“MISION IMPOSIBLE” LO HACE TODO POSIBLE

Me encanta la frase “lo hecho, hecho está, cuando nosotros decimos que está hecho”.

“Qué está haciendo?” pregunta la agente del MI6. “Mejor no ver lo que hace”, le dice su colega americano, ante la locura y audacia de la acción del protagonista, su propio jefe.

“A grandes males, grandes soluciones”, otra de las frases preferidas del personaje central, un apostador nato que nunca opta por caminos minimalistas.

“El no es más que la propia manifestación del destino”, dice con admiración de él, su ex autoridad en la CIA.

Un equipo de técnicos eficientes; un líder que se mantiene joven a pesar de los años, escalando aviones, manejando motos de alta cilindrada en ciudades populosas o trepando alturas inimaginables, contradiciendo toda ley biológica o de gravedad; una permanente búsqueda de simulación que logra engañar a “los malos” pero sobre todo, un espíritu de unidad y de servicio al Estado -corporizado en su propio team, el de la IMF-, que permite que Ethan Hunt priorice salvar la vida de un compañero -la cual vale como la de millones- o relegue enamorarse para no condenar a su esposa a la viudez temprana, prefiriendo más bien, otra mujer tanto o más aventurera que él.

Esos valores de juventud vigente, originalidad, camaradería y fidelidad a una nación, me permiten sentarme cada vez a disfrutar sus imágenes y sonido, como si fuera la primera vez, allá, en los años sesenta cuando Peter Graves, el elegante y canoso actor norteamericano lideraba el equipo, siempre con un negro como integrante -antes Greg Morris, hoy Ving Rhames-. Si Tom Cruise desde hace años (1996 para ser más exactos), le ha tocado reemplazarlo, incluso con el enorme riesgo de no usar doble para las escenas hiperpeligrosas, sin duda que no lo ha hecho nada mal, y de hecho, le ha brindado un toque especial a la saga cinematográfica que la hace particularmente taquillera.

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EL ENORME COSTO QUE PAGA UN GENIO: “BOBBY” FISCHER

De repente, en 1975, sin perder, le cedió el cetro al joven maestro soviético Anatoli Karpov (luego, ganador en 160 juegos en una década), fue detenido por la policía por vagabundear en Pasadena (California), se aisló durante años y tras reaparecer en los noventa, en la ex Yugoslavia, por desafiar las sanciones occidentales, del mismo gobierno que antes lo apañó como su “niño mimado” contra el comunismo soviético y ahora lo castigaba, terminó asilándose en Islandia, donde murió a los 64 años de edad en 2008, en la más absoluta soledad y abandono. Ese fue el último tramo de la vida, no de un perdedor, sino el de un exitoso ganador y campeonísimo del ajedrez mundial, entre 1972 y 1975, Robert Thomas “Bobby” Fischer. La parte que no describe la película “La jugada maestra” -en inglés “Pawn Sacrifice”-, estrenada en 2014, protagonizada por Tobey Maguire (el mismo de “El hombre araña”), en el papel del deportista estadounidense y Liev Schreiber, el actor judío americano que habla perfecto ruso, encarnando a Boris Spassky, el ajedrecista con quien rivalizaba Fischer, entre otros.

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