UN WEBINAR CON MATIAS LONGONI: EL GRAN APORTE DEL CAMPO ARGENTINO

Luego de una serie de protestas de productores lácteos al borde de las rutas nacionales en el invierno de 1999, cuando solía viajar ida y vuelta entre Villa María (Córdoba) y Rosario (Santa Fe), para cumplir con obligaciones profesionales de aquella época, casi nueve años después, volvería a ver dicho espectáculo pero multiplicado por varias ciudades y pueblos más, incluyendo soja, trigo y hasta ganadería. Producto de la decisión del Presidente Néstor Kirchner de primero, fijar cupos a la exportación de carne vacuna para asegurar stocks ganaderos y precios mínimos al consumo de carne doméstica y segundo, vía, la polémica Resolución 125, en un esquema de retenciones móviles, aumentar estos impuestos a la exportación a la soja y derivados, en un contexto de boom de precios internacionales -el mayor en 150 años de historia argentina-, los productores volvieron a salir a las rutas, incluso con un nivel de acatamiento a sus paros y cortes, más exposición mediática, como nunca antes habíamos visto, los argentinos, nacidos y criados en ciudades. Estamos hablando de Argentina, un país donde se da la triste paradoja del sector más productivo y competitivo incluso a nivel internacional, conviviendo con uno de los rangos más altos en materia de urbanización.

Los niveles de violencia verbal y actoral más el desabastecimiento puntual de leche y derivados, en aquellos aciagos días de marzo de 2008, impactaron fuertemente en las clases medias urbanas del país, lo cual llevó a un grado de polarización nunca visto, entre la ciudad que se dividió entre los favorables al gobierno nacional kirchnerista y aquellos que defendimos la causa del campo, que también tuvo la habilidad comunicacional de identificarse tal vez, tardíamente, con la nación y la familia, valores algo perdidos a lo largo de las décadas. El resultado de tales jornadas de enfrentamiento político, realmente estériles, fue el voto del Vicepresidente Julio Cobos, que terminó desempatando en contra de su propio gobierno y a favor de la oposición política del campo como sector, en una pulseada que determinó que no se aplicara la suba de la retención hasta el 35 % sino que por supuesto, implicó la primera gran derrota política del kirchnerismo, a poco más de cinco años de haber asumido, incluyendo la caída de un tal Alberto Fernández como Jefe de Gabinete de Néstor Kirchner, por haber propiciado supuestamente, el diálogo y no la confrontación. Esa victoria alentó la conformación de un bloque político que aglutinaría a radicales, con peronistas moderados como Felipe Solá (actual Canciller de Fernández, hoy Presidente) y el empresario colombiano De Narváez y proístas como Macri y Rodríguez Larreta, que ganaría las elecciones parlamentarias de medio término de 2009 dejándolos con expectativas inmejorables para 2011. La muerte de Néstor pero sobre todo, el quiebre de esa coalición opositora en 2010 y el insólito voto del campo a CFK  más la deserción de Macri en 2011, contarían el resto de la película de la supervivencia del kirchnerismo hasta 2015. De todos modos, como el país, nunca la hegemonía de unos y otros, pudo permanecer o imponerse.

Aquel fue un empate técnico, con una leve inclinación hacia un lado o hacia el otro de la grieta, pero sin finalmente, como también suele repetir el economista de la UTDT, Pablo Gerchunoff, cambiar la estructura social agropecuaria del país, que necesita divisas frescas por un lado para pagar sus compromisos externos como deudor serial que es, pero al mismo tiempo resolver su déficit alimentario (en calorías) en clases bajas y su pésima dieta en ese rubro, incluso en los hijos de la clase media urbana (obesidad) y problemas ecológicos (degradación de los suelos, producto del extractivismo sojero).

Claro, el gobierno de Macri, sí, el hijo de un empresario industrialista y desarrollista, por ende, supuestamente antagónico con el campo, producto de la vieja, superada y hasta falsa antinomia campo-industria, prometió y cumplió con la rebaja de retenciones, incluso favoreciendo algunas explotaciones como las del maíz, en detrimento de la soja. Ni hablar del boom ganadero que provocó, eliminando las distorsiones y trabas que había pergeñado el cavernícola de Guillermo Moreno como Secretario de Comercio, para exportar carne vacuna a mercados tradicionales pero también alternativos, demostrando que es absolutamente falso el dilema de exportar y traer dólares y garantizar el “asadito” para los argentinos a precios razonables. Porque en realidad, todo se trata de incentivos. Con unos pocos incentivos institucionales, impositivos, burocráticos, el campo argentino y particularmente, la ganadería, reacciona favorablemente, de manera rápida y eficiente, a pesar de que hay que esperar a un proceso lento de cría y engorde de las especies. Imaginemos el shock que se produciría si hubiera una verdadera, única, integral y duradera política de Estado para el sector.

Es que es este distanciamiento absurdo entre el campo y la ciudad en Argentina, es en el fondo, epistemológico, de desconocimiento mutuo. El kirchnerismo y buena parte de la clase política argentina, jamás entendió ese proceso, que demanda trabajo, esfuerzo diario, paciencia, mucha vulnerabilidad, porque está sometido a cambios climáticos de largo plazo pero sobre todo, de corto -una lluvia, un granizo, una nieve, una sequía larga, como la que vivimos ahora mismo en Córdoba y buena parte de la llamada “Pampa Gringa”-. Porque excepto el mencionado Solá, ingeniero agrónomo de profesión, hoy improvisado como Canciller o De Angeli o Buryaile o Etchevehere, se trata de una gran mayoría de adultos criados como jóvenes en las ciudades, lejos del campo, beneficiándose de los productos de éste, pero sin jamás entender ni estudiar el verdadero aporte del campo a esa ciudad y la Nación entera.

Mucho menos, jamás entendí a mi ex esposa, arquitecta egresada de la UNC pero criada  en un pueblo de 5.000 habitantes que vive del campo, despotricando contra los “gringos” (productores agropecuarios), por comprarse una “chata” o pickup o camioneta Ford u hoy, Toyota Hilux o invertir en departamentos en Córdoba. Así sucesivamente, tampoco entendí a ex alumnos universitarios, leyendo libros de Economía o Sociología Rural, formados en la diatriba contra la “oligarquía” agropecuaria y mucho menos, admirar a antropólogas e historiadoras de este corazón de la “Pampa Gringa” que atacan al proyecto agroexportador de la “Generación del Ochenta” y por el contrario, reivindican al gaucho o al indio asesinado o marginado por ese “macabro plan exterminador”, siempre en términos de una antinomia absurda, que atrasa el debate, porque impide ver todos los grises que hay en el medio.

Porque claro, la realidad es la que trajo a colación Matías Longoni hoy en un fenomenal webinar, por cómo “nos abrió las cabezas” y éste es tal vez, uno de los únicos efectos positivos de esta pandemia, la posibilidad de contar con analistas o periodistas de lujo, que conocen el sector, mejor que los propios políticos y dirigentes ruralistas. A Longoni, lo conocí en el mismo 2008, en medio de la crisis del campo, y desde ese momento me sorprendió por la lucidez y claridad con la que describía el fenómeno rural en Argentina, destruyendo uno por uno, los mitos, con los que, primero, en los años ochenta, radicales alfonsinistas, los de la Franja Morada y la Junta Coordinadora Nacional -sí, los Jesús Rodríguez, los Marcelo Stubrin, los Jaroslavsky, los Suárez Lastra, los Laferriere, los Raimundi, los Leopoldo Moreau -muchos de ellos hoy en Juntos por el Cambio con Macri, excepto los dos últimos en el kirchnerismo- y en los dos mil, los kirchneristas, edificaron sus proyectos de reforma agraria, impuesto a la tierra “libre de mejoras” y aumento de las retenciones, entre otras “locuras”. Longoni fue el gran artífice de las investigaciones y denuncias contra las irregularidades de la ONCCA (Oficina Nacional de Control Comercial Agropecuario), el organismo regulador del kirchnerismo, bajo la jefatura del polémico abogado Ricardo Echegaray, luego detenido por asociación ilícita y enriquecimiento ilícito (en su gestión de la AFIP) -recientemente sobreseído-.

