Hace una semana, estuve presentando en la querida UNLP. una ponencia en un ambiente académico muy favorable a China, peo sobre Rusia. Aquí están varias de las ponencias expuestas, Pueden ver la mía en 15 minutos, entre las 8.45 y las 9.01.
Hace una semana, estuve presentando en la querida UNLP. una ponencia en un ambiente académico muy favorable a China, peo sobre Rusia. Aquí están varias de las ponencias expuestas, Pueden ver la mía en 15 minutos, entre las 8.45 y las 9.01.
Feliz 2021 a todos, aunque tengo el derecho a preguntarme acerca de la Libertad, ese valor que tan elevado está en la escala de muchas personas de este mundo, sobre todo en estos tiempos de encierro y regulaciones para vivir y respirar bajo pandemia. Quo Vadis Libertad?
Las fotos y videos de anoche, despidiendo el tremendo 2020, marcan una tendencia preocupante en tal sentido. Calles vacías en las principales capitales del mundo occidental, incluso con pocos fuegos artificiales, versus las despedidas y reinicios en las regiones y países orientales, sobre todo, China, el epicentro original del Covid-19. Ironía del destino?

Préstese atención por ejemplo, a Nueva York. Ilustra como nadie, la decadencia del #Imperio americano, tantas veces preanunciado, pero esta vez, socavado desde adentro, tal vez, como todo Imperio. La septuagenaria #GloriaGaynor, cantándoles a los neoyorquinos encerrados en «corralitos», con «bozal» y por TV. La otra cara de la moneda era una #China recuperada y rozagante, testimoniada por el fervor y los fuegos artificiales de #Wuhan.

Pero claro, tal vez, haya que rastrear las causas de este proceso, que avizoro, será más marcado aún a partir de la asunción de Joe Biden como Presidente norteamericano a mediados de este enero, allá lejos en el tiempo, más precisamente en 1972. Este es el final de una película que empezó cuando #EEUU buscó disimular su derrota humillante en #Vietnam y entonces #Kissinger convenció al ferviente anticomunista #Nixon que la única manera de reequilibrar el balance de poder -en ese momento- desventajoso con la ex #URSS, era acordar con la #China de #Mao.
Ahora bien, para entender todo el hilo argumental, aún sin caer en teorías conspiranoicas, quizás haya que reconstruir la historia de un tercer actor de este eje del poder que nos sumió en esta triste y tan perturbadora situación, vinculado a través de un cuarto, en este caso argentino. Copio textual del muro de Facebook de mi contacto marplatense, siempre bien informado, Horacio Rivara:
Estados Unidos exhibe hace tiempo, grandes virtudes sociopolíticas y económicas, que la condujeron a ser una superpotencia mundial, como por ejemplo, el talento emprendedor e innovador de tal sociedad; la habilidad para importar cerebros haciéndolos sentir mejor que en su país de origen; el notable federalismo tan arraigado en la conciencia del norteamericano medio; la temprana independencia familiar de los hijos; la escasa y hasta negativa valoración que tiene el Estado en el plano público; la fortaleza institucional de un presidencialismo, original, inédito en su época, a prueba de magnicidios, de Roosevelt y hoy, del propio Trump, la enorme confianza en los terceros no familiares (capital social), que permite como decía Tocqueville, una admirable vocación de crear organizaciones privadas y voluntarias.

Claro, cada una de esas mismas virtudes pueden asumir costos no deseados o mostrar ciertas contracaras no demasiado positivas. El desarraigo familiar, cuando no deriva en una mayor responsabilidad individual, puede conducir a un elevado y creciente consumo de drogas entre los adolescentes. El nulo estatismo mental del norteamericano medio, tal vez, se relacione con una sociedad que se autoorganizó desde su origen en el siglo XVII incluyendo la desmonopolización del uso de la fuerza, es decir, la libre portación de armas, lo cual se traduce en recurrentes epidemias de violencia. Tanta democracia e institucionalidad, aún con -o gracias al- voto voluntario como praxis sociales, los estimula erróneamente a creer que todo el mundo puede ser democratizado o democratizable como ellos, omitiendo diferentes trayectorias históricas, culturas, etc., todo lo que luego, alienta el intervencionismo militar sin siquiera medir intereses geopolíticos.
La mafia se inscribe dentro de estos claroscuros. Al ser -antes, no ahora- una sociedad tan abierta al foráneo, tan receptiva al emigrante, venga de donde venga, sobre todo, insisto, desde su origen, porque así se fundó, como una tierra de peregrinos que escapaban de la opresión, la persecución y los privilegios de sangre, uno de los fenómenos quizás indeseables, que vino en los barcos, fue la mafia -la italiana, la china, la irlandesa, la judía, la católica-.
Por eso, Hollywood también ha rendido tributo desde hace tiempo a esta peculiar forma de hacer negocios vía el crimen organizado, aprovechando la gran cantidad de directores y actores de sangre italiana que ha reclutado a lo largo del tiempo, para mostrar la particular y ominosa forma de vida de los Corleone, los Soprano y Cía, ya sea con un tinte biográfico o desde la mirada de los agentes de la ley y el orden. Por eso, no sorprendió el pasado fin de semana, el extraordinario éxito del estreno -cuándo no vía Netflix– de la última película del director y productor neoyorquino Martin Scorcese y otros tres «peso pesado» de la talla de los septuagenarios legendarios Robert De Niro, Al Pacino y sobre todo, Joe Pesci -en otra memorable actuación-, en «The Irishman» («El irlandés»).
Esa película describe a lo largo de tres horas, la vida de Frank Sheeran, un americano de origen irlandés que habiendo tenido una traumática experiencia en Italia en la Segunda Guerra Mundial, sirviendo a las órdenes del polémico General Patton -rabioso anticomunista- y matando a oficiales y soldados nazis ya rendidos, cuando regresa a Estados Unidos, tras manejar un camión de reparto de carne ovina, escala rápidamente de la mano del siniestro Russell Bufalino (mafia siciliana). «El irlandés» se convertirá pronto en chofer, guardaespaldas, confidente y sicario del todopoderoso jefe del sindicato de camioneros, los «Teamsters», Jimmy Hoffa. El guión elegido por Scorcese es demostrativo de cómo, sobre todo en estos tiempos de Millennials pragmáticos, tanta vida de holgura y poder está asociada a la muerte desde el inicio hasta el fin, matando en vida al propio mafioso, cargado de culpas por haber derribado el muro entre lealtad y traición pero también alejándolo de una forma u otra, de quienes dijo «proteger» -sus familiares-, condenándolo a la peor de las prisiones en la vejez: el olvido en la soledad.

