AMOR EN TIEMPOS DE TINDER?

Entré experimentalmente hace 10 días a la red social de citas y “matches”, lanzada el 15 de noviembre de 2011. Motivar a un querido amigo en tránsito -eterno- de separación, fue el gran detonador de mi ingreso ya que desde mi entrada y salida de Badoo en 2011, no creo demasiado en hallar parejas serias -y mucho menos, amor- a través de estas redes sociales.

Confieso que me entretengo y hasta divierto a diario -aunque pagando-. Buena cantidad de “matches” para aumentar mi ego, que seguramente ya está elevado, interesantes cortes o rupturas, producidas por el “desgaste” de no tolerar ni siquiera la demora de “algunas” en aceptar un café cara a cara, aunque en sus perfiles demanden “seriedad”, “relaciones a largo plazo”, “madurez”, etc. y exijan todo tipo de requisitos en los hombres supuestamente tramposos y mentirosos: “fotos reales”, “cero chamuyo”, bla bla bla bla…..

Realmente, mientras el mundo está al borde de una III Guerra Mundial, las mujeres de Tinder, en su gran mayoría, se halla en un estado calamitoso: no estético, sino mental. Disonancia cognoscitiva por doquier, fotos en las que exaltan “soy positiva y simpática” y muestran espaldas, colas o rostros que espantarían a la misma Morticia Adams.  Para colmo, ya no dependen de la “caja boba”: lo son del más sofisticado pero peor, Sr. Netflix. Además, la misma autenticidad que le piden a los hombres, la adeudan, cuando muestran fotos antiguas, con hijos o mascotas. Algunas salen haciendo piruetas en la pared, cuando no, ocultan totalmente su físico y/o rostro, poniendo flyers con lecciones morales. Lo mismo dirán de sus hombres “tan ansiados” -o como se decía antiguamente, “solteros codiciados”?

Ni hablar de los chats. Dan para todos los gustos. Con excepciones, son para el mejor estudio psicológico que quepa en este tipo de ocasiones. Aunque justo es reconocerlo, hay una enorme distancia cultural entre las argentinas y las no-argentinas. Estas últimas reclaman presencialidad física, “talkers” en vez de “texters”. Llama la atención que las argentinas ni siquiera leen los mensajes ni se enteran de quienes las siguen. Pero claro, “buscan relaciones serias y de largo plazo”. Seguramente, en su favor, tendrán razones para quejarse de no pocos argentinos.

Difícil recuperar el tiempo perdido. Difícil atraer o conquistar un gran amor así. Difícil disfrutar momentos jubilosos, duraderos, de esta manera. Lo peor, difícil encontrarse a sí mismas, quererse sin necesidad de selfies o leer libros de autoestima o hacer yoga, si no es teniendo claras sus identidades que no pueden nunca construirse solo desde la otredad o desde el supuesto enemigo deseable, el masculino.

En verdad, tampoco les creo mucho, por mi propia experiencia. La más independiente y liberal, se termina transformando en una madre perfecta, cocinera orgullosa y “mantenida” de por vida, por el ex marido o el Estado.

Punto. “Tinder” deconstruido. Por fortuna, en unos días más, huyo despavorido de allí.  El algoritmo tendrá que hallar otros inocentes manipulables. Seguiré feliz destrozando a mis rivales ideológicos, en Twitter.

EUROPA: DE JARDINES Y SEMILLAS

Día 328 de la guerra de Ucrania o, “la operación militar rusa” en su país vecino, la última frontera del núcleo o corazón eslavo, de la cristiandad ortodoxa.

Sacerdote ortodoxo ruso bendiciendo avión

Tras una pequeña contraofensiva ucraniana desde fines de setiembre hasta diciembre pasados, que insinuó más de lo que avanzó y lo poco que lo hizo, fue más por retroceso táctico ruso, Ucrania vive días realmente espantosos.

El ejército ruso acaba de anotarse una victoria importante por su carácter estratégico en Soledar, donde se difundieron videos de los soldados ucranianos rindiéndose o muriendo fusilados por rechazar la oferta, en sus trincheras, por parte del Grupo Wagner,  las brigadas chechenas y sirias anti-yihadistas.

Luego, nos anoticiamos de un ataque probablemente emanado de sus propias fuerzas antiáreas, contra un edificio residencial en Dniéperpetrovsk, dejando una secuela de muchos muertos y heridos civiles.

