SOBRE LAS RELACIONES RUSAS CON EL BRICS Y LATINOAMERICA

En el último mes de agosto, realizamos con Tamara Yevtushenko, quien coordina la Cátedra de Rusia del IRI (UNLP), un nuevo zoom sobre los vínculos multivectoriales de la Rusia postsoviética. De paso, les informo que mi próximo libro -tras «Putin Deconstruido» a presentar el jueves 19 en CABA-, será sobre el BRICS.

Aquí comparto la grabación.

LOS EFECTOS DE LA GUERRA UCRANIANA EN EL PRECIO DEL PETROLEO

Con Ollantay Itzamná, conversamos sobre las razones por las cuales el precio del petróleo aumenta en el contexto de las convulsiones desatadas en el mundo, por la guerra ruso-ucraniana.

CRONICA DE UN FINAL ANUNCIADO

Un Presidente, que se había preparado toda su vida para serlo,  miente por el escándalo «Watergate» y finalmente, renuncia, acuciado por la crecientemente poderosa prensa escrita -dos periodistas que lograrían una enorme fama posterior-. El mismo Presidente, un feroz pero incoherente anticomunista, que asesorado por su maquiavélico Secretario de Estado, viajaría a China para lograr desnivelar a favor, la adversa ecuación de poder internacional con la entonces desafiante Unión Soviética.

Logrado el pírrico triunfo por la cumbre global en 1991, no sin antes exhibir cómo otro Presidente optimista, carismático y brillante comunicador, también mintiera sobre el «Irangate», el país alardeó esta vez, ante el mundo, de su poder de manera innecesaria y hasta injustificada. Hasta se dio el gusto de intervenir en la elección del Presidente de su ex archirrival, para impedir el triunfo comunista. Inmoralizó la Casa Blanca con un joven Presidente, ex gobernador de un Estado irrelevante y luego, la ocupó con otro de pasado alcohólico, que venía a saldar deudas con su padre otrora poderoso. Ese Presidente llegó al poder por un sólo voto, en una reñida y ya discutida elección.

Luego, la reivindicación social, como resulta obvio, tardía. Un Presidente negro, pero del establishment, prometió mucho e hizo poco (o nada). Hace cuatro años, un Presidente antiestablishmente, aunque haya crecido gracias a él. Allí se encendieron todas las luces de riesgo. Levitsky y Ziblatt advirtieron sobre cómo mueren las democracias pero no pudieron evitar que el descenso acentuara su trayectoria.

Todo ello describe elocuentemente cómo Estados Unidos hace tiempo ya, venía en caída libre. Un cúmulo de factores que aquí no comentaremos, por razones de espacio, lo hicieron posible, pero sobre todo, la propia sociedad americana y en gran medida, su elite, eligieron recorrer tal camino decadente.

Hoy, con las imágenes de un Presidente perdidoso -aún con fraude no demostrado- incitando a la violencia en la propia Casa Blanca; un Vicepresidente, en nombre del establishment que en noviembre se cobró revancha, aunque también pírricamente, dispuesto a certificar la entrega del poder a Joe Biden y, finalmente, una banda de fascinerosos y violentos, el gran temor lejano de los Founding Fathers, que irrumpieron haciendo todo tipo de tropelías en el propio templo legislativo americano, el Capitolio, en Washington DC, no me voy a burlar de tal patético espectáculo de la #democracia liberal norteamericana, porque me entristece.

Pero sí elijo mofarme de los muchos argentinos, académicos y no académicos, que alardeaban de la supuesta superioridad moral, racional e institucional de #EEUU, por ser #anglosajones, civilizados, hasta superiores moralmente, a los latinoamericanos, musulmanes, rusos y chinos, entre otros, sin releer siquiera a Huntington. Más allá, de que jamás descarté que vivan hasta asalariados de la democracia americana (vía fundaciones, «think-tanks«, etc.). Permítanme «disfrutar», obviamente, con algún dejo de nostalgia.

Hace rato que #EEUU ya no es lo que era y cada vez se asemeja más a #Latinoamérica, lo cual tampoco es un mérito: al contrario. Pero demasiada gente aquí, se negó a verlo.

Independientemente de cómo termine la historia, si Pence se impone sobre Trump o éste sobre el sistema, violando todo, nada bueno se avizora sobre el horizonte. Elija: autogolpe consumado, castigo para un ex Presidente, asunción de otro cuasi senil, por qué no disgregación nacional y hasta guerra civil.

ESTADOS UNIDOS: AL BORDE DE UN ATAQUE DE VIRUS

Difícilmente Estados Unidos vuelva a ser lo que fue, la gloria de 1945 tras la victoria sobre el nazismo o el símbolo del «triunfo» -que no fue tal- sobre la URSS en 1991. Dicho esto, sobre todo pensando en términos domésticos, porque la legitimación de sus -aún así- discutibles políticas exteriores, se sustentaban en el carácter democrático y estable del que gozaba su presidencialismo y sus «checks and balances» que habían diseñado sus «Padres Fundadores» para el orden interno. Tras casi cinco días de conteo de votos y con amenazas de violencia callejera por doquier, esa legitimidad herida de muerte ya hace dos décadas con el escrutinio de Florida que le daría el triunfo al ex alcohólico Bush (hijo), se terminó de derrumbar.