Irracionalidades, al igual que la reciente expropiación de Vicentín o la proyectada YPF Agro como “empresa testigo” o, la misma Ley de Humedales, que no lo son tanto, si se discutieran en el marco de una política agropecuaria integral, con incentivos a la producción, con retenciones móviles y diferenciadas según esa misma producción, para evitar el extractivismo, con subsidios puntuales, no indiscriminados, para evitar tensiones inútiles y calmar a las organizaciones ecologistas de la ciudad, por ejemplo, para realizar las inversiones necesarias para no degradar los suelos o evitar las quemas o favorecer las granjas agroecológicas o retener a las miles de familias frutihortícolas en el Alto Valle del Río Negro, evitando los excesos megainmobiliarios. Porque en todo ello hay razonabilidad siempre y cuando se piense en favorecer a productores que luchan por sobrevivir, en un proceso de urbanización que no se detuvo nunca en siete décadas, primero en el marco del insensato y desmedido proceso de sustitución de importaciones que terminó favoreciendo la megalomanía del conurbano bonaerense, más el hacinamiento invivible de sus ciudades, algo que la clase política ignorante del campo, alentó y aprovechó, además y en segundo término, tuvo que soportar la “demonización” académica, como si el productor, fuera el victimario de este proceso, cuando en realidad, es la víctima, de otros eslabones de una cadena rentística (grandes exportadoras, pooles de siembra, feedloteros, arbitrajistas, supermercados, etc.). Para colmo, de nuevo, todo ello, con la diatriba de los profesores de la UBA, como suele repetir Longoni, en la que se suele estigmatizar al productor agropecuario, como si fuera el viejo “oligarca”  terrateniente, con la ignorante de CFK resonando en mis oídos, acerca de “los piquetes de abundancia”, para referirse peyorativamente a los ruralistas asentados en carpas y fogones, a la vera de los caminos, en aquel frío invierno de 2008.

Realmente, Longoni, hoy, nos dio en un par de horas amenas, una clase condensada de Sociología Rural, de Economía Agraria, de Historia Política, de Medio Ambiente, hasta de Comercio Internacional, cuando se refirió al proyecto de inversión millonaria de los chinos para cría de chanchos y exportación de carne porcina, un mercado que irresponsablemente, por falta de políticas de Estado, los argentinos, a pesar de nuestra retórica nacionalista, terminamos cediendo a extranjeros. Son nuestras absurdas contradicciones, por el erratismo crónico, por nuestros ideologismos estúpidos, por las pésimas y torpes ejecuciones de medidas por parte de los kirchneristas. Los que hicieron que por tanto hablar de los pooles de siembra, ya éstos dejaran de ser rentables y Grobocopatel, el otrora zar de la soja, hoy se dedique a tener todo concentrado en una empresa de agroquímicos. O que la improvisada jugada de Fernández de expropiar Vicentín, terminada ayer en un fiasco, en nombre de “la soberanía alimentaria”, que no estaba en juego realmente, derive en la venta a Glencore, una multinacional extranjera. Porque, a fuerza de ser sinceros, toda la clase política sabía hacía largo rato, del “descalce” de los osados del Grupo exportador de Avellaneda y que habían dejado a Bancos y muchísimos productores, sin cobrar sus acreencias. Tanto Macri como Fernández, fueron cómplices de esa estafa, negociaron una transición de cuatro meses, en medio de ese desfalco y jamás ordenaron a sus equipos respectivos, para que anticiparan una solución viable para evitar llegar a esta situación indeseable -aclaramos, en el marco de una ley que permitió tal estafa, que data de la época de la dictadura del General Videla-. Aquí, según parece, tampoco hubo grieta alguna.

Como tampoco y con ello, voy terminando, la dirigencia ruralista estuvo a la altura de las circunstancias. La llamada “Mesa de Enlace”‘, “salvó la ropa” gracias a Eduardo Buzzi (Federación Agraria), un líder de gran exposición en la crisis de 2008 pero que luego, gracias a sus oscilaciones políticas y demás factores, hoy quedó relegado a ser dirigente de un club de fútbol del interior, de tercera división. Jamás, en los años de Macri, con toda a favor, con dos Ministros de Agricultura, oriundos del sector, se pudo motorizar y concretar un recambio dirigencial y mucho menos, algo fundamental, una ley que le asegure al lobby gremial rural, una unificación de las cuatro entidades (FAA, CRA, Sociedad Rural y Coninagro), con el mismo o mayor peso institucional que la UIA, proporcional a su gravitación económica. La Argentina se da esos lujos insólitos, de quemar liderazgos políticos y arriesga seguir perdiendo capital social, con los productores ya abuelos, sin descendencia, con sus hijos y nietos emigrados a la gran ciudad, a estudiar Sociología o Ciencia Política.

Por todo ello, no queda otra, termina Longoni, que optar por un minimalismo realista: bajar la cabeza, evitar la confrontación y relegando a “las damas”, por ejemplo, tanto la “Gran Dama” CFK, que necesita descomprimir, si quiere asegurar sus proyecto político, como del otro, la Mesa de Enlace y de la mano de la gran necesidad económica de urgencia financiera, con el marco de la negociación resuelta con los bonistas, teniendo la excusa ecológica enfrente (sequía, Ley de Humedales), acordar con el gobierno y el Congreso, una gran política de Estado que gire en torno a una agenda innovadora de grandes temas: impositivo (retenciones), medio ambiente, banco de tierras, despoblamiento, una nueva Ley de Arrendamientos, subsidios de pequeños productores, etc. El primer paso ya se dio y hay una foto elocuente de ello: la reunión de la pragmática CFK con los directivos del Consejo Agroindustrial Argentino (CEA). Para Longoni, es la única manera de dar un salto rápido y hacia delante, si es que se viene otro viento favorable de cola, otra vez, gracias a China y post pandemia.

Porque el campo argentino una y otra vez, a lo largo de la historia, fue leal a su país. En toda la cuarentena, gracias a él, junto a los transportistas, como lo vimos en el Canal Rural y lo escuchamos en el programa radial de Longoni, “Bichos de Campo” en AM Rivadavia, desde el 20 de marzo, nunca dejó de trabajar y operar, nunca dejó de abastecernos, nunca dejó de alimentarnos. Quizás, en un contexto de destrucción empresaria, con la mitad de los argentinos en situación de pobreza, que arrastró esta “cuarentena china” de Alberto Fernández, no es hora de que la ciudad y la clase política le devuelva algo por esa lealtad incondicional? No es hora de demostrar que la oportunidad histórica del 2008 no fue en vano?

EL INFIERNO TAN TEMIDO

Una crisis de gobernabilidad no se incuba en unas semanas, tampoco en meses. Quizás algunos años. Cuando el mundo le sinceró a Macri que ya no habría financiamiento externo en marzo de 2018 y toda la fantasía del “genial timbero financiero” Caputo, cayó como “un castillo de naipes”, entró en un tobogán permanente que desembocaría en la “sorpresiva” derrota en las PASO contra los Fernández, para no poder ser revertida a pesar del esfuerzo final, en octubre de 2019. Había alternativa política allí, el recambio, a pesar de que espantara a casi la mitad del electorado.

Siempre me pregunté qué sería de la Argentina si volviera a gobernar CFK, aún encubierta o abiertamente como ahora, y voy respondiéndome esa pregunta día a día, a medida que se aproxima la tormenta perfecta, del default, del impacto del emisionismo monetario sin igual de estos meses de cuarentena, del sinceramiento de precios y tarifas, de la devaluación, cuando se achique la brecha con el dólar paralelo, en fin, cuando quede al desnudo, el gobierno de los “no científicos”.  Ni la épica del triunfo sobre el virus, ni la apelación al esfuerzo colectivo ni la solución semiautoritaria vía la renuncia de Alberto y la asunción de CFK o la de Berni ganando la parlamentaria en Buenos Aires, podrán salvar al gobiermo y tampoco a la oposición, cómplice de este desaguisado. Como se ha visto con las iniciativas más proclives al “paladar negro K”, como la expropiación de Vicentín o ahora, la reforma judicial, enfrentarán crecientes rechazos sociales que terminan acorralando los intentos de frágil moderación de unos y otros.

Entonces, una crisis institucional y por qué no, de gobernabilidad, está a la vuelta de la esquina en Argentina, no creo que esperemos al 2021 para verla  y nadie quiere asumirlo, porque se mezclan tabúes de golpismo histórico y autismo más miedo generalizados. Una vez más, la pandemia desnudó y agudizó los graves déficits institucionales allí donde los había y en 37 años de democracia, nunca resolvimos. El gobierno por más que “saque de la galera”, 60 medidas, no cree en los planes, no tenía ninguno desde que asumió, por eso se aferró a la cuarentena y tampoco podrá elaborar uno, por más que el FMI, en caso de evitar el default, le exija uno.