Hoy mismo, un helicóptero militar ucraniano se precipitó a tierra en los suburbios de Kiev, matando a la cúpula del Ministerio del Interior, entre otros, su máximo funcionario y su adjunto, además de no pocos civiles, incluyendo niños, porque el vehículo aéreo tuvo la mala fortuna de caer sobre un jardín de infantes. También en este caso, fueron las mismas baterías ucranianas, las que se autoinflingieron semejante desastre.

Finalmente, producto de estos evidentes retrocesos, Zelensky no detiene su procesión con los líderes occidentales, rogándoles en favor de nuevas y más letales armas a usar contra los rusos, ya sean, tanques, como los Leopard II (alemanes), los Challenger (británicos) y los Leopard (franceses). En caso de que este viernes 20, Alemania se rinda y dé el visto bueno, presionada por Polonia y los bálticos, cediendo así a los pedidos de Kiev, puedo anticipar una verdadera guerra de tanques en las próximas semanas en los llanos ucranianos, la cual será decisiva para saber el curso del conflicto.

Precisamente, Alemania está en “el ojo de la tormenta”. Su papel histórico y como se ve, su rol tan gravitante. son difíciles de entender dada la enorme cantidad de sacrificios que ha hecho para iniciar y sostener una guerra que lesiona enormemente sus intereses. Primero, considerando su larga y fructifera relación energética, con la ex URSS y luego, con Rusia. No exagero si afirmo que buena parte de la reconstrucción y despegue hacia el desarrollo económico e industrial de la postguerra, se debió a Erhard y sus decisiones pero sobre todo, a los gasoductos de Moscú. Segundo, su papel mediador en Europa, tratando de moverse con un delicado equilibrio entre Estados Unidos y Rusia. En 2003, en ocasión de la absurda intervención americana en Irak, con el ex Canciller Schröder, Washington temía una entente Moscú-París-Berlín, catalogándola los “halcones neocons” como la “Vieja Europa”, en contra de la “nueva”, que aglutinaba a todos los países de Europa Oriental que habían jugado para la ex URSS en la Guerra Fría.

Con Merkel, ese rol mediador se fortaleció, en parte, aunque algo empezó a quebrarse cuando estalló el “Euromaidán” en 2014. Alemania igual que Francia, vieron estupefactos como los intereses europeos empezaban a digitarse y resetearse desde Washington, con línea directa a Kiev.  Tanto Merkel como Macron reconocieron que los Acuerdos de Minsk le permitieron a Kiev “ganar tiempo” para rearmarse contra Moscú: ambos fueron cómplices. Pronto, Alemania, habiendo erogado ya 12.000 millones de dólares en ayuda a Zelensky, se vio totalmente subordinada a Estados Unidos, que gastó el doble.

Pudiendo alterar el orden impuesto sobre ella, como potencia derrotada y culposa, a partir de 1945, cedió más y más, hasta hoy, donde el 30 % de su población se calienta en el invierno con leña, como en los viejos tiempos. Semejante estoicismo mientras la cínica activista sueca Greta Thunberg es detenida por la policía alemana, por protestar en contra de la mentada carbonización, la medida a la que el país, que la detiene, tuvo que arribar, por sancionar a una Rusia a la que ella también desprecia. Incluso esta doblegada y timorata Berlín tuvo que aceptar en silencio que americanos y británicos destruyeran parte de los gasoductos Nord Stream en sus propias narices, para obstruir cualquier retroceso en la política seguidista hacia Washington.

Todo parece surrealista. Lejos del “jardín” europeo que supuso Borrell, a diferencia de las supuestas “semillas podridas” que convencieron a Putin de “iniciar” una guerra que ellos mismos, los europeos, pudiendo evitarla, no lo hicieron. Es más, la estuvieron urdiendo durante mucho tiempo y ahora, no conformes, habiendo sido las sanciones occidentales antirrusas, un enorme fracaso, como reconoce hoy el Washington Post, buscan fogonearla aún más. No entienden que Rusia jamás cederá. No aprendieron la lección de Leningrado. Una vez más, los supuestos paraísos pueden convertirse en los peores infiernos.

Putin entrega ofrendas florales por los muertos en la ex Leningrado

HACIA EL NORTE DE BRASIL (III)

Sigo con esta suerte de diario privado de viaje, sobre el norte de Brasil, en retrospectiva sobre el verano de 2018.

