persa. A diferencia de estos tiempos, donde la prensa amarilla se regodea con esos detalles y termina banalizando a los cantantes, los de mi generación que convivimos con las letras y canciones de Queen, la banda legendaria que lideraba Mercury, privilegiamos seguir atados o influidos por lo artístico, lo cultural pero sobre todo, la impronta y el legado de algunos que demostraron ser imprescindibles. Claramente, no hubo más Queen sin Mercury, no hubo más INXS sin Hutchence ni Police sin Sting. Eso demuestra que si bien, nadie es irremplazable en este planeta, una vez más, hay excepciones a tal regla.

Quedémonos con sus canciones, las personales y las de la banda británica. Yo me quedaré personalmente, con el recuerdo imborrable del primer recital al que fui en mi vida, el 6 de marzo de 1981, en el Estadio Mundialista de Rosario Central, en el barrio de Arroyito en la ciudad de Rosario, donde fui testigo del gran show de Queen en Argentina. Para los no memoriosos, éste se produjo casi un año antes del conflicto militar con los británicos por las Islas Malvinas, en ocasión de desatarse una absurda ola nacionalista cultural que censuraría a Queen y toda otra música británica de las radios argentinas, por varios meses.

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DANIEL HADAD: EL REGRESO DEL PERIODISTA Y EMPRESARIO DE MEDIOS

Porteño, nacido de una familia de clase media baja del límite de Flores-Floresta, su abuelo era vendedor de botones. Lo conocí cuando leía en los años ochenta, la Revista “Somos”, un brillante medio gráfico que pertenecía a Editorial Atlántida. De Hadad recuerdo grandes reportajes, sobre todo, su viaje como corresponsal al territorio tomado por la contrainsurgencia antisandinista, la llamada “contra”, aquel ejército de rebeldes guerrilleros financiados por Washington para desgastar y derrocar al gobierno sandinista, emergido de la revolución nicaragüense de julio de 1979. Luego vendrían los inolvidables años noventa, en los que Hadad sedujo al entonces Presidente Carlos Menem, como tantos otros liberales argentinos y se generó allí una sólida relación que abarcó el plano empresario, no sólo periodístico. Hadad se convertiría en uno de los periodistas favoritos del menemismo, esto le acarreó conflictos con su compañero de programa, Marcelo Longobardi (hoy Radio Mitre), de una visión también liberal pero más republicana y entonces, pronto incursionaría en el negocio de los medios, como un empresario más.

Hadad siempre fue un realista pragmático, poco amigable con los Cavallo (enfrentado a Menem) pero sobre todo a los republicanos puros, al estilo de Lilita Carrió, también una feroz crítica del menemato, por su gran corrupción. Tras un período de bajo perfil con la Alianza (1999-2001), se convirtió en un emprendedor millonario, aunque sus negocios florecerían recién paradójicamente con el kirchnerismo: Radio 10, la FM Mega, C5N y el portal de noticias Infobae. Esta expansión también le depararía conflictos con el gobierno inaugurado en 2003. Se vería obligado a vender las acciones de cada una de sus criaturas, excepto Infobae. Hoy, con los empresarios “bendecidos” por el kirchnerismo en retirada o al borde de la cárcel, se habla de su renovado interés en recuperar las empresas perdidas.

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SANTA FE: NADIE ES PROFETA EN SU TIERRA

Cada 15 de noviembre me acuerdo de mi Santa Fe de la Vera Cruz natal. Es su fecha aniversario, desde que la fundó accidentadamente ya en 1573, el español vizcaíno Don Juan de Garay en un paraje que hoy corresponde a Cayastá, desde donde tuvo que ser desplazada hacia donde está en la actualidad, rodeada de agua (Laguna Setúbal y Río Salado), por las constantes invasiones de los indígenas, las plagas de langostas y las inundaciones.

Pero viví allí sólo mis primeros 5 años de edad. Por qué si fue tan poco tiempo, guardo tantos recuerdos? Por qué si prácticamente nadie me conoce allí ya, y se han muerto mis pocos conocidos, me aferro tanto a ese origen tan lejano? Por qué guardo cierta deuda con dicha ciudad o creo, al revés, que ella lo guarda conmigo?

