QUE NOS PASO? O NOS HICIERON PASAR?

Me marcó para siempre el extraordinario libro «Qué nos pasa a los argentinos?» escrito en 1984, publicado por el gran sociólogo Manuel Mora y Araujo, sobre la base de un no menos brillante artículo «El ciclo político argentino» presentado en un Congreso en Brasil y difundido por la Revista Desarrollo Económico, del IDES, que congregara a una pléyade de economistas y sociólogos sin igual de los setenta y ochenta que se quedaron en el país después del nefasto «onganiato», Ambos textos, sobre todo, el primero, me brindaría una imagen equilibrada, lejos de pasiones absurdas pero también esquemas intelectuales demasiado simplistas acerca de por qué la Argentina, una verdadera promesa a nivel mundial, permanecía en el mismo lugar, a pesar de haber rozado «el paraíso».

Ahora bien, en el presente me falta encontrar un libro que describa por qué caímos tan bajo en las ultimas cuatro décadas, o sea, desde la lectura de aquellos textos hasta aquí. O, tal vez, en realidad, todo es cuestión de cómo se lo mire -y quién lo mire-

Porque aunque yo haya vivenciado como tal vez mis padres no lo hicieron, crisis de la envergadura de la del 2001 y sus consecuencias negativas- recuerdo mi horror al ver los primeros cartoneros en un viaje a Rosario en 2003 y el impacto al contrastar con la pujanza de la ciudad que nos permitió emigrar allí desde Santa Fe apenas 23 años antes-, probablemente se estaban escribiendo allí páginas de cierta continuidad con el pasado histórico que nunca debió ser idealizado ni por los Mora y Araujo ni ahora por Milei, sus aliados y muchos de sus votantes.

Quizás Argentina estuvo entre los primeros lugares del mundo por sus tasas de crecimiento a fines del siglo XIX pero lo hizo al compás de un mundo que también ascendía. Es posible que Yrigoyen y Perón no eran populistas ni demagogos sino estadíos en la trayectoria de un país con luces y sombras, pero en paz, donde se hacían caminos, políticas para los más pobres, había movilidad social ascendente, etc., mientras el mundo ardía dos veces en dos décadas. Si eso, envidiable por aquellos tiempos, por países de la Europa meridional,  era acompañado o no por índices de productividad laboral acordes, bueno, es cuestión de mediciones que no dejan de ser poco o nada neutrales. Si el liderazgo siempre necesario de las clases altas declinó al ritmo de un país que también fue castigado externamente como demostrara Carlos Escudé en su tesis doctoral escrita desde los Estados Unidos post desclasificación de documentos oficiales de la II Guerra, tampoco es de sorprender porque todos los liderazgos sociales sufren vaivenes, como resulta palpable ahora en la Europa de Postguerra Fría. En fin, hasta la inestabilidad política traducida en los sucesivos golpes militares podría ser explicada por la disfuncionalidad de un esquema capitalista periférico sui generis o, simplemente, como demuestra hoy el caso peruano, por la propia inercia cívico-militar, que luego, post 1983, sería «solucionada» al menos en ese aspecto -no en otros- de modo «satisfactorio».

Lo que queda por verse es si Argentina con el menemismo, el kirchnerismo y antikirchnerismo -o macri-mileismo reproduce todavía continuidades con aquel pasado o es tan disruptivo como parecía ser. Me da la impresión que todo sigue siendo una apariencia. Ni los K se atrevieron a hacer ni la cuarta parte que hiciera Fidel Castro y no sé si haría Myriam Bregman aquí, cuando realmente sí son necesarias tanto una buena reforma agraria como una impositiva -no regresiva- ni los de «la vereda de enfrente» con personajes nefastos y desleales como la ex montonera Bullrich, el ex «barrabrava» Ritondo y tantos otros, son verdaderos «republicanos». Tiendo a creer hoy, como nunca antes, sin ser conspiranoide, que ambos «relatos» han sido artificiales para encubrir operaciones de connacionales de ambos lados de la mal llamada «grieta» con intereses foráneos que les permitieron alternarse en el poder, manteniendo una elite privilegiada pero a la vez, intelectualmente mediocre, sentimentalmente egoísta y vergonzosamente antipatriótica.

