SABIAN COMO SERÍA

Dos canciones, incluso un álbum entero, en los ochenta pero también ya al inicio de este siglo, anticiparían lo que sería este presente. En efecto, la banda británica Electric Light Orchestra -ELO-, con su talentoso líder Jeff Lynne, que perdiera a uno de sus integrantes, Richard Tandy, hace relativamente poco, en 1981, sacó un disco llamado «Time», que se imaginaba un mundo del futuro, es decir, este siglo XXI, más exactamente, el 2095.

A su vez, otro cantante de las Islas Británicas, más exactamente angloitaliano, Chris Rea, fallecido hace algunos meses y célebre por su tema pegadizo «On the beach», a partir de una experiencia personal, un embotellamiento en una autopista londinense, que le hiciera valorar el tiempo perdido en una vida demasiado materialista, difundiría «A road to hell».

Aquí se las dejo para que reflexionen sobre sus letras tan previsoras. «Malestar del bienestar», aislamiento, tristeza, escasa dimensión espiritual, son todos males de la época, que terminan deshumanizándonos y la música, a través de compositores sensibles, fue advirtiendo sobre este camino equivocado.

 

JACOB COXON -OR TERMINATOR III-

«I resigned from Anthropic today. I spent the last three years doing pretraining research at both OpenAI and Anthropic. Neither company is acting responsibly. They are racing straight to self-improving superintelligence and gambling with our lives
Do not underestimate the power of this technology. These will soon be superhuman systems that can hack anything, revolutionize any field overnight, and acquire real power and resources. We have all witnessed the progress in each of these domains, and progress is not slowing.
The people building AI earnestly believe that it could kill us all by the end of the decade. This is not a marketing stunt. If anything, many executives and senior researchers will couch their phrasing in the press to sound sensible – but I hear the same people express fear privately. No other human activity poses this level of danger.
A common response is “if they truly believe this, why are they still building it?” At OpenAI, many have not deeply internalized the civilizational stakes. At Anthropic, the stakes are well-understood, but they are locked in a race to get there first – they believe no one else will act responsibly, so they must do it themselves, despite the risk.
Accepting this race and entering the “endgame” is a hubristic gamble that should not be launched from a private company’s Slack. Attempting to speedrun alignment should require extraordinary confidence that there are no better trajectories available.
I am optimistic about the potential for coordination. Warning shots like the Hugging Face attack have made pacing agreements between U.S. labs more viable. I don’t feel like we’re on track to prevent a global race, which may require costly actions such as a temporary ban on improving model capabilities.
If you are a lab researcher, I urge you to consider what the next few years will actually feel like. Do you want to kick off a superintelligent RL run without a rigorous understanding of its mind? Should you put your head down because “it’s happening anyway” – or take this moment to call for different conditions?»

AFINIDAD ENTRE DOS GRANDES LIDERES

Uno era norteamericano, el otro, francés. Uno nació y vivió en el siglo XVIII, el otro más tarde pero prevaleció en la primera parte del XIX. Pero ambos fueron criados sin la imagen de un padre, pelearon contra el mismo enemigo europeo y sobre todo, lucharon contra sus propios demonios sociales, es decir, la falta de status social.

En efecto, ambos, George Washington como Napoleón Bonaparte, de ellos se trata, tuvieron enormes dificultades y obstáculos para llegar al pináculo del poder, por no pertenecer a clases privilegiadas en dos sociedades, donde la alcurnia o la sangre, definían aún la ubicación de cada uno en la pirámide social, hacia arriba o hacia abajo.  En un caso, ser hijo de madre soltera, cuasi huérfano, colono granjero, educado informalmente por su medio hermano en las lecturas de clásicos. En el segundo, si bien el padre de Napoleón era noble y representante de Córcega en la corte de Luis XVI, precisamente esa condición de corso del futuro líder francés y sus siete hermanos,  los excluía en términos sociales. Por eso, la opción de la carrera militar fue la única salida para quebrar aquella inercia, que sufrieron tanto Washington como Napoleón.

Dos filmes, estrenados uno el año pasado, con Napoleón protagonizado por el ya veterano Joaquin Phoenix, el mismo de «Gladiador»y el otro, hace semanas, con Washington personificado por una joven promesa del cine, el británico William Franklyn-Miller, fueron genuinas interpretaciones acerca de las vidas de ambos líderes, aunque tal vez, haciendo demasiado hincapié en circunstancias especiales de sus biografías, como la influencia de su ex esposa Josefina en la vida del francés o la de su medio hermano Lawrence, en el ejemplo del virginiano.

Lo que sí queda claro también en ambas películas aunque con participaciones menores, es el rol primigenio en la crianza de ambas personalidades, de las respectivas madres, Mary Ball Washington y María Letizia Ramolino.

Ambas los ayudaron a vivir de manera estoica, forjar el carácter y temple, perseverar en la adversidad y no dejar de creer en las ambiciones que se propusieron.