SOREN KIERKEGAARD EN EL SIGLO XXI: “DRUK”

Cine danés. Druk” (traducida al español como “La otra ronda”). Estrenada en plena pandemia, en setiembre del fatídico 2020.

“¿Qué es la juventud? Un sueño. ¿Qué es el amor? El contenido de un sueño. Soren Kierkegaard”

Así empieza el film. Kierkegaard (1813-1855) se hallaba entre los últimos filósofos a leer y comprender en el buen Manual de Filosofía de Adolfo Carpio, que el Profesor Daniel Francisco Maquirriain (kantiano, como pocos), en mi querida Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), nos “exigía” estudiar. Lo vimos muy superficialmente aunque en el balance existencialista, con Martin Heidegger, tal vez por todo lo mediático que rodea a ésta, sobre todo, su simpatía por el nazismo y su amor por Hannah Arendt, le haya dado cierta ventaja a priori sobre el filósofo danés del siglo XIX y sea globalmente más conocido y referenciado que aquél.

Uno de mis grandes formadores universitarios

Hoy, en esta fase de mi vida, en la que me permito hacer balances y elaborar algunas hipótesis sobre la existencia humana, aún influido por la Ilustración Escocesa y Karl Popper, entre otros, la cosmovisión de Kierkegaard suena más que interesante.

Vamos al guión al menos, transitoriamente.

Un Profesor de #Historia, frustrado con sus alumnos que no aprenden porque “tienen sus cabezas atascadas en su #celular” (textual). Chicos y chicas que se acuestan literalmente sobre sus pupitres porque están “cansados del cansancio”, arrastrando sus cuerpos, sólo motivados en la vida, por ese líquido que se llama #alcohol. Los mismos, totalmente irrespetuosos, que almuerzan o cenan en la mesa, sin despegar su mirada de la #tablet. #Parejas que apenas se hablan, absolutamente indiferentes reprochándose mutuamente que ya no son a los 40 o 50 lo que eran a los 30 o 25. Hombres que de lo único que están pendientes, es de la orina de las mascotas, ya ni siquiera del deporte por #TV. #Mujeres que simulan ser “liberadas”, pero sólo ven y comentan entre ellas, series interminables y vulgares, de manera idiotizada.

No es #Argentina, aunque podría serlo en gran parte de su clase media y alta -las que quedan-.. Es #Dinamarca, Primer Mundo, #Europa. Escandinavia. Es todo el mundo, salvo alguna honrosa excepción, criticada por salirse del molde de la mediocridad, la chatura, la insoportable levedad o escasa “gloria”, con la que hoy se vive.

Los párrafos anteriores constituyen la trama inicial de la película. Habiendo tocado fondo, los cuatro profesores y amigos se atreven a “pegar un gran salto”. Influidos por la teoría del psiquiatra y escritor noruego Finn Skårderud, según quien -aunque felizmente tergiversado- el ser humano nace con un déficit de alcohol en la sangre, los intelectuales se animan a probar si es posible vivir bebiendo de día de manera normal, incluso en plena jornada laboral, hasta equilibrar y superar aquella ratio, autolimitándose sólo los fines de semana, para no caer en adicción. Según ellos, podía ser una manera de quebrar esa inercia descrita que los conducía a morir en vida.

Sin el ánimo de spoilear la película, todo proceso de novedad, lleva su secuencia inexorable de entusiasmo, auge y finalmente, caída, todo lo cual se verá en la película, aunque extrayendo como conclusión, que lejos de ser una apología del alcohol y mucho menos, del alcoholismo, venciendo a la angustia, el propio Director Thomas Vinterberg, quien ya nos había sorprendido con el estreno de “La Celebración” en 1998 nos advierte que en realidad, “en una primera fase, se bebe para tener una mejor versión de uno mismo” y “en una segunda etapa, se bebe para ser uno mismo de nuevo”.

Yo agregaría y como Kierkegaard, vinimos a este mundo, a amar, a nosotros mismos, a los demás, lo que hacemos, etc. Como él amó – y sufrió- a Regina Olsen.

Párrafo final: genial, como siempre para el actor protagonista, Mads Mikkelsen.

Frases célebres de Kierkegaard:

EL NIÑO QUE TODOS LLEVAMOS DENTRO

Este domingo se festeja como todos los terceros de agosto de cada año, el Día del Niño en Argentina. Este es muy particular porque se da en un contexto de cuarentena generalizada, con ciertas reaperturas pero parciales y jamás integrales. Por ejemplo, los niños han tenido que seguir formándose en sus hogares, porque el gobierno nacional y los provinciales, salvo San Juan esta semana que termina, decidieron mantener cerradas las escuelas para el cursado lectivo. Esto supuso además de una gran desigualdad en el acceso a conexiones digitales, una enorme carga adicional, laboral y mental para los padres, que debieron oficiar súbitamente de maestros full time. También -y esto es lo más importante-, afectó y afectará gravemente la salud mental de los propios infantes. Con sólo ver en CABA, mientras estábamos varados, sus caras tristes, histerias y ansiedades reprimidas, a lo largo de los llamados “paseos recreativos” los fines de semana, durante mayo, cuando fueron autorizados por el alcalde porteño Rodríguez Larreta, bastaba para evaluar el enorme trauma de por vida, que les quedará por vivir esta tremenda experiencia.

Mi homenaje hoy, entonces, será a ellos, pero a través de los que yo tuve. Los rosarinos, Verónica, casi socióloga, más parecida a mí en carácter, Tomás, casi profesor de Física y el villamariense Nicolás, el más realista y con un sentido del humor y el sarcasmo que me supera, han podido tener una niñez envidiable en Villa María, una ciudad cordobesa del centro del país, para luego crecer con su madre, en la hermosa Mar del Plata, donde ya hacen y harán, seguramente, sus vidas. De mi parte, los cuidé hasta que nos separamos de común acuerdo, hace ya una década, pero siempre, motivándolos en libertad, lo cual redundó para que años más tarde, tomen sus propias decisiones y y formas de vida, que más les conviniera, aún en contextos de restricciones económicas, de las que me hago cargo en lo que me corresponda. Seguramente, esas circunstancias les dan y darán la fuerza moral necesaria para transitar las próximas décadas de sus vidas respectivas.

Pero más allá de la dureza estoica o mi reproche de ser “maduros”, nunca han perdido esa alma de niños, de poder disfrutar de cada minuto, sin preocupación por el siguiente, de reír descaradamente, de jugar ya no con muñecas o autitos o videojuegos, sino de mirar y obnubilarse con películas de Disney o, simplemente, disfrutar del mar con su madre, que les festeja cada cumpleaños como si aún fueran pequeños, con tortas y cotillón especial.

La niñez en cada una de nuestras almas, nunca muere. Es más, es lo que nos mantiene vivos, la mayor parte del tiempo. Me atrevería a agregar que nos extiende la vida, mejor que cualquier medicina. Qué otra cosa podríamos decir, por ejemplo, de nuestro querido “Carlitos” Balá, que nos hizo reír ingenuamente, tal vez, en nuestra infancia, que esta semana, cumplió 95 infantiles años. Por muchos más y mucha más niñez en nuestras almas.

Aquí, un video con los uruguayos Espalter y D’ Angelo. Inefables, pícaros, sin golpes bajos.