CHINOS

Cualquiera de nosotros los divisa inconfundibles en un aeropuerto internacional, sobre todo, europeo, en caravana y detrás de una traductora con una banderita de color rojo para que no se dispersen.

En el último año, 135 millones de chinos viajaron a través de los mares, gastando 261 mil millones de dólares, superando a todos las demás nacionalidades en el mundo, incluyendo los norteamericanos, quienes erogaron de sus bolsillos, 122 mil millones de dólares, de acuerdo a la Organización Mundial del Turismo, dependiente de la ONU. Unos 270.000 chinos viajaron al Reino Unido en el año 2015, un 46 % más que en 2014.

También los vemos en países lejanos como Argentina, donde conquistaron silenciosamente, comercios, kioscos, campos y hasta fábricas enteras. Ignorando realmente qué hacer con ellos, Trump los detesta como muchos norteamericanos lo hacían con los japoneses después de la II Guerra pero sobre todo, en los ochenta, cuando les inundaron el mercado de autos y electrodomésticos, haciendo quebrar cientos de empresas locales. Huntington imaginó en su famoso “choque de civilizaciones”, un enfrentamiento militar a escala global entre ellos y los norteamericanos, a partir del cual, las demás civilizaciones tomarían parte por uno u otro bando. Su idioma es el más hablado del mundo, superando al inglés y ya empieza a ser estudiado por millones de extranjeros en todo el mundo.

El comercio mundial desde hace más de dos décadas, ya no es el mismo a partir de la fenomenal irrupción del “dragón asiático”. Cientos de libros se escriben a menudo para dilucidar si detrás de semejante expansión, supuestamente “peaceful raising”, volverán las veleidades imperialistas de antaño, que tanto temen japoneses y coreanos, entre otros.

Son prácticos, no les interesan las cuestiones valorativas de cada país, tampoco las culturas nacionales, suelen adaptarse con una facilidad asombrosa y de a poco, van construyendo su propio “lobby” en cada uno de los casi 200 países con quienes mantienen relaciones. Su evolución interna es una verdadera incógnita a partir del ascenso de tanta clase media. No llegaron aún al umbral del desarrollo. Pero allí están: llegaron para quedarse en este mundo, que los ve por doquier. Constituyen el fenómeno demográfico de este siglo.

Ellos, los chinos.

DUBAI O LA VIDA MISMA

Es lujo, más que calidad; es capricho más que excentricidad; es abundancia más que riqueza.

Es modernidad dentro de la era de la postmodernidad actual. Es globalización a pesar de que se halla en el corazón del mundo musulmán. Allí en el núcleo de las conexiones aéreas del mundo, arribando a su aeropuerto, unos 15 millones de turistas por año, además de algunas categorías exóticas del automovilismo internacional o los top-ten del tenis, que se desplazan a esta capital con alguna frecuencia y se suman a sus 3 millones de residentes habituales. A lo largo de toda su historia, desde el siglo XVIII cuando era un protectorado del naciente Imperio Británico, fue confluencia de viajeros de toda Asia, merced a su estratégica ubicación en el Golfo Pérsico y sus relaciones comerciales con China, India y Pakistán.

Al mismo tiempo, también es carencia. No había oro ni hormigón ni tampoco trabajadores allí. Pero se exportaron en grandes cantidades, gastando fortunas. Claro, trabajando 14 horas por día, con un sol abrasador, una temperatura de 55 grados a la sombra y unos 90 euros por mes. Tampoco hay agua y éste sí es un grave problema. El agua adecuada para beber, al tener gusto a sal porque no está bien purificada, es cada vez menor. Por el contrario, la arena está omnipresente, provocando tormentas que dejan la ciudad excesivamente sucia. Estos problemas crónicos conllevan la necesidad de conseguir agua a un altísimo costo. Uno de los últimos proyectos en ciernes, es la de transportar bloques de hielo (“icebergs”) desde la propia Antártida.

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OTRO BRASIL: EL SUR

Enero de 2017. Estado de Santa Catarina do Sul. Desde Joinville (520.000 habitantes, el Municipio más grande de dicho Estado), lejos del mar, hasta Itajaí, por la BR101, existen algo más de 88 km. Ya habíamos dejado atrás, siempre en dirección de regreso a Argentina (vía Uruguayana), los Estados de Sao Paulo y Paraná. Itajaí. municipio y puerto (el cuarto de Brasil) con 184.000 habitantes, preferentemente descendientes de portugueses y alemanes, fundado en el siglo XIX, es la puerta de acceso a los balnearios más deseados por los argentinos: Camboriú, Itapema, Bombinhas y Florianópolis.

Cabe recordar que hace una década, en el mes de noviembre, Itajaí fue asolada por una terrible inundación que impactó sobre el 90 % de la población y murieron 100 personas. Esta zona del país es tremendamente húmeda y lluviosa, sobre todo, en primavera.

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