EL ULTIMO PENSADOR MODERNO DEL MUNDO ANTIGUO

Me fastido -y angustio- cuando escucho a mis alumnos/as habituados/as en otras cátedras, a demonizar al “neoliberalismo” ignorando de qué se trata y mucho menos, cuáles son sus límites temporales e intelectuales con el liberalismo y ni hablar, con el socialismo. Mucho más monto en ira cuando a sabiendas de explotar la supuesta debilidad moral de la doctrina liberal –vis a vis el socialismo distribucionista-, esos mismos profesores/as suelen hacerles identificar de manera automática, liberalismo con egoísmo, atomismo, indiferencia social , aislamiento,  racionalismo frío y calculador, el llamado “individualismo falso” o “racionalismo ingenuo” -opuesto al crítico-, en términos de Friedrich Von Hayek y Karl Popper. Claro, no saben que la tradición liberal es rica y diversa y que por ejemplo, no conocen la existencia de un historiador escocés y contemporáneo a Adam Smith (1723-1790), formando parte de la misma escuela, que reivindicaba por un lado, la virtud cívica republicana vigente en la Antigüedad y por el otro, cuestionaba los males (no deseados) de la sociedad civil mercantil, típica del capitalismo, que sí acabaría apoyándose en una moral egoísta.

Supe de su vida por primera vez, vía el gran historiador argentino Ezequiel Gallo. Vivió en plena Edad Moderna, siendo testigo directo de la hegemonía militar de Gran Bretaña -una monarquía comercial en transición a la democracia-, cristalizada finalmente con la victoria sobre el Imperio napoléonico en Waterloo (1815). Capellán retirado del Ejército británico y luego profesor de Filosofía Moral en la Universidad de Edimburgo, fue contemporáneo y formó parte de la llamada Ilustración Escocesa, que pensó la modernidad de una manera especial, sin depositar tanta fe ciega en la razón humana y sopesando el valor de la tradición.

Adam Ferguson (1723-1816) fue más allá y fue mucho más crítico de esa modernidad que sus colegas Adam Smith y David Hume, sin convertirse en un reaccionario. En efecto, cuestionó la mirada crítica de Hobbes de la barbarie o el mundo salvaje típico del estado de naturaleza pero también de la reivindicación naturalista de Rousseau, con su famosa frase reivindicatoria cuetionando a la sociedad y la civilización: “el hombre nace libre y por todos lados, aparece encadenado”. Ferguson se ubica en un punto equidistante y superior a ambos. Para el filósofo escocés, ya hay rasgos de sociabilidad y racionalidad en el mundo antiguo coexistiendo con la barbarie, en el propio mundo antiguo. Una vez más, a diferencia de Smith con su “simpatía” y “benevolencia”, el historiador escocés diría que es de un contexto de  agresión, violencia, odio, rencor, en suma, la guerra, que derivan virtudes como el honor, la caballerosidad, el patriotismo, el heroísmo, la valentía, la abnegación, la virilidad, la fortaleza, el desinterés, la adhesión a lo simbólico, la cortesía, la noble venganza, incluso otros, más personales, como el culto de la amistad y hasta la creatividad.

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CUMPLEAÑOS 130 DE “EL”: “HA VUELTO”?

Ayer domingo, Pascua de Resurrección (para los católicos) y Domingo de Ramos (para los ortodoxos), cumplió 93 años, la Reina Isabel II de Inglaterra.

Pero también un 20 de abril de 1889, nacía alguien tan notorio como ella, en el seno de una familia numerosa austríaca católica, siendo el cuarto de seis hijos. Sí, él, Adolfo Hitler, el hombre que cambiaría la historia del siglo XX. Quien instauraría una feroz maquinaria militar de horror y terror, el mismo, que al igual que Aníbal y Napoleón antes, conquistando Europa, provocando la II Guerra Mundial y produciendo una salvaje matanza de judíos (el llamado “Holocausto”).

El cine lo recuerda un vez más. La película germánica “Ha vuelto” (2015), imagina un hipotético regreso en vida del “Führer” a la Alemania actual y todas sus sensaciones personales al verla moderna, desarrollada, globalizada, diversa, multicultural y en paz.

