La derrota electoral de Viktor Orban, el gran aliado europeo de Donald Trump, tras 16 años en el poder en Hungría, el pasado domingo, no significa necesariamente un gran cambio político-institucional de envergadura. Dependerá en gran medida del nuevo líder Peter Magyar, ex orbanista hasta hace un bienio, devenido en nuevo Primer Ministro.
Como buena parte de la elite y medios europeos hablan de este evento, por estos días, dada la relevancia del mismo en función de las relaciones de la UE con Trump y el futuro de la guerra en Ucrania, la TV francesa una vez más, me entrevistó, debate mediante con el profesor italiano y especialista en ultraderechas globales, Steven Forti, acerca del impacto político del resultado de los comicios húngaros.
Porque una vez más, tras un mes de bombardeos masivosincluyendo decapitación del régimen de Teherán, EEUU e Israel se niegan a aceptar que contraataques puntuales con drones de 2500 dólares y misiles balísticos ocultados de modo subterráneo tras décadas de bloqueo y embargos, fueran tanto o más eficaces y hasta letales, sobre Tel Aviv y Haifa pero también sobre quince países más. Ocho de ellos, en el Golfo Pérsico, contenían veintisiete bases militares americanas, trece de las cuales hoy están totalmente destruidas, inhabitables e inoperables.
Si Netanyahu insiste sobre Trump en la necesidad de atacar por vía terrestre a territorio iraní, en estos próximos días, antes del 6 de abril, los fantasmas de los desastres recordados aquí, reaparecerán. No habrá forma de explicar a diestra y siniestra cómo y por qué se enviará a la muerte, a 5.000 Marines y fuerzas especiales, en un túnel de fuego y metralla que el final político de aquellos líderes, nada preparados para afrontar semejante derrota.
Además, como si esto fuera poco, si la prolongación de la guerra -conduciendo al fracaso norteamericano-israelí-, pone en jaque a la economía mundial, temiendo los analistas una crisis recesiva mucho peor que la del Covid 19, sólo puedo esperar que paradójicamente Xi Jinping, Putin y los mediocres líderes europeos, todos sentados en una cómoda platea mundial, le pidan por favor a Trump y Netanyahu que detengan esta locura iniciada el último fin de semana de febrero.
Desde el sábado 28 de febrero, el mundo se halla en ascuas tras el nuevo operativo norteamericano-israelí sobre territorio iraní. Dos reportajes en la TV y radio santafesinas, sintetizan mi postura respecto a ;a dinámica especial de tales acontecimientos.
Hace unos días, la inteligente y todavía bella Katja Alemann (68 años) escribió en su muro de Facebook, sobre Trump:
«Me vi todo el discurso de Trump en Davos, en inglés, idioma que hablo bien y que me permite observar mejor sus intenciones.
Habló sin leer, tal vez tenía auriculares para los números y datos, pero tiene una fluidez discursiva asombrosa. Queda claro que es un «insider» de la elite, y les pasó todas las facturas. Pertenece.
Tiene una cabeza importante, eso no se puede negar. Maneja la política como un juego de poker, dice las cosas más graves con una trivialidad escabrosa. Tiene el encanto de los psicópatas. Y sabe jugar el juego, está en su salsa.
Se refirió mil veces a «Sleepy Joe», el dormido, Biden, con el descalabro administrativo que heredó, y cual Milei, se pasó gran rato con el autobombo del «milagro yankee» gracias a sus políticas.
El relato central es el siguiente:
USA tiene el poderío armamentístico más desarrollado del planeta, y la sofisticación de ataque, ejemplificó con Venezuela, Irán, y es el socio mayoritario de la OTAN, garante de la paz global, de la cuál se beneficia la elite globalista reunida en Davós.
Y aquí el punto crucial, USA ahora exige reciprocidad en los beneficios. Por eso los aranceles. La UE tercerizó en USA su defensa y ahora se la cobra. Están fritos los europeos en ese sentido, décadas de haber delegado poder en una alianza inestable, como resulta ser. Puso de ejemplo a la Presidenta suiza, a la que le embocó 39% de aranceles a sus relojes Rolex y maquinarias de precisión, y a su industria farmacéutica, que le generan déficit a USA, porque le cayó mal que la mina repitiera una y otra vez que no haga eso, que son un país chico. No le vas a dar órdenes al rey del mundo. Recién cuando fue la comitiva suiza con halagos y regalos, les bajó los aranceles al 15%.
Lo mismo la burla con Emanuelle, (Macron) exigiéndole que suba el precio de los medicamentos para pagarle los aranceles más altos, cosa que los franceses rápidamente salieron a desmentir, ya que no está en su poder hacer eso.
También se burló de la transición energética. Sabemos que es negacionista del CC y representa a la industria hidrocarburífera. China produce los molinos de viento, pero no tiene ni un parque instalado en su país, les refregó. Qué inútiles todas esas inversiones, qué pérdida de tiempo! A cambio se decidió por la energía nuclear, más limpia y más segura.
Y claro, Groenlandia. Repitió tantas veces que era un pedazo de hielo, que lamentablemente USA le había devuelto a Dinamarca, después de que ganaran, los norteamericanos bien subrayado, la Segunda Guerra Mundial, que terminó diciendo Iceland en vez de Greenland, confundiendo Islandia con Groenlandia en sus reclamos.
