VENEZUELA: EL RETORNO DE LA HISTORIA

La semana que termina mostró a la resiliente Venezuela de Nicolás Maduro, bloqueando los caminos de la frontera con Colombia, por temor a una invasión extranjera solapada en la ayuda humanitaria que se ha resuelto a enviar los Estados Unidos de Trump. Al mismo tiempo, el líder bolivariano ha decidido emplear al banco ruso Gazprombank para evitar el bloqueo financiero y comercial que empieza a imponerle Washington. Cada día que pasa acerca a Venezuela al destino de Cuba que logró sobrevivir solitaria tantas décadas aunque según como opere el Maquiavelo de la debilidad o fortaleza en el poder, también puede terminar como la Panamá de Noriega.

Es que el ex chofer de buses ha demostrado ser, a pesar de sus evidentes limitaciones personales, incluyendo las más recientes, con el mal uso del idioma inglés, objeto de burla en las redes sociales, un líder inoxidable. Heredero del chavismo. en elecciones bastante discutibles en 2013, desde 2014 en que empezó a encarcelar opositores como Leopoldo López, tuvo un trienio (2016, 2017 y 2018), que fue empeorando de manera manifiesta en todos los planos. Hoy, Venezuela es sinónimo de todo lo malo que puede vivir un país, en un estado de cuasi guerra. Drama humanitario (3 millones de emigrados), de lo cual fui testigo directo en mi viaje el año pasado, en la frontera peruano-ecuatoriana, con miles de venezolanos de clase media huyendo en buses por la madrugada, esperando que uno por uno, los países latinomericanos los comprendan, alojen y empleen. Escapan de la pauperización, ocasionada por una feroz hiperinflación.

En efecto, desde 2013, el PIB venezolano se ha hundido a la mitad y el año pasado, la inflación superó el millón por ciento. Producto de un “socialismo” poco real, los sueldos de los venezolanos han perdido más del 90% del poder de compra que tenían en 1998, lo cual ha provocado una población desabastecida y por ende, desnutrida. Venezuela hoy posee 220 presos políticos, más que en Cuba, Irán o Rusia. Sólo se han quedado a gozar de las menguadas “mieles” del poder, la “boliburguesía” -los pseudoempresarios amigos del chavismo-, los grupos parapoliciales de choque y los pobres clientelizados.

Claro, Maduro ha demostrado ser un hábil jugador de ajedrez político. Eludió a la oposición una y otra vez. incluso perdiendo las elecciones legislativas de diciembre de 2015. Generó algunas estrategias de desatención y con la ayuda del Vaticano, Cuba y hasta el español Rodríguez Zapatero, pudo mantenerse en el poder.  Estados Unidos sin estrategia alguna y enimismada desde 2001, una Latinoamérica desunida, con Uruguay y Bolivia aún afines al círculo antiimperialista, la Colombia de Santos, enfrascada en una “guerra fría” con Uribe, contribuyeron al resto. Hoy, sin embargo, la situación parece ser otra y los planetas parecen habérsele desalineados a Maduro.

De la mano del nuevo presidente de una Asamblea Nacional que ya no era reconocida como tal, el joven e ignoto Juan Guaidó, se produjo la resurrección de la oposición. Tomar las calles ya no era la única consigna: había que ofrecer diálogo, ley de amnistía para los chavistas y dividir al Ejército, para evitar otra Cuba monolítica. También se trabajó de manera diferente -y eficaz-, el apoyo internacional.

Maduro, descolocado, redobló la apuesta: aceptó el diálogo propuesto por México, Uruguay y Bolivia más nuevas elecciones parlamentarias. Pero sólo le creen Rusia y China (potencias amorales y acreedoras de Venezuela) y el poder militar (del generalato). La “cubanización” del régimen, es decir, mantenerse en el poder, haciendo sufrir hambre a un pueblo engañado y dominado con la excusa del enemigo externo, parece ser la única opción. Como toda mafia, no cederá, no renunciará, porque a los militares y Maduro, los une el delito. Tampoco confían en amnistía alguna.

