HACIA EL NORTE DE BRASIL (III)

Sigo con esta suerte de diario privado de viaje, sobre el norte de Brasil, en retrospectiva sobre el verano de 2018.

Tras tres noches en Recife, gastando 333 reales, unos 70 reales en combustible y unos 150 reales en comida, siempre para nuestra pareja, partimos el domingo 7 de enero, al mediodía, hacia más al norte.

Pasamos al costado de Joao Pessoa (a 104 km. de Recife) y Natal (a 330 km. de la capital pernambucana), otras dos grandes ciudades emblemáticas de la costa nordestina, para arribar a Fortaleza, el lunes 8 por la mañana, nuevamente tras pernoctar en el largo camino.

En este tramo, que sería el más largo al interior de Brasil, ya que se trataba de casi 800 km., gastamos unos 210 reales en nafta y cerca de 120 reales en comida. Aunque más allá de las erogaciones, debe tenerse en cuenta el esfuerzo puesto en arribar a destino, con el sol de frente, la creciente humedad, las mañanas donde se siente el sopor, por las noches mal dormidas en el auto, etc. etc. Esto lo expreso sobre todo para disipar las fantasías que se hacen muchos cuando ven estos viajes, con el ser amado, creyendo que son verdaderas “lunas de miel”. Obvio que hay placer y que es un gran gusto compartir tales aventuras con “el amor de nuestra vida”, pero no todas son “color de rosa”.

Cuatro noches estaríamos en Fortaleza, gastando un total de 540 reales en alojamiento, 200 reales en comida y unos 150 reales en nafta. Dicha ciudad es la capital del Estado de Ceará, tiene 2,6 millones de habitantes, es la quinta ciudad más grande del país y es la séptima mayor paridad de poder adquisitivo del país. En su área metropilitana, incluye a algo más de 4 millones de personas.

Decidimos descansar allí como nunca antes excepto San Salvador de Bahía, Río Das Ostras y Rio de Janeiro, porque sabíamos que se venían días y hasta semanas de largo trajinar, si queríamos ir al Amazonas y cruzar hasta Venezuela. Ese era el plan original, por descabellado que pareciera, aunque no sabíamos que sufriría alteraciones, que a la postre, serían positivas.

Primera gran sorpresa al arribar a Fortaleza, fue avistar sus grandes hélices eólicas, ubicadas cerca de su gran puerto.

Respecto a la playa, fue el único lugar desde Rio de Janeiro hasta allí (unos 2.600 km.), que nos costaron días seminublados, a pesar de que nunca sufrimos lluvias en todo el largo camino. Aquí les dejo algunas imágenes, incluso personales.

Había un supuesto “árabe” también por allí. Un tanto excedido de peso, habría que reconocerlo.

Aquí algunas pocas fotos de la ciudad y su costanera, más allá de que nos gustó, no la notamos muy diferente de Recife. Aunque también deba decirse que Fortaleza tiene 34 km. de playas y es la ciudad más cercana a Europa (concretamente, Lisboa la capital de Portugal), a 5.608 km. de distancia pura. El Viejo Mundo tiene una connotación especial para Fortaleza, porque hasta su nombre se debe a europeos. En efecto, fueron los nederlandeses quienes construyeron un Fuerte allí entre 1649 y 1654, cuando exploraban sus costas.

Nos despedimos con esta imagen mía en Praia Do Futuro, el balneario más reconocido de Fortaleza.

Nos quedaba por delante, el último destino brasileño “civlizado”: Belem do Pará.

HACIA EL NORTE DE BRASIL (II)

Seguimos desde Aracajú (Estado de Sergipe) con rumbo norte, sin bordear la costa, hasta -la popularmente difundida por los argentinos- Maceió (Estado de Alagoas). Este último fue el mismo sobre el cual haría toda su carrera política, el derechista Fernando Collor de Melo, siendo gobernador del mismo, legislador y hasta Presidente de Brasil, habiendo sido desalojado del poder por un “impeachment” (juicio político) en los años noventa.

El jueves 4 de enero de 2018, a media mañana, habiendo pagado el hotel (162 reales, por dos noches) salimos de Aracajú y llegamos a Maceió, por la noche, habiendo recorrido 308 km. pero deteniéndonos en varias ocasiones. Entre otras, para cargar nafta (60 reales) pero sobre todo, para hacer el cambio de aceite (en portugués, “troca de oleo) y comprar un filtro nuevo em una estación de Petrobras. Gastamos 92 reales por lo primero y 25 reales por la segunda operación. Fue prácticamente el único que hicimos durante ese viaje por el litoral marítimo brasileño.

