EL VALOR DEL EQUIPO: CAMPEONES DEL ´78 Y EL ´86

Se despide junio y en este sábado 30, día que será recordado por la eliminación de las selecciones donde juegan el argentino Lionel Messi y el portugués Cristiano Ronaldo (CR7), las dos megaestrellas individuales del fútbol mundial, cada uno con 4 participaciones mundialistas, no me puedo olvidar de darle mi reconocimiento a las dos grandes Argentina campeonas del mundo de 1978 y 1986, en nuestro país y México, respectivamente. Precisamente, porque Argentina no obtiene ningún título a nivel continental o mundial desde la Copa América de 1993, hace ya un cuarto de siglo y porque en virtud de ello, se valoran mucho más aquellos dos grandes equipos. Subrayo lo de “equipos”, porque a pesar de contar con dos grandes jugadores como el bellvillense Mario Alberto Kempes y Diego Armando Maradona, respectivamente, eran verdaderas organizaciones colectivas, enmarcadas en procesos, con continuidad en juveniles y con dos técnicos, que aún enfrentados en sus estilos, apostaron a reordenar el fútbol después del desastroso Mundial de Alemania de 1974.

En efecto, la Argentina, país especialista en generar grietas inútiles, se enfrascó durante años en un largo debate acerca de estilos futbolísticos que encarnaron los dos entrenadores técnicos, campeones del mundo. César Luis Menotti en 1978, tras haber conducido un proceso que empezaría empatando 2 a 2 con una entonces poco poderosa España en Madrid en octubre de 1974 hasta su culminación en forma de fracaso, en el Mundial de ese país en 1982. Carlos Salvador Bilardo, campeonando en 1986 y saliendo subcampeón mundial en 1990, tras su inicio al frente del combinado nacional en 1983. Mientras Menotti pregonaba un estilo más bien lírico, de buen juego, atildado, sin demasiada defensa, a lo Huracán de 1973, Bilardo favorecía un juego mucho más defensivo, de alta marca y presión y hasta contragolpe, más bien de manera similar al Estudiantes de La Plata de los años sesenta y setenta.

Sin embargo, los dos equipos finalmente lograron alzar la Copa del Mundo, de manera más bien armónica, yuxtaponiendo aquellos dos estilos. Mientras el equipo de Menotti, apeló a la garra y con una dosis menor de fútbol cuando tuvo que afrontar los compromisos decisivos, incluyendo la fuerza especial de Mario Kempes, el de Bilardo contaba con el talento singular de Diego Maradona, por lo que, podría afirmarse que las dos veces que Argentina logró campeonar a nivel internacional, cimentó una especial mixtura de sus dos estilos de juego aparentemente antagónicos: confió en lo colectivo, rodeando a lo individual.

Es cierto que en este fútbol postmoderno, tampoco alcanza con tener proyectos consistentes de largo plazo, como lo demuestra la temprana eliminación de la Alemania de Löw, con 12 años de continuidad y seriedad, porque todo se ha emparejado, donde los futbolistas parecen más atletas que otra cosa. Sin embargo, difícilmente se pueda tener éxito persistente alguno si se apela siempre y apenas al corazón o el orgullo, a la salvación individual sin una idea colectiva de equipo, mancomunado, de sacrificio mutuo, de “pressing” permanente, con players jóvenes, como los franceses de hoy.

Tampoco todo depende de “megaestrellas” a los que los rivales se habitúan a marcar y entonces sus propios compañeros pierden referencia y espíritu de combate, en el campo de juego, sobre todo, si carecen de estrategias desde el banco. Superfiguras con un sobrepeso económico y marketinero, que los torna impunes para entrenarse, solicitar privilegios o liderar camarillas, por lo que hasta pueden ser más disruptivos que efectivos y que además, sufren el paso inevitable del tiempo: hoy, se nota mucho más que antes, que tanto CR7 como Messi, con más de 30 años a cuestas, ya son dos veteranos al lado de jóvenes como Kylian Mbappé, con 19. Figuras rutilantes como Kempes, Maradona, Pelé, Cruyff y Platini, para ganar todo lo que ganaron, estaban cooperativa y positivamente rodeados por sus compañeros, aliviados por ellos y conducidos de modo eficaz, por técnicos respetables.

De aquí en más, tras la dolorosa derrota con Francia, Argentina deberá apostar a los más jóvenes, como Rulli, Bustos, Conti, Funes Mori, Tagliafico, Ascacibar, Kranevitter, Paredes, Dybala, Lautaro Martínez, Pavón y tantos otros, pero sobre todo, elegir un técnico -Sampaoli o no- que garantice un proceso, le otorgue continuidad y seriedad al trabajo en inferiores -podría quedar al frente Pablo Aimar- y, sobre todo, regirse por una estrategia de juego colectivo, previsible, racional, que aproveche al máximo ese talento puro que sigue brotando de los potreros argentinos.  En otras palabras, haciendo votos para que aparezcan verdaderos equipos, como el que hoy nos mostró la Francia de Mbappé, Grienzmann, Kanté, Matuidi y Pogba, como eran aquellos que tuvimos en 1978 y 1986. Entonces, habrá que volver a las fuentes.

Acerca de Marcelo Montes

Doctor y Magister en Relaciones Internacionales. Politólogo. Profesor universitario, área Política Internacional. Analista de la política exterior de la Federación Rusa. Investigador. Columnista de medios de comunicación escrita, radial y televisiva. http://consultoriayanalisisrrii.blogspot.com.ar/ https://twitter.com/marceloomontes
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