Tras tres noches en Recife, gastando 333 reales, unos 70 reales en combustible y unos 150 reales en comida, siempre para nuestra pareja, partimos el domingo 7 de enero, al mediodía, hacia más al norte.

Pasamos al costado de Joao Pessoa (a 104 km. de Recife) y Natal (a 330 km. de la capital pernambucana), otras dos grandes ciudades emblemáticas de la costa nordestina, para arribar a Fortaleza, el lunes 8 por la mañana, nuevamente tras pernoctar en el largo camino.

En este tramo, que sería el más largo al interior de Brasil, ya que se trataba de casi 800 km., gastamos unos 210 reales en nafta y cerca de 120 reales en comida. Aunque más allá de las erogaciones, debe tenerse en cuenta el esfuerzo puesto en arribar a destino, con el sol de frente, la creciente humedad, las mañanas donde se siente el sopor, por las noches mal dormidas en el auto, etc. etc. Esto lo expreso sobre todo para disipar las fantasías que se hacen muchos cuando ven estos viajes, con el ser amado, creyendo que son verdaderas “lunas de miel”. Obvio que hay placer y que es un gran gusto compartir tales aventuras con “el amor de nuestra vida”, pero no todas son “color de rosa”.

Cuatro noches estaríamos en Fortaleza, gastando un total de 540 reales en alojamiento, 200 reales en comida y unos 150 reales en nafta. Dicha ciudad es la capital del Estado de Ceará, tiene 2,6 millones de habitantes, es la quinta ciudad más grande del país y es la séptima mayor paridad de poder adquisitivo del país. En su área metropilitana, incluye a algo más de 4 millones de personas.

Decidimos descansar allí como nunca antes excepto San Salvador de Bahía, Río Das Ostras y Rio de Janeiro, porque sabíamos que se venían días y hasta semanas de largo trajinar, si queríamos ir al Amazonas y cruzar hasta Venezuela. Ese era el plan original, por descabellado que pareciera, aunque no sabíamos que sufriría alteraciones, que a la postre, serían positivas.

Primera gran sorpresa al arribar a Fortaleza, fue avistar sus grandes hélices eólicas, ubicadas cerca de su gran puerto.

Respecto a la playa, fue el único lugar desde Rio de Janeiro hasta allí (unos 2.600 km.), que nos costaron días seminublados, a pesar de que nunca sufrimos lluvias en todo el largo camino. Aquí les dejo algunas imágenes, incluso personales.

Había un supuesto “árabe” también por allí. Un tanto excedido de peso, habría que reconocerlo.

Aquí algunas pocas fotos de la ciudad y su costanera, más allá de que nos gustó, no la notamos muy diferente de Recife. Aunque también deba decirse que Fortaleza tiene 34 km. de playas y es la ciudad más cercana a Europa (concretamente, Lisboa la capital de Portugal), a 5.608 km. de distancia pura. El Viejo Mundo tiene una connotación especial para Fortaleza, porque hasta su nombre se debe a europeos. En efecto, fueron los nederlandeses quienes construyeron un Fuerte allí entre 1649 y 1654, cuando exploraban sus costas.

Nos despedimos con esta imagen mía en Praia Do Futuro, el balneario más reconocido de Fortaleza.

Nos quedaba por delante, el último destino brasileño “civlizado”: Belem do Pará.

HACIA EL NORTE DE BRASIL (II)

Seguimos desde Aracajú (Estado de Sergipe) con rumbo norte, sin bordear la costa, hasta -la popularmente difundida por los argentinos- Maceió (Estado de Alagoas). Este último fue el mismo sobre el cual haría toda su carrera política, el derechista Fernando Collor de Melo, siendo gobernador del mismo, legislador y hasta Presidente de Brasil, habiendo sido desalojado del poder por un “impeachment” (juicio político) en los años noventa.

El jueves 4 de enero de 2018, a media mañana, habiendo pagado el hotel (162 reales, por dos noches) salimos de Aracajú y llegamos a Maceió, por la noche, habiendo recorrido 308 km. pero deteniéndonos en varias ocasiones. Entre otras, para cargar nafta (60 reales) pero sobre todo, para hacer el cambio de aceite (en portugués, “troca de oleo) y comprar un filtro nuevo em una estación de Petrobras. Gastamos 92 reales por lo primero y 25 reales por la segunda operación. Fue prácticamente el único que hicimos durante ese viaje por el litoral marítimo brasileño.

