LA PAZ DE PALERMO

A muchos en el interior en Argentina, les cuesta entender que en la Ciudad de Buenos Aires pueda vivirse sin stress, contaminación sonora o sencillamente locura: con sólo ver algunas personas en la calle, hablando sólas o mal vestidas, uno podría también recoger esa imagen. Pero a la gran cantidad de barrios de la propia urbe, verdaderas “miniciudades” con plenitud de servicios, donde puede vivirse apaciblemente, aún con alguna inseguridad, existe un lugar al que sólo lo perturban -o acompañan placenteramente-, el ruido de las turbinas de los aviones o el motor de los trenes chinos.

Es que cerca del Aeroparque Jorge Newbery y de las líneas del Ferrocarril Belgrano, se levanta el Parque 3 de Febrero, uno de los que conforman los llamados “bosques de Palermo”. Con más de 80 hectáreas, es uno de los espacios verdes más importantes de Buenos Aires, después de la Reserva Ecológica Costanera Sur.

Unas 200.000 personas, entre vecinos de la ciudad y turistas, lo visitan cada semana para hacer picnics, sentarse en bancos para tomar mates o para practicar deportes o simplemente “running”. Fue creado en 1874, por orden del Presidente Domingo F. Sarmiento, se inauguró en 1875 y su diseñador fue el gran paisajista Charles Thays. Incluye lagos artificiales que pueden recorrerse en bote o en bicicletas de agua.

En el ecosistema del parque, se han avistado 197 especies de aves, entre autóctonas, introducidas, liberadas y/o escapadas del tráfico de fauna. De estas especies, 34 hacen uso intensivo de los lagos.

Una de las especies más “populares” de los bosques, incluyendo el Rosedal, además de los patos, es el ganso. Hubo 1.200 en algún momento hace unos años, aunque ahora quedan unos 120, porque son muy agresivos con otros pájaros y depredan el césped, por lo que tuvieron que ser reubicados en otras zonas de la ciudad.

Se han calculado 11 especies acuáticas: 8 de peces, 2 de bivalvos, un camarón y una anguila. Hay más de 5.500 especies vegetales. Viven en los lagos, dos especies de tortugas acuáticas y una especie de nutrias.



EL GRAN AEROPUERTO DE ESTAMBUL

Cuando supe que en el último viaje a Europa, debía emplear a Turquía como hub, de inmediato pensé con cierta aprehensión, que tendría que embarcar desde donde se produjo un importante atentado terrorista islámico hace unos años.

Luego, comprobé que el aeropuerto de Ankara había sido reemplazado por otro mucho más nuevo, erigido en 2018 a 35 km. de distancia de la capital. Tan nuevo -y grandioso- me informé que era el IGA (Istanbul Grand Airport), que apenas lo indagué, me apresté a compararlo con el de Dubai o el de Schiphol, en Amsterdam (Holanda), a los que no conozco pero sí tenía referencias previas de terceros.

Apenas llegué, me predispuse a disfrutarlo. Toda una noche pasé allí, al igual que la de regreso y, a diferencia de Fiumicino, donde también tuve que pernoctar el año pasado, el confort del aeropuerto turco, es manifiesto.

Aquí tienen algunas fotos de su interior, tan fastuoso como funcional.

Aquí puede verse la “snap zone”, espectacular, cómoda, ideal para descansar, aunque a medida que los turistas la vayan descubriendo, la irán cubriendo a full.

Vista de los aviones de Turkish Airlines, una aerolínea que llega a cada vez más puntos del mundo, como ninguna otra empresa de aeronavegación comercial.

La Turquía de Erdogan es una potencia en ascenso, pero que explota hábilmente la globalización, priorizando su interés nacional, no hallando incompatibilidad alguna entre ambos objetivos. Ha invertido en su línea de bandera, la ha expandido y ha construido un fenomenal aeropuerto para que cientos de miles de turistas -en adelante, millones- lo conozcan como yo, lo usen y lo valoren.

El único problema: el wifi abierto. Ojalá mejoren en tal aspecto.

Mi despedida con algunas palabras en idioma turco.


AEROPUERTO EL PRAT DE BARCELONA (ESPAÑA)

Los aeropuertos internacionales son lugares fantásticos que uno encuentra en este mundo. Más allá de las esperas, la burocracia y la hiperseguridad que a veces, nos violenta, la comodidad y limpieza de sus instalaciones y la posibilidad de sentirme ciudadano del mundo, junto a cientos de miles de otros de ciudadanos extranjeros o connacionales, nos permiten disfrutar de este tipo de “microciudades”, antes o después de subir a un avión. Las decenas o cientos de aviones que posan en tierra, ya a punto de despegar como habiendo aterrizado, son el objeto de interés de muchos de nosotros, atentos a leer en las pantallas electrónicas al instante, su flujo incesante.

He estado en Barcelona, en tres ocasiones y éste es el registro fotográfico de mi último viaje, en octubre pasado.

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LA CATASTROFE AEREA DE TENERIFE

Todavía recuerdo las terribles fotos de la Revista Gente, cubriendo en color las penosas imágenes. Dos aviones habían chocado y no precisamente, en el aire, lo cual podía imaginar un adolescente como yo, de 13 años, sino en la mismísima pista y debido a una evidente falla humana.

ACCIDENTE LOS RODEOS 1977 3

El domingo 27 de marzo de 1977, hace exactamente, cuatro décadas, chocaron en el aeropuerto Los Rodeos, de la Isla española de Santa Cruz de Tenerife, en medio del Océano Atlántico, dos Boeing 747, uno de la compañía holandesa KLM -que hacía el trayecto Amsterdam-Las Palmas- y otro de la ya desaparecida estadounidense Pan Am -que partió de Los Angeles con destino Atenas-, mientras realizaban maniobras de despegue.

Aparentemente, el comandante de la aerolínea holandesa procedió al despegue, sin la previa autorización de la torre de control, por fallas en la comunicación. Obviamente, otros factores exógenos como una deficiente iluminación, en gran medida, por la niebla existente y la ausencia de un radar de superficie, contribuyeron a la génesis de la tragedia.

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