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EL GIRO “OTOÑAL” DE MACRI

Todavía no encuentro las razones para explicar cómo y por qué superó el gobierno de “Cambiemos” la crisis cambiaria del año pasado, además del notorio aumento inflacionario y por ende, depreciación salarial, que derivaron de aquélla. La promesa de “cero emisión”, algunos cambios en las autoridades del BCRA, una política de flotación del dólar entre bandas y un mayor respaldo del FMI, anticipando préstamos, calmaron relativamente a los mercados, aunque a costa de un riesgo-país creciente -el más alto desde 2014-y mayor fuga de capitales. Ayudado mediáticamente por un G20 distractivo, el 2018 cerró “tranquilo” para Macri, con una tasa de interés por la nubes para frenar la compra de dólares, lo cual se tradujo en altísimas rentabilidades para los bancos, a costa del sector productivo. Tras un verano estabilizado por cierto y ligero “viento de cola” que llegó del “Norte”, volvieron las turbulencias a fines de marzo y abril, de la mano de un dólar que escaló hasta el límite máximo de la banda superior y una inflación del 4 y pico por ciento mensual, muy difícil de derribar. Nada de lo que hizo este gobierno supuestamente pro-mercado a lo largo de este último año de estallido, se tradujo en estabilidad monetaria ni cambiaria, seducción de capitales o, reducción sustancial de la inercia inflacionaria. Por el contrario, los argentinos estamos inmersos en una larga agonía que nadie tampoco entiende, hacia dónde conduce porque comunicacionalmente Macri tampoco con su liderazgo, transmite un sentido de su “no-política”.

Con este panorama, este otoño no podía dejar de tener impactos políticos. La imagen negativa de Macri creció y la paridad inicial en las encuestas con CFK empezó a vislumbrar la posibilidad de que la “Doctora” -en términos de Jorge Asís-,  gane en un eventual ballotage. Comenzaron los primeros indicios de fractura con los radicales en la coalición oficialista, que nunca lo fue de gobierno y sí electoral: Córdoba dio el insólito puntapié. Le siguió Mendoza, alentada desde la propia Casa Rosada. Los resultados provinciales no ayudaron. La Pampa, Neuquén, Río Negro, Chubut, San Juan, Entre Ríos fueron determinando resultados conservadores donde los oficialismos provinciales ganaron -en gran medida, gracias a la “montaña de recursos” que les aseguró este gobierno federal a partir de la resolución de la Corte Suprema de Justicia apenas ungido en el poder-, el kirchnerismo fue castigado pero los candidatos de “Cambiemos” lo fueron más, saliendo terceros en algunos territorios.

Dependiendo de una buena liquidación de la cosecha de granos en dólares, a Macri no le quedó otra alternativa que brindar una respuesta en materia de política pública. A los radicales, todavía influidos por economistas demasiado heterodoxos como Prat Gay y Lousteau, se les ocurrió una especie de “remake” del “Plan Primavera” de agosto de 1988. Previo “anclaje” del dólar por parte del BCRA, el ataque a la escalada de precios se tradujo en una dosis más de “kirchnerismo de buenos modales” -en términos de Espert-: un nuevo set de “precios cuidados” o congelamiento de precios incluyendo tarifas hasta el cambio de gobierno. A los más de 500 ya existentes, se pactaron otros 64 precios de alimentos -sin fruta alguna, ni pollo ni pescado, en un país de creciente obesidad-, con apenas 16 empresas de la COPAL, lo cual revela la enorme concentración sectorial que todavía tiene el país -hemos retrocedido respecto a los denostados noventa-. La respuesta de los mercados no se hizo esperar: más desconfianza, más fuga de capitales, mayor caída de bonos argentinos. La opinión pública tampoco se demoró: las primeras encuestas revelan el mayoritario apoyo popular a las medidas de paliativo, incluso entre los votantes K. 

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EL INCENDIO DE NOTRE DAME Y UN POSIBLE SIGNIFICADO POLITICO

Se preguntaba esta mañana Marcelo Longobardi junto a Carlos Pérez Llana, en Radio Mitre, si a partir del incendio de ayer en la Catedral de Notre Dame, no podría galvanizarse una reacción de la sociedad francesa, aunque no tengo claro en qué sentido, porque antes había citado a Angela Merkel, en relación a la identificación supuestamente francesa y sobre todo, europea, del mítico templo en llamas. 