El interés? El control y el paso de la frontera norte, ahora que el negado CC derritió los hielos árticos, necesario para su soberanía territorial, y además fuente de recursos hidrocarburíferos. Los 57000 groenlandeses poco tendrán que decir al respecto. Qué desagradecido el Reino de Dinamarca, de no cedernos ese pedazo de hielo, después de todo lo que hemos hecho por la paz mundial y la protección de la UE! Pero bueno, al menos caprichito aseguró que no va usar la fuerza, sólo quiere instalar su domo de oro para defenderse de Rusia y China, que si no se apropiarían de ese paso.
Así el mundo según Trump. Promete crecimiento ilimitado, prosperidad y grandeza para todo Occidente, que tiene que estar unido para defender su supremacía, y claro, limitar la inmigración de delincuentes, ladrones y asesinos, que son la calaña de gente que han pretendido invadir y en parte invadieron los territorios de la «gran raza blanca» y la indiscutidamente «superior cultura occidental». El Imperio anglosajón, que por cierto tiene más alcaldes musulmanes que protestantes.
Será realmente la gran caída del Imperio americano? Serán los últimos «manotazos de ahogado» ante un nuevo orden multipolar como muchos diagnostican?
En estos tiempos de postverdad y de «no todo es lo que parece», no podemos aventurar hipótesis certeras respecto a las verdaderas intenciones de Trump en relación a Venezuela y cómo pudo lograr el secuestro de Maduro sin pestañar.
Si es el regreso de la vieja «política imperial del garrote» o la Doctrina Monroe en el siglo XXI, mostrando con todo desparpajo que sólo le interesa arrebatarle ese 90 % de petróleo venezolano a China, bastó con la operación quirúrgica de ayer, si es que además, pactó con el régimen chavista, la supervivencia de sus personeros y un eventual indulto a Maduro en los próximos tiempos.
Si es algo más ambiciosa la pretensión de la Casa Blanca, en aras de un eventual cambio de régimen, excluyendo a María Corina Machado o al propio González Urrutia, el conflicto con los Padrino López o los Diosdado Cabello y sus milicias populares, puede extenderse hasta límites insospechados, transformando un éxito militar en un fiasco, por no decir, una tragedia a lo Afganistán. Ni hablar toda la ira latinoamericanista que se desatará tras décadas de confort con unos Estados Unidos distraídos con Medio Oriente.
En un primer caso, hablaríamos de prudencia, al estilo de lo que prefiere el sucesor de Trump, su Vicepresidente, el neoaislacionista J.D.Vance. En el segundo caso, podríamos anticipar un acto de verdadera insensatez, el de alguien obsesionado con sus odios anticastristas y antichavistas, como el Secretario de Estado, Marco Rubio.
Entre ambas opciones, se mueve Trump, pudiendo decidir en un lapso de un par de meses, no más, si es que los próximos destinos de su carrera geopolítica con chinos, continúa con Groenlandia, Irán y por qué no, Cuba. Además, lo deberá hacer en un contexto de popularidad descendente y el escándalo Epstein que lo amenaza desde el Congreso.
Como lo muestra el título ahora traducido al español, que le sirve a los trumpistas de las redes, para alabarlo. Se puede actuar de cualquier manera -siendo un tonto o un desbocado- pero es inevitable afrontar las consecuencias. Máxime cuando alguien desborda las instituciones del país que gobierna y luego todo ese caos e imprevisibilidad los traslada al ámbito de la arena mundial.
Terminé el año y empecé el nuevo, viendo «Nüremberg» -la película que protagonizaron Russell Crowe y Rami Malek, entre otros y hoy amanecí como todo el mundo azorado por la operación mediática de secuestro del Presidente venezolano Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores, acusados de narcoterrorismo por parte de fuerzas especiales norteamericanas que atacaron con helicópteros artillados la ciudad de Caracas, estrictamente Fuerte Tiuna.
Qué nexo veo entre ambos hechos tan lejanos en todo sentido? El rol del Derecho Internacional y la legitimación de Estados Unidos para llevar adelante sus intereses nacionales en 1945 y 2026, respectivamente.
En la postguerra, al haber vencido sobre Hitler y coordinar esfuerzos con soviéticos, británicos y franceses, acordando la inédita justicia internacional sobre los criminales nazis y ayudando a la reconstrucción europea, Estados Unidos estaba en la cumbre del poder mundial y legitimación para hacerlo. El tiempo pasó, la Guerra Fría terminó con su supuesto triunfo pero cometió enorme cantidad de errores políticos que minaron esa credibilidad.
Hoy, cuando Trump montó tras un semestre de preparación logística, el ataque quirúrgico -ilegal- sobre Maduro, su país desesperado por recuperar influencia económica y geopolítica en América Latina rivaliza con China por el poder mundial y está en evidente declinación.
El mundo ha cambiado enormemente y no es lo mismo para una superpotencia del pasado, mirar a todos desde arriba con poder efectivo para hacer su voluntad y otro escenario como el actual, sobreactuar para demostrar que algo debe hacer aunque el resultado sea mínimo.
Eso sí, analizando el rol de los vencidos, Maduro tal vez haya podido hacer lo que no lograron los nazis: pactar con EEUU, tras resignar el poder de Miraflores, algo similar a lo hecho por Al Assad en Siria hace un año.