Pero qué antecedentes hallamos en la historia para llegar a tan terrible pronóstico. Desde luego, hay factores multicausales, para arribar a esta conclusión, como la anomia social, el pésimo resultado macroeconómico, la inseguridad, el Estado fallido, pero sobre todo, la ausencia de plan u horizonte integral por parte de la clase política, que terminó por hartar a la sociedad. Un consenso para hacer reformas de fondo, como las que necesita Argentina, no puede avizorarse en un plazo corto. Por lo que la situación se asemeja a 1974-1975, cuando murió Perón, gobernó Isabel, con la sombra de López Rega y fracasó el plan de sinceramiento de precios de Celestino Rodrigo, depositándonos en la hiper de 1975. Si a ello le sumamos que el mismo gobierno constitucional había elegido la opción legal de la guerra antisubversiva con todo el aparato represivo estatal, acabó de “cavarse la propia tumba”, cuando el líder de la oposición, Ricardo Balbín, de la UCR, dijo ya no tener soluciones para salvar al gobierno. Tampoco olvidemos que aquel regreso de Perón, fue precedido por el gobierno “comodín” del “Tío” Alberto J. Cámpora, cuya principal medida fue la liberación masiva de presos políticos, no por corrupción o delincuencia, como en abril pasado, sino ex guerrilleros urbanos y terroristas. En marzo de 1976, tras aquel caos, sin rumbo alguno, con violencia política – y no tanta delincuencial, como la actual-, todos esperábamos a la dictadura militar aunque nos agradara el eufemismo de “Proceso de Reorganización Nacional”. Todos sabemos también lo mal que terminó -y terminamos- al cabo de 7 largos años.

2001 fue una catarata de errores no forzados. El nombramiento y falta de apoyo suficiente a López Murphy, para enmendar los errores fiscales de los noventa, en un momento sin apoyo financiero externo, la asunción de Cavallo para salvar a su criatura, la Convertibilidad, el intento de bancarización de los informales y el primer “corralito”, terminaron con el gobierno de De la Rúa. Este ya venía golpeado desde la renuncia del Vicepresidente Alvarez por lo que con una alianza entre el propio radicalismo conspirando con Alfonsín a la cabeza, seguido por Leopoldo Moreau, sobre todo contra la figura de Cavallo y el peronismo, el bonaerense de Duhalde, luchando desde 1997, sostenido por una poderosa coalición antimercado y pro salvataje de deudas en dólares (Grupo Clarín, UIA y CAME), no pudo sostenerse y pronto fue derribado. En octubre, había ganado el “voto bronca”, con el muñeco “Clemente” a la cabeza, por lo que existía un notorio vacío de poder. Algunos de los sindicalistas tradicionales que conspiraron contra De la Rúa, ahora le dan un ultimátum al gobierno de los Fernández.

Tanto en 1976 como en el 2001, la situación de deterioro macroeconómico pero sobre todo, político, desembocó en sendas crisis institucionales, incluso de gobernabilidad. Se trataba de gobiernos que no gobiernan: pueden gritar como lo hacía “Isabelita” pero sin comunicar nada; pueden sobreactuar o contradecirse, dar alguna muestra de gestión mínima, como comunicar el número de contagiados y fallecidos por Covid-19 día a día, pero la gente espera de ellos, otra faceta. Cualquier parecido con la realidad, es pura coincidencia.

Hoy, ya sin el recuerdo generacional de 1976, los “Millennials” ni siquiera imaginan una circunstancia tan dramática como aquélla. Pero está a la vuelta del camino porque el actual gobierno e insisto, la oposición, con “fuego amigo” en ambos bandos, se han “anotado todos los números”. Al incubamiento previo, le han “echado más nafta al fuego” y dudo que un sinceramiento de precios pueda ser resuelto pacíficamente, con medios de comunicación comprados, sindicatos apenas murmurando y una sociedad anestesiada y con miedo producto del terrorismo mediático. Tarde o temprano, esa olla a presión estallará. Un mix de 1975, 1989 (la segunda hiperinflación) y 2001, se avecina. Un arreglo de la deuda, el esperado rebote del “gato muerto” o la suba de la Bolsa y acciones, no alcanzan para disimular la caída. La regresión semiautoritaria de los últimos años en la región con rebrotes en tal sentido en la Brasil de Dilma y la Bolivia de Morales, más la supervivencia de Cuba y Venezuela, favorece la resiliencia autocrática de la Argentina.

Ojalá me equivoque. Por ahora, una vez más, es “la tragedia que deviene en farsa”.

ACASO NO ERA PRIORITARIA LA SALUD?

Argentina acaba de superar 40 días de la cuarentena -aunque suene redundante-, cumplida con una sorprendente mansedumbre, por la casi totalidad de sus habitantes, a quienes aplicando el papel del tutelaje platónico, en términos de Robert Dahl, supuestamente “cuida” el Presidente Alberto Fernández (AF). Pero claro, en un país, al menos formalmente federal como el nuestro, los ruidos perturbadores pueden llegar de los rincones menos esperados y afectar hasta el narcisismo del tutor.

Mientras tanto, la justicia provincial bonaerense, ligada al zaffaronismo abolicionista, acaba de dictar prisión domiciliaria, para 2.300 presos (mayores de 65 años), condenados por homicidios, violaciones y femicidios. Lo hizo tras una semana y media de motines en las cárceles, con reclamos de los ahora liberados, por temor al contagio masivo al Covid-19, luego de que funcionarios de segundo nivel del gobierno Fernández-Fernández (FF), con la orden de la Vicepresidenta Cristina Fernández (CFK), sumados a fiscales del Poder Judicial, auspiciaran la liberación de presos VIP ligados al kirchnerismo, acusados y condenados por causas de corrupción. La impunidad también enferma y mucho más en un país con tasas de delito crecientes a lo largo de las últimas dos décadas. Así lo están difundiendo las asociaciones de familiares de víctimas y el colectivo feminista, que han reaccionado de manera virulenta a las medidas de los magistrados judiciales, insólitamente en un contexto de feria del tercer Poder de la República.

A la manera de una “tormenta perfecta” que se avecina, por estos días, también crecen los casos de contagio en “villas miseria”, algo muy temido por intendentes bonaerenses ligados al gobierno y opositores. En esos ámbitos estructuralmente insalubres, por condiciones de hacinamiento, al igual que en las favelas brasileñas y tantos otros lugares paupérrimos de América Latina, resulta de imposible cumplimiento, un aislamiento social obligatorio. La pobreza, aumentando a un ritmo del 20 % por el paro signado por la cuarentena, puede ser más letal que el propio Covid-19.

Para colmo de males, la semana pasada, una orden absurda del gobierno capitalino de Rodríguez Larreta, otrora alineado con el ex Presidente Macri, pretendió exigirle a los adultos mayores de 65 años, una autorización especial de las autoridades. El pretexto, era la necesidad de cuidar a los ancianos de manera especial porque se trata de un grupo poblacional de altísimo riesgo. La medida quedó en la nada por el fuerte rechazo social pero cada semana estamos viendo un aumento de los contagios entre los más viejos, sobre todo, los residentes de los miles de geriátricos privados -muchísimos ilegales o “truchos”, que subcontratan incluso organismos estatales como el PAMI, desde hace décadas. Es más que elocuente el daño sobre todo psicológico que puede acarrear la soledad al extremo del “abandono de persona”, sobre la tercera edad.

Las tres problemáticas ilustran la precariedad e improvisación con la que Argentina enfrentó esta pandemia global, bajo términos exclusivamente sanitaristas. A este trío de grupos poblacionales, el Estado podría haber “cuidado” mejor tempranamente, ya a fines de enero, cuando el propio Ministro de Salud minimizaba la llegada del Covid-19 a estas tierras, aislándolos selectivamente con contención especial, en vez de obligar a toda la población sin distinción a meses enteros de confinamiento, sin considerar varados dentro y fuera del país y no sólo por turismo.

Lo cierto es que este cóctel explosivo más un crudo invierno y la “desescalada” de España e Italia de sus respectivos “lockdown”, los “espejos” donde suele mirarse el frustrado socialdemócrata AF, pueden minar la precaria eficacia del “quedate en casa”, con la que gobernantes y comunicadores que hacen de voceros del poder, le han hecho creer, de modo malvinizado, a una sociedad temerosa, pusilánime y cada vez menos exigente, es la única “vacuna” contra el Covid-19.

Todo ello, sin sumar la fragilidad institucional con la que se está moviendo la Argentina por la excusa de la emergencia o excepcionalidad que impone la batalla contra la pandemia, con el récord de 35 Decretos de AF, más que ningún otro Presidente en democracia, sin que funcione el Congreso -con una oposición complaciente y confundida-, ni siquiera online. Cuando analizamos el plano federal, la situación empeora: a diferencia de Estados Unidos o Brasil, los gobernadores argentinos se pliegan aún más a las decisiones unitarias del porteño AF, temerosos de que les explote la pandemia en sus rostros. Com si todo esto fuera poco, no puede ya ocultarse la verdadera razón por la cual AF se aferra a la cuarentena, junto con su grupo de expertos virólogos: la económica. La falta de ideas claras de su gobierno en tal campo, para afrontar un combo terrible de inflación alta, recesión y default virtual, ya tempranamente demostrada en enero, sólo pudo ser disimulada apenas irrumpió la noticia del “virus chino”.

