DESDE NUREMBERG A CARACAS SIN ESCALAS

Terminé el año y empecé el nuevo, viendo «Nüremberg» -la película que protagonizaron Russell Crowe y Rami Malek, entre otros y hoy amanecí como todo el mundo azorado por la operación mediática de secuestro del Presidente venezolano Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores, acusados de narcoterrorismo por parte de fuerzas especiales norteamericanas que atacaron con helicópteros artillados la ciudad de Caracas, estrictamente Fuerte Tiuna.

Qué nexo veo entre ambos hechos tan lejanos en todo sentido? El rol del Derecho Internacional y la legitimación de Estados Unidos para llevar adelante sus intereses nacionales en 1945 y 2026, respectivamente. 

En la postguerra, al haber vencido sobre Hitler y coordinar esfuerzos con soviéticos, británicos y franceses, acordando la inédita justicia internacional sobre los criminales nazis y ayudando a la reconstrucción europea, Estados Unidos estaba en la cumbre del poder mundial y legitimación para hacerlo. El tiempo pasó, la Guerra Fría terminó con su supuesto triunfo pero cometió enorme cantidad de errores políticos que minaron esa credibilidad.

Hoy, cuando Trump montó tras un semestre de preparación logística, el ataque quirúrgico -ilegal- sobre Maduro, su país desesperado por recuperar influencia económica y geopolítica en América Latina rivaliza con China por el poder mundial y está en evidente declinación. 

El mundo ha cambiado enormemente y no es lo mismo para una superpotencia del pasado, mirar a todos desde arriba con poder efectivo para hacer su voluntad y otro escenario como el actual, sobreactuar para demostrar que algo debe hacer aunque el resultado sea mínimo.

Eso sí, analizando el rol de los vencidos, Maduro tal vez haya podido hacer lo que no lograron los nazis: pactar con EEUU, tras resignar el poder de Miraflores, algo similar a lo hecho por Al Assad en Siria hace un año.

«UNA BATALLA TRAS OTRA»

Desde mi punto de vista, la película del año que termina, aunque no si será candidata al Oscar, son muchas las sorpresas que nos depara el Hollywood de los últimos tiempos. Como los Estados Unidos recientes, incluyendo Trump y demás.

1. Precisamente, ése es el contexto del film, aunque parecía ser el tema. Un país desgarrado entre una elite aislada y un pueblo latente en llamas, con enfermos blancos supremacistas en minoría pero poderosos y una inmigración latina que ya ha penetrado hasta el corazón mismo de la superpotencia en evidente declive. Cuándo terminará de explotar eso? No lo sé, pero sí sé que la película no versa sobre eso.

2. El director Paul Thomas Anderson -el mismo de «Petróleo sangriento» -2007-, «Embriagado de amor» -2000- y «Magnolia»-1999-, entre otras, quiso sí, llamarnos la atención sobre el amor. De un padre no biológico -Bob, un revolucionario fracasado- a su hija, Willa, cuya madre la abandonara desde niña, por puro egoísmo.

3. Actoralmente, todo mi premio para Sean Penn, que seguro, piensa y vive en las antípodas del personaje que le tocó representar pero lo hizo de modo brillante. Leonardo Di Caprio un escalón más abajo y notables también Benicio del Toro y la revelación de Chase Infiniti.

4. La peli es una mezcla de «Kill Bill», «Fuego contra fuego» con cualquiera de las últimas de Clint Eastwood, combinando acción, drama y comedia intergeneracional. Nada más alejado que una trama política revolucionaria. Pero sí apropiada para estos tiempos demenciales, donde dentro de tanto desquicio, hay lugar para la virtud.

Super recomendable.

DE SOLEDADES AQUI Y ALLA

Uno puede afrontar una desgracia en soledad, en una isla, a lo Robinson Crusoe, al menos hasta que llegó «Viernes» a su vida. Otro puede hacerlo alternando en una isla con el mar adentro, como el rol de Tom Hanks en la película «Náufrago» hace 25 años atrás. Hasta en un aeropuerto moderno, salvando las distancias con los ejemplos anteriores, como el mismo Hanks en «La terminal» (2004). Casos reales o no, no era común hasta «Jungle» -«Jungla», la película de Daniel Radcliffe y Thomas Kretschmann, que se pudiera abordar en el cine, la historia de alguien, en este caso, el joven israelí Yossi Ghinsberg, quien se perdiera y sobreviviera a duras penas en la selva amazónica boliviana durante tres semanas, al borde de su muerte.

