CHURCHILL: EL LIDER HACE LA DIFERENCIA

Mayo de 1940. El Primer Ministro británico Chamberlain, un pacifista e idealista a ultranza, dimite, aquejado de cáncer pero sobre todo, exhausto al no poder frenar el avance veloz, sorpresivo y devastador de las tropas alemanas de Hitler por el norte y centro de Europa. Habiendo caído Bélgica y Holanda, con una Francia casi al borde de su rendición y, con Berlín preparando un inminente ataque al archipiélago, a los británicos, desde el Rey, pasando por la mitad del Partido Conservador, al que pertenecía Chamberlain, les seducía la idea de una vez más, como buenos isleños, jugar mezquinamente y hacer la paz con Alemania, vía la mediación italiana, salvando su pequeño territorio sin importarle el destino del continente a merced de los nazis. El destino quiso que el hombre destinado a evitarlo fuera un tal Winston Leonard Spencer Churchill. Hijo de un político aristócrata -descendiente de los duques de Marlborough-, Churchill, quien había peleado contra los bóers en Sudáfrica y los alemanes en la I Guerra Mundial y había traicionado a liberales y conservadores por igual, fue ungido a regañadientes por su propio Partido, a partir de las dudas del cuarto hijo del Vizconde de Halifax y del propio Rey Jorge VI, que tampoco le perdonaba haber desaprobado la abdicación de su hermano Eduardo VIII para casarse con la plebeya americana Wallis Simpson en 1936.

Nadie confiaba en Churchill. Era un alcohólico empedernido, desayunaba y se iba a dormir con whisky, almorzaba y cenaba con champagne y fumaba tantos habanos que su fiel y suave esposa apenas soportaba financiar sus cuantiosas deudas causadas por los vicios. Todos dudaban de su sano juicio y temían por las consecuencias funestas de sus actos. Con alguna razonabilidad, porque había tomado decisiones insensatas en más de una ocasión cuando tuvo responsabilidades políticas en el pasado, particularmente, como Primer Lord del Almirantazgo, en el desastre de Gallípoli a manos de las fuerzas turcas en 1915. Indómito, irascible, hasta inicialmente maltratador de sus cercanos, sin el don de la templanza, Churchill reconocía la herencia de un padre abandónico (Lord Randolph Churchill) y una madre glamorosa y “demasiado amada”: había sido un niño criado en internados escolares elitistas donde ya se destacaba por ser díscolo e independiente. Pero claro, en una situación así, como la que vivía Inglaterra ante el acoso de Hitler, sólo alguien con tales rasgos de personalidad, ya sea, un loco, un insensato o un audaz, era capaz de tomar el poder y enfrentar al maniático germánico: Churchill reunía los tres “atributos”. Había cumplido con su sueño de toda la vida: ser Primer Ministro. Tal vez, tarde, a una edad no prevista, en el momento más oscuro de la historia de su nación, al borde de la capitulación, aunque no estaba dispuesto a desaprovechar la ocasión.

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DUNKERQUE: UN FILM BELICO ORIGINAL

Hay incontable número de películas y series de guerra a lo largo y ancho de la historia del cine. Las más recientes que recuerdo, como “Pelotón” en los ochenta, “La delgada línea roja” y “Rescatando al soldado Ryan” en los noventa y, “Pearl Harbour” en los dos mil, para no mencionar aquellas acerca de las guerras del Golfo, Irak o Afganistán, ya empezaban a contener guiones no sólo épicos sino humanísticos, que tenían relación con la resistencia anímica al conflicto y la muerte, la supervivencia, el noble sentimiento de salvar aún al desconocido y hasta romances generados a la sombra del enfrentamiento. Esas historias parecen enteramente condensarse en el reciente film de Christopher Nolan, que se contextualiza en el drama del rescate de casi 33o.000 soldados aliados (200.000 británicos y 100.000 franceses y belgas), en las playas de Dunkerque en Normandía en plena invasión alemán nazi a Francia, en plena II Guerra Mundial, entre fines de mayo y principios de junio de 1940.