En ese trayecto, por la BR-101, gastamos en comida, unos 57 reales.

Como Maceió (1,05 millones de habitantes y capital del Estado) no nos convenció demasiado, tal vez haya influido que arribamos allí cansados y ya en plena nocturnidad, decidimos continuar el viaje en la madrugada, para llegar apenas amanezca a Recife. La paradoja de este viaje fue que ninguna de las dos ciudades más preferidas por los argentinos, es decir, Buzios y Maceió, realmente nos convencieron, ni por su belleza de sus paisajes y mucho menos, por sus playas. Hay una innumerable cantidad de mejores vistas y balnearios más bonitos en toda la costa que en ambas localidades.

Desde Maceió hasta Recife (capital del Estado de Pernambuco, con 1,7 millones de habitantes), recorrimos unos 291 km. durante prácticamente toda la noche, pernoctando lo que pudimos, en el camino. Allí en Recife, cuya región metropolitana alberga a casi 4 millones de personas, estuvimos tres noches.

Desde Bahía hasta allí, nos acompañaron días plenos de sol y noches agradables, aunque las jornadas eran calurosas y generalmente agobiantes.

Recife es la capital más antigua de todo Brasil, fundada por los portugueses en 1537. Pero además, tiene la gran particularidad de la presencia de tiburones en sus costas, asolando de vez en cuando a lo largo de las últimas dos décadas, a los bañistas desprevenidos o imprudentes, que desobedecen las regulaciones municipales, respecto a no incursionar más allá de la línea de arrecifes.

Por qué hay tiburones o “tubaraos”, como les llaman los brasileños, allí en Recife y no en otra playa de Brasil? Claramente, por razones particulares, como la destrucción de manglares -lugares donde especialmente ellos se alimentan y reproducen-, a causa de la construcción del puerto de Suape; el paso de grandes buques de gran calado, al despejar deshechos orgánicos en las aguas del mar y la formación de canales profundos y estrechos que favorecen la llegada de rayas, el gran alimento de los tiburones. Todos esos factores confluyen para que los escualos lleguen a Recife, haciendo que por ejemplo, el surf esté prohibido allí, por precaución.

Otro elemento que nos llamó la atención, al ir a las playas, fue la gran presencia de población afroamericana, como no habíamos visto en el sur de Brasil, pero tampoco en los balnearios de Sao Paulo, Rio ni Bahía. En efecto, en Recife, vive un 60 % de su población, sumando pardos (mestizos) y negros. En Recife, ya percibimos la diferencia notable no sólo en ese aspecto racial, entre las dos Brasil: la del sur y la del norte.

Me despido con: a) estas imágenes de Recife que muestran su versión también moderna.

b) nuestras compras en el supermercado de Recife, de la popular “tapioca” -una fécula que se extrae de la mandioca- (marca Dona Nuna) y los “nabos”.

Como se puede comprobar, además de ser un paraíso natural -y en muchos casos, virgen-, Brasil es un lugar ideal para probar sabores nuevos.

HACIA EL NORTE DE BRASIL (I)

Enero es sinónimo de vacaciones y ésta es una nueva buena ocasión para recordar mis viajes -y por qué no proezas automovilísticas- en Brasil hace exactamente un lustro.

Después de haber viajado una quincena exacta en diciembre de 2017, desde Mar del Plata hasta San Salvador de Bahía, para pasar allí el fin de año, de manera especial, junto a mi ex pareja (rusa) Ekaterina, decidimos seguir viaje, porque nuestra idea original aunque sonara alocada, era llegar hasta el norte del continente sudamericano.

Ya me he referido precisamente, al viaje al Amazonas, que emprendimos a partir del martes 16 de enero de 2018, pero no me he dedicado a describir el trayecto desde Bahía (3 millones de habitantes) hasta Belem do Pará (2,15 millones de habitantes). También implicó un camino de 15 días, bordeando la costa brasileña, sobre el Atlántico, advirtiendo el cambio importante tanto en el paisaje como en la geografía de los lugares que íbamos transitando.