Nací un 17 de octubre a las 12.30 en el Instituto del Diagnóstico (desde 2015, Sanatorio Diagnóstico), 25 de Mayo 3240, en pleno centro de la ciudad capital de la Provincia homónima. El médico de mi madre, con su inefable pipa, el Dr. Carlos Sylvestre Begnis, luego gobernador de la Provincia y gran político santafesino, le revelaría que lo que tenía adentro de su viente, era un bebé y no precisamente un tumor cerebral, como le habían diagnosticado tan erróneamente algunos médicos que había consultado con anterioridad.

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30/10/17: EMPIEZA EL GOBIERNO DE MACRI?

Lunes 30 de octubre. Ironía del destino: Macri convoca al CCK, el centro emblemático de convenciones reinaugurado por el kirchnerismo en honor a su adalid, a la elite nacional: autoridades de los tres poderes, políticos opositores, empresarios, sindicalistas, clérigos, rectores universitarios, dirigentes sociales. Les hablará de sus propuestas para los futuros dos años de gobierno, de las reformas que postergó y ahora habrá que hacer, los convocará al consenso -extraña manera de hacerlo, desde un atril-. Llegó la hora de gobernar. La pregunta inmediata pasa a ser: qué pasó en estos dos años de “gobierno”? no gobernó? En el interín, los comicios del 22 de octubre pasado.

En efecto, las elecciones legislativas de medio término, consagraron un rotundo triunfo del frente electoral “Cambiemos”, habilitando esta nueva sensación de legitimidad de origen que necesitaba Macri para permitirse una invitación del fuste intitucional como la de mañana.

De todos modos, a esta victoria oficialista corresponde analizarla en cuatro planos: el estrictamente electoral, el institucional, otro de carácter más gubernamental y un cuarto, el financiero.

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UN DIA EN BUENOS AIRES

Empiezo por el final de una jornada que resultó larga. La abuela persigue al niño que corretea por la Estación Terminal, azorado por la gran cantidad de papelitos que yacen en el piso, al lado de cada colectivo que parte con destino definido. Los padres se embarcan en el elegido por mí. Son chinos. De clase media. Hace medio siglo atrás, tal vez hubiera contado la historia de mi propia familia y yo hubiera sido el niño inquieto –aunque no lo creo-.

Arriba, los pasajeros ya van trepando por las escaleras del bus, y nunca deja de haber uno -o dos-, que se quejan por tal o cual incomodidad, porque no funcionan los cargadores de celulares, a pesar de que la unidad es nueva, o no hay café o no son suficientemente cómodos los asientos. La escena es surrealista si se tiene en cuenta, todo lo experimentado anteriormente, que pasaré a narrar a continuación.

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LA COBARDIA DEL “EMPRESARIADO” ARGENTINO: O DE LA SOCIEDAD?

El periodista argentino Jorge Lanata en un clásico Coloquio empresarial (IDEA) que se organiza cada octubre año a año en la ciudad de Mar del Plata, generó una enorme polémica el jueves 12 pasado. Qué dijo Lanata? Además de recordar el período colonial de Buenos Aires, pletórico de venalidad, impericia, ilegalidad y contrabando, simplemente, responsabilizó a los empresarios, 99,9 % de los presentes en el Hotel Sheraton que alojó el seminario, por su conducta pusilánime y hasta cobarde durante la etapa kirchnerista de gobierno (2003-2015).

Extorsiones, amenazas y hasta escraches (por ejemplo del ex Secretario de Comercio de la Nación, Guillermo Moreno); persecuciones por parte del organismo recaudador, la AFIP y toda una batería de acciones destinadas a amilanar al empresariado argentino, fueron habituales durante esos años. Mientras tanto, paralelamente a la práctica del “garrote”, el kirchnerismo, lejos de constituir un gobierno progresista, mucho menos revolucionario, fue tremendamente conservador, imbuido del más genuino espíritu peronista, pero de los años cuarenta. Por lo tanto, se dedicaba a aplicar una serie de “beneficios”, una especie de “zanahoria”, para con los mismos actores: cotos cerrados de mercado, subsidios, licitaciones o contrataciones ganadas, a cambio de “coimas” o sobornos de un 30 %, cuando no, verdaderas sociedades comerciales (como las de Lázaro Báez, Cristóbal López, Enrique Ezkenazi y tantos otros), etc.