La experiencia, que me hizo recordar mi propia vivencia tras ese espectacular viaje que hiciera al Amazonas brasileño hace ya algunos años, no fue sólo físicamente analizable. Creo que la película, con una excelente fotografía, también es muy descriptiva acerca del drama humano que conlleva estar al borde de perder la vida. La misma posibilidad de reencuentro de amor-odio con la naturaleza en su estado más puro o virgen, la autorreflexión sobre la vida humana de la propia persona jugada en su destino por aquellas horas aciagas, la referencia necesaria e indispensable a un Ser Superior, etc., son planteos o dilemas que los guionistas simbolizan de manera adecuada.

Cualquiera sea la respuesta que encuentre cada uno a ese tipo de vivencias en absoluta soledad si las tuviera, más allá del desafío de la aventura extrema, con todos los inconvenientes y peligros que conlleva, sugiero experimentarlas porque constituyen modos de fortalecimiento personal que no solemos hallar en la vida urbana. De paso, son instancias que el propio Dios, creamos o no, nos coloca para ponernos realmente a prueba y poder apreciarlo en toda su grandeza.

He aquí el trailer de la película descrita:

ALTERIO Y LA CULTURA

El viernes pasado, nos dejó físicamente el gran actor argentino Héctor Alterio a los 96 años de edad.

Es imposible no recordarlo por sus grandes actuaciones en diferentes e importante películas, premiadas o no, a nivel internacional, tuvo un hijo -también muy buen actor-, criado en España, ha dejado excelentemente parada a la Argentina en todos los escenarios a nivel global, pero lo que pocos conocen, es un homenaje que Alterio le hizo a la CULTURA en Madrid, que aquí les dejo.

En estos tiempos de ataque sistemático de la extrema derecha global a la cultura, máxima expresión de la libertad personal y colectiva, en todo sentido, vale la pena reproducirlo.

Cabe recordar también que el filósofo y epistemiólogo liberal -no libertario- austríaco Karl Popper, hablaba en sus últimos anos de vida intelectual, de la Teoría de los Tres Mundos, una tríada de realidades totalmente interconectadas. El Mundo 1, totalmente físico, el Mundo 2 que es mental y subjetivo y el crucial Mundo 3, que es el cultural, objetivo, de conocimiento, teorías, problemas, arte, que emergen del 2 y que es vital para el progreso humano.

Lo es porque permite la evolución del conocimiento científico y la creación de sociedades abiertas, siendo un concepto clave para entender el desarrollo cultural y científico a través de la crítica y la creación de problemas.

«BASTARDEN»

Como ya saben, soy un gran admirador del multipremiado actor danés Mads Mikkelsen, no sólo por sus condiciones artísticas sino sobre todo, porque elige muy buenos guiones. En el fatídico 2023, me perdí una de sus últimas películas, que ahora recién veo, «El bastardo», o también conocida por estas tierras, como «La Tierra Prometida».

Otra vez, para demostrar que los límites temporales entre feudalismo y capitalismo son relativos aún en Dinamarca, no sólo en Asia, Africa o Rusia, un ex militar e hijo de terrateniente, como Ludwig Kahlen, personificado por Mikkelsen, se embarca en una ambiciosa, desafiante pero hasta caprichosa aventura en aras de recuperar honor y status social, de colonizar en los páramos áridos de la lejana Península de Jutlandia. Creyendo que son tierras que pertenecen al Rey danés, ignora que en realidad su dueño es un tal Frederik De Schinkel, otro señor feudal déspota y más caprichoso que él.

Toda la película describe lo azarosa y fatalmente costosa que le implica desarrollar tal aventura, donde todo, incluyendo amoríos y compasiones se desmadran, aún con la presencia divina, invocada de modo recurrente y mediada por el cura Anton, tras lo cual, podemos darle la razón al malvado De Schinkel, cuando dijo «nada en esta vida tiene tu control por lo que disfrutala apenas compruebes lo insignificante que es».

Para quitarle el pérfido tono, sólo agregaría «ante los ojos de Dios que nos creó». 

HAY UN LUGAR

Hay un lugar donde……………………….

– los inviernos son interminables

– las rencillas se resuelven a los golpes, sin necesidad de psicólogos o pastillas

– los chicos juegan super abrigados en campos congelados por el hielo

– los padres trabajan en fábricas metalúrgicas o químicas y se les paga con bonos

– tal vez sea más fácil ser humanamente fuerte -no queda otra- que amar

– los adultos varones se embriagan con vodka por las noches para apaciguar las penas de una vida muy difícil

Tan difícil que excepto el colegio, donde tienen todas las enseñanzas disponibles pero también todas las exigencias o los boliches, donde pueden bailar con las chicas, las barras o pandillas del vecindario pueden hacerte bullying en las escaleras del edificio donde vives y pueden arrastrarte a la muerte, si no sabes defenderte.