Claro, a partir de la innecesaria crisis del campo en marzo de 2008, se desmadró todo y empezó otro ciclo que fue descendente siguiendo la lógica del fin de las commodities. Ese descenso, por ende, causado por responsables con nombre y apellido, no se soluciona con ajuste mágico y doloroso a lo Milei, conduciéndonos, no «al paraíso perdido» sino a «un infierno desconocido», sino con un cambio de paradigma que contenga lo mejor de nuestro pasado y nos entregue la esperanza de un futuro mucho mejor. 

Concluyo entonces que Argentina está siempre en el mismo lugar. En 1984, en 2008 y en 2026. Ello, lejos de implicar resignarse, permite soñar con UN CAMINO CONSENSUADO PERO SOLO CON QUIENES AMEN ESTA PATRIA, probablemente vía otra vez el peronismo, para acompañar a un mundo postoccidental que Mora y Araujo y Escudé entre otros, no vieron pero sí se permitían entrever. «Argentinos a las cosas», repetiría Ortega y Gasset desde 1939.

UNA DECENA DE TOPICOS PARA ANALIZAR UN TRIUNFO INESPERADO

………..de Milei en las legislativas de medio término el domingo pasado.

1. Triunfo sorpresivo y sorprendente. Por el impacto sobre los propios protagonistas que como máximo esperaban un empate técnico o una derrota honrosa, no más de 4 puntos de diferencia. Por la magnitud odada por la diferencia que finalmente «La Libertad Avanza» -LLA- sacó sobre el peronismo que todavía no puede reponerse anímicamente de la derrota, sobre todo, aquellos «propios» que lo votaron. Porque no dudo, como lo diré después, que algunos que se dicen propios, lo traicionaron.

2. Si la derrota del 7S en PBA fue «una bendición» como dice Milei, por su carácter aleccionador, este triunfo es mérito de la estrategia de su «triángulo de hierro», conformado por Karina Milei y Santiago Caputo. Diría a priori que no. En todo caso, el factor clave fue la promesa de rescate norteamericana -Trump, Bessent y compañía-. Quince días previos donde «el país se iba al demonio» y sólo aquellos tweets del Secretario del Tesoro de Washington con el corolario de la visita a la capital imperial y la ansiada foto, fueron decisivos para torcer el ánimo de los que no fueron el 7S y esta vez sí y los que pudiendo votar a la oposición no se animaron para no ser cómplices de la temida supuesta caída del gobierno. Unos y otros cayeron en la hábilmente urdida telaraña de Trump. Una más? La fortuna, importante en un «Príncipe», diría Maquiavelo, estuvo del lado de Milei.

3. Tiene las manos libres para tener una segunda etapa de su gobierno con todo el «viento de cola»? Aparentemente. Pero dependerá de cuan creíble sea Washington. Si lo fuera, con un dólar quieto, esto se parece a «la paz de los cementerios» de 1995 a 1999 de Menem II. La macro lucirá reluciente, pero la micro quedará destrozada. la hegemonía está a la vuelta de la esquina, dadas las credenciales autocráticas de Milei.

5. La oposición. Milei jubiló a muchos políticos el domingo pasado. Alfonsín, Cachanosky, López Murphy, Carrió, hirió antes de nacer a novatos como Cúneo y Burlando y dejó apenas respirando a Lousteau. Acaba de disciplinar a una veintena de gobernadores en la Rosada excluyendo a Kicillof y alguno más. La justicia toma nota y en materia de medios, hasta C5N parece socialdemócrata domesticada, excepto Sylvestre, Rial, Borroni. La oposición  principal corre serios riesgos de autofagocitarse su la interna del peronismo entre CFK y Axel recrudece.

7. Mariano Grondona siempre recordaba que cuando vino «el aluvión zoológico del peronismo» en 1946, muchos de sus amigos aristócratas, dijeron en masa: «yo me voy a la estancia». Tal vez, hoy, personalmente,  haya que refugiarse en el interior del interior y esperar a que aclare o que el enemigo, como decía Napoleón empiece a cometer errores no forzados. La periferia sirve como nunca en estos momentos. Para recapacitar, para enfriar impulsos, para pensar con lucidez el mañana. Este, el tecnofeudalismo trumpista, con «títeres» como Milei o Zelensky,  es un enemigo poderoso por muchas razones. No se le podrá derrotar con las armas electorales convencionales.