Puede tejerse “otra realidad” durante un tiempo pero al cabo de algunas semanas, más o menos, como en el cuento de Andersen, el niño descubre al “rey desnudo”. El mismo que dice “gobernar con evidencia” -pero ha evitado testeos masivos; imitar y mejorar a naciones europeas -con sistemas sanitarios endebles pero PBIs muy superiores al nuestro- y que le importa más evitar la enfermedad de trabajadores de una fábrica que el cierre de la misma por razones económicas, como si economía y salud fueran opciones contrapuestas. Dependerá de alguna reacción de la sociedad hoy “protegida” que el tutor asuma su incapacidad para manipularla.

EL VIENTO REINA EN EL FIN DEL MUNDO

Una cuenta pendiente era conocer Ushuaia, la ciudad más austral, la del “fin del mundo”, sí, el mismo que imaginó el gran Julio Verne en sus obras como “Los hijos del Capitán Grant” (1868), aunque tampoco puedo dejar de recordar la epopéyica “campaña del desierto” del General Julio Argentino Roca, los viajes de exploradores terrestres como Charles Darwin y Alexander Von Humboldt o marítimos como Hernando de Magallanes o sencillamente aventureros como el rumano Julius Popper o el francés Oriele Antoine de Tounens, que en el siglo XIX, se autoerigieron “reyes de la Patagonia”. Claro, son tierras lejanas, inhóspitas, hasta agresivas por la ferocidad del incesante viento y el frío penetrante, que este verano, se hizo notar como nunca.

El viento es diario, con mayor o menor intensidad, incluyendo ráfagas de 60 a 80 km. por hora. El sol, especial por el agujero en la capa de ozono, impacta de lleno en la piel humana, resecándola de manera anormal. El frío nocturno completa la agresividad del clima patagónico.

Ese viento pone a prueba la potencialidad del aprovechamiento de energía eólica, por ejemplo, cerca de la santacruceña Caleta Olivia (CO) y la chubutense Comodoro Rivadavia (CR). Es que la Patagonia, está toda atravesada por la tensión entre energías renovables y no renovables. Al lado del furor por Vaca Muerta en Neuquén, que elimina cualquier grieta entre kirchneristas y anti K, el petróleo y la minería, no así insólitamente la pesca, forman parte de la historia de incentivos naturales innegables que ofrece la Patagonia. El primero de ellos en CO y CR pero también la propia Tierra del Fuego.

Además de la enorme riqueza forestal e ictícola de la región, la fauna es célebre por su variedad: a las maras, las avestruces y guanacos que todos visualizamos a lo largo de la Ruta Nacional 3, a veces caminando, corriendo desaprensivamente y por ende, muriendo atropellados, podemos agregar a los petreles, albatros y cormoranes que acompañan en acantilados, a pingüinos, focas y lobos marinos que descansan y navegan a lo largo de la costa atlántica.

No dejé nunca en este largo viaje, con el que coroné el fin del 2019 y el inicio del 2020, de valorar el esfuerzo de argentinos, chilenos y hasta peruanos que viven en estas alejadísimas latitudes, en poblaciones minúsculas, casi insignificantes, comparables a ciudades o pueblos de envergadura media o pequeña de la “Pampa Gringa” argentina. Gente que a lo largo de décadas, ha emigrado de las regiones más pobres pero también de las más prósperas del propio país y vecinos, en aras de construir futuros más venturosos o con el fin de dejar atrás historias negativas.

Hablando de chilenos y peruanos, ellos están. Pienso en Rudy Ulloa, el chofer trasandino de Kirchner, hoy devenido en próspero empresario, dueño de radios, canales de TV y diarios de la zona, algo que comprobé, son demasiados para una zona tan despoblada como ésta. Claro, el mestizaje es abundante en la región: tiene un componente latinoamericano que se mezcla con el originario, haciendo el paisaje étnico –y geográfico-comparable al Perú cercano a Lima: el del sol permanente, las tierras secas, las arenas y el viento.

La diferencia es que aquí no venden en las calles o rutas: ya ciudadanos argentinos o residentes, son empleados públicos provinciales o municipales, regentean hoteles o trabajan como personal doméstico. Ya no emigran con el ritmo o la intensidad de los años sesenta o setenta, cuando Argentina era un paraíso al lado de Chile o Perú. Hoy, la situación se ha emparejado a favor de ellos pero igualmente, cuando se suscitan nuestras ya habituales crisis cambiarias, ellos se vienen. Es sintomático que haya una delegación nacional de Migraciones en Río Gallegos, ciudad cercana a los dos pasos limítrofes con Chile en dicha Provincia tan cara a los afectos kirchneristas.  

CR es una ciudad progresista pero desigual por el petróleo. Ofrece una renta per cápita elevada pero mucha gente vive en sus alrededores en barrios más bien periféricos. Forma parte de la costa chubutense, marcadamente diferente del Parque Nacional Los Alerces (Futalaufquen, Verde, Rivadavia, Menéndez, Krugger, etc.) que allende a la cordillera, resguarda a ciudades como Esquel y Trevelín. A esa zona, la recorrí embelesado por sus paisajes “suizos” hace 3 décadas, como mochilero, con el hoy médico residente en Badajoz (España) Germán Lucini, su hermano profesor de educación física, Raúl, el también galeno (santafesino) Ignacio “Nacho” López Candioti, el traumátólogo rosarino Javier Sosa Escalada, que nos dejó sin una carpa a mitad del viaje y otros compañeros.

Aunque parezca mentira, hay lugar aquí para realidades semejantes a las europeas. Por lo menos, así las percibieron los pioneros galeses que se instalaron a partir de 1865, en Trelew, Madryn y Gaiman. Ellos habrán imaginado las costas patagónicas semejantes a las de las Islas Británicas, para luego traer sus hábitos europeos, como las tortas y té galeses.

Vinieron a estas tierras cuando el General Julio Argentino Roca buscaba expulsar a los indios, de una manera mucho más eficaz que lo intentado décadas atrás por el gobernador bonaerense Juan Manuel de Rosas. Criticado en Córdoba por genocida y demás, Roca aquí llevó y llegó la civilización de su mano, expulsando a los indios (yámanas, onas y patagones), entregando a los campos extensos a militares y familias allegadas, etc. No fue el patrón civilizatorio del Lejano Oeste norteamericano. Aquí no hay que dejar de mencionar la intención chilena de ocupar y poblar la Patagonia. Lo que hizo Roca fue un ejercicio pleno de soberanía, más allá de las teorías conspiracionistas con las que nos hemos habituado los argentinos desde la infancia y que alguna vez citó Carlos Escudé creyendo que son nuestros vecinos los expansionistas cuando tal vez en la realidad, sea exactamente al revés.

Estatua de Julio Argentino Roca en Río Gallegos

Los habitantes patagónicos han gozado de subsidios varios (consumo de gas o naftas) o la promoción industrial de la electrónica y electrodomésticos, que financian el resto del país, pero resulta claro que el crecimiento de la población ha sido mínimo: Argentina en las 3 últimas décadas de democracia, jamás ha promovido ninguna política eficaz y de largo plazo que le diera al lejano sur, la importancia estratégica que merece. Todo lo cual por supuesto, descompromiría el enorme desequilibrio estructural regional que hoy favorece tanto al conurbano bonaerense.

La infraestructura argentina es mínima, siendo cada vez más reemplazada por el clientelismo de intendentes y gobernadores. Los funcionarios nacionales de Obras Públicas, dependientes de Mario Meoni, ahora serán los interlocutores de los “zares” patagónicos: polideportivos, asfaltado de calles, alumbrado de calles, gas natural y agua potable, autovías provinciales. Claro, con poca transparencia, con desigualdad ante la ley (intendentes y gobernadores amigos versus rivales), con montos per cápita absolutamente desproporcionados. Esa “película” ya la vimos con De Vido y su favoritismo a Leones en desmedro de Marcos Juárez en Córdoba: ahora con Martín Gill, viviremos una historia parecida, pero con miles de intendencias a nivel nacional.

Mientras tanto, el debate de qué hacer con la Patagonia, por qué y para qué tenerla, qué hacer con sus poblaciones famélicas mientras seguimos poblando el conurbano bonaerense para favorecer al peronismo, podrá continuar ad infinitum, mientras se consolida la tendencia unitarista del país.  