Para que el relato adquiera cierta funcionalidad para quienes quieran hacer el mismo camino en vehículo en el futuro mediato o inmediato, iré detallando tanto los km. recorridos como los sucesivos gastos que conllevaron, datos que a pesar del regreso de la inflación tanto en Brasil como en nuestro país -del que nunca se fuera-, pueden ser útiles para aquéllos. Como resulta obvio, tambien comentaré aquellos hechos que fueron marcando a fuego el extraordinario viaje.

Dejamos Bahía, en el Estado del mismo nombre, el primer día de 2018 y llegamos vía la Rodovía -ruta nacional- BR-101 Norte a Aracajú (Estado de Sergipe) el martes 2 de enero, por la tarde.

Habiendo pagado 18 reales en la cochera del Hotel Ibis Aeroporto Hangar en la ciudad donde terminamos el 2017, gastamos en ese trayecto inicial de 336 km., en nafta (o gasolina “aditivada” -equivalente a nuestra “premium”-), unos 100 reales más unos 46 reales en comida.

Tras recorrer algunas localidades de la vera marítima como Praia do Forte, Imbassaí y Porto de Sauipe, pasamos por localidades pequeñas como Entre Rios, Esplanada, Palmeira, Loreto, Cristinápolis, Umbauba, Estancia, Itaporanga d’ Ajuda y Sao Cristovao, abonando 6,4 reales en peajes, por una ruta en buen estado.

Nos quedamos en la bella Aracajú, tras una noche accidentada, por un intento de robo en la playa por la noche, erogando otros 108,35 reales en comida y unos 162 reales en hotel (por dos días).

Relax enfrente del Bar do Nelson

Habiendo gastado entonces para una pareja en esos tres días previos, unos 341 reales -en aquel momento, equivaliendo un real a 5,7 pesos, unos 1.944 pesos-, la próxima cita sería la ciudad preferida de los argentinos, en el norte de Brasil: Maceió.

No es el tipo de “depresión” de los argentinos

ESPAÑA: VALLADOLID

Junio de 2010. Llegando a la citada Ciudad (300.000 habitantes), para iniciar mi estancia de investigación en la Universidad del mismo nombre. El llano se verá más verde que al sur.

Valladolid, donde se casaron los Reyes Católicos el 19 de octubre de 1469, fue ciudad capital del Reino español entre 1601 y 1606, por decisión de Carlos I. Allí nacieron Felipe II (1527), Felipe IV (1605) y Ana de Austria (1601), Reina de Francia en la época de “Los Tres Mosqueteros”. En esta ciudad castellana de tanta alcurnia, Cervantes terminó de escribir su “Don Quijote” en 1604.

Casa Consistorial en la Plaza Mayor

Santa Iglesia Catedral Metropolitana de Nuestra Señora de la Asunción

Mi residencia universitaria.

El moderno transporte público.

RECORRIENDO EL PERU DEL DAKAR 2019

Desde que hace más de un lustro conocí Perú, no me canso de disfrutarlo cuando lo recorro. Su gran geografía, variada, diversa, contrastante, sobre la que ya escribí en otras ocasiones en este sitio, no dejan de deslumbrar o conmover al visitante ocasional. Como los corredores de esta última edición de la famosa competencia Rally Dakar, que se disputa todos los años en enero, ya en Sudamérica, debido a la profunda inestabilidad política que sufre África, su continente original, seguramente lo han vivenciado en estas últimas semanas. Han conocido las dunas interminables, las tierras secas cuasi lunares del país, sus sierras, sus costas allende el Océano Pacífico, con playas vírgenes, sólo tocadas por la naturaleza.

Independientemente de los comentarios que puedan hacerse por la organización exclusiva de semejante evento de envergadura mundial, a cargo del país incaico y si estuvo o no a su altura, incluso los debates sempiternos en las redes sociales, entre chilenos y peruanos burlándose mutuamente de la capacidad deportiva y hasta cultural de ambos países “hermanos” -separados de modo trágico desde el siglo XIX por la Guerra del Pacífico-, está claro que holandeses, rusos, españoles, checos, polacos, australianos, franceses, británicos, bielorrusos y todos aquellos otros extranjeros que compitieron en el Dakar, se llevarán un recuerdo imborrable de este Perú 2019.

