AFINIDAD ENTRE DOS GRANDES LIDERES

Uno era norteamericano, el otro, francés. Uno nació y vivió en el siglo XVIII, el otro más tarde pero prevaleció en la primera parte del XIX. Pero ambos fueron criados sin la imagen de un padre, pelearon contra el mismo enemigo europeo y sobre todo, lucharon contra sus propios demonios sociales, es decir, la falta de status social.

En efecto, ambos, George Washington como Napoleón Bonaparte, de ellos se trata, tuvieron enormes dificultades y obstáculos para llegar al pináculo del poder, por no pertenecer a clases privilegiadas en dos sociedades, donde la alcurnia o la sangre, definían aún la ubicación de cada uno en la pirámide social, hacia arriba o hacia abajo.  En un caso, ser hijo de madre soltera, cuasi huérfano, colono granjero, educado informalmente por su medio hermano en las lecturas de clásicos. En el segundo, si bien el padre de Napoleón era noble y representante de Córcega en la corte de Luis XVI, precisamente esa condición de corso del futuro líder francés y sus siete hermanos,  los excluía en términos sociales. Por eso, la opción de la carrera militar fue la única salida para quebrar aquella inercia, que sufrieron tanto Washington como Napoleón.

Dos filmes, estrenados uno el año pasado, con Napoleón protagonizado por el ya veterano Joaquin Phoenix, el mismo de «Gladiador»y el otro, hace semanas, con Washington personificado por una joven promesa del cine, el británico William Franklyn-Miller, fueron genuinas interpretaciones acerca de las vidas de ambos líderes, aunque tal vez, haciendo demasiado hincapié en circunstancias especiales de sus biografías, como la influencia de su ex esposa Josefina en la vida del francés o la de su medio hermano Lawrence, en el ejemplo del virginiano.

Lo que sí queda claro también en ambas películas aunque con participaciones menores, es el rol primigenio en la crianza de ambas personalidades, de las respectivas madres, Mary Ball Washington y María Letizia Ramolino.

Ambas los ayudaron a vivir de manera estoica, forjar el carácter y temple, perseverar en la adversidad y no dejar de creer en las ambiciones que se propusieron. 

«PUTIN DECONSTRUIDO» EN LA PLATA

En el marco de la séptima presentación de mi libro, estuve ayer en la ciudad de La Plata, para participar, como hace 11 años lo hago, en carácter de ponente en el XII Congreso de Relaciones Internacionales, del IRI-UNLP. Allí compartí momentos especiales con colegas, amigos y asistentes, tanto virtuales como físicos a los sucesivos eventos.

Pero antes, fui entrevistado por Facundo Quiroga y equipo periodístico en Realpolitik. He aquí la entrevista que se refirió a la figura de Vladimir Putin y al pueblo ruso.

MAURICIO MACRI ROMPE EL SILENCIO

GIOVANNI SARTORI

Falleció hoy, martes 4 de abril de 2017, a los 92 años. dejando viuda a su esposa, la artista Isabella Gherardi, 39 años más joven que él. Tuve la fortuna de conocerlo en el Congreso Mundial de Ciencia Política en Buenos Aires en 1991, cuando era inminente el fin de la Guerra Fría y volví a verlo en otro Congreso Mundial de la disciplina en Santiago de Chile, en 2009. Precisamente, fue el «padre viviente» de la Ciencia Política, tanto en la parte final del siglo XX, heredando la tradición americana de los Merriam, Laswell y Gosnell como también inaugurando la europea, con la mítica Escuela de Florencia, paradójicamente, la ciudad en la que nació Nicolás Maquiavelo, el pionero de la disciplina.

Autor de libros fundamentales como «Teoría de la democracia», «Ingeniería constitucional comparada» y «Partidos políticos y sistemas de partidos», pero también polémicos, como él mismo era, como «Homo videns», preanunciando la era de los Berlusconi, Trump y tantos otros, nos dejó estas frases sabias y célebres:

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