Párrafo final para los Kirchner. Ellos vivieron e hicieron política en el sur, sobre todo por su demagógica campaña por los Hielos Continentales en los noventa y dos mil y obviamente, en el feudo de la Provincia de Santa Cruz. No fui testigo de una sóla obra pública ni siquiera en Río Gallegos que demuestre o justifique tantos años de gestión tanto de Néstor como Intendente y Gobernador como de CFK como senadora nacional en la etapa previa a ellos en la Presidencia de la Nación. Algo que realmente confirma mi hipótesis de que en Argentina, no es la eficiencia o responsabilidad en la gestión pública la que legitima gobiernos o reelecciones de políticos en los máximos cargos, sino el liderazgo de las redes clientelares financiadas con recursos nacionales (por ejemplo, en la Patagonia, regalías petroleras). Esa fue la “virtud” de la familia Kirchner para lograr el poder, mantenerse en él y acrecentarlo hasta arribar al corazón federal, Buenos Aires en 2003, de la mano del antimenemismo de la familia Duhalde.

He aquí el mausoleo de Néstor Kirchner en la ciudad de Río Gallegos.

A modo de despedida, luego de mi quinto viaje a la Patagonia, recordando el patrimonio universal de estas tierras majestuosas del “fin del mundo”, le recomendaría a Greta Thunberg que se haga una escapada a esta región tan lejana, incluso que se llegue a la Isla de los Estados como lo hizo Mario Markic “En el camino” y redescubra in situ, el sentido de su lucha ecologista, en lugar de elegir el altar mediático de sus combates a los líderes mundiales.

Allí, como me ha pasado a lo largo de todo este formidable último periplo, podrá entender quizás, incluso el sentido de la vida, el mismo que desde la lejana Francia, el genial Julio Verne supo imaginar en “El faro del fin del mundo” (1905).

Porque tal vez, el fin sea el inicio de todo.

PD: la mención a la Isla de los Estados y a Julio Verne tiene un gusto especial para mí, porque la primera, gran y única referencia de la existencia de Argentina que tenía mi novia Ekaterina cuando la conocí hace 9 años, era simplemente ésa, referida a su lectura infantil de “Los hijos del Capitán Grant”.

FERNANDEZ HARA LO QUE MACRI DILAPIDO?

Contaban en el programa de Fernández Díaz en Radio Mitre, hace unos días, que al Embajador de la India en Argentina, le llamaba la atención la vertiginosidad de la coyuntura en el país pero que ello contrastaba con la absoluta inmovilidad en un trayecto de 20 años. En efecto, cuando uno ve la película en 2 o más décadas, estamos parados como sociedad, en el mismo lugar. Pero vayamos a cómo se desarrollan las últimas horas para comprobar la hipótesis del diplomático que sin duda, por proceder de una cultura milenaria, conoce muy bien cómo afrontar el tiempo en plazos largos y entre otras virtudes -o no-, cómo actuar de manera resiliente. Ayer transcurrió la elección, para muchos, la más importante de la historia democrática, por todo lo que se jugaba, anoche se conoció el resultado, hubo festejos de un lado y llanto medido del otro, discursos y demás pero esta mañana, el desayuno de ganador y perdedor para iniciar transición y el precio del dólar, con aumento del cepo cambiario mediante, hicieron pasar a un segundo plano, la definición del 27.

De todos modos, analizando el resultado, claramente, no fue ni el 54 % de CFK de hace menos de una década ni tampoco la ampliación de la diferencia que esperaba el albertismo tras las PASO. Tampoco pudo Macri revertir el resultado para llegar al ballotage, pero su esfuerzo del último mes, valió la pena para alcanzar un 40 y pico % Este porcentaje es levemente inferior por ejemplo, a la minoría pinochetista-democrática cuando dejó el poder en el Chile de hace 30 años -hoy desafiado en las calles por una generación que ni siquiera vivió el plebiscito de 1988- y mucho mayor al menemismo en retirada en 2003. Además, contará con un bloque parlamentario propio de relevancia y rodeada del azul del Frente de Todos, a lo Boca Juniors, una franja “amarilla” de la Argentina central y productiva que tal vez, se convierta en un polo desafiante al nuevo oficialismo, si osa reeditar el aumento de la presión impositiva al estilo de marzo de 2008.

Tras la experiencia cafierista, otro economista heterodoxo, sin antecedente político alguno, el hijo político de CFK,Kicillof logró condenar al ostracismo a Vidal en territorio bonerense, erigiéndose en uno de los grandes ganadores de la jornada pero a pocos km., Rodríguez Larreta, pudo aplastar al “delfín” de Tinelli, en CABA, para posicionarse como futuro líder de la oposición y por qué no, presidenciable? Aliviado -a juzgar por las fotos post derrota de hoy-, Macri terminará con la maldición de un Presidente no peronista terminando su mandato, desde hace 91 años -como Alvear-, pero no podrá repetir la reelección de Perón, Menem y CFK. El gran vencedor, Alberto Fernández (AF) por fin, ganó una elección en su vida, ungido por CFK en insólita pero inteligente maniobra, pero tendrá un enorme desafío macroeconómico, para lo cual, habrá que ponerlo a prueba, en un rol que jamás tuvo.

Es que el mercado estudiará cómo se las arreglará Alberto Fernández para gobernar este 2020 que se viene, nada similar a aquel 2003 del “finado” Néstor (post Remes Lenicov y con la soja “por las nubes”). Cómo lo hace con una coalición heterogénea donde coexisten Massa, Malena Galmarini, Donda y Nielsen con Máximo, CFK y los pragmáticos gobernadores a quienes ella ninguneó o subalternizó más de una vez en sus 8 años de gestión. Cómo lo concretará con un FMI al que hay que abonar 37.000 millones de dólares en breve. Con un panorama monetario y fiscal endeble, con reservas menguadas (23.000 millones de dólares menos), con un dólar amenazante y una hiperinflación a la vuelta de la esquina, si osa emitir. Ni en sus sueños habrá imaginado gobernar así, con tantas restricciones y tan lejos del hegemonismo de 2011-2013.

“Argentina año verde” es una noche con resultados rápidamente oficializados y reconocidos, con reconocimiento hidalgo de derrotas, con escasa o nula agresividad a pesar de la mentada grieta. Un “mariscal de la derrota”, Marcos Peña Braun, autor intelectual de las operaciones de gestión que negaron la política por anticuada, siguió defendiendo lo indefendible, cuestionando un sistema electoral que jamás se animó a cambiar seriamente y a echar un manto de dudas sobre la demora de los resultados. Una muestra cabal de que la elite más rancia no sabe gobernar este país porque fue criado en un balcón, aunque haya viajado por todo el mundo. Fue él quien influyó a Macri para sacrificar a Vidal obligándola a no desdoblar y morir con él a pesar de haber tenido decenas de ocasiones para despedirlo.

Con Macri, tengo sensaciones ambivalentes. En estas páginas, lo he criticado “duro y parejo” por lo que no se animó a hacer o hizo mal, sobre todo, en materia macroeconómica. Tenía derrotado al kirchnerismo en octubre de 2017, con un peronismo dividido pero la ciega fe de Peña en la “no-política”, maltratando a operadores de fuste y “rosca” como Frigerio, Monzó y Negri, detonó un debate innecesario por la reforma previsional en aquel diciembre para luego humillar al ex Presidente del BCRA el “Día de los Inocentes” lo cual anticiparía la debacle devaluatoria de abril de 2018, que depositaría en la pobreza a millones de argentinos y resucitaría a los K. Una gran decepción (y van….) de un liderazgo no peronista que a pesar de reconocer errores e intentar cambiar, lo hizo tardíamente y sin consistencia en términos de equipo y gestión. Como con Alfonsín, recordaremos las libertades civiles pero está claro que en un país como Argentina con tantas expectativas sociales defraudadas, ello no alcanza. Cuando Peña reclame para su líder, el rol de principal opositor como si Argentina fuera un país parlamentarista -que no lo es ni lo será-, habría que hacerle pagar sus culpas de posibilitar la reunificación del peronismo y dejarlo en la fila de atrás, si es que pretende volver con alguna pretensión.

Trato de entenderlo. Es que Macri fue fiel a su profesión. Como todo buen ingeniero, fue un obediente asesorado para cubrir sus limitaciones, creyó que el modelo de CABA, con obra pública, asfalto y saneamiento, ganaría votos aún en los conurbanos o Provincias como las del norte, donde el empleo público o el doble empleo disimulan aquellas carencias históricas; un equipo de tecnócratas sin experiencia en el Estado; una prolija planilla Excel y una coordinación interministerial que jamás se plasmó en la realidad, le garantizarían la continuidad. Fue incapaz y terco, para resolver el cáncer de la inflación, a diferencia de un Menem que sí optó por un esquema de gobierno más eficaz, con un superministro de Economía, con un plan de shock y alcanzó la reelección.

