DE SOLEDADES AQUI Y ALLA

Uno puede afrontar una desgracia en soledad, en una isla, a lo Robinson Crusoe, al menos hasta que llegó «Viernes» a su vida. Otro puede hacerlo alternando en una isla con el mar adentro, como el rol de Tom Hanks en la película «Náufrago» hace 25 años atrás. Hasta en un aeropuerto moderno, salvando las distancias con los ejemplos anteriores, como el mismo Hanks en «La terminal» (2004). Casos reales o no, no era común hasta «Jungle» -«Jungla», la película de Daniel Radcliffe y Thomas Kretschmann, que se pudiera abordar en el cine, la historia de alguien, en este caso, el joven israelí Yossi Ghinsberg, quien se perdiera y sobreviviera a duras penas en la selva amazónica boliviana durante tres semanas, al borde de su muerte.

La experiencia, que me hizo recordar mi propia vivencia tras ese espectacular viaje que hiciera al Amazonas brasileño hace ya algunos años, no fue sólo físicamente analizable. Creo que la película, con una excelente fotografía, también es muy descriptiva acerca del drama humano que conlleva estar al borde de perder la vida. La misma posibilidad de reencuentro de amor-odio con la naturaleza en su estado más puro o virgen, la autorreflexión sobre la vida humana de la propia persona jugada en su destino por aquellas horas aciagas, la referencia necesaria e indispensable a un Ser Superior, etc., son planteos o dilemas que los guionistas simbolizan de manera adecuada.

Cualquiera sea la respuesta que encuentre cada uno a ese tipo de vivencias en absoluta soledad si las tuviera, más allá del desafío de la aventura extrema, con todos los inconvenientes y peligros que conlleva, sugiero experimentarlas porque constituyen modos de fortalecimiento personal que no solemos hallar en la vida urbana. De paso, son instancias que el propio Dios, creamos o no, nos coloca para ponernos realmente a prueba y poder apreciarlo en toda su grandeza.

He aquí el trailer de la película descrita:

«GREYHOUND»

La Batalla del Atlántico es más conocida por los combates aéreos entre la Lutwaffe alemana y la Royal Air Force pero es bastante ignorada la guerra que se libró entre barcos aliados y submarinos alemanes, sobre todo, en ocasión de la protección de aquéllos, brindada a los convoyes de la Marina Mercante. Unos 3.500 navios fueron hundidos provocando la muerte de 72.200 almas en el Mar del Norte en esa oscura etapa de la II Guerra Mundial.

«Greyhound: en la mira del enemigo», la película estrenada este año, producida y protagonizada por Tom Hanks, tiene el mérito de reflejar aquellos días en el mar. La historia se centra en el capitán del Greyhound, un navío americano que deberá proteger un convoy, del ataque de los U-Boat germanos. Seis de ellos atacarán por las noches, a los barcos ingleses provocando las dudas del capitán primerizo en esas lides aunque luego, con la promesa de cobertura aérea, logrará revertir el resultado, hundiendo a cuatro. El orgullo de la tarea encomendada y la satisfacción de haberlo hecho con honor y magnanimidad, son virtudes relevantes para un hombre religioso, como el líder protagonizado por Hanks.

Sugiero ver la película por su carga humana y su aguda descripción de hechos verdaderos en alta mar en aquellos aciagos días de 1942, para entender el heroísmo en silencio de aquellas generaciones que lo daban todo por su patria, pero sobre todo, por su deber.

NO FUE EL ULTIMO VERANO EN PARIS

Advertidos de la hermosa pero lacrimógena canción de ABBA, «Our last summer» donde una amante lamentaba el último verano en París, con un tal Harry, a posteriori casado, un burgués padre de familia y fanático del fútbol, recorrimos París sin desayunar ni comer croissants en cada bar aunque sí caminando al borde del Río Sena, pero sobre todo, con el proyecto de volver a visitarla. Porque la vida no es una cuestión de stock (disfrutar una sóla vez y no hacerlo más) sino de flujo (más y más placer).

Con dicha convicción, conocimos la Torre Eiffel y sus alrededores, incluso el Jardín de las Tullerías y el emblemático Museo del Louvre. En cada momento, fui imaginando la fastuosidad con la que vivía la monarquía antes de 1789.

El lujo y las Ferrari están también presentes cerca de la Torre.

En las fuentes de enfrente de la Torre, con mayoría de inmigrantes en una jornada de muchísimo calor de agosto.

De ahí en más el largo pero refrescante camino a las Tullerías y al Louvre.

Hacemos un alto en el camino para mirar detenidamente el mausoleo urbano levantado con adornos florales dejados por sus admiradores anónimos, en honor a «Lady Di», la Princesa Diana de Inglaterra, quien falleciera en un trágico accidente en ese túnel de París a orillas del Río Sena, hace 22 años.

Más allá, el busto a los exploradores franceses del siglo XVII que descubrieron el Canadá: Champlain y Cartier.

Winston Churchill también tiene su estatua merecida en las cercanías.

Continuando con la caminata.

Termino mi artículo con dos menciones al cine y París.

Uno, la referencia a otro actor de Hollywood (Tom Hanks) que filmó también en el Museo del Louvre, junto a la actriz gala Audrey Tatou (Amélie -2001-) aunque preferentemente de noche, en la película Código da Vinci (2006). Aquí, se puede ver la escena final, con música de Hans Zimmer.

https://www.youtube.com/watch?v=KcfNpfaGejA

La segunda mención se refiere a un video futurista de 1985, del grupo británico Duran Duran, que habiendo compuesto la banda sonora del último James Bond que hiciera Roger Moore -«En la mira de los asesinos», en la propia Torre Eiffel, se atrevería a grabar un atentado con una videocámara simulando un dron actual. Para ratificar una vez más, la visión y creatividad artística que abundaba en esa época, un lustro y medio antes del final de la Guerra Fría.

https://www.youtube.com/watch?v=skLWuiEkVvk