DANIEL HADAD: EL REGRESO DEL PERIODISTA Y EMPRESARIO DE MEDIOS

Porteño, nacido de una familia de clase media baja del límite de Flores-Floresta, su abuelo era vendedor de botones. Lo conocí cuando leía en los años ochenta, la Revista “Somos”, un brillante medio gráfico que pertenecía a Editorial Atlántida. De Hadad recuerdo grandes reportajes, sobre todo, su viaje como corresponsal al territorio tomado por la contrainsurgencia antisandinista, la llamada “contra”, aquel ejército de rebeldes guerrilleros financiados por Washington para desgastar y derrocar al gobierno sandinista, emergido de la revolución nicaragüense de julio de 1979. Luego vendrían los inolvidables años noventa, en los que Hadad sedujo al entonces Presidente Carlos Menem, como tantos otros liberales argentinos y se generó allí una sólida relación que abarcó el plano empresario, no sólo periodístico. Hadad se convertiría en uno de los periodistas favoritos del menemismo, esto le acarreó conflictos con su compañero de programa, Marcelo Longobardi (hoy Radio Mitre), de una visión también liberal pero más republicana y entonces, pronto incursionaría en el negocio de los medios, como un empresario más.

Hadad siempre fue un realista pragmático, poco amigable con los Cavallo (enfrentado a Menem) pero sobre todo a los republicanos puros, al estilo de Lilita Carrió, también una feroz crítica del menemato, por su gran corrupción. Tras un período de bajo perfil con la Alianza (1999-2001), se convirtió en un emprendedor millonario, aunque sus negocios florecerían recién paradójicamente con el kirchnerismo: Radio 10, la FM Mega, C5N y el portal de noticias Infobae. Esta expansión también le depararía conflictos con el gobierno inaugurado en 2003. Se vería obligado a vender las acciones de cada una de sus criaturas, excepto Infobae. Hoy, con los empresarios “bendecidos” por el kirchnerismo en retirada o al borde de la cárcel, se habla de su renovado interés en recuperar las empresas perdidas.

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ANDRES PERCIVALE: OTRO PERIODISMO

En algún momento de mi vida, cuando estaba en cuarto año del secundario, en el Colegio Sagrado Corazón de Rosario, dudé acerca de seguir la carrera de Periodismo en la UNLP. Una experiencia como pasante en febrero de 1982, en el desaparecido Diario “La Tribuna” en Rosario, me terminó por desalentar pero me parece oportuno recordar las razones por las que me había entusiasmado durante mi adolescencia por dicha carrera.

Desde pequeño, había crecido viendo en la televisión, las notas periodísticas de un joven, un tal Andrés Percivale en Canal 13, como corresponsal de guerra en la guerra de Vietnam. Varios años más tarde, conduciría el noticiero del mismo canal. Tanto Percivale como su compañera de viajes, Mónica Mihanovich (luego Cahen D´Anvers), con su exitoso programa nocturno, llamado “Mónica Presenta”, recorriendo el mundo, me inspiraban al ver cronistas que hablaban un perfecto inglés y hasta el idioma francés, permitiéndonos conocer otras realidades e historias de vida. Desde este rincón tan lejano del mundo, periodistas de semejante talla podían influir sobre mi cabeza inquieta y voladora, así como seguramente el de muchos más. En ellos, había audacia pero sobre todo, una enorme riqueza de contenido cultural.

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