Este mix de coerción y premio, ha sido una tradición tanto en los gobiernos peronistas de antaño -recuérdense las presencias de Miranda, Dodero y Cafiero, como empresarios “nacionales”- y los militares – que con sus obras públicas, algunas faraónicas-, contribuyeron a generar una verdadera “patria contratista”, con empresarios como las familias Roggio (cordobeses), Cartellone, Eurnekian, Macri (el padre del Presidente), Soldati, DYCASA, etc., casi todos agrupados en la famosa Cámara Argentina de la Construcción.

En tal sentido, recomiendo la lectura del reportaje reciente a Carlos Spadone, empresario peronista, de 80 años, que ahora, al final de su vida, confiesa públicamente lo que es “vox populi” en Argentina: la conducta predatoria de sus colegas.

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LA “NARANJA MECANICA”: FUTBOL CON ESTILO HOLANDES

Esta semana, debía convertir siete goles para aspirar al repechaje (o repesca, como suelen decir los españoles) y clasificar al Mundial 2018 en Rusia, un país con el que ellos tienen una larga amistad a lo largo de siglos desde los viajes del Zar Pedro El Grande a Amsterdam, para copiar, disfrazado como un civil mundano, los barcos de la poderosa flota mercante de la bandera de la familia real Orange. Enfrente estaba Suecia, ya sin los Larsson, los Svensson, los Edstrom, los Limpar, los Ravelli de otras épocas pero tampoco sin Zlatan Ibrahimovic, retirado de las canchas y las redes. Pudo hacer sólo dos y eso marcó el fin de un sueño que en realidad, nunca a lo largo de una floja eliminatoria, había merecido. Pero juro que, de inmediato cuando me enteré del requisito de una goleada así, pensé en aquél equipo de los setenta, que sí era capaz de las tres “g”: gustar, ganar y golear.

Es que aquella Holanda de 1974, la famosa “Naranja Mecánica”, en honor a la película, pero sobre todo, porque era un equipo de toda la cancha, una especie de “caos organizado”, sin posiciones fijas para jugadores relajados pero dinámicos, era imbatible e hipergoleadora. Una orquesta de claridad, potencia, velocidad y manejo técnico: la pura perfección. Cuando hoy uno ve e investiga el fenómeno de Islandia, también podría volver hacia atrás e indagar cómo un país tan pequeño, ex colonia española, pero con idioma flamenco, con tierras ganadas al mar, pudo haber hecho historia con ése y otros equipos posteriores, haber llegado tan lejos en el fútbol y a pesar de ello, no haber ganado nunca un Mundial, máxime cuando fue subcampeón en un par de ocasiones y campeón europeo, en una ocasión. Esa Holanda de 1974, tenía la friolera de 800.000 jugadores federados sobre un total de 13 millones de habitantes, o sea, 22 jugadores por kilómetro cuadrado.

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LA FELICIDAD DE UN NIÑO -O EL COMIENZO DE LA ERA MARADONA-

El martes 10, Argentina puede quedar afuera del Mundial de Fútbol de Rusia 2018, si no tiene un buen resultado (ganar o empatar) y si alguno de sus “hermanos” latinoamericanos no la ayudan con sus finales respectivas. Eso significaría el cierre de un largo ciclo desde 1970, en el que el país estuvo participando siempre en los Mundiales, ganando dos de ellos, siendo subcampeón en otros dos y habiéndose destacado en varios de ellos, como candidato previo. Sin embargo, esa racha tan positiva,  no obstante su declive económico notorio a lo largo de décadas y que pocos países han logrado, está asociado a varios nombres rutilantes, pero sobre todo, a uno, Diego Armando Maradona, “el mejor jugador de todos los tiempos”, “el mejor jugador del siglo” y “el mejor jugador de toda la historia de los Mundiales”.