8. El federalismo argentino estaba agonizando y hoy está muerto. Entre el armado de la fracasada «Provincias Unidas» y la cobardía de los gobernadores excepto Kicillof y algunos otros, la posibilidad de que surja un líder del interior enfrente todo lo que representa Milei, es una en un millón. Por el contrario, hay fuertes incentivos para ser obsecuentes del poder señorial. Lo grave de todo esto es que, en caso que el gobierno se cierre y se convierta en un poder cada vez más hegemónico y autoritario, generalmente, las oposiciones más serias, sobre todo, en países «federales»» como Argentina, se empiezan a construir desde la periferia o el interior del interior. Si no hay enfrente de Milei, salvando distancias de todo tipo, «un Urquiza», con «cojones» que genuinamente se levante o rebele, habrá LLA para rato.

9. Está claro que el peronismo debe poner las barbas en remojo. No fue suficiente la unidad y es inútil discutir obre lo procedimental como el desdoblamiento de las elecciones bonaerenses. Hay razones de fondo para entender por qué se pierde, del lado de enfrente -a eso me dedico en el punto 10- pero también endógenas, del propio movimiento. Una cuestión pendiente es el liderazgo de CFK. Desde 2011 no ganó más cuando estuvo en juego su nombre, es decir, hace rato, que su liderazgo ha perdido legitimidad popular. Dos, es muy egoísta y se le nota demasiado, le interesa más preservar su «Pyme política-familiar» que el partido en sí mismo. Tres, no tiene la suficiente visión para advertir que es su propio ahijado político, Axel Kicillof quien necesita de autonomía y vuelo propio, porque es él quien encabeza las encuestas del espacio pero además cuenta con las credenciales de personalidad, vocación y amplitud como para encarar la patriada de dentro de un bienio. Si esto no se dirime de manera civilizada y armónica, la desunión conducirá al peronismo a una derrota segura y tal vez, hasta irreversible en términos de destino político. Algo parecido al PRI mexicano.

10. Ahora sí, darnos la idea de lo poderoso que es el entramado que está detrás de Milei, sea éste su títere, al estilo de Zelensky en Ucrania o, su ariete frontal. Más allá de los intereses históricos angloamericanos sumados a los israelíes de Netanyahu y Jabad, a los que ya nos hemos dedicado, está claro que el momento actual de reinado del tecnofeudalismo a nivel global, coloca a la oposición a dilemas inéditos. No es fácil combatir a un conglomerado de voluntades e intereses diversos sostenidos y fundamentados de una manera no democrática,  ni institucionalizada tradicional, con técnicas de manipulación de consumo de masas,  nunca vistas. Eso debe generar formas del otro lado que las combatan en los mismos  términos o hasta más novedosos. Sobre todo, siendo creativos y serios en función de un programa de gestión de gobierno y de proyecto de país, que supere con creces el mensaje simplista del «hay que frenar a Milei». 

No es imposible ganarles pero hay que despertarse y accionar.

NOTA PARA RBC EN IDIOMA RUSO

LA GRAN ESTAFA

El estafado, siempre actuando de buena fe, pasa por diferentes estadíos de ánimo, una vez que comprueba que ha sido engañado. Estupor, que se transforma al poco tiempo, en desagradable sorpresa, vergüenza, ira, bronca y tal vez, hasta sed de venganza, si no la procesa con cierto grado de frialdad. Esta última actitud debe estar tramando el «heredero» Mauricio Macri, uno de los tantos «padre de la criatura» pero claro, como es un jugador nato, lo sigue haciendo en el marco de sus tantas especulaciones y manoseos humanos, sin ninguna otra vocación que no sea, sentirse relevante y no jubilarse, aunque nunca haya trabajado.

Ya hemos dicho que el peronismo, en este contexto, parece ser la más saludable opción, aunque deberá esforzarse por arrepentirse de sus pecados -sobre todo, la vanidad- purificarse hacia adentro y entusiasmar a electores -viejos- además de los nuevos, los más jóvenes, que constituyen la mayoría del padrón. Sobre ellos, se construyó la estafa de Milei y es a ello a lo que refiero en el reportaje que me hiciera el gran periodista Pedro Guberman, preocupado ya hace días, por la disparada del dólar y las tasas, una vez que se verificara el breve reinado del «carry trade«, promovido por el «timbero» Ministro de Economía, «Toto» Caputo, otro hijo adoptivo de Macri, que tampoco jamás trabajó.