Pero también el filme, basado en un libro de Charles Brandt, muestra cómo dos hitos de la historia americana, como son el promisorio y popular John Fitzgerald Kennedy y hasta la ciudad «paraíso» enclavada en medio del desierto, Las Vegas, recibieron tremendo financiamiento con aquel dinero ilegal, lo cual llevó a que el gobierno federal, investigara y castigara selectivamente a los capo-mafia mientras otros perfeccionaban la fórmula -o contrataban cada vez más sofisticados abogados- para escapar al control de la ley. Incluso en el caso del citado Buffalino, se demuestra en la película, acerca de sus vínculos con la temible CIA, particularmente considerando su virulento anticastrismo, que lo llevaría a urdir el frustrado ataque a la Cuba de Fidel en Bahía de los Cochinos en abril de 1961.
En estos tiempos, allá de Trump con su «America First«, creyendo que la grandeza norteamericana sólo tiene relación con todo lo bueno del ADN estadounidense y aquí, de mafiosos no asumidos, como la Vicepresidenta electa, CFK, líder conspicua de una asociación ilícita pero que se autoengaña como «perseguida política, víctima de una conspiración» o de Hugo Moyano, el multimillonario sindicalista camionero, declarado admirador de Hoffa y alimentado por todos los gobiernos desde los noventa en adelante, la película citada tiene una singular actualidad y ello explica su enorme y curiosa teleaudiencia.
Claro, salvando las distancias, existen algunas sutiles diferencias entre las mafias de Estados Unidos y Argentina.
Allá, los mafiosos son condenados efectivamente a purgar sus buenos años a la cárcel, porque la justicia existe y no es «camelo». Además, los dirigentes delictivos prefieren usar la Quinta Enmienda para no no autoincrimnarse cada vez que llegan a la instancia judicial oral. Luego, directores y guionistas valientes difunden la historia a través del cine y ganan dinero por ello.
Aquí, mientras tanto, difícilmente terminen sus años en la cárcel porque usan los fueros legislativos para evitar ir a prisión o, suelen ser convincentes con sus alegatos victimizándose y rotulando a los jueces como sus verdugos al servicio de intereses oscuros. Conviene trabajar para ellos y no morir asesinado «aunque parezca que fue un accidente», denunciando sus negociados.
Mientras, en un país se intenta plasmar la igualdad ante la ley aún con dificultades, en el nuestro, reina una impunidad y la desconfianza en la justicia.
Tras despegar un 16 de julio de 1969, de la Tierra, desde Cabo Cañaveral (Houston, Estados Unidos), la nave espacial norteamericana Apolo XI, llegó a la Luna, cuatro días después. Neil Armstrong, Edward «Buzz» Aldrin -ambos pisaron su superficie- y Michael Collins eran los tripulantes en aquel viaje histórico. Contrariamente a lo que se cree, el hito se retransmitió a través de un Observatorio cercano a Canberra (Australia) y no desde una base de Estados Unidos. Con cinco años de edad, yo era una de las 600 millones de personas que vimos el evento por TV.
El 24 de julio, se produjo el amerizaje de los tres pilotos en las aguas del Océano Pacífico, a 1.500 km de las Islas Hawaii, siendo recibidos por el entonces Presidente Richard Nixon.
No pertenecí a las generaciones como las de mis padres y abuelos, que vivieron dos Guerras Mundiales, la Crisis del ’30, las guerra de Corea y Vietnam, gran número de golpes militares, la Revolución Cubana, etc. pero yo, sin saberlo, sería testigo privilegiado de este hecho único en la historia civilizatoria, que encabezaría la secuencia de muchos otros, más inclinados a la paz y la cooperación global, que al conflicto.
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