En el mundo nos conocen por él, hasta podría decirse que el fenómeno Barcelona empezó cuando él fue contratado por el club catalán y ni hablar de Boca Juniors, el club argentino que lo catapultó a la fama global, el insignificante Nápoli (italiano meridional) al que hizo campeonar y el más minúsculo, Argentinos Juniors, una entidad barrial de Buenos Aires, donde debutara profesionalmente y al que hizo subcampeonar. Todos saben de sus éxitos, de sus goles, de su carrera, pero hoy los más jóvenes, lo identifican por sus peleas de la vida, con drogas, el fisco, mujeres, hijos (reconocidos o no) y ex managers, de sus declaraciones siempre polémicas, con sus variados posicionamientos políticos, con su manifiesta incapacidad para lidiar de modo razonable con la fama, aunque pocos conocen sus orígenes y cómo fue posible, que a partir de ellos, tan adversos, él llegara tan lejos. Porque en efecto, quien hoy vive en Dubai, con ex esposas y amantes, con hijos aquí y allá, con una vida cuasi fastuosa,  ganando petrodólares, dirigiendo un equipo mediocre de una liga más que discreta, empezó su vida en una tal Villa Fiorito, un poblado pobre aunque digno, en la localidad de Lomas de Zamora, en el sur del Gran Buenos Aires, un 30 de octubre de 1960.

De sangre gallega, croata e indígena, era el quinto (y primer varón) de 8 hermanos, viviendo con sus padres y abuela, hacinados en una casa muy humilde. Desde pequeño podía exhibir su talento con los pies, en los “potreros” de su barrio, a pesar de que en su casa, dicho por él mismo, “se comía cuando podía” -lección primera para quienes hoy en el mundo, son tan compasivos y complacientes con la pobreza-. Su padre que jamás se quejó de la “exclusión”, ni siquiera conocía ese término, se encargaba de llevar al pequeño en bus, a entrenar y jugar los más de 150 partidos (136 invictos) que jugaría su equipo de inferiores de su primer club (Asociación Atlética Argentinos Juniors), los “Cebollitas”, un conjunto de niños felices que jugaban al fútbol deleitándose a pesar de sus orígenes sociales marginales y a contramano del estilo futbolístico imperante en la época, el famoso “cattenaccio” italiano, tan proclive a la preocupación por obstruir al oponente y no en desplegar  el talento propio. Sugiero mirar respecto a esta infancia poco conocida de Maradona, un programa de TV española, llamado Informe Robinson -Michael Robinson es un jugador británico de los años ochenta que jugó y se encariñó con España y se radicó allí-.

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EL FIN DE LA LEALTAD PERONISTA: EL CRIMEN DE RUCCI

Un 25 de setiembre de 1973, la organización terrorista Montoneros, asesinaba al sindicalista metalúrgico y Secretario General de la CGT, José Ignacio Rucci. Hasta el momento, 44 años después, a pesar de que se conocen hasta detalles del plan para asesinarlo, por parte incluso de sus instigadores y ejecutores, no hay ninguno de ellos, condenado ni preso, demostrando una vez más, la ineficacia que caracteriza al régimen judicial argentino. Se han escrito artículos, publicado investigaciones y hasta libros novelescos como el famoso “Operación Traviata” de Ceferino Reato, pero la impunidad, ese cáncer argentino que no se inició con las causas de Nisman ni Santiago Maldonado, con el crimen de Rucci, llegó para quedarse.

De allí en más, se desataría una ola de violencia política inusitada, incluyendo la propia génesis siniestra del terrorismo de Estado, decidido y ejecutado, a través  de la tristemente célebre organización parapolicial de extrema derecha, la “Triple A”, por el propio Juan Domingo Perón, un líder auténticamente conservador y su lugarteniente, el ex cabo de la Policía Federal Argentina, José López Rega, también dedicado al ocultismo y la brujería.