Si exploramos la maquinaria que ungió a Milei, podemos tal vez, descifrar como desactivar semejante explosivo.

1. Milei estaba disponible: un personaje siempre despreciado por la «academia» pero útil para ciertos factores de poder, aquellos que lo pensaron y apañaron aunque como buen desequilibrado, no parece serlo tanto y es posible -una vez más- que él los use y los haya usado a todos -y todes-, lo cual lo hace doblemente peligroso. Massa, Macri, Scioli, Eurnekian, los Netanyahu y Trump de la vida., todos pueden sentirse sus progenitores en diferentes etapas de la vida, pero quizás, él los opaque a todos ellos.

2. Karina Milei. la primera que supo sacar partido de su hermano. Este era y es, una «maquinita» de poder y dinero, justo lo que ella necesita para reivindicarse y «limpiar» de alguna alguna, la violencia de sus padres. Para KM, el poder político es manipulación pura. No en vano, ambos hermanos perfeccionan todo lo que los argentinos hemos vivido como «sub-çiudadanos» durante décadas. Saben bien por experiencia propia, lo que es «la casta», la que ellos mismos mamaron en el desquiciado seno familiar.

2. Los Menem en versión residual. El cine o las series preanuncian lo que viviremos. En Argentina, como hay cierta cuota de cobardía, incluso de los cineastas, a la realidad te la muestran después. No en vano, está de moda «Menem», el relato que se construye sobre la mente de millones de jóvenes que no vivieron esa etapa política del país. La familia Menem vuelve a encaramarse en los medios pero sobre todo, en el poder, de la mano de Karina. El antikirchnerismo recalcitrante de los Ruckauf, los Kohan, los Bó, pero sobre todo, el «larvado» de Scioli y Francos, siempre listos a ser «monjes»  o «satélites» del poder. Recuperar prestigio, el «altar en la historia», o simplemente, algo de dinero. Otro idioma no conocen porque son vulgares beduinos del desierto.

3. Los jóvenes postkirchneristas. Si el kirchnerismo pensaba que había «inventado la pólvora» con las dádivas y los discursos que fomentaron antagonismos laclaunianos tipo «grieta» exaltando al «feo, sucio y malo» a través de medios adictos como «678» para enfrentar y ganarle así al minoritario «gorilismo», se equivocó. Surgió producto de todo ello, algo peor, el mileirismo -o «mileísmo», como le llaman «La Nación +» más toda su red densa y marginal de trolls «exentos de pagar impuestos», streamings y lavado de dinero mediático por doquier.  Miles de sedentarios gorditos y vírgenes frente al teclado, aspirantes a rebeldes sin causa, contra sus propias familias, como los propios hermanitos Milei, negando, desconociendo o peor aún, borrando todo vestigio de la historia argentina, salvo que se los cuente el ex relator de fútbol Alejandro Fantino, protagonizan esta nueva trama política de la democracia argentina.

4. «Los viejos meados» – y los no tan viejos- del liberalismo argentino, que no es liberalismo y mucho menos, argentino. Por ejemplo, los López Murphy, los Cachanosky, los Krause, los «amigos» personales de Milei como los Giacomini, los Zanotti  y los Maslatón, etc. etc. Milei, al que no le interesa ideología alguna, excepto el sexo y la comida de sus sus perros, los reemplazó con la familia Benegas Lynch, a quienes terminó de estatizar junto a otros funcionales menos conocidos, como los Etchebarne, Marty, Lazzari, Duclós, Spotorno, etc. Para estas «lacras», siempre se consigue otro peor que ellos en «el mercado». 

Será difícil desmontar todo esta estafa. «Lo feo, lo sucio y lo malo» ha sido superado por lo decrépito, nauseabundo, oscuro y obsceno. Pero tal compleja red arrolló todo a su paso, en más de un año y medio, porque -casi todo- «argentino tiene su precio». Bastarán entonces para derribarla, la suba del dólar y la inflación? un triunfo opositor en octubre? la impopularidad de Trump en EEUU? nuevos brotes psicóticos en Olivos? la ambición desmedida de Victoria Villarruel? la venganza de los Macri? No lo sé. Ojalá. Pero no descarto tampoco que aún así, dure.