Esa es la historia de Denis, un joven asesinado en este contexto, y el duelo de sus padres, cada uno a su manera, tal vez desconociendo el interior del muchacho.

En los Montes Urales, Rusia. Ese era el lugar.

La historia pueden verla en una película del año pasado, «Invierno interminable», dirigida por Nikolay Larionov, el mismo de «T34». Aquí tienen el trailer.

REY DE REYES

Cada Semana Santa, permanece mi recuerdo de mis minivacaciones en la década del setenta en Santa Fe, junto a mis abuelos. La asistencia a la procesión del Vía Crucis cada Viernes Santo como hoy, pero además las imágenes televisivas en blanco y negro, del lavatorio de pies del Papa de aquel entonces, Paulo VI, el Jueves Santo. Socializado en la educación católica, no podía ser de otro modo. Tal semana de reverencia, solemnidad pero también recogimiento, habituado a escuchar música sacra en radio dada la muerte de Jesús en la Cruz, había empezado con el Domingo de Ramos, simbolizando la entrada «triunfal» de Jesús en Jerusalén, mientras los feligreses le arrojaban ramos de olivo a su paso. Claro, este «Rey» en el que los judíos aún no creen, ingresaba allí montado en un burro y no en un brioso caballo, como podía hacerlo un Emperador o general romanos.

No cabe duda de que esas primeras sensaciones de un cristianismo vívido e histórico, más allá de la novedad de Navidad y Día de Reyes, que están asociados a la alegría de un nacimiento, algo que experimentaría, cuando tuve a Verónica Eugenia (mi primera hija), no pueden dejar de estar asociadas sino al cine, una película llamada «Rey de Reyes» (1961). Creo que más allá de la genial representación de su actor principal, el malogrado joven Jeffrey Hunter, ese film recoge genuinamente la figura del Nazareno, incluso mejor que las versiones posteriores de «Jesús de Nazareth» (1977) y, «La Pasión de Cristo» (2004), cruda y demasiado sanguinaria -para mi gusto-, dirigidas por el italiano Franco Zeffirelli y el australiano Mel Gibson y protagonizadas por Robert Powell y Jim Caviezel, respectivamente.

Allí percibí por primera vez que un Rey puede serlo, aún sin corona, sin poder, sin ejércitos que los defiendan, pero sí con la palabra, con el carisma, con la fortaleza aunque también con la debilidad (humana), como quedó demostrado con las tentaciones en el desierto, antes de sufrir la traición de Judas Iscariote o el mismo viernes de la muerte en la cruz, previo a exhalar el último aliento. Esa humanidad -de ése Rey llamado Jesús-, capaz de sufrir y sobreponerse a todo, me ha motivado a lo largo de la vida, para, a su vez, motivar a otros/as a intentar lo mismo.

Afortunadamente, los cristianos del mundo hallamos consuelo, el día Domingo, de Pascuas de Resurrección. Es la oportunidad para entender en ésta vida, que luego de tocar fondo, siempre existe la posibilidad de otra redención.

«EL TRIANGULO DE LA TRISTEZA»

A pocas horas de la ceremonia de los Oscars, no tengo claro quién ganará la mayor estatuilla, es decir, a la mejor película. Pero habiendo visto ya algunas candidatas, me toca describir la penúltima que vi. «Triangle of Sadness» tiene una variedad de atributos que la hacen potencial ganadora. Hilarante, irónica, incluso con cierta carga dramática en su segunda parte, a la película dirigida por el sueco Ruben Östlund, no se la puede juzgar de no original. Mantiene una mirada crítica pero realista sobre la soledad pero sobre todo, la estupidez de la clase alta residual europea, donde no faltan los millonarios rusos (pre-febrero de 2022).

YA ES LEYENDA

El destino los unía. Maradona («D10s») se nos fue en noviembre de 2020 y Pelé («O Rei») a ellos (brasileños) se les fue ayer. Tuvieron sus momentos de amor y odio durante sus vidas pero creo que terminaron en paz. Sus caminos fueron diferentes, sus comparaciones inútiles pero ambos permitieron engrandecer al fútbol, además de difundirlo a nivel global, en una era de telecomunicaciones que recién despuntaba.

Yo por ejemplo, gracias a la televisión (en blanco y negro) tuve mi primera imagen de Pelé, mirando, muy pequeño, el fabuloso Mundial de México en 1970. Menuda sorpresa posterior tuve cuando mi padre me comentó de la hazaña de mi Colón ganándole 6 años antes al invencible Santos FC de Pelé, uno de los pocos que perdiera en suelo argentino durante la década del sesenta.