Tengo la impresión precisamente contraria. En una Francia en la que un ingenuo Macron apuesta al diálogo en asambleas populares, el país ha vivido desde 2014 hasta aquí, un sinfín de acontecimientos trágicos y violentos, como atentados terroristas en París y Niza, entre otras ciudades, como elecciones polarizadas con una amenazante extrema derecha como el Front National, pasando por las revueltas protagonizadas por los autodenominados “chalecos amarillos” hasta los recientes ataques antisemitas en tumbas y muros, bullying a escritores y quemas de iglesias cristianas.

Fuente: Diario El Litoral de Santa Fe.

Estos tristes antecedentes que revelan una sociedad anómica pero conservadora, pueden sumar el incendio de ayer, aún considerándolo accidental, adoptándolo como un hecho simbólico, que galvanice todo aquello que se está gestando desde hace tiempo: una radicalización de la espiritualidad francesa. En una Europa postmoderna, agnóstica o atea, llama la atención la cantidad de franceses rezando en cadenas de oración junto a la Iglesia quemada. Semejante muestra de religiosidad junto con la conmoción expresada por el recuerdo de la beatificación de Santa Juana de Arco, el inicio de la masacre de “la noche de San Bartolomé”, la entronización de Napoleón, la prosa de Víctor Hugo o los funerales de De Gaulle, Pompidou y Mitterrand, no puede hacer más que avivar el nacionalismo xenofóbico francés, al estilo del ataque anglófilo en la otra orilla del Canal de la Mancha, que supuso el “Brexit”. No olvidemos cómo en nuestro continente, el 11S expandió exponencialmente lo peor del nacionalismo americano, en un país (“republica imperial”, en términos del sociólogo francés Raymond Aron) en el que nunca existió como tal, dicho flagelo.

Así que habrá que mantenerse alerta a los próximos signos vitales de la sociedad francesa.

LA MALDICION DE LAS GARGOLAS?

UNA HISTORIA MUY RICA DE LA CATEDRAL

EDUARDO LAZZARI Y SU MIRADA SOBRE EL VALOR HISTORICO DE NOTRE DAME

RECONSTRUCTION DE NOTRE DAME: “IL FAUDRA AU MOINS 20 ANS”

80 AÑOS DESPUES DEL INICIO DE LA II GUERRA MUNDIAL

1 de setiembre de 1939. Las tropas alemanas del III Reich ingresan a territorio polaco y rápidamente derrotan a las tropas de caballería que se desbandan. Si bien, el Führer Adolfo Hitler había dado evidencias manifiestas de sus intenciones expansionistas en Europa, al anexar Austria (su patria natal, vía el “Anchluss”) y Checoslovaquia, en 1938, ni Inglaterra a través de su Premier Chamberlain ni Francia con Daladier, pensaron en la posibilidad remota del inicio de una nueva y cruenta guerra.

De allí en más, se desataría una pesadilla que duraría hasta mayo de 1945, con la rendición germánica y agosto del mismo año, con la capitulación japonesa.

El cine ha reflejado el conflicto bélico con decenas de películas alusivas. Empezaré por una que refleja su final, tan sangriento, considerando que en las últimas semanas, antes de suicidarse, Hitler, mandó a miles de niños, mujeres y ancianos a pelear palmo a palmo contra los americanos y soviéticos que asolaban Berlín. La temible Waffen SS, ahorcaba a aquellos que se negaban a tomar las armas para defender territorio alemán. Desde la óptica original de un grupo comando de tanquistas nortamericanos, el film de 2014, “Corazones de acero” (o “Fury”, en alusión, en inglés, al nombre del tanque protagonista), refleja aquellas últimas jornadas de violencia y venganza inusitada entre un bando y otro.

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LA PRISION DE LOS REYES

Europa, siglo XVIII, sí, el mismo llamado de “la Ilustración” o de “las Luces”, en el cual, se suponía, sobre todo, a partir de la Revolución Francesa, la razón humana se impondría sobre la religión y la superchería. A la luz del siglo XXI en el que vivimos, se supone que hemos involucionado un poco, no?, sobre todo, para los neohegelianos que piensan la vida y el mundo en términos teleológicos.