Tal vez, con su campaña del “Sí, se puede” al hombro, dejando atrás el trillado timbreo y el escenario en 360 grados, alentando a multitudes autoconvocadasen 30 ciudades escogidas estratégicamente, con el corolario apoteótico del Obelisco y Córdoba Capital, Macri demostró una vez más, sobreponerse al traspié y hasta intentar revertirlo -estuvo a pocos puntos de hacerlo, cuando las encuestas lo negaban- y así, acabar con su drama existencial de hijo de padre omnipotente. No puedo dejar de mencionar a quien eligiera Macri como su candidato a Vicepresidente: el rionegrino Pichetto, ese peronista “republicano” que seguramente elegirá seguir formando parte de “Juntos por el Cambio”.

Penúltimo párrafo para los radicales. A pesar de los esfuerzos de Peña, por omitir su lugar en la historia, “salvaron la ropa” en Mendoza, en Córdoba y Entre Ríos, aunque perdieron en Jujuy y Corrientes. Habrá futuro para ellos, dentro del formidable bloque leal a Cambiemos o se dejarán seducir por un gabinete o armado político que se parezca a la transversalidad de Néstor cuando atrajo a los Cobos, Raimundi, Cornejo, Moreau, etc.?

Mientras en “usinas del círculo rojo” como Radio Mitre, se ilusionan con una nueva fase republicana, donde el ganador encuentra límites como los ya comentados al desborde hegemónico, podrá AF gobernar mejor de lo que significa ganar elecciones? Podremos tener alguna vez, además de coaliciones electoralmente exitosas, otras igualmente duraderas de gestión o gobierno? El acuerdismo que despreció Macri, no será suficiente para manejar el país si no está acompañado de un plan económico integral y consistente que ataque la inflación, estabilice la economía y ponga su foco en la exportación. No hay margen para el error, tampoco para seguir dilapidando tiempo intergeneracional y ver cómo los vecinos nos superan. Ni hablar qué pasará con muchos argentinos si en el ballotage uruguayo, triunfa Lacalle Pou.

UN MILAGRO PARA MACRI HACIA OCTUBRE

Confieso que cuando el lunes pasado por la mañana, en Viena, Ekaterina, dueña de un prodigiosa intuición, me avisó que en la info de su celular, no aparecía como ganador o ganadora de la elección primaria en Argentina, ni Macri ni CFK, pensé en lo peor -y adiviné-: ganó Alberto Fernández (AF), quien por primera vez en su vida, había abandonado por un momento su traje de “monje negro” para convertirse en un líder expuesto y vencedor en las urnas. El problema no era sólo su triunfo sino el elevado margen con el que lo hizo: cuando vi los porcentajes, tampoco podía creerlo. Hasta supuse que igualmente sorprendidos estarían mis amigos peronistas, que aventuraban desde hacía meses, igual que la consultora Isonomía, que Macri podía perder hasta en primera vuelta con CFK -algo que ella misma ahora debe estar mascullando por regalarle tanto protagonismo a AF-.

En fin, las sorpresas, ahora llamadas “cisnes negros” siempre existieron aunque no dejo de buscarles alguna explicación: ése es mi rol de analista. Porque más allá del singular discurso impregnado una vez más de misticismo republicano de la Diputada Elisa Carrió el jueves 16 de agosto en el seno del gabinete ampliado -en pleno shock y duelo juntos-, en el que retó y reprochó a marketineros como Durán Barba, “mártires” como Marcos Peña, funcionarios insensibles y cobardes, veraneantes europeos como yo mismo, en suma, a la sociedad toda, lo relevante es entender que la sorpresa tenía muy poco de ello. Es que nadie quiso ver lo que estaba ocurriendo desde por lo menos, la crisis devaluatoria de abril de 2018, es decir, el gobierno estaba licuando rápidamente su capital político acumulado hasta la parlamentaria de octubre de 2017 y su estrategia de confrontar o polarizar con CFK para sacar rédito, sin tomar ninguna medida estructural, por temor a pagar costo político, no hacía mas que unir al peronismo, lo cual lo dejaría en franca y evidente desventaja a Macri de cara a este agosto.

Que luego los grupos focales del ecuatoriano, las encuestas, la propia Isonomía que se iría desdiciendo de sí misma en abril, los medios, los periodistas, hasta los mercados, creyeran que Macri había emparejado, es otra historia. Pero la realidad, oculta tras el voto vergonzante de la clase media -la que se quedó en Argentina-, estaba presente desde hacía mucho. Ni siquiera el propio kirchnerismo la vio venir en toda su dimensión.

Qué queda de aquí a futuro, en 2 meses? La reacción del dólar el mismo lunes, con mercados temerosos de otro default, la amenaza brasileña de quebrar el bloque regional, la especial atención de Washington, etc., complican a AF más de lo previsto y lo obligan a seguir con atención la trayectoria del “teorema de Baglini”. La sensatez puede primar sobre cualquier fantasía populista y entonces, en su horizonte, puede perder votos desencantados con su nuevo realismo o abrir grietas con el ala kirchnerista. Tanto pragmatismo -no creo-, pueda soportar CFK y su entorno.

A Macri no le queda otra más que “remarla” y dar un giro de 180 grados en su política y su entorno: será capaz de hacerlo? En 2015 -desde setiembre-, lo hizo; por qué no ahora? Otra vez, estará a prueba su liderazgo tan singular pero para revertir todo en dos meses, deberá alejarse de influencias cercanas tóxicas y dar señales claras -y no ficticias- de cambio. La llegada de Lacunza por un inoperante Dujovne, puede avanzar en tal sentido. Porque para cambiar al país, como prometió, antes deberá cambiar él.

LA FIEBRE DE LA AMPLITUD

Macri y CFK son simétricos en el fondo y hasta, muy predecibles. En más de una ocasión, han jugado a adoptar medidas o tomar decisiones similares aunque antagónicas siendo el gran desvelo de ambos, intentar sorprender al adversario. En las últimas semanas, han desnudado otra vez, tales intenciones con las maniobras que han ejecutado, aunque descarto que hayan sido fruto de un planeamiento excesivo y por el contrario, más bien, producto de sus respectivos impulsos personales. En efecto, aunque uno pretenda recrear el 1995 de Carlos Menem y el otro, el 2007 de los Kirchner, tanto Miguel Angel Pichetto (MAP) como candidato a Vice de Macri y Alberto Fernández (AF), como “candidato a Presidente” (sic) de CFK, lejos de ser producto de la racionalidad y el cálculo mensurado, son más que nada, resultado de la desmesura y la desesperación por no perder -poder-.

Después de entretenernos -y agobiarnos- durante largos 4 años con una grieta ficticia, alentando a sus correspondientes “tribus” sectarias pero minoritarias, haciéndonos perder un tiempo precioso en términos de gestión macroeconómica y madurez política, han privilegiado por fin, escoger el camino de la moderación y el centrismo. Ahora que ambos se han percatado que ninguno de ellos le puede ganar al otro, con las recetas del manual duranbarbista ni con el “Frepasito tardío”, salen urgidos, aunque las disfracen de maniobras inteligentes y racionales, obsesionándose por leer y copiar las experiencias de la Concertación de Partidos por la Democracia en Chile o el Frente Amplio en Uruguay. Los “instrumentos” son MAP y AF, las versiones criollas de Edgardo Boeninger Kausel y Julio María Sanguinetti, respectivamente, para graficar de una manera elocuente, tamaño roles y jugadores cruciales en el complejo entramado político de los países más -institucionalmente- “europeos de América Latina.

El problema, les recordaría a Mauricio y Cristina, es que en tales países, los partidos políticos existían y existen y aquí no, tras el cataclismo del 2001 y el Pacto de Olivos de 1994, por lo que tal coalicionismo, necesidad de acuerdos y vocación por el centro para eliminar toda grieta, se construyeron en nuestros países hermanos sobre aquellas bases sólidas y no sobre arena como en Argentina. Tampoco fue la conveniencia y mezquindad de ganar una elección evitando un ballotage, lo que persiguieron aquellos actores estadistas extranjeros: fue encarrilar primero y acabar luego, con durísimas transiciones postmilitares. Probablemente, la resistencia y cerrazón derivada de un falso principismo y la flexibilidad posterior para negociar y alcanzar consensos son meras etapas (ineludibles, irremediables pero necesarias) de un largo proceso político por quebrar y derrotar pacíficamente un bloque hegemónico, de dureza autoritaria.