Aconsejo por lo tanto, una mezcla de reflexión y acción. Una especie de «FORJA» del siglo XXI, aggiornado a estos tiempos de «aceleracionismo», con mucha praxis política, preparándonos para gobernar, pero innovando, reconstruyendo lo destruido por esta siniestra trama descrita, dándole anticuerpos a una sociedad demasiado enferma y al mismo tiempo, generando nuevos desafíos, acordes a un mundo en cambio y una Argentina que debe dejar de ser una promesa eterna.

Tarea ciclópea que requiere de hombres y mujeres, terrenales pero valientes, no precisamente los que veneraba la delirante emigrada rusa Ayn Rand, ni siquiera el marginal economista, más delirante aún que la anterior, Murray Rothbard. 

RENACIMIENTO PERONISTA: ALIVIO Y ESPERANZA

Fueron dos meses realmente estresantes. Desde las PASO que catapultaro a Milei a un lugar de privilegio impensado hasta para propios, pasando por la incertidumbre de saber primero, si habría triunfo en primera vuelta y segundo, ballotage y entre quiénes, hasta el ansiado domingo 22 de octubre, en que llegó la hora de la verdad de las urnas. Al poco tiempo del cierre del escrutinio, se constató que había votado algo más de gente que en agosto y que Massa, contra todos los pronósticos, lideraba la votación, con 7 (siete) puntos de ventaja sobre Milei, dejando así relegada a la cambiemita Bullrich, cuyo espacio quedaba afuera del ballotage por primera vez desde 2015.

El velorio pero sobre todo, el shock, se apoderó de los bunkers no peronistas.  Unos (los libertarios) creían que ganaban en primera vuelta. Los otros, los «amarillos», que quedaban primeros o segundos, jamás terceros, al borde de su implosión. Pero sobre todo, la sorpresa de ver cómo el peronismo se había reconstruido de sus cenizas y cómo había ganado hasta en lugares como Lomas de Zamora, donde un caso emblemático de corrupción ni siquiera rozó dañarlo. Ello sumado a que ningún indicador macroeconómico, incluyendo devaluación post PASO, había mejorado: por el contrario, el deterioro de todas las variables fue completo. Cómo entender en ese contexto adverso, tal apoyo de casi 9 millones de argentinos.

Es que el miedo a las promesas de Milei operó de modo transversal sobre toda la población. La presencia de Massa poniéndose al hombro la campaña, más haberse diferenciado de CFK y Alberto Fernández, también le imprimió la cuota de liderazgo necesaria para emprender una campaña en la que no creían ni los propios, podía revertirse. Finalmente, un enorme número de votantes que descree de toda regeneración ética que se desvincule de la gestión. La experiencia macrista fue tan lesiva para los intereses populares que al igual que el alfonsinismo, desmotiva ya toda creencia en la posibilidad de desligar management de moral pública. Por último, la credibilidad de Massa en torno a generar una propuesta de unidad nacional, que entierre toda grieta absurda, con la que se mal-entretuvo a la opinión pública durante casi dos décadas, pesó como nunca antes.

Quedan ahora semanas para consolidar el resultado o alterarlo en el ballotage. No siendo los votos trasladables de un sector a otro, no sabiendo tampoco si los ausentes concurrirán a votar o si habrá nuevos, desmotivados con las dos opciones que sobrevivieron,  Massa parece mejor posicionado sobre todo, por el «efecto envión», al estilo de Macri en 2015, que Milei, tan vulnerable a perder hasta lo propio como Menem cuando renunció en 2003. En este match de boxeo político, uno parece «comerse el ring» y el otro, está «groggy», incluyendo pases de facturas entre soldados propios por errores no forzados y ausencia de una estrategia y armados políticos que siempre despreció, arriesgando pagarlo caro.

A 40 años de la gesta democratizadora de 1983, más amenazados la casta y el sistema juntos que nunca, quizás estemos ante un escenario inédito: la democracia refortalecida y un liderazgo naciente. convocante, novedoso, original, buscando iniciar una nueva era. Lunes 23 de octubre fue una jornada de alivio y esperanza colectiva aunque haya tristeza en algunas franjas especiales de la población. Pero hay razones para ilusionarse y volver a creer en nuestro país, porque es hora de puentes y ya no de grietas.