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FELIZ CUMPLEAÑOS 82 AL METRO DE MOSCU

Es también conocido como el nombre de “Palacio subterráneo”: fue inaugurado el 15 de mayo de 1935, es el primero del mundo por densidad de pasajeros, transportó hasta el año 2011, a 2.400 millones de pasajeros y el día pico fue el 22 de noviembre de 2011 en el cual transportó a más de 9 millones de personas. Tiene 196 estaciones y una longitud de tendido subterráneo de 339 kilómetros con 12 líneas: es el tercero en el mundo detrás de Londres y Nueva York. Para el año 2020, se prevé la construcción de 78 nuevas estaciones, lo que aumentará la extensión del suburbano en más de 160 kilómetros.

Algo muy relevante, sobre todo, cuando se critica la ineficiencia o la baja disciplina laboral rusas, es que la frecuencia de los vagones es de cada treinta segundos, aún en horas pico, lo cual, a un costo de medio euro -para recorrrer el trayecto total-, es inigualable comparándolo con el subte de cualquier capital europea.

Más allá de estas cifras, el Metro de Moscú o Московский метрополитен (en ruso), un mix especial de historia, arte y misterio, como todo bien público ruso, presenta varias singularidades.

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FRANCIS FUKUYAMA Y SU NUEVO MENSAJE, DESDE TAIWAN

La muerte del orden internacional tal cual lo conocemos? El siempre polémico -y para mí, original- Francis Fukuyama, de descendencia japonesa pero ciudadano norteamericano, brindó una reciente conferencia en Taipei, la capital de Taiwan, el pequeño país que la principal socia norteamericana, China reivindica para sí, desde hace décadas, en ocasión de la guerra entre el Kuominterm de Mao-Zedong y el Kuomintang de Chiang-Kai-Shek. La relevancia de esta conferencia radica en el abordaje de un tema crucial en estos tiempos. En efecto, el pensador neohegeliano, que creía de manera optimista y hasta ingenua, en “el fin de la historia” y que predijo y ratificó el triunfo del capitalismo y la democracia a nivel global, en 1988, por encima del sistema de planificación centralizada y el régimen totalitario de partido único, ahora pareciera volver sobre sus pasos. Hoy, Fukuyama se muestra preocupado por eventos como el “Brexit” y el ascenso electoral de los partidos de extrema derecha y/o populistas y/o nacionalistas que pueden alterar sustancialmente el orden liberal tal cual lo conocemos desde el fin de la II Guerra Mundial.

Subraya Fukuyama que dicho orden liberal se empezó a construir en 1948, con la creación de la ONU y la difusión del sistema económico capitalista, al menos en la mitad del orbe, bajo la hegemonía de Estados Unidos y sus aliados en la segunda conflagración mundial. Más allá de la primera crisis del petróleo en los setenta, ese orden permitió el ascenso de otras potencias económicas, precisamente, dos de las cuales, fueron derrotadas en aquella guerra, como Japón y Alemania, que pudieron aprovechar su momento de recuperación, en algo así como “free-riders” de dicho sistema. Paralelamente, se advertía la declinación relativa de la propia Estados Unidos: como potencia que cubría la mitad del PBI mundial en 1945, descendió 20 puntos en los años setenta. La creación de la Comunidad Económica Europea y el poder de la OPEP eran síntomas de un mundo en cambio pero al mismo tiempo, más interdependiente y cooperativo, más allá del antagonismo de la Guerra Fría.

Sin embargo, en los años ochenta, las políticas de Ronald Reagan y Margaret Thatcher alteraron para siempre el paisaje macroeconómico estructural de los países desarrollados. Con la globalización, dos generaciones más tarde, empezaron a verse los impactos sociales de dichas políticas. Vastos sectores industriales quedaron rezagados, con altas tasas de desempleo, despoblando o languideciendo regiones enteras, mientras otros sectores de la “nueva economía”, como la informática y las finanzas, se expandieron exponencialmente. agudizando este fenomenal cambio estructural. Países otrora pobres y ahora emergentes, como China e India se beneficiaron enormemente con este proceso, recibiendo enormes flujos de inversiones y expandiendo el comercio mundial, con sus producciones e intercambios. De hecho, este orden liberal lo es mucho más que en los años setenta o en los noventa, por el flujo comunicacional y financiero, pero el problema, advirte Fukuyama, es que parece haberse ralentizado y hasta es desafiado por fuerzas opuestas.

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