Fines de los 70 me mostrarían el ocaso de Pelé en el Cosmos de NYC, promoviendo el fútbol (soccer) norteamericano entre 1975 y 1977, precisamente en el país que compartirá sede con México en 2026 pero al mismo tiempo, vería el nacimiento de la «era Maradona».

Se nos fue Pelé -habiendo ganado 3 Mundiales pero sin jugar nunca en Europa-. Se nos fue, como se nos han ido muchos (demasiados) íconos este 2022 que fenece. Su figura excede el deporte porque incursionó hasta en el cine, junto a Sylvester Stallone y Michael Caine, entre otros. No sólo Brasil estará triste. Nace su Leyenda.

Escenas de «Escape a la Victoria» donde Pelé enfrentó a un equipo de los nazis

A LA CONQUISTA DE SIBERIA

Es cierto, como suele afirmar mi amigo Mariano Caucino, que los rusos no tuvieron la misma evolución histórica que «Occidente» y eso ya los diferencia notoriamente de anglosajones y europeos continentales, algo poco comprendido hoy en Bruselas, Berlín y París. Al atravesar una larga Edad Media, hasta desembocar en la modernidad, sólo de la mano, paradójicamente, de la Revolución Bolchevique -recién a inicios del siglo XX-, los rusos se perdieron procesos de la envergadura, nada más ni nada menos, que como el humanismo postmedieval, la Imprenta, la Reforma Protestante, el capitalismo y la Revolución Industrial. Todo ello en términos comparativos con Europa, pero qué puede decirse de otros pueblos que no son europeos pero que sí son vecinos históricamente bastante hostiles para los rusos? Me refiero específicamente a los asiáticos, como los turcos, los mongoles, los tártaros y por qué no, los chinos. Tanto en la historia de la Rusia zarista como en la soviética y también en la actual, postsoviética, todos ellos están coexistiendo, formando parte de Rusia o siendo vecinos y hasta socios de Rusia. Para ellos, que estaban más atrasados que Rusia aún, ésta era en sí misma, un tipo de «modernidad» a la que había que desalojar de sus territorios.

Parte de esa historia es reflejada por la película «La conquista de Siberia», film ruso estrenado en 2019, antes de la pandemia de Covid-19. Hay muchísima filmografía referida a la «Conquista del Oeste», en el archirrival de Rusia, que son los Estados Unidos, de hecho Hollywood se ha dedicado fehacientemente a «construir» toda una épica individualista de los pioneros (civiles), incluyendo los ambiciosos buscadores de  pepitas de oro pero acerca de Rusia, si bien hay algunas novelas dedicadas a la ocupación rusa de la Siberia (o «Lejano Este» o en ruso, «Сибирь«), no existe mucho «relato» cinemtaográfico. Por ello, me satisfizo ver aquélla película rescatando la decisión zarista de Pedro El Grande de enviar un ejército leal a ocupar aquellas tierras en 1708, más allá de la circunstancia coyuntural de un gobernador que pretende manipularlo, un ex oficial sueco prisionero y resentido por la derrota en la Gran Guerra del Norte (1700-1721) y una historia de amor que no podía faltar en el guión ruso.

La película nos obliga a indagar acerca de Tobolsk, el primer y único gran kremlin que tenía Siberia allá por inicios del siglo XVIII, pero sobre todo, a pensar el tipo de colonización que hizo Rusia en aquella vasta región del mundo, inhóspita, donde prevalece la estepa, un clima tremendo con temperaturas frías máximas aunque también cálidas y bellísimos paisajes. Los rusos ocuparon aquellos territorios lejanos, nada europeos, llevando prisioneros de sus guerras, como los propios suecos, la herocidad y fe ortodoxa de sus hombres y mucho amor a la «Madre Rusia», luchando incluso contra la venalidad y corrupción de sus gobernadores locales. A diferencia del caso norteamericano, no era fácil extender la burocracia central a lugares tan extensos, tan enormes y rodeados de enemigos.

Ojalá esta historia entusiasme a los interesados en la Rusia monárquica y Siberia sea más conocida que por su famoso Tren Transiberiano que atrae a tantos turistas año a año o por las matanzas de Stalin y la ex URSS. De paso, se van deconstruyendo mitos, como la tendencia natural occidentalista de rotular a los rusos como «salvajes» o de considerar a tan lejanas tierras, como verdaderos «infiernos». La película citada revela cómo los rusos buscaron «integrar» siempre incluso a las tribus más hostiles y la defensa de las fronteras más alejadas como si fueran los hogares propios. Es que buena parte de la historia rusa, mal que le pese a muchos occidentales que no la quieren comprender, se escribe con gloria y fe cristiana, más que con ambición.