RICHARD MARX: 30 AÑOS DESPUES

En las redes sociales, puede vérselo igualmente delgado, pero ya sin su melena look ochentoso. Continúa atrayendo masas de seguidores, jóvenes de aquélla época que gozaron sus romances con aquellas viejas baladas. Porque Richard Marx debe ser uno de los pocos de su apellido, reconocidos en su enorme país pero también trascendiendo sus fronteras, llegando a confines del mundo como Japón y también Argentina.

En abril pasado, se cumplieron 30 años del lanzamiento de su disco más famoso “Repeat Offender”, el álbum que vendió varios millones de discos y que enamoró a muchísimas madres de los “Millennials”. Marx fue hijo de un músico de jazz que se ganaba la vida como compositor de jingles publicitarios por lo que el joven Richard se crió en Chicago, escuchando esas letras y ritmos pegadizos, que realmente le sirvieron mucho en su carrera profesional. Una demostración más del tipo de socialización más original, natural y creativa, que la que tienen los propios jóvenes de hoy, habituados al “encierro” de los celulares y las redes sociales.
Aquí, 3 (tres) de sus grandes temas: el primero, “Right here waiting” se refiere al amor a distancia; el segundo, “Hazard”, se refiere a un caso real, la muerte de una joven a manos de la policía local, lo cual testimonia que ya en esa época, los femicidios eran usuales en algunos Estados americanos, con la complicidad de la propia fuerza policial y el tercero, “Angelia” también a un amor que se va, en tiempos de una creciente inmigración latina.

En un mundo donde todo es efímero y emociona poco y nada, me conmueve ver cómo generaciones de 50 años o más, sueltan sus lágrimas al escuchar las mismas baladas que las estremecían hace 3 décadas, porque en realidad, las canciones, parecen no ser más que pequeñas “máquinas del tiempo”.

EL AMOR ETERNO EXISTE

Se acaba de morir George H.W. Bush (GHWB) a los 94 años de edad y mientras la mayoría lo recuerde, mal por su actuación en la Guerra del Golfo, la invasión de Panamá, su labor en la CIA, el escándalo Irangate o bien, por la caída de la URSS y la “liberación” de Europa Oriental o el TLC con México, yo prefiero dejar por un momento su labor en la política internacional y analizarlo desde su plano privado. Es que 8 meses antes, en abril, falleció su esposa Bárbara a los 92 años, un dato que me llama la atención pero más me atrapa el hecho de que vivieron juntos en pareja 73 años, lo cual “suena a extraterrestre” en un mundo como el de hoy, tan dominado por la postmodernidad, el feminismo, el terror de los más jóvenes a enamorarse y mucho menos a comprometerse, entre otras situaciones.

Estas tres fotos ilustran diferentes momentos de esa larga vida juntos, donde claramente se notan las muestras de cariño mutuo pero sobre todo las miradas de Bárbara, siempre cuidando a su esposo. Independientemente de los hijos (6, entre ellos, otro ex Presidente -George W.- y un gobernador de Florida -Jeb-) y nietos (14) que disfrutaron, ambos además de ser longevos, padecían la misma enfermedad (de Graves), tenían muy pocos días de diferencia (aunque dos años) en sus nacimientos y pudieron convivir tanto tiempo, equilibrando sus vidas pública y privada. Se terminaron asemejando a la cinematográfica pareja de “Diario de una pasión” (“The notebook”, en su versión en inglés). Continúe leyendo


SEIS AÑOS DE AMOR RUSO-ARGENTINO

Un 27 de abril de 2011, conocí su existencia y toda la distancia física que nos separaba a priori, se empezó a diluir. Sus ojos verdes y vitales, ese rápido y firme caminar, ni hablar de su belleza y su rapidez mental, me fueron eclipsando y pronto se convirtió en la primera y única persona de este mundo con la que permito, dominio absoluto.

Admiro su dinamismo, su curiosidad, su detallismo, su apego al pragmatismo, su especial sensibilidad por el arte, su vocación por el permanente autoaprendizaje y es gran mérito de ella, entre otras cosas que nos acercaron, su manejo excelente del español, no obstante que la he hecho sufrir como su alumno de ruso. Es mi gran compañera de la vida, la que me conoce como nadie y la que me contiene, abriga, protege pero sobre todo, la que me alienta, motiva, ansía, extraña y espera.

Tremendamente respetuosa de mis gustos, anhelos, deseos, vocaciones, aún cuando no conociera mi vida anterior, parecía que la adivinaba hasta el más mínimo detalle. No hay término medio para ella y disfruta encantadoramente cuando le planteo alternativa ante determinadas circunstancias especiales que nos toca enfrentar juntos.

Es energética, sanguínea, corazón puro, cuando me ama y cuando reñimos, como toda pareja, sufre y vive sus alegrías como si fueran las últimas, su intensidad es abrumadora y nunca, excepto a fuerza de autocensura, su razón u oportunismo lograron imponerse sobre su fuerza pasional.

Entre tanto legado que me supo transmitir, me enseñó, por ejemplo, que no hay futuro y que sólo reina el presente, sin importar tanto el pasado, al cual yo me solía aferrar. Pero sobre todo, que nuestro destino lo forjamos nosotros, todos los días, minuto a minuto. Como cuando nos despedimos en cada aeropuerto del mundo, en el que empezamos a pesar de las lágrimas, a contar cada día que nos acerca al reencuentro.

Porque de eso se trata la vida, no? De disfrutarla a pleno, con total intensidad y dejando reinar a la emoción. De lo contrario, qué sentido tendría nuestro paso por este planeta.

Ella es sinónimo de vida. Agradezco cada día que haya llegado ese 27A. Mi Katy.