Es que del otro lado, no hay escenario Panamá 1989. Estados Unidos no podrá invadir. Habría un “baño de sangre” como anticipó Putin y todo ello acarreará mayor impopularidad para los Estados Unidos de Trump. Sólo el tiempo puede definir la partida.

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PAPA FRANCISCO: “EL INFIERNO NO EXISTE”?

En el Colegio Sagrado Corazón de Jesús, Congregación de los Padres Bayoneses, procedentes de la frontera franco-española, pasé 12 años de mi vida, recibiendo una sólida formación religiosa (católica) pura en esa institución educativa de la ciudad de Rosario.

En una etapa francamente autoritaria que vivía el país, por aquellos años (1970-1982), incluyendo violencia política “desde abajo”, yo recibía dos mensajes con un supuesto por detrás. Por un lado, el Padre Cuasante, que solía andar con un látigo pegándole en los nudillos a los alumnos que rompían sus metegoles cuidadosamente dispuestos para que todos juguemos y el Padre Peyroutet, un vasco francés octogenario que nos confesaba, nos retaba y ponía penitencias estratosféricas, aunque ya no nos escuchara, por su sordera. Por el otro, estaban el italiano Padre Bruno Ierullo y el Hermano Juan, que nos enseñaban a escalar sierras y montañas, formar sólidos equipos de compañeros con objetivos claros o apreciar la sonrisa y usar el tacto en ocasiones incómodas. Si Cuasante era muy elocuente cuando nos amenazaba con la muerte de los pecadores, atados a una piedra y arrojados al mar desde un acantilado, Juan nos mostraba cómo vivir con alegría mientras desfilaba por el patio, con apenas su sotana y una bufanda, en pleno junio, cuando nos enseñaba a izar la bandera que adoraba. Por una parte, la culpa y el castigo, por la otra, la misericordia y la bondad. Pero obvio, tras este binomio de “palo y zanahoria”, había un axioma: “el infierno existe” y a él, iríamos, los pecadores que no nos arrepentíamos o no confesábamos o no estábamos en estado de “gracia divina”.

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EL VATICANO EN LA SEMANA SANTA

Estos días, especiales de recogimiento para mil millones de católicos en todo el mundo pero también para el resto de cristianos, verán una vez más, concentrar la atención en la TV mundial, sobre Roma, el Coliseo, donde se desarrolla el Vía Crucis y el Vaticano, donde el Sábado Santo, el Papa Francisco (o Francesco en italiano, el argentino Cardenal Jorge Bergoglio) celebrará la Misa de Vigilia y el Domingo Santo, la Misa de la Pascua de Resurrección.

Precisamente, el Estado del Vaticano, es un país soberano, uno de los seis microestados europeos y el más pequeño del mundo, con una superficie de apenas 44 km cuadrados y unos 800 habitantes. Debe su existencia a los Estados Pontificios tras la independencia italiana en 1870 y el Tratado de Letrán, una verdadera “mancha” o “pecado original” de su nacimiento, firmado por “Il Duce” Benito Mussolini, en 1929, por el cual, Italia -y Roma- le cedieron su espacio para constituirse como Estado Soberano. De manera inesperada, tuvimos la fortuna de visitarlo, junto a Ekaterina, en ocasión de la santificación del también argentino y cordobés “Cura Brochero”, en octubre de 2016.

Alberga la Santa Sede, los edificios, residencias  y la burocracia vaticana, incluyendo unos 73 cardenales, unos 300 diplomáticos, más de 50 sacerdotes, hermanos religiosos y monjas y la Guardia Suiza, un centenar de soldados, en su totalidad varones, que se encargan de la seguridad del Vaticano. Este posee sus propios medios de comunicación, radio, TV y hasta su propio periódico, L’Obsservatore Romano y también su servicio telefónico, además de una red integrada de transporte, ligada a Roma y hasta un helipuerto. Se puede llegar a él, a través de líneas de colectivo urbano de la propia ciudad de Roma. Continúe leyendo