Paradójicamente, un desconocido Perón, había venido a pacificar el país y al encontrarse con este verdadero “pase de facturas” por parte de la rama más izquierdista juvenil del movimiento que también lo había apoyado en sus dos décadas de exilio en Paraguay, Panamá y España y en su regreso al país, decidió derechizarse al extremo de encarar una embestida total contra tal sector. Esa guerra de bandas peronistas fue el triste epílogo de la célebre “lealtad peronista”: el asesinato de Rucci es el momento bisagra de una grieta mucho peor que la de kirchneristas y antikirchneristas, por la cual, “para un peronista, no hay nada peor que otro peronista”, a la inversa de lo expresado históricamente por el líder justicialista, para quien, el sindicalista asesinado, no era un “burócrata sindical”, como pensaba la cúpula montonera, si no, casi como “un hijo”, el varón que no tuvo.

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EL RECUERDO DE MI MADRE

Setiembre tiene un sabor especial y contradictorio para mí. Es el mes de la primavera en el hemisferio sur, las flores encierran un particular encanto para mí, conocí en persona a mi novia en Rusia, nació mi primera hija, es el aniversario de Sarmiento, el golpe de Allende y el atentado a las Torres Gemelas que no conocí pero que recuerdo aquí mismo, pero también es el aniversario de mi madre, ya sea el 5 (creímos todos que ésa era su fecha de cumpleaños) o el 10 (como fue anotada en el Registro Civil), uno de sus tantos misterios, como todo ser virginiano. Ahora será un mes a recordarla de manera permanente, porque se nos fue de la vida, en julio pasado, no pudiendo cumplir su 88 aniversario.

Prefiero recordarla como a ella le hubiera gustado. Nunca la vi acostada en la cama, llorando o deprimida por algún motivo, aunque no le hubieran faltado las razones. Siempre la vi de pie, orgullosa, altiva, con fuerza, con una sed de ambición y obsesión por el progreso, que me contagió toda la vida. Sus traumas del pasado, que tenían relación con su pobreza en la infancia, allá, en el barrio María Selva, de Santa Fe Capital, a pesar de haber nacido en la diminuta Obispo Trejo, del norte de Córdoba, lograba disimularlos hábilmente con su primer trabajo en Bonafide, para poder alimentar a sus padres y hermana. Nunca mostró resentimiento alguno por ese tipo de situaciones. Sufrió un engaño duradero, nunca disimuló su encono pero una y otra vez, se levantaba y continuaba. Exponía su enojo pero también mostraba sentido del humor, el mismo de su padre tan seductor y “caramelero” con el sexo opuesto. Me dejó un legado inconmensurable que nunca pude transmitirle en términos de agradecimiento directo, quizás, éste sea el momento y el espacio para retribuirlo, si es que puede leerlo donde esté.

Su gran objetivo era que sus hijos tuvieran un título universitario. Esa parecía ser su gran frustración con sus padres por lo que proyectó en nosotros tres, ese gran logro. Pagó todos sus créditos, de lo cual también se enorgullecía, en virtud de cómo era reconocida en una ciudad adoptiva, como Rosario. Me formó en la perseverancia, aún admitiendo errores o fracasos temporales, me instaba a enfrentarlos, corregirlos y superarlos. Nunca se conformaba con notas mediocres. Siempre me estimulaba a sortear más y más las vallas. Una vez, me defendió del “bullying” -cuando éste ni siquiera era conocido así- de mis compañeros de inglés en una academia privada, llamada IATEL, donde debía soportar las rivalidades entre los Maristas -curiosamente, el colegio al cual terminaron yendo mis tres hijos en Mar del Plata- y nosotros, los provenientes del Sagrado Corazón, es decir, la Congregación de los Padres Bayoneses. Una y otra vez, me sugería no hacer caso a las diferencias de clase ni de posesión del dinero ni status: yo podría superarlas sólo a fuerza propia o a través de mi exclusivo mérito personal. Ese carácter meritocrático lo llevo en la sangre hasta que me muera.

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