DE SOLEDADES AQUI Y ALLA

Uno puede afrontar una desgracia en soledad, en una isla, a lo Robinson Crusoe, al menos hasta que llegó «Viernes» a su vida. Otro puede hacerlo alternando en una isla con el mar adentro, como el rol de Tom Hanks en la película «Náufrago» hace 25 años atrás. Hasta en un aeropuerto moderno, salvando las distancias con los ejemplos anteriores, como el mismo Hanks en «La terminal» (2004). Casos reales o no, no era común hasta «Jungle» -«Jungla», la película de Daniel Radcliffe y Thomas Kretschmann, que se pudiera abordar en el cine, la historia de alguien, en este caso, el joven israelí Yossi Ghinsberg, quien se perdiera y sobreviviera a duras penas en la selva amazónica boliviana durante tres semanas, al borde de su muerte.

La experiencia, que me hizo recordar mi propia vivencia tras ese espectacular viaje que hiciera al Amazonas brasileño hace ya algunos años, no fue sólo físicamente analizable. Creo que la película, con una excelente fotografía, también es muy descriptiva acerca del drama humano que conlleva estar al borde de perder la vida. La misma posibilidad de reencuentro de amor-odio con la naturaleza en su estado más puro o virgen, la autorreflexión sobre la vida humana de la propia persona jugada en su destino por aquellas horas aciagas, la referencia necesaria e indispensable a un Ser Superior, etc., son planteos o dilemas que los guionistas simbolizan de manera adecuada.

Cualquiera sea la respuesta que encuentre cada uno a ese tipo de vivencias en absoluta soledad si las tuviera, más allá del desafío de la aventura extrema, con todos los inconvenientes y peligros que conlleva, sugiero experimentarlas porque constituyen modos de fortalecimiento personal que no solemos hallar en la vida urbana. De paso, son instancias que el propio Dios, creamos o no, nos coloca para ponernos realmente a prueba y poder apreciarlo en toda su grandeza.

He aquí el trailer de la película descrita:

HACIA EL NORTE DE BRASIL (III)

Sigo con esta suerte de diario privado de viaje, sobre el norte de Brasil, en retrospectiva sobre el verano de 2018.

Tras tres noches en Recife, gastando 333 reales, unos 70 reales en combustible y unos 150 reales en comida, siempre para nuestra pareja, partimos el domingo 7 de enero, al mediodía, hacia más al norte.

Pasamos al costado de Joao Pessoa (a 104 km. de Recife) y Natal (a 330 km. de la capital pernambucana), otras dos grandes ciudades emblemáticas de la costa nordestina, para arribar a Fortaleza, el lunes 8 por la mañana, nuevamente tras pernoctar en el largo camino.

En este tramo, que sería el más largo al interior de Brasil, ya que se trataba de casi 800 km., gastamos unos 210 reales en nafta y cerca de 120 reales en comida. Aunque más allá de las erogaciones, debe tenerse en cuenta el esfuerzo puesto en arribar a destino, con el sol de frente, la creciente humedad, las mañanas donde se siente el sopor, por las noches mal dormidas en el auto, etc. etc. Esto lo expreso sobre todo para disipar las fantasías que se hacen muchos cuando ven estos viajes, con el ser amado, creyendo que son verdaderas «lunas de miel». Obvio que hay placer y que es un gran gusto compartir tales aventuras con «el amor de nuestra vida», pero no todas son «color de rosa».

Cuatro noches estaríamos en Fortaleza, gastando un total de 540 reales en alojamiento, 200 reales en comida y unos 150 reales en nafta. Dicha ciudad es la capital del Estado de Ceará, tiene 2,6 millones de habitantes, es la quinta ciudad más grande del país y es la séptima mayor paridad de poder adquisitivo del país. En su área metropilitana, incluye a algo más de 4 millones de personas.

Decidimos descansar allí como nunca antes excepto San Salvador de Bahía, Río Das Ostras y Rio de Janeiro, porque sabíamos que se venían días y hasta semanas de largo trajinar, si queríamos ir al Amazonas y cruzar hasta Venezuela. Ese era el plan original, por descabellado que pareciera, aunque no sabíamos que sufriría alteraciones, que a la postre, serían positivas.

Primera gran sorpresa al arribar a Fortaleza, fue avistar sus grandes hélices eólicas, ubicadas cerca de su gran puerto.

Respecto a la playa, fue el único lugar desde Rio de Janeiro hasta allí (unos 2.600 km.), que nos costaron días seminublados, a pesar de que nunca sufrimos lluvias en todo el largo camino. Aquí les dejo algunas imágenes, incluso personales.

Había un supuesto «árabe» también por allí. Un tanto excedido de peso, habría que reconocerlo.

Aquí algunas pocas fotos de la ciudad y su costanera, más allá de que nos gustó, no la notamos muy diferente de Recife. Aunque también deba decirse que Fortaleza tiene 34 km. de playas y es la ciudad más cercana a Europa (concretamente, Lisboa la capital de Portugal), a 5.608 km. de distancia pura. El Viejo Mundo tiene una connotación especial para Fortaleza, porque hasta su nombre se debe a europeos. En efecto, fueron los nederlandeses quienes construyeron un Fuerte allí entre 1649 y 1654, cuando exploraban sus costas.

Nos despedimos con esta imagen mía en Praia Do Futuro, el balneario más reconocido de Fortaleza.

El video preparado por Ekaterina Z. en su página personal de You Tube:

Nos quedaba por delante, el último destino brasileño «civilizado», antes del Amazonas: Belem do Pará.