SEMANA DE SORPRESAS (DESAGRADABLES) EN ARGENTINA

Hace menos de una semana, no esperábamos el desenlace de ésta. Tampoco preveíamos el resultado tan abultado en contra del kirchnerismo, ni siquiera su derrota en Provincia de Buenos Aires. Todo lo cual demuestra una vez más que en Argentina resulta imposible aburrirse porque la vertiginosidad de las sorpresas es enorme, no obstante que luego del paseo por la montaña rusa que supone,  volvemos al mismo lugar. Cada momento a la manera de un ciclo perverso, parece reproducir las condiciones previas, acelerando el proceso de autodestrucción, aunque ésta nunca llegue.

En efecto, el gobierno de Alberto Fernández, estaba al borde de la hiperinflación de 1989, pero podía ganar pírricamente como en 2007, terminó siendo derrotado como en 2009, 2013, 2015 y 2017 y aún así, cree ahora que puede recuperarse una vez más, como en 2011 y 2019, por eso recrea insólitamente, un gabinete que se parece a 2014. La respuesta es siempre la misma: a la manera de un suicida, redoblar la apuesta, incrementando la radicalidad del fenómeno. La sociedad misma ha malcriado a la elite kirchnerista: le ha dado una y otra vez, oportunidades.

Primero, cabe un minianálisis de la derrota y su magnitud. El gobierno sufrió una «paliza» similar a la que sufriera #Macri en agosto de 2019. #Populismo sin dólares y cuarentena irracional fueron el combo para que perdieran hasta los propios: los pobres y los jóvenes, clientela especial k desde siempre, huyeron a filas renovadas, como por ejemplo, las de Javier Milei en CABA. El encierro feroz de la cuarentena, el daño a la economía privada y la indignidad de la ayuda estatal, hicieron el resto, para que por ejemplo, medio millón de matanceros no concurran siquiera a votar. La oposición no ofreció nada novedoso, incluso en regiones enteras, como en Córdoba, el esfuerzo que hizo para ganar, fue mínimo: sólo ofreció listas competitivas en todo el país y triunfó, sobre la base de la pérdida de casi 4 millones de votos respecto a dos años antes.

Tras el shock, el dilema que enfrentaba el gobierno el pasado lunes, pasaba por cómo asimilar la derrota, interpretarla y luego actuar en función de ella, considerando que quedaban dos meses para la elección parlamentaria de noviembre y dos años para terminar el mandato, con una elección intermedia con efectos destructivos. «Dilema» porque racionalmente, no se soluciona cortando algunas cabezas y radicalizando más pero tampoco devaluando o arreglando con el #FMI. El primer camino conduce a un desastre general -como bien advierte uno de los «delegados» del Papa Francisco -el Arzobispo de La Plata, «Tucho» Fernández- y el segundo trayecto, lleva a una derrota peor que la del domingo. «Están en el horno», se regodeaban en la oposición, nada motivada para ayudarlos en tal trance ante una instancia potencial de dialoguismo y sólo el disfraz de CFK como «corderito», al estilo del «efecto viudez» de 2010, podría salvarlos. Pero tampoco sonaba creíble esa jugada.

Les reconozco que pusieron la cara -para la foto- pero la pusieron

Quedaba por verse la actitud del #peronismo -o los #gobernadores– que no pusieron todo lo que había que poner, oliendo derrota, los acompañarían sólo hasta la puerta del cementerio. Pero al mismo tiempo, todos, sin excepción saben que #divididos, no tendrán rumbo alguno, excepto al abismo.Hoy, en la cumbre de La Rioja, estarán los gobernadores «fondos nacionales-dependientes», es decir la llamada «Liga del Norte», pero no así los de las Provincias más ricas, como Santa Fe y Córdoba, a quienes no convence un gobierno de clara raíz capitalina-bonaerense.

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MENEM: EL ESPEJO DONDE NO QUEREMOS MIRARNOS LOS ARGENTINOS

«Depende del prisma con el que se lo mire». Se trata del juego de las interpretaciones y no tanto de los balances que se precian de racionales, que hacen los terceros, cercanos o no, cuando uno muere.