En ese trayecto, por la BR-101, gastamos en comida, unos 57 reales.

Como Maceió (1,05 millones de habitantes y capital del Estado) no nos convenció demasiado, tal vez haya influido que arribamos allí cansados y ya en plena nocturnidad, decidimos continuar el viaje en la madrugada, para llegar apenas amanezca a Recife. La paradoja de este viaje fue que ninguna de las dos ciudades más preferidas por los argentinos, es decir, Buzios y Maceió, realmente nos convencieron, ni por su belleza de sus paisajes y mucho menos, por sus playas. Hay una innumerable cantidad de mejores vistas y balnearios más bonitos en toda la costa que en ambas localidades.

Desde Maceió hasta Recife (capital del Estado de Pernambuco, con 1,7 millones de habitantes), recorrimos unos 291 km. durante prácticamente toda la noche, pernoctando lo que pudimos, en el camino. Allí en Recife, cuya región metropolitana alberga a casi 4 millones de personas, estuvimos tres noches.

Desde Bahía hasta allí, nos acompañaron días plenos de sol y noches agradables, aunque las jornadas eran calurosas y generalmente agobiantes.

Recife es la capital más antigua de todo Brasil, fundada por los portugueses en 1537. Pero además, tiene la gran particularidad de la presencia de tiburones en sus costas, asolando de vez en cuando a lo largo de las últimas dos décadas, a los bañistas desprevenidos o imprudentes, que desobedecen las regulaciones municipales, respecto a no incursionar más allá de la línea de arrecifes.

Por qué hay tiburones o “tubaraos”, como les llaman los brasileños, allí en Recife y no en otra playa de Brasil? Claramente, por razones particulares, como la destrucción de manglares -lugares donde especialmente ellos se alimentan y reproducen-, a causa de la construcción del puerto de Suape; el paso de grandes buques de gran calado, al despejar deshechos orgánicos en las aguas del mar y la formación de canales profundos y estrechos que favorecen la llegada de rayas, el gran alimento de los tiburones. Todos esos factores confluyen para que los escualos lleguen a Recife, haciendo que por ejemplo, el surf esté prohibido allí, por precaución.

Otro elemento que nos llamó la atención, al ir a las playas, fue la gran presencia de población afroamericana, como no habíamos visto en el sur de Brasil, pero tampoco en los balnearios de Sao Paulo, Rio ni Bahía. En efecto, en Recife, vive un 60 % de su población, sumando pardos (mestizos) y negros. En Recife, ya percibimos la diferencia notable no sólo en ese aspecto racial, entre las dos Brasil: la del sur y la del norte.

Me despido con: a) estas imágenes de Recife que muestran su versión también moderna.

b) nuestras compras en el supermercado de Recife, de la popular “tapioca” -una fécula que se extrae de la mandioca- (marca Dona Nuna) y los “nabos”.

Como se puede comprobar, además de ser un paraíso natural -y en muchos casos, virgen-, Brasil es un lugar ideal para probar sabores nuevos.

HACIA EL NORTE DE BRASIL (I)

Enero es sinónimo de vacaciones y ésta es una nueva buena ocasión para recordar mis viajes -y por qué no proezas automovilísticas- en Brasil hace exactamente un lustro.

Después de haber viajado una quincena exacta en diciembre de 2017, desde Mar del Plata hasta San Salvador de Bahía, para pasar allí el fin de año, de manera especial, junto a mi ex pareja (rusa) Ekaterina, decidimos seguir viaje, porque nuestra idea original aunque sonara alocada, era llegar hasta el norte del continente sudamericano.

Ya me he referido precisamente, al viaje al Amazonas, que emprendimos a partir del martes 16 de enero de 2018, pero no me he dedicado a describir el trayecto desde Bahía (3 millones de habitantes) hasta Belem do Pará (2,15 millones de habitantes). También implicó un camino de 15 días, bordeando la costa brasileña, sobre el Atlántico, advirtiendo el cambio importante tanto en el paisaje como en la geografía de los lugares que íbamos transitando.