Pero la grieta argentina, lejos de operar en tal contexto, se construyó desde el marketing ante la orfandad de ideas y pobreza del debate de la elite nacional, por lo que jamás se requirió construir otra mayoría que haga del diálogo, su principal sustancia. Paradójico es que el gran acuerdo Perón-Balbín se haya pergeñado cerca de la muerte de ambos y que el Pacto de Olivos lo haya sido con el exclusivo e inocultable propósito de asegurarle a Menem su reelección y a los radicales, la oposición sistémica. Existe una altísima correlación entre el egoísmo puro y cortoplacismo de la clase política -deshonesta, tránsfuga y volátil- y una sociedad civil manipulable y cómplice.

Aunque por razones diferentes -en el caso de Macri, mala praxis macroconómica y asegurar gobernabilidad ante el más de una vez despreciado “círculo rojo” y en el de CFK, para ganar impunidad y no pagar costos políticos de concesiones que traicionarían a sus feligreses -, tampoco deja de sorprender que la necesidad de moderación de ambos, se logre con sendos operadores políticos, sin votos propios, como MAP y AF. Nunca en 36 años de democracia argentina, con la excepción de Zanini, en la fórmula de Scioli, tales “monjes negros “, quedaron tan expuestos en la faz pública. O la gobernabilidad a posteriori de noviembre, es tan clave para ganar votos o para seducir al establishment que financie las campañas o, los moderadores son los operadores o no se entiende muy bien estas “jugadas maestras”. En cualquier caso, hay que recurrir a figuras peronistas, porque según parece y a pesar de que el peronismo como partido esté herido de muerte, como dice Durán Barba, tal identidad sigue siendo útil para hacerle más edulcorado a los argentinos, el tránsito tardío al capitalismo moderno.

Claro, es la misma identidad que condujo al evidente fracaso económico de décadas -5 o 7 da igual-, el mismo que tal vez ahora obra como estímulo, una vez más, para demostrar el “Teorema de Baglini”. Del lado del Presidente, ir a buscar a Pichetto para resucitar -la castigada por Marcos Peña- “pata peronista” del PRO, embrionaria en 2003, aquélla que ayudó a crear Macri con el colombiano De Narváez (ex dueño de Casa Tía) en la Fundación Creer y Crecer o la triunfadora de hace una década, sobre el propio Néstor Kirchner en las parlamentarias bonaerenses, bajo el paraguas de la Unión-Pro junto al citado “Colorado” y al otro “saltimbanqui” Felipe Solá, como del lado de CFK, rogarle a Fernández, para recrear el 2005 de la transvesalidad, es el reconocimiento más palpable y patético de una dirigencia política que va y viene a los mismos lugares comunes: el ya célebre “ciclo político político argentino”, que tanto Manuel Mora y Araujo, Pierre Ostiguy y tantos otros, se aburrieron de describir. Le advierto a ellos que por más que Pichetto extremice su lenguaje, con frases maccarthistas, xenofóbicas o de “mano dura”, intentando “bolsonorisarse” para captar votos extremos y Fernández se “corbinice” como un hippie viejo atractivo para los jóvenes, lo único que hacen es desnudar la pobreza de ideas y la funcionalidad a sus dos “Príncipes”.


Cualquiera sea el estímulo o detonador, ojalá los vaya convenciendo a ambos principales actores de la decadente película argentina actual, a medida que adquieran conciencia que sus “brillantes” movimientos tácticos también hallan límites, incluyendo favorecer a toda otra “tercera vía” por la que compiten Lavagna, Espert o la izquierda, que la acuciante realidad, se impone, por encima de los recurrentes artilugios de toda especie, con los que se obstinan en embaucarnos.

La Opinión de A. Malamud

La Opinión de Zuleta Puceiro

El triunfo del ala política del gobierno

EL “ROCKY DE LAS PAMPAS”

“La experiencia es un peine que te dan, cuando estás pelado” (lo dijo el protagonista de esta columna, pero lo difundió en su video del sábado, CFK)

Por tipos, como él, un argentino puede diferenciarse de cualquier latinoamericano, un peruano, un ecuatoriano pero también de un uruguayo, ni hablar, de un brasileño. Por tipos como él, puede reconocerse como un gen nacional, el familismo amoral de raigambre italiana. Por tipos como él, porteño, también puede justificarse el resentimiento de mucha gente del interior, contra ese estilo parroquiano y barrial pero al mismo tiempo, expansivo, típico del vecino de Buenos Aires.

Fue nuestro “Rocky Balboa”.

“Era un bocón”, me solía decir con cierto desprecio, mi padre, el mismo que me llevó ese tercer fin de semana de mayo de 1976 a la casa de mis abuelos maternos en Santa Fe, donde nos enteramos de su trágica muerte, mientras otro argentino, el moronense Víctor Emilio Galíndez boxeaba y campeonaba -sangrando- en la lejana Johannesburgo (Sudáfrica).

Era Oscar Natalio “Ringo” Bonavena, seguramente, un chico de barrio (Parque Patricios), un tanto infantil, inmaduro, hincha de Huracán -a cuya dirigencia, le recomendó la compra multimillonaria del santafesino Daniel Willington-, tremendamente edípico -recuerdo su amor a los tallarines de su mamá, los domingos, “Doña Dominga”- pero también un “nuevo rico”, ostentoso, un tanto soberbio, en lunfardo, un “fanfarrón”, pero sobre todo, un “guapo”, un boxeador realmente limitado, sin ningún estilo, excepto ir al frente y recibir tremendas palizas, pero también pegar golpes aniquiladores, que llenaba el Luna Park y batía récords en ratings.

Un argentino que desafió sólo y de visitante, con todo en contra, nada más y nada menos, que a un norteamericano. Habría que preguntarle por ejemplo, al gran Muhammad Alí (“Cassius Clay“), quizás el mejor boxeador de la historia, si realmente no sintió la dureza de esos puños del Sur, aquella noche del 12 de diciembre de 1970, en que este ignoto “quemero” logró hacerlo tambalear y hasta derribarlo en el Madison Square Garden de New York en el noveno round, el mismo en que el moreno había previsto voltear a nuestro compatriota.

Hace exactamente 43 años, el 22 de mayo de 1976, el gran Ringo moría asesinado, en circunstancias poco claras, por un guardaespaldas del mafioso del juego y la prostitución de Nevada (Estados Unidos), el siciliano Joe Conforte, cuya esposa Sally también pretendió salvar de aquel submundo a Bonavena, lo cual pudo haber llevado al crimen a la categoría de “pasional”.

Lo cierto es que Ringo, otro ídolo del boxeo argentino, moríría joven, como tantos otros, Carlos Monzón, el “Mono” Gatica, el propio Galíndez, que no pudieron escapar al triste destino de la enorme pero frágil gloria. Su hombría, bravura y desfachatez bien pueden ser reivindicadas – no olvidemos que el hijo de Bonavena se declara kirchnerista“-, aunque también debemos reconocer que tales atributos, que los condujeron a una fama efímera, con funerales que fueron apoteóticos, tampoco alcanzan como virtudes aisladas, para superar el destino de “promesa eterna” de nuestro país, si no se complementan colectivamente con otros valores.

CFK EN EL CENTRO Y HACIA EL CENTRO?

“Con Cristina no alcanza pero sin ella, no se puede” (Alberto Fernández)

En un país que perdió la brújula allá lejos en el tiempo y donde no se discuten proyectos colectivos, sino trayectorias personales, ahora a tono con la realidad de la política mundial, no sorpende que las únicas noticias provengan de las situaciones o conductas que gesten o atraviesen los actores principales del devenir político nacional. En el último lustro, ese protagonismo básicamente lo han tenido el Presidente Mauricio Mauricio Macri y la ex Presidenta -dos períodos- Cristina Fernández, viuda de Kirchner.

Además, los asesores a cargo de la gestión de campaña de Macri, han estimulado la confrontación entre ambos, produciendo una “grieta”, en gran medida para disimular la inoperancia del gobierno, no obstante que ellos hayan dado pruebas de que tal antinomia existe “científicamente” en los grupos focales con los que trabajan semana a semana. Desde el año 2017 en que la ahora Senadora fuera derrotada en el distrito bonaerense, esa grieta lejos de haber desaparecido, se mantuvo impertérrita y hasta se profundizó, en los medios de comunicación, las redes sociales y el discurso de la mayoría de la clase política y hasta empresarial. Los mercados han reaccionado una y otra vez ante los movimientos de la ex Presidenta y en un contexto de altísima volatilidad financiera y monetaria, estimulada por la propia mala praxis del elenco gobernante, este año electoral, parecía ir inexorablemente hacia una segunda vuelta dirimida entre los dos grandes protagonistas.

