AL BORDE DE UNA TRAMPA MORTAL

Por sobreestimación de las fuerzas o capacidades propias y por el contrario, subestimación de las rivales, muchos desastres han padecido las potencias del mundo a lo largo del tiempo. En tiempos recientes, Gallipoli fue el padecimiento que padecieron los británicos, en particular Churchill, cuando quisieron sorprender y terminaron sorprendidos por los turco-otomanos. En la II Guerra Mundial, los aliados volvieron a ceder a la tentación de la vanidad, y quisieron apurar vía la «Operación Market Garden»,  la caída del III Reich en setiembre de 1944, siendo frenados por las fuerzas alemanas. Como corolario, los fiascos de Afganistán e Irak en los 2000, depositando a este último país al lado de sus hermanos shiitas de Irán hoy, no parecen haber sido lecciones aprendidas por los norteamericanos.

Porque una vez más, tras un mes de bombardeos masivos incluyendo decapitación del régimen de Teherán, EEUU e Israel se niegan a aceptar que contraataques puntuales con drones de 2500 dólares y misiles balísticos ocultados de modo subterráneo tras décadas de bloqueo y embargos, fueran tanto o más eficaces y hasta letales, sobre Tel Aviv y Haifa pero también sobre quince países más. Ocho de ellos, en el Golfo Pérsico, contenían veintisiete bases militares americanas, trece de las cuales hoy están totalmente destruidas, inhabitables  e inoperables.

Heridos, doloridos, con sed de venganza pero sobre todo orgullo nacional, los iraníes, rindiendo honor a su pasado persa, no sólo han replicado, sino que además esperan ansiosos con más de un millón de reservistas, cualquier ultimátum y ataque para reabrir el Estrecho de Ormuz, tan vital para el transporte y comercio mundial, de petróleo, gas, pero también de fertilizantes, aluminio, helio y cualquier otro material básico para los semiconductores que por ejemplo, necesita Taiwan.

Si Netanyahu insiste sobre Trump en la necesidad de atacar por vía terrestre a territorio iraní, en estos próximos días, antes del 6 de abril, los fantasmas de los desastres recordados aquí, reaparecerán. No habrá forma de explicar a diestra y siniestra cómo y por qué se enviará a la muerte, a 5.000 Marines y fuerzas especiales, en un túnel de fuego y metralla que el final político de aquellos líderes, nada preparados para afrontar semejante derrota.

Además, como si esto fuera poco, si la prolongación de la guerra -conduciendo al fracaso norteamericano-israelí-, pone en jaque a la economía mundial, temiendo los analistas una crisis recesiva mucho peor que la del Covid 19, sólo puedo esperar que paradójicamente Xi Jinping, Putin y los mediocres líderes europeos, todos sentados en una cómoda platea mundial, le pidan por favor a Trump y Netanyahu que detengan esta locura iniciada el último fin de semana de febrero.

SOBRE LA AVENTURA DE TRUMP Y NETANYAHU EN IRAN

Desde el sábado 28 de febrero, el mundo se halla en ascuas tras el nuevo operativo norteamericano-israelí sobre territorio iraní. Dos reportajes en la TV y radio santafesinas, sintetizan mi postura respecto a ;a dinámica especial de tales acontecimientos.

 

LECCIONES DE OCHO DECADAS DE HISTORIA

Para los realistas en Relaciones Internacionales, tanto la historia como “maestra de la vida y el mundo” y los “intereses nacionales” son factores clave a la hora de explicar la lógica de las vinculaciones entre Estados. Sin embargo, la misma historia demuestra en diferentes períodos, cómo esos “intereses” evolucionan y hasta cambian incluyendo un cariz diametralmente diferente del que tenían.

Dicho contraste se observa por ejemplo, comparando el momento de la II Guerra Mundial, con éste que vivimos, a partir del 24F, la fecha que detonara la “operación militar especial” de Rusia sobre Ucrania o, el recrudecimiento de la guerra en el Donbass que se iniciara en marzo de 2014.

Claramente, casi los mismos actores estatales, con diferentes gobiernos, aun cambiando las circunstancias o los contextos, también afectan o modifican los intereses de esos mismos Estados.

