«EL QUE VIBRA ES MI CORAZON, NO MI CELULAR»

El autor de esa frase, ta memorable como otras, es Miguel Angel Russo. Como Bochini y algunos pocos más de esa era de los ochenta, jugador de un sólo pero entrenador de muchísimos otros, como mi Colón, donde duró poco porque perdió el clásico, después de una larga racha positiva del club del Barrio Centenario.

Exitoso en su carrera de técnico, antes y después de pisar Santa Fe, nos dejó ayer en plena actividad, tras padecer una penosa enfermedad terminal, diagnosticada hace 8 años. Desde La Boca hasta Salamanca, el mundo del fútbol se conmueve por estas horas, dejando un gran recuerdo en los numerosos clubes donde estuvo pero también en sus rivales, algo bastante infrecuente en este deporte. 

Nos dejó un verdadero caballero del fútbol, al que sintió hasta su último instante pero que no tuvo la suerte de coronarse campeón mundial en 1986 -por una inoportuna lesión- a pesar de ser uno de los jugadores preferidos por Carlos Salvador Bilardo.

Ojalá su ejemplo se difunda entre las generaciones que vendrán.

EL VALOR DEL EQUIPO: CAMPEONES DEL ´78 Y EL ´86

Se despide junio y en este sábado 30, día que será recordado por la eliminación de las selecciones donde juegan el argentino Lionel Messi y el portugués Cristiano Ronaldo (CR7), las dos megaestrellas individuales del fútbol mundial, cada uno con 4 participaciones mundialistas, no me puedo olvidar de darle mi reconocimiento a las dos grandes Argentina campeonas del mundo de 1978 y 1986, en nuestro país y México, respectivamente. Precisamente, porque Argentina no obtiene ningún título a nivel continental o mundial desde la Copa América de 1993, hace ya un cuarto de siglo y porque en virtud de ello, se valoran mucho más aquellos dos grandes equipos. Subrayo lo de «equipos», porque a pesar de contar con dos grandes jugadores como el bellvillense Mario Alberto Kempes y Diego Armando Maradona, respectivamente, eran verdaderas organizaciones colectivas, enmarcadas en procesos, con continuidad en juveniles y con dos técnicos, que aún enfrentados en sus estilos, apostaron a reordenar el fútbol después del desastroso Mundial de Alemania de 1974.

En efecto, la Argentina, país especialista en generar grietas inútiles, se enfrascó durante años en un largo debate acerca de estilos futbolísticos que encarnaron los dos entrenadores técnicos, campeones del mundo. César Luis Menotti en 1978, tras haber conducido un proceso que empezaría empatando 2 a 2 con una entonces poco poderosa España en Madrid en octubre de 1974 hasta su culminación en forma de fracaso, en el Mundial de ese país en 1982. Carlos Salvador Bilardo, campeonando en 1986 y saliendo subcampeón mundial en 1990, tras su inicio al frente del combinado nacional en 1983. Mientras Menotti pregonaba un estilo más bien lírico, de buen juego, atildado, sin demasiada defensa, a lo Huracán de 1973, Bilardo favorecía un juego mucho más defensivo, de alta marca y presión y hasta contragolpe, más bien de manera similar al Estudiantes de La Plata de los años sesenta y setenta.

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