Otro párrafo merece la derrota de Donald Trump y por ende, el triunfo de Joe Biden. El primero al perder, más allá de que tenga o no éxito con la judicialización del reclamo, rompe con la tradición de los Presidentes reelectos, vigente desde 1993, con la derrota de Bush (padre). Pero lo más relevante a subrayar, es que representa la revancha del establishment, que claramente, agonizaba pero no desapareció en noviembre de 2016. Una conjunción de medios de comunicación abrumadoramente en contra del ex magnate inmobiliario, artistas de Hollywood, movimientos sociales de los más variados, como el reciente «BlackLivesMatter», la intelectualidad, las mujeres, no pocos gobernadores, con sus enfoques tan antagónicos como el neoyorquino Andrew Cuomo,  y hasta alguna fracción de su propio Partido Republicano (GOP), abrumado por su avance como líder transgresor en contra de las instituciones, fueron demasiado para Trump. Como si esto fuera poco, y aún pensando en la agresividad de su retórica en momentos tan singulares como los vividos en la pandemia, la forma en cómo enfrentó el virus del Covid19, también pudo haber mellado la confianza sobre todo de la población más adulta que le retiró su apoyo.

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MAURICIO MACRI ROMPE EL SILENCIO

LA ARGENTINA RECIENTE A TRAVES DEL CINE

«Relatos Salvajes» (2014)

Fue ovacionada en el Festival de Cannes y llegó como precandidata al Oscar, como mejor filme extranjero pero quedó excluida. Una razón posible por no ver coronado su éxito, puede tener relación con su identidad (tan particular). La película refleja cabalmente, la naturaleza cultural e idiosincrática argentina, de fines de la década kirchnerista. Una sociedad aparentemente mansa, pero con actitudes individuales violentas, por doquier, producto del resentimiento, la envidia, el hartazgo con la burocracia, la obsesión por el diván, la falta de autenticidad generalizada, sobre todo, entre los «nuevos ricos», donde prevalece el botox, el maquillaje y la sonrisa fácil, pero carente de sentimientos reales. Las explosiones emocionales que refleja la película, a lo largo de sus seis historias, son producto de aquella esquizofrenia, de un país, que fuera gobernado por una pretendida «actriz» -de dudoso talento-, a la que el género femenino detestaba, pero que en el fondo, quería imitar. Para no perderse: el personaje del ingeniero «Bombita» (protagonizado por Ricardo Darín) y la corrupción de la justicia argentina, simbolizada en el fiscal y el abogado de la cuarta historia.

«Los muchachos de mi barrio» (1971)

En los años sesenta, en pleno gobierno militar de Roberto Marcelo Levingston, eran otros los valores. La cultura del barrio, de los amigos, que jugaban desde niños en sus plazas, las primeras picardías, los castigos, las escenas del colegio, con el respeto, el orden y la famosa fila de todos encolumnados con sus impecables guardapolvos blancos, mientras se izaba la bandera cada mañana. Llegarían la juventud y la adultez y, con ellas, la separación. Amores concretados o perdidos, profesiones y matrimonios que ocupan todo el tiempo, triunfos en el exterior y la nostalgia permanente para quienes pretenden volver, siempre con el parámetro de la movilidad social ascendente, tan peculiar de la Argentina. Con la banda sonora del cantante exitoso en toda Latinoamérica, Ramón «Palito» Ortega, la película refleja esa alteraciones de vida, pero sobre todo, los valores y creencias con las que se afrontaban. Es un culto a la amistad, algo de lo que los argentinos suelen vanagloriarse, así como su pasión por el fútbol. Tal vez nada quede ya de aquella época, pero la emoción que se siente al ver esta película de guión sencillo, permita avizorar que algo de aquel pasado lejano, aún se resiste a sucumbir.

Entre una y otra película, pasaron 43 años, es decir, casi cuatro décadas y media. Es mucho tiempo en la vida de un país y mucho más en la de una generación y una vida en particular. En una Argentina, donde no necesariamente la trayectoria económica individual y la colectiva coinciden, todo ello trajo su correlato en el plano moral: así como en las sociedades postcomunistas, ese tejido quedó inexorablemente dañado, en una sociedad inflacionaria crónica como ésta, donde se desdibujan ganadores y perdedores, la erosión es enorme a la hora de la credibilidad en la palabra empeñada, la creciente vulgaridad en el lenguaje, la generalización de la mentira, la ausencia de espontaneidad, el apego a la inautenticidad, la segregación in crescendo, el egoísmo puro y simple por doquier.