Para que el relato adquiera cierta funcionalidad para quienes quieran hacer el mismo camino en vehículo en el futuro mediato o inmediato, iré detallando tanto los km. recorridos como los sucesivos gastos que conllevaron, datos que a pesar del regreso de la inflación tanto en Brasil como en nuestro país -del que nunca se fuera-, pueden ser útiles para aquéllos. Como resulta obvio, tambien comentaré aquellos hechos que fueron marcando a fuego el extraordinario viaje.

Dejamos Bahía, en el Estado del mismo nombre, el primer día de 2018 y llegamos vía la Rodovía -ruta nacional- BR-101 Norte a Aracajú (Estado de Sergipe) el martes 2 de enero, por la tarde.

Habiendo pagado 18 reales en la cochera del Hotel Ibis Aeroporto Hangar en la ciudad donde terminamos el 2017, gastamos en ese trayecto inicial de 336 km., en nafta (o gasolina “aditivada” -equivalente a nuestra “premium”-), unos 100 reales más unos 46 reales en comida.

Tras recorrer algunas localidades de la vera marítima como Praia do Forte, Imbassaí y Porto de Sauipe, pasamos por localidades pequeñas como Entre Rios, Esplanada, Palmeira, Loreto, Cristinápolis, Umbauba, Estancia, Itaporanga d’ Ajuda y Sao Cristovao, abonando 6,4 reales en peajes, por una ruta en buen estado.

Nos quedamos en la bella Aracajú, tras una noche accidentada, por un intento de robo en la playa por la noche, erogando otros 108,35 reales en comida y unos 162 reales en hotel (por dos días).

Relax enfrente del Bar do Nelson

Habiendo gastado entonces para una pareja en esos tres días previos, unos 341 reales -en aquel momento, equivaliendo un real a 5,7 pesos, unos 1.944 pesos-, la próxima cita sería la ciudad preferida de los argentinos, en el norte de Brasil: Maceió.

No es el tipo de “depresión” de los argentinos

EL REGRESO DE XUXA?

1993 fue un año más que importante para mí en el plano personal: me casé y tuve una hija, con todo lo que ello implica en términos de transformación, incluyendo el aspecto profesional. Pero el recuerdo de lo ocurrido hace 3 décadas ya, está indisolublemente ligado al personaje de una artista y cantante brasileña: “Xuxa” (María da Graca Meneghel).

Paradójicamente, la reciente muerte de “O Rei Pelé” también está vinculada a Xuxa. El astro del fútbol brasileño y mundial de los años setenta, tuvo un famoso y volcánico romance con “la reina de los bajitos”, quien luego tendría otro “affaire” con el genio del automovilismo internacional, el malogrado Ayrton Senna.

De notable belleza y carisma, pero sobre todo, simpatía, Xuxa está presente en el recuerdo de la Argentina de los noventa. Su especial relación con Marcelo Tinelli y Telefé que la catapultaron a la fama aquí en la era de Carlos Menem, con quien también mantuvo una ligazón importante. De aquellos años que parecían “esplendorosos” para el país,  tengo el recuerdo de sus canciones infantiles -y no tanto-, dedicadas al amor y a los sueños, porque a mi primer hija, la motivábamos con aquellas letras y tonos.

Aquí les muestro dos de mis preferidas:

Siempre se habla de su regreso a la TV argentina, tras haber sido madre y perdido a la suya propia (por Covid-19), habiendo alcanzado la plenitud como persona y empresaria, por lo que es posible que estemos asistiendo a una especie de “déjà vu” de los noventa?

El eterno ciclo de todo lo que transcurre y vuelve.  Treinta años después.

YA ES LEYENDA

El destino los unía. Maradona (“D10s”) se nos fue en noviembre de 2020 y Pelé (“O Rei”) a ellos (brasileños) se les fue ayer. Tuvieron sus momentos de amor y odio durante sus vidas pero creo que terminaron en paz. Sus caminos fueron diferentes, sus comparaciones inútiles pero ambos permitieron engrandecer al fútbol, además de difundirlo a nivel global, en una era de telecomunicaciones que recién despuntaba.

Yo por ejemplo, gracias a la televisión (en blanco y negro) tuve mi primera imagen de Pelé, mirando, muy pequeño, el fabuloso Mundial de México en 1970. Menuda sorpresa posterior tuve cuando mi padre me comentó de la hazaña de mi Colón ganándole 6 años antes al invencible Santos FC de Pelé, uno de los pocos que perdiera en suelo argentino durante la década del sesenta.

