EL AMOR ETERNO EXISTE

Se acaba de morir George H.W. Bush (GHWB) a los 94 años de edad y mientras la mayoría lo recuerde, mal por su actuación en la Guerra del Golfo, la invasión de Panamá, su labor en la CIA, el escándalo Irangate o bien, por la caída de la URSS y la “liberación” de Europa Oriental o el TLC con México, yo prefiero dejar por un momento su labor en la política internacional y analizarlo desde su plano privado. Es que 8 meses antes, en abril, falleció su esposa Bárbara a los 92 años, un dato que me llama la atención pero más me atrapa el hecho de que vivieron juntos en pareja 73 años, lo cual “suena a extraterrestre” en un mundo como el de hoy, tan dominado por la postmodernidad, el feminismo, el terror de los más jóvenes a enamorarse y mucho menos a comprometerse, entre otras situaciones.

Estas tres fotos ilustran diferentes momentos de esa larga vida juntos, donde claramente se notan las muestras de cariño mutuo pero sobre todo las miradas de Bárbara, siempre cuidando a su esposo. Independientemente de los hijos (6, entre ellos, otro ex Presidente -George W.- y un gobernador de Florida -Jeb-) y nietos (14) que disfrutaron, ambos además de ser longevos, padecían la misma enfermedad (de Graves), tenían muy pocos días de diferencia (aunque dos años) en sus nacimientos y pudieron convivir tanto tiempo, equilibrando sus vidas pública y privada. Se terminaron asemejando a la cinematográfica pareja de “Diario de una pasión” (“The notebook”, en su versión en inglés). Continúe leyendo

SEIS AÑOS DE AMOR RUSO-ARGENTINO

Un 27 de abril de 2011, conocí su existencia y toda la distancia física que nos separaba a priori, se empezó a diluir. Sus ojos verdes y vitales, ese rápido y firme caminar, ni hablar de su belleza y su rapidez mental, me fueron eclipsando y pronto se convirtió en la primera y única persona de este mundo con la que permito, dominio absoluto.

Admiro su dinamismo, su curiosidad, su detallismo, su apego al pragmatismo, su especial sensibilidad por el arte, su vocación por el permanente autoaprendizaje y es gran mérito de ella, entre otras cosas que nos acercaron, su manejo excelente del español, no obstante que la he hecho sufrir como su alumno de ruso. Es mi gran compañera de la vida, la que me conoce como nadie y la que me contiene, abriga, protege pero sobre todo, la que me alienta, motiva, ansía, extraña y espera.

Tremendamente respetuosa de mis gustos, anhelos, deseos, vocaciones, aún cuando no conociera mi vida anterior, parecía que la adivinaba hasta el más mínimo detalle. No hay término medio para ella y disfruta encantadoramente cuando le planteo alternativa ante determinadas circunstancias especiales que nos toca enfrentar juntos.

Es energética, sanguínea, corazón puro, cuando me ama y cuando reñimos, como toda pareja, sufre y vive sus alegrías como si fueran las últimas, su intensidad es abrumadora y nunca, excepto a fuerza de autocensura, su razón u oportunismo lograron imponerse sobre su fuerza pasional.

Entre tanto legado que me supo transmitir, me enseñó, por ejemplo, que no hay futuro y que sólo reina el presente, sin importar tanto el pasado, al cual yo me solía aferrar. Pero sobre todo, que nuestro destino lo forjamos nosotros, todos los días, minuto a minuto. Como cuando nos despedimos en cada aeropuerto del mundo, en el que empezamos a pesar de las lágrimas, a contar cada día que nos acerca al reencuentro.

Porque de eso se trata la vida, no? De disfrutarla a pleno, con total intensidad y dejando reinar a la emoción. De lo contrario, qué sentido tendría nuestro paso por este planeta.

Ella es sinónimo de vida. Agradezco cada día que haya llegado ese 27A. Mi Katy.