Mientras en la II Guerra Mundial cuya finalización inauguraría una etapa de cooperación entre las potencias victoriosas sobre el Eje, los Estados europeos (más Estados Unidos) buscarían casi desesperadamente el auxilio de la ex Unión Soviética, en estos últimos meses de 2022, se vislumbra un escenario de confrontación política y económica inédita entre la Unión Europea y Estados Unidos versus Rusia, a propósito de la cuestión ucraniana.

Por razones ideológicas había muchos más motivos, a la manera del francés Jean Francois Revel, para equiparar como totalitarismos a la ex URSS con la Alemania nazi y entonces, combatirlos a ambos por igual, que para defender por un lado, a una Ucrania actual, de una historicidad nacional frágil más valores demócraticos bastante más dudosos y por el otro, castigar a una Rusia cuya trayectoria histórica reciente es mucho mejor en términos institucionales de lo que se esperaba en 1992 y su relación con vecinos, nada comparable con los Imperios zarista y bolchevique.

Sin embargo, mientras en 1942, “Occidente” eligió aliarse con su supuesto archienemigo ideológico para derribar a Hitler, ahora elige combatir a esta Rusia, cuya cooperación no era puesta en duda en los noventa (hasta 2014) y, defender a una Ucrania, a la que se juzgaba críticamente en Bruselas y Washington también hasta ese año. Qué factores incidieron para semejante cambio de percepciones y acciones entre ambos períodos históricos, es la pregunta que se puede formular al plantearse la elaboración de este trabajo preliminar.

La II Guerra Mundial en el frente oriental

Iniciada la llamada “Operación Barbarrosa” por la cual la Alemania nazi, rompiendo el Pacto Ribbentrop-Molotov (agosto de 1939), invadió la URSS, de manera “relámpago”, Estados Unidos no necesariamente mostró mayor interés geopolítico por el suceso pero sí delegó en Inglaterra, cierto papel al respecto.

Concretamente,  como bien documentara el periodista británico Alexander Werth, Washington encomendó a Londres, la negociación diplomática para convencer a Stalin de la necesidad de sostener el frente oriental a cualquier costo, de manera de darle tiempo a la primera para planificar y organizar la “Operación Overlord”, es decir, atacar a Berlín en el frente occidental, desde el Mar del Norte, sobre las playas de Francia.

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EMBAJADAS NORTEAMERICANAS BAJO ASEDIO: TEHERAN (1979) Y BENGASI (2012)

Dos películas reflejan dos de las más grandes humillaciones que recibiera Estados Unidos en los últimos 40 años.

Una, es «Argo», premiada con el Oscar de la Academia de Hollywood, protagonizada y dirigida por Ben Affleck, donde se describe el calvario de 66 diplomáticos y ciudadanos norteamericanos, tomados de rehenes en la Embajada de su país en Teherán (Irán), durante 444 días entre el 4 de noviembre de 1979 y el 20 de enero de 1981. Tal crisis se suscitó en el marco de la Revolución Islámica, de sesgo shiíta radicalizada, liderada por el Ayatollah Ruhollah Khomeini, quien había regresado por aquellos días, de su exilio en París, tras haberse opuesto tenazmente al Sha Reza Pahlevi, el autócrata modernizador casado con la emperatriz Farah Diba -quien solía tomar baños con leche para rejuvenecer su piel- , la pareja apoyada férreamente por Estados Unidos desde la caída del Premier nacionalista Mohammad Mossadegh, orquestada por la CIA en 1953.

La otra película es «Trece horas: la historia de los soldados secretos de Bengasi», aludiendo a la también toma violenta e incendio del Consulado norteamericano en la ciudad libia de Bengasi, el 11 de setiembre de 2012, en el undécimo aniversario del atentado a las Torres Gemelas y el Pentágono, por parte de Al Qaeda, que desencadenaría la muerte por asfixia, del entonces embajador americano, Christopher Stevens. El contexto de esta acción cuasi terrorista, era la «Primavera Arabe», que a diferencia de la Revolución iraní, fue estimulada y apoyada por Estados Unidos, en la ingenua creencia de que generaría un efecto democratizador «dominó» sobre la región de Medio Oriente, similar a la postguerra en Alemania y Japón.

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