FEMINISMO RADICAL: EL FINAL DE LA INOCENCIA

La causa feminista goza hoy de muy buena salud, al menos en una parte del mundo, a pesar de una trayectoria con no pocos vaivenes. Tras un comienzo algo fulgurante en los tumultuosos años sesenta y setenta, donde mujeres pero también hombres, tras el revolucionario “baby-boom” de los cincuenta, filosofaron y predicaron la necesidad de una revisión de la historia humana en función de la manifiesta desigualdad sexual, aquel movimiento que no tardó en traspasar a la arena política fue perdiendo el vigor inicial. Mientras en el mundo occidental, se consolidó en Europa en los ochenta y noventa, provocando una fenomenal crisis de los matrimonios y la monogamia, tuvo altibajos en Estados Unidos donde la revolución conservadora reaganiana le puso cierto coto, de la mano de las iglesias protestantes electrónicas. Tardó bastante en llegar a América Latina, recién ahora y muy selectivamente. En el resto del globo, no existe: en Africa, donde el reino tribal vulnera hasta el clítoris de las mujeres, como si viviéramos aún en la Antigüedad y Asia, sobre todo en el Islam, nadie se pregunta por los derechos del sexo femenino.

Sin embargo, el movimiento “Me Too”, que se engendró en el particular mundillo cinematográfico de Hollywood, parece haber resucitado a las banderas feministas. Precisamente, en el “paraíso” erigido de la manipulación sexual, Actrices ya maduras, denunciando “pecados” ocultos de juventud (o adolescencia), persiguiendo abusadores y violadores, entre sus productores y compañeros de actuación, no sólo le dieron visibilidad a sus dramas particulares sino que sobre todo, recuperaron algunas dosis de fama. Porque claro, no se puede omitir que el momento actual, de la mano de la revolución tecnológica, es particularmente estimulante para la rápida y generalizada mediatización del fenómeno, lo cual acarrea daños colaterales, no deseados sobre los victimarios pero también sobre las mismas víctimas, aunque crean ellas y sus abogados, que los esperan más dólares y fama a la vuelta de la esquina.

Como país que recibe no tan tardíamente ciertas tendencias mundiales, Argentina no parece ser la excepción a esta regla. Desde hace tiempo, forjó un movimiento de actores y actrices particularmente fuerte, incluso en la arena política. Cada causa feminista, sustentada en la gran cantidad de casos de violencia doméstica contra la mujer, pero también de pedofilia, típicos de países católicos, con una cultura invasiva de lo íntimo, donde “todo queda en familia”, fue liderada por actrices, no sólo jóvenes o ignotas, sino sobre todo, ya consagradas. El fenómeno no es menor, considerando la vocación espasmódica y discontinua de estas acciones colectivas. Hace pocos meses, describimos aquí, la lucha por la legalización del aborto y allí, mujeres que se lucieron en las tablas de los teatros o los sets televisivos, fueron las innegables líderes populares, que enarbolaron tales banderas, enfrentando en el Congreso y en las calles, a las representantes comservadoras de las iglesias, tanto la católica como las evangelistas.

El caso Darthes vuelve a ponerlas en el centro de la escena. Las redes sociales ya juzgan y condenan a dicho actor y cantante de tangos mientras la actriz víctima, tras una década de incomprenible silencio, ya ha difundido un video tremendamente sensibilizador. En un país donde la institución judicial es lenta o consagra la impunidad, tal tribunal del hashtag puede tornarse peligroso moralmente si el supuesto victimizador no lo es en realidad. Una catarata de denuncias en el ambiente artístico pero también en las seccionales policiales del país, se produjo en las jornadas recientes. Además, el fanatismo de los unos y los otros, arrastra a toda la sociedad, a tomar partido como si fuera una verdadera cruzada, consagrando el linchamiento virtual. Nunca adherí ni creí en las causas binarias o las antinomias antojadizas: son todas formas sutiles de manipulación, óptims para que las crean los rebaños o manadas.

Particularmente, si bien defiendo y reivindico en el terreno privado como el público, un feminismo liberal, donde la mujer, sobre todo, la madre que trabaja, tenga y goce de las mismas oportunidades ante la ley, que los hombres, no comparto esa visión ingenua, esa suerte de “Dogma de Montaigne” -aplicado al género- que el feminismo radical nos trata de imponer de manera autoritaria, respecto a hombres victimarios, poderosos sin piedad, abusadores y violadores y mujeres inocentes, débiles, explotadas y víctimas crónicas.

No me imagino sencillamente a una Margaret Thatcher que tenía a los hombres en su puño, incluyendo a su marido que hacía las compras en el supermercado mientras ella gobernaba a uno de los países más poderosos del planeta, adhieriendo a esa postura feminista. Tampoco a Mirtha Legrand, Susana Giménez, Sofía Loren ni a Jacqueline Bouvier, que tuvieron a su lado, hombres longevos, poderosos, que las hicieron famosas y millonarias, gracias a los trabajos o herencias que les dieron. Vuelvo hacia atrás en el tiempo, y ni siquiera a la propia Eva Perón y mucho más atrás, ni la misma Penélope -mucho menos, Helena de Troya-, para no mencionar a Isabel I, su odiada prima María Estuardo o Catalina La GrandeTrabajé y trabajo a diario con centenares de mujeres, que explotan su condición de tales, para seducir, conquistar, agradar no necesariamente de manera genuina ni sincera, a hombres poderosos, con el objetivo de escalar y ganar poder: cuando lo logran, son tan o más masculinas que los propios hombres. Al mismo tiempo, hay muchísimas mujeres en la historia y en el mundo que desmienten la supuesta inocencia y debilidad femenina, diciendo “sí” antes que un “no”, porque esa afirmación, sustentada en sus propias decisiones, era el pasaje a destinos mucho mejores para ellas mismas, más que para sus hombres elegidos.