Sin embargo, en los últimos dos meses, hubo enormes presiones del “establishment” (o “círculo rojo”, como le agrada llamarlos el encuestador ecuatoriano Durán Barba) para que Macri abandone el barco, deje su candidatura a María Eugenia Vidal (“Plan V”) y fortalezca la “pata peronista” de “Cambiemos”. Claro que dicha jugada es muy riesgosa porque puede nacer políticamente débil -recuérdese lo ocurrido con Angeloz en plena debacle alfonsinista- y porque deja huérfano el bastión de la Provincia de Buenos Aires, muy relevante para ganar la elección presidencial. Negándose a admitir su fin como partido nacional, los radicales, socios siempre imprevisibles y no muy leales, como quedó demostrado con la Alianza de De la Rúa y con el propio kirchnerismo (Cobos), esperan hasta su Convención, el 27 de mayo para definir si acompañarán a Macri “hasta el cementerio” o lo abandonarán para optar por un eje moderado (con socialistas y peronistas del interior).

Del otro lado, pendiente de sus potenciales juicios por corrupción y mirándose en el espejo de Lula, CFK tomó nota de todo y buscó no perder el centro de la escena, aunque tornándose pragmática y moderada, como en sus viejos tiempos (2007 y 2011). No era para menos: hace 8 años que pierde elecciones y a sabiendas que ni el peronismo de los gobernadores (mejor fiscal y electoralmente con Macri que con ella misma) ni el gobierno ni los medios tolerarían su regreso y le prepararían un “blitzkrieg” mortal, intentó reposicionarse.

Como una orfebre, fue tejiendo cada uno de sus pasos. Se impuso silencios largos, con los que subió en las encuestas, aprovechando la debacle de su”Otro” (Macri); tendió puentes con el Papa -vía Juan Grabois-; evitó humillaciones en las elecciones provinciales, bajando a sus candidatos; se reconcilió con viejos socios devenidos en enemigos como el Presidente de la Corte Suprema, Lorenzetti, el sindicalista camionero Hugo Moyano pero sobre todo con Alberto Fernández -viejo operador de Menem, Cavallo y Duhalde y ex Jefe de Gabinete de Néstor- y, luego de hacer un acto triunfal con la presentación de su libro en la Feria del Libro -a la que también antes defenestró-, volvió a cobijarse en el sello del PJ al que había despreciado cuando logró su histórico 54 % Para rematar su teleraña, hoy a las 9 de la mañana presentó y fundamentó en un video difundido en las redes sociales, su candidatura, pero a Vicepresidenta, del propio Alberto Fernández.Todo sea para volver al poder, con otro ropaje, con otros estilos, con otros ejecutores, con otros valores -aparentando magnanimidad y generosidad-, exhibiéndose hasta seductora de los sectores medios que ella misma cuestionó otrora a granel.

Alberto Fernández en la UNVM, abril de 2018.
Alberto Fernández en el programa de Roberto García en mayo de 2017.

En la vereda opuesta, Macri, que no sólo se equivocaba gobernando, sino que además, parecía imitarla con su último “no-plan económico”: precios esenciales”, actuaba como una fuerza centrífuga: ahuyentaba radicales, como Storani y Alfonsín (hijo) pero también operadores propios valiosos como Monzó y Massot -quien seguramente le tendió una trampa reciente en Córdoba-; se recostaba en laderos republicanistas pero confrontativos como “Lilita” Carrió y el círculo ultramacrista del Jefe de Gabinete, Marcos Peña e, insistía con sus peleas a lo Pugliese (1989), con los empresarios y comerciantes. Hasta parte de la “mesa chica” de “Cambiemos” le pudo haber solicitado “por lo bajo” que decline, valorando que pasará a la historia como el primer Presidente no peronista que termina su mandato desde 1928 y que su gobierno será recordado por el gran respeto de la libertades civiles, cuando pocos esperaban ese mérito de un Mandatario Ingeniero.

El martes 21, CFK irá a tribunales a afrontar su primer juicio oral, algo que estuvo en duda, ante las idas y venidas de la Corte Suprema, que pareció apostar a su triunfo. Si hace de ello, una nueva victimización que le reeditúe, habrá que esperar a verlo. Pero si continúa tejiendo a través de Fernández, para que en estas semanas previas a las PASO, en las que empezará a medir en las encuestas, medra en el seno de algunos gobernadores, atrae a Massa y otros peronistas no K y se torna amigable con poderes fácticos, pronto todo puede sonreírle más allá del adverso contexto judicial, incluso por qué no, invertir el sentido de la fórmula. Más allá de todo racionalismo, ya sea habiendo construido esta jugada, por impulso, para ocultar su propia debilidad -y temor por la embestida judicial- o, como prenda de futuras negociaciones con el resto del peronismo, con la posibilidad hasta de alterar el sentido de la fórmula, Cristina se comporta como una realista de pura cepa.

De todos modos y más allá de las analogías históricas (Cámpora-Solano Lima y Perón-Perón en 1973 y 1974, respectivamente), y sin aventurar interpretaciones machistas que me atraen en torno al peso moderador que ejercen los hombres en su entorno, CFK retomó la iniciativa: con un sólo y ágil movimiento de piezas, movió todo la totalidad del tablero político argentino. Advirtiendo su desgracia futura o, especulando con el discurso de la “unidad” licuando la estrategia de la Rosada, CFK le dejó a peronistas “racionales” como Schiaretti, Urtubey y Pichetto y al propio gobierno, la oportunidad tardía de hacer las próximas movidas.

Dependerá de ellos, asomar como más inteligentes e impedir que la ex “Primera Ciudadana”, sin figurar ya visible en primer término, les cope el centro para no llegar primera en la línea de largada de agosto porque resulta claro que en las próximas semanas, fanáticos y rivales, hablarán de ella.

Para Macri, en cambio, cuando la economía comenzaba a tranquilizarlo, estas novedades del bando contrario, no parecen dejarlo en paz, al descolocarlo. Dependiendo de la reacción de los mercados el lunes 20, pueden ser semanas aún más difíciles para un Presidente que prometió modernizar y cambiar al país y termina enredado en su propio laberinto y en un pasado que su archirrival quiere que se asemeje más a 2007 que a un futuro promisorio.


UN G20 CON ALGUN ALIVIO ARGENTINO

Pasó el G20 por Argentina, más precisamente por Buenos Aires y está claro, que cobra una dimensión especial, ver juntos a los 20 Jefes de Estado que representan a dos tercios de la población mundial y el 85 % del PBI global. Tanta presencia internacional masiva no se veía en el país desde el Centenario (1910), cuando Argentina era digna de elogio en todo el mundo, recibiendo millones de inmigrantes y convirtiéndose en tierra de oportunidades y progreso.

Claro, muy diferente a ésta Argentina, que venía precedida de la incapacidad para organizar con éxito y en paz, un simple partido de fútbol y a pocas horas del inicio de la Cumbre, el asalto a plena luz del día, a John Kirton, un economista e investigador canadiense, experto en temas como el G20. El “anillo de seguridad” en torno a los lugares, edificios y hoteles, donde se moverían los primeros mandatarios, en la exclusiva zona del Barrio de Recoleta, el más bonito de Buenos Aires; el fuerte operativo con aporte militar extranjero; la interna policial resuelta entre la Nación y la CABA; más el pacto de no agresividad en las protestas anticumbre, con las organizaciones sociales vernáculas, finalmente, revertirían los malos pronósticos y todo se ejecutaría con un cierto orden y tranquilidad, ofreciendo una “cara lavada y hasta maquillada” de una, últimamente, muy degradada, Buenos Aires.

El evento revistió mucho de social y algo de político. El glamour lo aportó la gala del Teatro Colón -aunque descartando otras acciones culturales más clásicas-, más los paseos de la Primera Dama Awada con las esposas de los colegas de su esposo Macri y hubo hasta posibilidades de escapar del protocolo de algunos líderes. Dos ejemplos: el paseo de Macron comprando libros en la librería Yenny-El Ateneo y recibiendo las ovaciones de gente de a pie, que en Francia, extrañará seguramente cuando enfrente nuevamente a los “chalecos amarillos” y la salida nocturna del sábado de Angela Merkel, cenando en la Parrilla Don Julio, como si fuera una ciudadana más, disfrutando de la libertad civil que los alemanes del este, sus coterráneos, no conocían en la vieja RDA.

En este G20 -un lugar al que entró de casualidad-, la gran preocupación de Argentina, un país sin debate ni rumbo estratégico desde hace décadas, era la redacción consensuada del documento final. Aprovechando al máximo, la capacidad de nuestra nación -por hallarse en una situación geopolítica ideal, dada una serie de ventajas naturales-, para construir consensos globales, Macri ofició de facilitador y ése es el rol que le cabe oportunamente: un buen Jefe de Public Relations –no se le puede exigir otro papel-. Lo logró aunque no puede desdeñarse el arduo desempeño de una vasta gama de diplomáticos y funcionarios que trabajaron con aquel objetivo durante largos meses.

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