Hace algo más de 17 años, cuando falleció mi «viejo», un hombre que supo vivir y disfrutar de la vida, pero que engañó a mi madre durante 15, ante su ceguera y la nuestra como hijos, descubrí que todos sus amigos., incluyendo los que no conocía yo, sabían perfectamente hasta lujos de detalles de mi vida. Allí me di cuenta no sólo que «no hay peor ciego que quien no quiere ver» sino que, haciendo una interpretación más que idiosincrática de la Argentina, la mentira está incorporada en nuestro ADN. Nos mienten y nos encanta que nos mientan. Eso conduce a una conducta rayana a la esquizofrenia, tal vez cercana a la de muchos países de Europa Oriental, la propia Rusia y sus vecinos cercanos, donde imperó el «socialismo real»: durante décadas, imperó la mentira oficial del «hacemos que trabajamos y ellos hacen que nos pagan». Aquí no hubo ejercicio de falsedad oficial y sistemático -tal vez el más cercano a ello, fue la cobertura de la guerra de Malvinas o la negación de las violaciones de los DDHH, bajo una dictadura- pero nos habituamos, incluyendo bajo la democracia, tal vez, a modo de elusión de una realidad decadente -codearnos con las grandes potencias y luego descender al infierno-, a vivir hipócritamente.

El mismo cinismo que vemos en estas horas en ocasión de otro entierro, el de Carlos Menem. Otro hombre que supo disfrutar del poder, de los buenos y malos momentos, de la farándula, de las mujeres, en fin, del mundo. Como mi padre. No en vano, Menem murió un día como el de ayer, en pleno carnaval, porque su vida era así, simpática, atractiva, prácticamente una fiesta, incluyendo peripecias graves como su prisión en Las Lomitas o la muerte de su hijo Carlos Junior -que lo shockeó, sin dudas-.

Un personaje que hoy, es reconocido como «un buen adversario» o todo «un caballero», por Jorge Lanata, el periodista otrora progresista, por no decir marxista, ahora republicano y social-liberal, que fundó un Diario -Página 12-, financiado con el secuestro de los hermanos Born, desde el cual destrozaba la política económica pro-mercado de Menem -la única transformadora aunque parcial, en décadas- y la manchaba de toda denuncia de corrupción que se le ocurriera, algo que hasta en estas horas, defiende por su «razonabilidad». Subrayo que en el menemismo, excepto en su ocaso (caso Yabrán y crimen de Cabezas), absoluta libertad de prensa, por lo que los Lanata, los Castro, los Verbitsky, pudieron criticar abiertamente a quien estaba intentando transformar a la Argentina, con un gran apoyo en votos, por primera vez en tantas décadas.

Un ex Presidente peronista que ya no está, pero que es homenajeado con un velorio oficial, en el mismo Congreso de la Nación, por la cúpula oficial del kirchnerismo, una agrupación -ni siquiera partido-, que es manifiestamente antiperonista y sobre todo, antimenemista, más allá de que tanto Néstor Kirchner como CFK defendieron las privatizaciones de los noventa, porque claro, la renta petrolera produce milagros como ése: que dos conspicuos pragmáticos y materialistas, disfrazados de progresistas, justifiquen por ejemplo, una YPF privada y años más tarde, cuan interesante ejercicio «travesti», fundamenten las razones de su estatización.

O que, Duhalde y muchos radicales, que contribuyeron al derrumbe de la Convertibilidad por venganza y orgullo perdido, respectivamente, ahora «se pavonean» en los canales de TV y radios, llenando de loas y alabanzas al supuesto «gran estadista» de las últimas décadas. Como si hoy viviéramos en el «Primer Mundo» que prometió.

O que, para no cuestionar sólo a los peronistas y los K, mi propio partido -la UCEDE- rinda un tributo póstumo a quien, mintiéndole a su propio electorado justicialista, nos sobornó a los liberales y robó nuestras banderas, algo de lo que tardamos en levantarnos, otras dos décadas. Por cierto, como creo en el sitio de control interno y la voluntad como su expresión, mi crítica es mayor a mis propios correligionarios y su actitud en aquel momento -más que al presente- y que al mismo agente incentivador.