Es que detrás de la innumerable cantidad de sentimientos que aquellos audaces corredores experimentaron a lo largo de dos semanas, ya sea, alegría, ansiedad, frustración, desazón, desesperanza, desencanto, tensión, etc., había un paisaje apropiado, listo para cobijar tales emociones. En su rica fisonomía, a pesar de que el Dakar sólo recorrió un cuarto de la misma, Perú ofrece un suelo y una naturaleza agreste, salvaje, hostil para la vida humana: así la vivimos en carne propia en cada uno de nuestros viajes inolvidables.

En estos videos, podrán apreciar parte de esa belleza. Tales imágenes nos ahorrarán las palabras.

 

EL DIA DE LA AMISTAD EN ARGENTINA

A pesar del mito generalizado que los liberales pensamos nada más que términos de vicios materiales o dinero, la amistad fue un gran principio moral de los filósofos morales del siglo XVIII.

Adam Smith creía que el hombre no nace con altos valores morales, sino que más bien los adopta como una manera de satisfacer su necesidad ilimitada de contactos sociales, lo que a cambio requería el desarrollo de la confianza para sobrevivir en una comunidad orientada hacia el comercio. Para Smith, éste y los mercados libres fomentan una conducta moral, promoviendo la sociabilidad y enfatizando los elementos esenciales de la llamada “Regla de Oro”: “haz a los demás lo que te gustaría que te hagan a tí”.

Edmund Burke pensaba que “el lado oscuro de nuestros sentimientos no es mitigado por la razón pura, sino por los sentimientos más benévolos. No podemos ser juzgados simplemente por nuestros vicios, ya que podemos ser disuadidos de satisfacerlos, a través de la confianza y el amor que se desarrolla entre los vecinos, de los hábitos profundamente arraigados de orden y paz, y el orgullo hacia nuestra comunidad o país”.

En la actualidad, en Argentina, una muestra más de la bipolaridad de nuestra sociedad lo testimonia que siendo una de las más antinorteamericanas del continente, muchos veranean y tienen residencia en Miami además de festejar el “Día del Amigo”, por el recuerdo de la llegada del primer hombre -o sea, la expedición norteamericana Apolo XI- a la Luna en 1969. Se empezó a celebrar en la también denostada década de los noventa pero llegó para quedarse definitivamente, sobre todo, gracias a las redes sociales virtuales, por lo que las noches del 20 de julio suelen estar repletos los restaurantes y bares con multitudes de “amigos”, en realidad, compañeros de trabajo, conocidos ocasionalmente, “contactos” de Facebook, etc.

Como no comparto ni el culto a la amistad un tanto banal que supuestamente hacen los argentinos ni las celebraciones artificiales, por este medio, “mi medio”, le rendiré un pequeño homenaje a mis diversos y variados amigos de la vida, a lo largo de estos 53 años, algunos de los cuales los disfruté en la primera mitad de la vida, en mi infancia y adolescencia, amigos del Colegio Sagrado Corazón de Rosario, como los rosarinos Héctor Fabián Delprato, Gastón Leroux y Marcelo Raúl Tacconi, el jujeño Oscar Cisneros, en la Universidad, el sanjuanino Marcelo Raúl Fretes, Julio De Hoop y Gustavo Angel Rufach (oriundo de Peyrano) y, trascendiendo la vida escolar, la práctica del tenis o paddle y a lo largo del tiempo, más allá de la distancia geográfica, Germán Lucini (nacido en Cepeda), que vive con su querida familia en Europa. En Córdoba, en estas dos últimas décadas, gracias a mi trabajo, Dante La Rocca Martín, me ha acompañado en estos años recientes, junto con Juan Iribas, mi compañero de desventuras con el tenis, Ricardo Castro y Juan Romeo Benzo, entre otros.

Imágenes de la Promoción 1982 del

Colegio agrado Corazón de Jesús (Rosario)

Mi discurso en los 25 años de la Promoción (3/11/2007)

Mi curso de Bachiller Nacional 1982.

De izquierda a derecha: Esteban “Quico” Raggio, Marcelo Romano,

Carlos Bearzotti, Pablo Giammona, yo en el centro, Oscar Berasategui,

Fernando Ferrari Gino, Gastón Leroux y Carlos Marcelo Gallo.

Peritos Mercantiles 1982 (ex compañeros de nivel primario)

Otros Peritos Mercantiles 1982, donde aparece parado a la derecha, Marcelo Tacconi

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