«UNA BATALLA TRAS OTRA»

Desde mi punto de vista, la película del año que termina, aunque no si será candidata al Oscar, son muchas las sorpresas que nos depara el Hollywood de los últimos tiempos. Como los Estados Unidos recientes, incluyendo Trump y demás.

1. Precisamente, ése es el contexto del film, aunque parecía ser el tema. Un país desgarrado entre una elite aislada y un pueblo latente en llamas, con enfermos blancos supremacistas en minoría pero poderosos y una inmigración latina que ya ha penetrado hasta el corazón mismo de la superpotencia en evidente declive. Cuándo terminará de explotar eso? No lo sé, pero sí sé que la película no versa sobre eso.

2. El director Paul Thomas Anderson -el mismo de «Petróleo sangriento» -2007-, «Embriagado de amor» -2000- y «Magnolia»-1999-, entre otras, quiso sí, llamarnos la atención sobre el amor. De un padre no biológico -Bob, un revolucionario fracasado- a su hija, Willa, cuya madre la abandonara desde niña, por puro egoísmo.

3. Actoralmente, todo mi premio para Sean Penn, que seguro, piensa y vive en las antípodas del personaje que le tocó representar pero lo hizo de modo brillante. Leonardo Di Caprio un escalón más abajo y notables también Benicio del Toro y la revelación de Chase Infiniti.

4. La peli es una mezcla de «Kill Bill», «Fuego contra fuego» con cualquiera de las últimas de Clint Eastwood, combinando acción, drama y comedia intergeneracional. Nada más alejado que una trama política revolucionaria. Pero sí apropiada para estos tiempos demenciales, donde dentro de tanto desquicio, hay lugar para la virtud.

Super recomendable.

«NO MIREN ARRIBA»

Más de cinco décadas y media. He sido testigo del desmoronamiento de un Imperio que pergeñó una idea de humanidad diferente, con uan sociedad extremadamente igualitaria. He sido testigo de cómo un joven alemán en una avioneta llegó al corazón mismo de dicho Imperio, del cual se creía era invencible, desafiando todos los radares y controles sofisticados. He sido testigo más de una vez, de predicciones que fallaron, de cálculos o estimaciones mal formuladas, de actitudes soberbias que terminaron en verdaderos fiascos para sus protagonistas. Armando Ribas dijo alguna vez que quien se cree inteligente, es genuinamente estúpido. Pero la naturaleza humana, como solían reiterar los Ilustrados Escoceses, ha dado muchos ejemplos de estupideces, sobre todo, cuando se sobreestima la racionalidad.

Vivimos una época diferente a la de hace 3 décadas atrás, la de la posverdad. La gente se enamora de conspiraciones sin sentido, desconfía de todo aquello en lo que sí lo hacía hasta hace poco, tiende a creer en supercherías postmodernas, en recetas fáciles, en lugares comunes, divulgadas por comunicadores «sofistas». La manipulación está a la orden del día. La película «Red lights» «(«Luces rojas» -2012-), algo de eso, ya nos advertía hace unos años.

Por eso, «Don’t look up», estrenada vía Netflix el 10 de diciembre pasado, con un elenco multiestelar, una saludable bocanada de aire fresco a esta época de fake news y tanta polarización, a propósito de la pandemia de Covid-19. Superada la novedad (verdad) por parte de dos astrónomos de «medio pelo», uno veterano y otra doctoranda, la reacción fue la incredulidad y el entretenimiento de la gente seguida de la manipulación y el oportunismo de una política y un empresario ligado a ella. Una vez que los «errores» de éstos -ya en fuga-, el estupor y el miedo colectivos. Tarde o temprano, la verdad se impone pero sus consecuencias serán catastróficas.

La película es lamentablemente para los estudiosos o científicos, una cachetada a sus saberes específicos, diluidos en la marea de la ignorancia, la mediatización y el reino de la imagen. Por eso vale la pena verla: para recordarnos cuan estúpidos solemos ser los seres humanos.