«EL QUE VIBRA ES MI CORAZON, NO MI CELULAR»

El autor de esa frase, ta memorable como otras, es Miguel Angel Russo. Como Bochini y algunos pocos más de esa era de los ochenta, jugador de un sólo pero entrenador de muchísimos otros, como mi Colón, donde duró poco porque perdió el clásico, después de una larga racha positiva del club del Barrio Centenario.

Exitoso en su carrera de técnico, antes y después de pisar Santa Fe, nos dejó ayer en plena actividad, tras padecer una penosa enfermedad terminal, diagnosticada hace 8 años. Desde La Boca hasta Salamanca, el mundo del fútbol se conmueve por estas horas, dejando un gran recuerdo en los numerosos clubes donde estuvo pero también en sus rivales, algo bastante infrecuente en este deporte. 

Nos dejó un verdadero caballero del fútbol, al que sintió hasta su último instante pero que no tuvo la suerte de coronarse campeón mundial en 1986 -por una inoportuna lesión- a pesar de ser uno de los jugadores preferidos por Carlos Salvador Bilardo.

Ojalá su ejemplo se difunda entre las generaciones que vendrán.