Fines de los 70 me mostrarían el ocaso de Pelé en el Cosmos de NYC, promoviendo el fútbol (soccer) norteamericano entre 1975 y 1977, precisamente en el país que compartirá sede con México en 2026 pero al mismo tiempo, vería el nacimiento de la “era Maradona”.

Se nos fue Pelé -habiendo ganado 3 Mundiales pero sin jugar nunca en Europa-. Se nos fue, como se nos han ido muchos (demasiados) íconos este 2022 que fenece. Su figura excede el deporte porque incursionó hasta en el cine, junto a Sylvester Stallone y Michael Caine, entre otros. No sólo Brasil estará triste. Nace su Leyenda.

Escenas de “Escape a la Victoria” donde Pelé enfrentó a un equipo de los nazis

DE CALCHIN AL MUNDO

Extraído del Twitter de @DiegoFonsecaDF.
“En la Universidad, no teníamos dinero. Viajábamos haciendo dedo, esperando que un alma caritativa nos levantase en la ruta y nos dejase en casa. O cerca. Ese *cerca* era todo un asunto. Convenía que te dejen en Villa del Rosario o en Sacanta o El Arañado.
Villa era una ciudad mediana, con tráfico: hay autos. Hay más chance de que te levanten. Los otros dos son más pequeños pero cercanos a mi ciudad, Las Varillas. (Yo prefería Sacanta: me gustaba una chica de ahí y soñaba con la probabilidad de que pasara en bici, auto o a pie.)

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Anyway, en ese trayecto, había una máxima: no aceptes que te dejen en Calchín. Calchín es un pueblo de pocas calles montado sobre un lado de la ruta provincial 13, que es una línea de asfalto recto e interminable. Eso jodía a Calchín: todos pasaban por Calchín huyendo de Calchín.

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Años A, la Municipalidad montó *bumps* en la ruta para que los autos no le matasen vecinos. Pero eso no evitaba la idea general: Calchín es de paso, nadie va a Calchín. Para todos era un pueblo muerto. Muy chico, sin autos: sin vida. En Calchín no pasaba nada.
Pero igual sucedía: si nadie te levantaba temprano a la salida de Córdoba, pasaban las horas y querías escapar de allí como sea. Entonces, sí, un alma generosa se estacionaba, corrías hasta el auto y preguntabas “¿hasta dónde?” “Calchín”, se oía. Y ya, te entregabas.
Lo único que podías hacer en Calchín era escuchar los ruidos del campo. Pájaros, una vaca lejos, quizá los cascos de un caballo repiqueteando sobre el asfalto. Tenía una terminal de buses chiquitona, aburrida. A favor: su buen sánguche de salame con queso mataba el hambre.
Las horas eran incómodas. Te hundías en el banco de una plaza o pateabas piedras al lado de la ruta. Si era invierno, te jodías: el frío pampeano es existencial: ocupa tus células. Si era verano, te jodías: tu única compañía eran las cigarras: su chirrido cantaba tu sentencia.
Era muy difícil salir de Calchín porque pasaban todos a alta velocidad. Eras un condenado. Como si la vida, y no un auto, las posibilidades y no un camión, te hubieran dejado atrás sin siquiera disminuir el paso o echarte una mirada. Pero al final lo lograbas: salías de Calchín”.
Esta introducción que elegí de un twittero oriundo de Las Varillas, ciudad cercana a Calchín, me permite ilustrarles más facilmente acerca del pueblo de donde es originario Julián Alvarez, ex jugador de River (campeón en el 2021 contra mi Colón) y hoy player del Manchester City y campeón mundial con la Selección Argentina en Qatar 2022, con apenas 22 años.
Muchos sociólogos podrán explicar acerca de las condiciones o contextos en los que se cría un jugador talentoso y exitoso, desde su familia, pasando por la escuela y su vecindario y si todo ello influye o no y cuánto en su logro deportivo. Alvarez cuenta con una familia que lo contuvo, tiene 2 hermanos más futbolistas ya en el fútbol inglés como él y hasta fue abanderado en su colegio. Pero claro, todo ello en Calchín, un pueblo aislado del mundo, como dice Fonseca, con 2.500 habitantes, la gran mayoría descendientes de piamonteses tercos y donde lo único que puede aspirar un chico es a mirar el horizonte para ver la oportunidad de salir de allí. O, como la gran mayoría, resignarse a su condición de calchinense. El antecedente de Alvarez fue Germán “Tato” Martelotto, quien jugara de mediapunta en Belgrano de Córdoba y llegara a la Selección de Basile en 1991.
Hasta Calchín entonces me movilicé ayer para ser testigo directo de la fiesta de bienvenida de su pueblo a Julián, tras haberse consagrado en Qatar. Salí de Villa María , en el centro del país, a las 17.20, tomé la Ruta 158, pasé por Las Mojarras, Arroyo Algodón, La Playosa, Pozo del Molle y allí desvié hacia el oeste, a Carrilobo, Calchín Oeste para finalmente llegar a Calchín a las 18.35.
Tras descender de un helicóptero, Alvarez se subió a una autobomba y recorrió el pueblo de 45 manzanas, escoltado por familiares, hinchas y amigos, hasta llegar a su club de origen, el Club Atlético Calchín, donde no cabía un alfiler. Decenas de miles  de simpatizantes, venidos hasta de Catamarca y Santiago del Estero, le dieron la bienvenida, matizada por la música de Los Caligaris.
El pueblo por fin salió de su letargo gracias a su hijo pródigo. Enhorabuena.

