FIUMICINO

Lejos de ser un karma innecesario, es un placer aguardar varias horas en un aeropuerto internacional, sobre todo, en espera de un ser amado, mi Ekaterina. Así terminé agosto, en Fiumicino, el centro aéreo neurálgico de Roma, aún cuando cuente también con Ciampino, de menor jerarquía y tamaño. Pienso que por Fiumicino, embarca el Papa Francisco, cada vez que entra o sale de la “Ciudad Eterna”, pero también han pasado obligatoriamente por allí, músicos y artistas italianos además de europeos, como así también deportistas y hombres de negocios y de la ciencia.

Cuántas veces habrá pasado Maradona por ejemplo, por Fiumicino de paso a Nápoli y recuerdo que la primera vez que escuché ese nombre en mi vida, yo tenía apenas 6 años, producto del triunfo del gran campeón santafesino y mundial de boxeo Carlos Monzón sobre el “campeoníssimo” italiano y mundial “Nino” Benvenutti, en la misma Roma, un 7 de noviembre de 1970.

A medida que pasan las horas, va cambiando el público de Fiumicino. Es un lugar especial donde uno puede apreciar la enorme mezcla de culturas que contiene. Si bien es fácil deducir que todo el personal de limpieza es de origen inmigrante, la estación, gracias a los trabajadores también foráneos, está increíblemente limpia a pesar del enorme flujo de visitantes, pero éstos según las horas del día van cambiando diametralmente. Argentinos que llegan en el gran vuelo de Aerolíneas que sobrevive a Roma porque parece rentable, junto con Madrid, por las tardes; mexicanos de Aeroméxico; asiáticos vía Emirates; alemanes desde el norte y finalmente, los infaltables chinos, que llegan masivamente desde Shanghai. Ante mi cable de la computadora y celular que cruza un paso obligado de turistas apurados por retirar su equipaje, mido el grado de respeto y hasta de timidez de cada civilización: como era dable esperar, los germánicos son los más respetuosos y hasta tímidos, los latinoamericanos pasan sin prisa por arriba y los chinos hacen lo mismo pero sin siquiera titubear ni pedir disculpas.

Por la noche, sigue el movimiento, ahora le toca el turno a los norteamericanos que arriban cerca del inicio de la madrugada, aunque el flujo se interrumpe, ganado por el silencio entre la una y las 3.30 de cada día. Retoma un ritmo incesante por las mañanas temprano logrando un pico a las entre las 7 y las 8 horas, algo inusual. Entre tantos “welcome” y “bienevenido”, incluso ya exhibidos en las tablets, sobresalen las empleadas de Norwegian Airlines, la low cost fulgurante que ya penetró en el siempre cerrado y atrasado mercado aéreo argentino.

Enfrente del célebre aeropuerto, se halla la estación de trenes del mismo nombre, desde donde salen los trenes veloces “Leonardo” Express a un costo superior al de muy buenos buses, como los de Terravision.

Fiumicino es una villa como Ostia, famosa por ser el puerto de los golpistas que ayudan a Máximo en su revuelta en “Gladiador” en tiempos del Imperio romano pero también como Anzio, al sur de Roma, donde desembarcaron las fuerzas norteamericanas de Patton y las inglesas de Lord Montgomery durante la II Guerra Mundial, para desalojar a los alemanes.

Hoy valorado como el mejor aeropuerto de Europa, no deja de ser la puerta de entrada a la vieja y majestuosa capital de aquel gran primer Imperio occidental, que nos legara el Derecho y el arte, entre otros tantos méritos civilizatorios.

Nos albergaría por segunda vez en tres años, Roma, tanto de ida como de regreso, pudiendo apreciar sus calles angostas, sus reliquias arquitectónicas milenarias de un pasado glorioso, recorridas por turistas con maletas por doquier, pero hoy sucia, administrada por una mujer inoperante como Virginia Raggi del Movimiento Cinque Stelle, plagada de inmigrantes africanos, árabes e hindúes, que administran desde supermercados, minimarkets hasta “bed & breakfasts”, como para justificar la retórica xenofóbica de la insólita coalición gobernante populista liderada por Mateo Salvini y Luigi Di Maio.

Antes de volver a Argentina, busco el mostrador para el check in de Aerolíneas Argentinas y veo que ha sido desplazado para favorecer a las empresas americanas, como Delta, United y American Airlines, que recibirán cientos de….chinos, sí, chinos, ni siquiera norteamericanos. Es el mundo que vivimos, abolutamente diferente del de los ochenta o setenta, que ya no volverá.

Me despido con mi homenaje a Roma, a través de la música, de una canzone relativamente nueva de Francesco Renga (nacido en Udine) y una más vieja, de un recital que brindara en 2004, el auténticamente romano Eros Ramazotti.

Acerca de Marcelo Montes

Doctor y Magister en Relaciones Internacionales. Politólogo. Profesor universitario, área Política Internacional. Analista de la política exterior de la Federación Rusa. Investigador. Columnista de medios de comunicación escrita, radial y televisiva. http://consultoriayanalisisrrii.blogspot.com.ar/ https://twitter.com/marceloomontes
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