En última instancia, es falsa la opción entre feminismo radical y machismo retrógrado, porque sobran “mujeres con testículos” -si cabe la analogía masculinista-, es decir, con la autoestima suficiente, para no dejarse atropellar, arrastrar o someter por nadie, sea del “género” o “sexo” que sea.  Como suele afirmar el canadiense Jordan Peterson, “los hombres -no los machos- se han dejado acorralar a lo largo de siglos”, “hay una evidente crisis de la masculinidad” y esto ha conducido al estado actual de cosas, con seres humanos irresponsables e imberbes. En cierto modo, ha sido el propio feminismo radical el que nos ha conducido a hombres débiles y por ende, violentos, agresivos, violadores. El mundo de hoy es “un mundo de niños, mimados y quejosos”, como bien declara Peterson.

Los abusos y las violaciones siguen ocurriendo en el seno familiar u organizacional (los Ejércitos, las Iglesias, las sectas, los clubes, los colegios, las mismas Universidades) y ambos sexos son las víctimas. La mujer puede ser mucho más fuerte que el hombre, vive mayor tiempo, tiene infinitas más armas y recursos mentales, de creatividad, de comunicación y por ende, hasta puede usar su poder de seducción para tornar al hombre en un ser estúpido y dominable. Puede ser madre, algo que muchas feministas -en su gran mayoría, solteras desencantadas con amores pasados o con conflictos traumáticos con sus padres- aún hoy no entienden: alojar a un bebé casi un año, lo cual le da una fuerza insuperable ante el género masculino.

No caigamos en ingenuidades. No les creamos a los lobbies y su infinita capacidad para hacernos creer sus causas siempre legítimas. Si queremos evitar un mundo occidental monopolizado por gays y lesbianas, donde sólo se practique la relación sexual sobre la base del consentimiento afirmativo explícito de antemano, típico de un mundo orwelliano, asolado por el contrario, por culturas no occidentales que crecen demográficamente sin cesar por no creer en el feminismo, empecemos hombres y mujeres libres, sin compromisos confesionales ni de ningún otro tipo, a levantar tambien nuestra voz, para frenar este suicidio colectivo. Hace tiempo que se terminó la edad de la inocencia.  También tenemos nuestra identidad, quienes aún creyendo que libertad y amor no son incompatibles, somos “esclavos del amor”, los que nos emocionamos aún con una buen canción romántica, los que estamos convencidos que regalar una flor a una mujer, no significa pretender manipularlas o explotarlas: todos nosotros -estoy seguro que no somos pocos-, nos debemos esta reacción, antes de que sea demasiado tarde.

LA COBERTURA DEL DIARIO EL PAIS DE ESPAÑA SOBRE EL “ME TOO”

CAMILLE PAGLIA, LA FEMINISTA A LA QUE EL FEMINISMO ODIA

UN MANIFIESTO FEMINISTA CONSERVADOR

ADRIANA AMADO, EL FEMINISMO Y LOS MILLENNIALS

LA TV ARGENTINA Y EL FEMINISMO

CUANDO EL CAMBIO DISCURSIVO NO ES SUFICIENTE

Acerca de Marcelo Montes

Doctor y Magister en Relaciones Internacionales. Politólogo. Profesor universitario, área Política Internacional. Analista de la política exterior de la Federación Rusa. Investigador. Columnista de medios de comunicación escrita, radial y televisiva. http://consultoriayanalisisrrii.blogspot.com.ar/ https://twitter.com/marceloomontes
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6 comentarios

  1. Dante La Rocca Martin

    Comparto su posición en la parte final de la nota. Entiendo aún la existencia de personas que gozando de una identidad definida desde la naturaleza multiplican prácticas de encuentro con el otro o los otros. El mundo de la diversidad no debe excluir ni ser exclusivo de los que piensan desde un lugar en particular entronizando reglas absolutas.
    Aún las personas se emocionan en el amor y difícilmente puedan las ideas que surgen de la razón evitar esa química con respecto a la mujer o el hombre que se enamoran.
    No necesariamente el pertenecer a una religión o adherir a una ética en particular pueda ser obstáculo de lo referido por Usted en la parte final del comentario.

  2. El último programa (en vivo) del año de “Política & Pelotas” con el comentario de Sergio Berensztein sobre el “Me Too” argentino. https://soundcloud.com/politicaypelotas/pyp-15-de-diciembre-de-2018?utm_source=soundcloud&utm_campaign=share&utm_medium=twitter

  3. Carlin y el “correcionismo” político en el mundo anglosajón que llegará a América Latina. https://marcelolongobardi.cienradios.com/beso-la-cabeza/

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