Finalmente, hasta parece que numerosos cordobeses se dieron cuenta que Río Tercero se halla en esta Provincia mediterránea: producto de la trágica explosión de 1995 insólitamente todavía no resuelta por la justicia, se solidarizaron con la decisión local de no decretar luto por la muerte de quien se supone, fue el responsable de semejante accidente.

Podríamos seguir infinitamente con el repertorio de conductas cínicas. Pero claro, por razones de espacio, prefiero no hacerlo. Considero que es mejor, sin entrar en el análisis de la política pública en general o la evaluación de la gestión del menemato, al que se lo juzga peor por lo que hizo en el primer mandato que por el segundo cuando tal vez habría que hacerlo exactamente al revés, observar de qué manera ese cinismo puede proyectarse en el tiempo y hacer metástasis en el tejido moral, de la misma manera que lo hecho en el postsocialismo europeo oriental y ruso. Podemos ver más claramente cómo Menem es el padre reconocido de Duhalde quien a su vez, cegado por su ira por la promesa incumplida de aquél de permitirle la Presidencia en ese aciago año 1995, lo fue de los Kirchner y tras éstos, los hermanastros de Macri, a pesar de la grieta artificial, en la que nos han embarcado desde 2008.

Como yo el día del velorio y entierro de mi padre, tal vez -y ojalá-, espero que esta muerte sirva a los argentinos para asumir por fin nuestras verdades por más dolorosas que sean, dar vuelta atrás páginas que ya no nos conducen a nada positivo y finalmente, sobre la base de tal aprendizaje, dedicarnos «a las cosas» como reclamaba Ortega y Gasset.

Mientras tanto, Menem y Maradona seguirán vivos en nuestro recuerdo, dividiendo o alegrándonos.

 

37 AÑOS DE DEMOCRACIA ARGENTINA: ALGO PARA CELEBRAR?

No mucho porque la foto del momento es patética. La semana que acaba, nos dejó al peronismo bifronte al desnudo: con la carta de la Vicepresidenta CFK «respaldando» al Presidente Fernández (perdón?) y pidiendo negociar (perdón? bis) con -no se sabe bien- quién; el desalojo de Guernica en manos de piqueteros de izquierda subsidiados por el gobierno, pero reprimidos por parte de Berni, que forma parte de la misma coalición gobernante; la expulsión de los ocupantes -también paragubernamentales en este caso, a cargo del delegado papal Juan Grabois- de otro campo, el de la familia Etchevehere, azuzada por una interna entre hermanos, por parte de la policía entrerriana y, como si esto fuera poco, la baja artificial del dólar «blue» con la venta de dólares a futuro, o sea, un típico seguro de cambio que pagará más tarde o más temprano, toda la población argentina, aún la que como decía Perón, «jamás vio un dólar».

De este peronismo dividido por el propio «fuego amigo», que gobierna o simula gobernar sobre este Titanic a la deriva que es la Argentina, al borde de una hiperinflación y un caos en materia de gobernabilidad, pasamos al radicalismo que quiere reconstruir un polo alternativo, a la manera de lo que fue «Juntos por el Cambio» y antes «Cambiemos», que no cambió nada y en todo caso, nos retrotrajo al pasado reciente más oscuro (2003-2105). El problema es que tanto ésta como la del oficialismo, parecen querer recrear adentro, una alternativa socialdemócrata con Rodríguez Larreta, Vidal, Carrió y Lousteau, pero con el republicano liberal López Murphy adentro, como si intentaran recrear (sic) los infelices años ochenta, dado el enorme desencanto que produjeron. Todo un síntoma de un tiempo que se niega a desaparecer como fueron los setenta para buena parte de la elite kirchnerista, que usó y abusó de esa iconografía falsa de la rebeldía de aquellos «jóvenes idealistas».

La izquierda parece resucitar y vuelve a salir a las calles y hasta propone huelgas en el seno de las Universidades, donde estaba durmiendo el sueño de los débiles o aletargados, algo que avergonzaría hasta el mismísimo «Che Guevara».

Finalmente, la centroderecha que se había apartado a los medios y sólo había apoyado con votos, el fantasioso experimento macrista, descubrió con la aparición de Javier Milei que la posibilidad de un déjà vu de los años ochenta, en la gloria del Capitán Ingeniero Don Alvaro Alsogaray y su nave insignia -la UCEDE- es factible, para volver a erguir este país moribundo.

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