Vuelvo al contexto. Aquel fue el primer siglo de la historia de la humanidad, en el que comenzaba a ser incómodo nacer y mantenerse como rey. Tras la Revolución Inglesa instaurando la especial “república” (o dictadura parlamentaria) de Oliver Cromwell (1599-1658) y la Gloriosa Revolución de 1688 que depositó en el trono británico, a un príncipe holandés (Guillermo de Orange, luego Guillermo III) y su esposa María (luego María II), lenta pero inexorablemente, empezaría a prevalecer el axioma de “el rey reina pero no gobierna”. Una verdadera crisis de identidad sobrevolaría las cortes europeas, empezando por la propia inglesa.

No en vano, tres historias, recogidas por el cine, ilustrarían las enfermedades, los pesares, las depresiones y hasta las desventuras y/o desdichas de tres monarcas: la inglesa Ana (la primera como tal de la Gran Bretaña unificada), el inglés Jorge III y el danés Cristián VII.

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MARIA ESTUARDO: LA REINA DE LOS ESCOCESES

Escocia es una nación que exigió recurrentemente ingentes sacrificios a quienes pretendieron reinarla, demandando incluso de la vida de terceros. Así como en el siglo XIV, el bravo y popular guerrero William Wallace debió pagar en el patíbulo inglés, la codicia y cobardía de los nobles de su propia amada patria, para que pronto, uno de ellos, Robert de Bruce, se animara a romper con Eduardo I (“Zanquilargo”), reinante en Londres, apenas unas centurias después, María Estuardo (Mary Stuart), también perdió la cabeza para que su hijo James, pueda unificar el trono, como Jacobo I y VI sobre ingleses y escoceses, respectivamente. En una nación, donde la pasión ha prevalecido a menudo sobre la razón, no podía ser de otro modo. La imprudencia, el capricho, la ambición, el orgullo y obviamente, el amor, han sido malos consejeros para una elite, incluyendo sus monarcas, que una y otra vez, cederían ante sus pares ingleses.

Paradójica ha sido siempre la historia de María Estuardo (1542-1587) y de su “hermana”, “prima” y archirrival, Isabel I Túdor (1533-1603).  No en vano, han habido infinidad de libros e historias llevadas al cine, retratando el fuerte contraste entre estas dos Reinas contemporáneas, la una y la otra. En las versiones cinematográficas de 1936 -protagonizada por Katherine Hepburn– y 1971 -con Vanessa Redgrave como actriz principal en oposición a una genial Glenda Jackson que actuaba como la reina inglesa-, por ejemplo, llamaban la atención, la vida “normal” de una (la católica María, casada, joven viuda y nuevamente casada y encinta con Lord Henry Darnley) versus la atribulada y desdichada de la segunda (la protestante Isabel, hija bastarda confinada por Enrique VIII, soltera empedernida, amante de amantes pero sobre todo, enferma de poder).

Apenas asomaba en el horizonte fílmico, algún rasgo opuesto, en términos morales. María, que sería santificada por la Iglesia Católica, era una mujer agradable, seductora, romántica, hasta con convicciones pero de carácter débil, frágil, impulsiva, incapaz de liderar a un pueblo y mucho menos, a dos. Todo ello la conduciría a un destino fatal, viuda dos veces y prisionera 18 años de su edad de 44. Isabel, por el contrario, con una infancia espantosa, rodeada de enemigos (internos y externos), se sobrepuso a tal derrotero, supo adaptarse al contexto adverso y finalmente, reinó 45 años, sacrificando su propia vida privada al Estado. Mientras una fue realmente “humana”, la otra debió omitir su propia naturaleza y el resultado está a la vista, sobre todo, dado el sitial de privilegio mundial al que llevó a Inglaterra, una isla pobre e inhabitable por siglos.

La recientemente estrenada película titulada “Mary, Queen of the Scots”(en español, “Las dos reinas”), protagonizada por las “pelirrojas” (jóvenes) Saoirse Ronan y Margot Robbie, se enmarca en un mundo y en un siglo de neto corte feminista, donde se discute -y reivindica- el papel de aquellas mujeres que lograron reinar en un mundo de hombres “crueles”, como lo afirmaba la propia Isabel, quien admite en uno de los pasajes del film, haberse transformado en uno más de ellos. Casi toda la película dirigida por otra mujer (Josie Rourke), gira en torno de ello.

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