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DE FESTEJOS, “GARCAS” E INCOMPETENTES

El pueblo argentino vive hoy uno de los días más felices de toda su historia. Unas 5 millones de personas, más del 10 % de la población pudo disfrutar -a medias- el regreso y paseo -con la Copa del Mundo ganada el domingo en Qatar-, de parte de todo el equipo subido a un bus, en caravana desde Ezeiza. Júbilo desbordante, canciones futboleras entonadas a lo largo de los trayectos pero también un desorden generalizado, debido a las múltiples versiones respecto a los lugares por donde pasaría el equipo de héroes.

Es que claro, esa pasión y alegría tan comunes por estas tierras, ciertamente admiradas en otras latitudes aunque no seamos concientes de ello, debió convivir con una actitud muy deleznable, de parte de no poca parte de nuestra clase dirigente.

Por un lado, en su mayoría opositores, que especulaban incluso con una nueva frustración deportiva del equipo para caerle encima mediática y moralmente al gobierno, criticando la decisión de éste de fijar un nuevo feriado para que todos puedan disfrutar de los festejos. Por el otro, las propias autoridades que demostraron una enorme incompetencia para organizar con cierta racionalidad el acto festivo.

Ya en la madrugada, en el corto recorrido del Aeropuerto Internacional al predio de la AFA, los propios jugadores estuvieron al borde de una tragedia por pasar debajo de unos cables y ahora por la tarde, un par de hinchas se arrojaron desde un puente al micro del seleccionado, cayendo uno de ellos al vacío.

Por especulación o ineficacia, se terminó así con una celebración que debía ser digna de un pueblo con una carga emocional gigantesca pero que lamentablemente vota inútiles o insensibles para que lo gobiernen y he aquí las consecuencias.

Las fotos de un día épico, otro más en nuestras vidas, como argentinos, que demuestran que “el amor con amor” se paga.

REYES DE QATAR

El fútbol siempre da revancha y este domingo 18 de diciembre de 2022, disputada la final de la Copa del Mundo jugada en Qatar, demostró no ser la excepción. Como en Rusia 2018, Francia y Argentina volvieron a jugar, protagonizando una de las mejores definiciones que yo recuerde, por su ritmo cambiante y alta emotividad, pero a diferencia de cuatro años atrás, esta vez, el resultado, por penales, favorecería a nuestra Selección Argentina, que lograría así su tercera Copa en la historia de Mundiales.

Messi en la final perdida de Brasil 2014

Messi besando la Copa 2022

el camino a la gloria

la 3era. estrella ya bordada arriba del escudo nacional

Había razones para soñar como dije hace unas semanas atrás, sobre todo, en el peor momento de la Selección en este certamen, es decir, el inicial, luego de su derrota contra Arabia Saudita. pero aquellos motivos se fueron cimentando paso a paso, en cada uno de los 6 partidos hasta la final tan esperada, sobre todo, por y para Lionel Messi, para quien, éste era supuestamente, su último Mundial y por lo tanto, su última oportunidad (biológica) de ganarlo.

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