ANOTHER “DARK AGE”?

Todos recordamos -y criticamos- el optimismo ingenuo de Fukuyama cuando anticipó el “fin de la historia” en “The National Interest” en 1989. Pero al mismo tiempo, en esa ocasión, el célebre pensador también pronosticó algunos de los flagelos que podrían difundirse de la mano de la globalización, entre otras, las pandemias, ocasionadas precisamente por la libre circulación de personas (viajes por todo el mundo).

La llegada del coronavirus (COVID-19) el 21 de enero de este año a China y su expansión al resto del mundo, nos remite a aquella advertencia. Al igual que el SARS (2003), la gripe A (2009), el Ebola -más vinculado a Africa- (2014) y otras epidemias globales desde los años noventa, el nuevo virus ataca poblaciones de ancianos, en países con escasas defensas sanitarias donde se entra en pánico, apenas los gobiernos -como el argentino- que sobrestimaban el problema, empiezan a ser reaccionar tardíamente.

Mientras China y Corea del Sur, con culturas colectivistas, por ideología o cultura, pudieron sobreponerse a los fracasos iniciales, España e Italia mostraron sus debilidades estructurales y Reino Unido, en una muestra más de alarde nacionalista, exhibió una conducta díscola fomentando “la inmunidad del rebaño”, evitando medidas extremas como las de la mayoría: confinamientos tipo cuarentenas, restricción de circulación, cierre de fronteras, inactividad forzada, suspensión de espectáculos públicos, delación de incumplimientos individuales.

Cualquiera sea la duración del problema, el impacto económico global es notorio: caída de bolsas, depreciación de activos. Pero más allá de ello, lo que cuenta, a la hora de evaluar conductas morales, es el efecto psicológico. Quizás estemos en el momento bisagra de la pandemia: o se detiene o se agudiza aún más, con consecuencias impredecibles.

Pero el miedo, por las lecciones que recogemos de la historia, no trae buenas noticias. Por el contrario, cuando las sociedades son atacadas por ese “otro mal”, se exageran los costos y el problema original, lejos de acotarse, se expande. La desconfianza se espiraliza y se sobrecarga la labor estatal, sin alcance ni margen suficientes para resolverlo. Como en muchos otros órdenes, por ejemplo, la guerra contra el terrorismo, a partir de 2001, el pánico no fue buen consejero. Algunos demonios novedosos aparecieron y aún es muy dificultoso extirparlos.

Tampoco creer que apelando al llamado a la solidaridad o la “conciencia social”, utilizando recomendaciones de políticas compulsivas sobre la población, como si todos fuéramos orientales, podrá ganarse en eficacia, es caer en otra ingenuidad. El “yo me quedo en casa” puede generar problemas adicionales, como los contagios intrafamiliares o mayor debilidad inmunizatoria.

Es que a diferencia de hace un siglo atrás, la viralización de la información gracias a las nuevas tecnologías, nos permite estar mucho más atentos y ágiles para reaccionar ante un “enemigo invisible” para el cual todavía no hay vacuna. Mientras tal difusión no se convierta en psicosis contraproducente, el equilibrio en materia de prevención, sin caer en sobreactuación, puede tener externalidades más positivas.

HAMBURGO, EL NUCLEO HANSEATICO

En numerosas ocasiones de la historia mundial, la existencia de verdaderos “agujeros negros”, espacios terrestres o marítimos ilegales, que escapan al control estatal, permiten la creación de otros vecinos, que buscan defenderse de los daños colaterales de aquéllos.

Por ejemplo, las expediciones comerciales y la piratería eran ya frecuentes en el Mar Báltico desde el advenimiento de los vikingos. El descenso económico de Novgórod en Rusia por tal motivo, permitiría poco después, el auge de otra zona en Europa, al norte, pero en la franja occidental.

En efecto, en la segunda mitad del siglo XII y el comienzo del XIII, se fundaron numerosas ciudades alemanas en la costa báltica: Lübeck (1158), Rostock, Elbing, Danzig (hoy Gdansk), etc. En estas ciudades, los mercaderes se instalaron rápidamente en el poder y en poco tiempo, Lübeck fue el nodo central de todo el comercio marítimo que unía las zonas del Mar del Norte y el Báltico.

Fuentes de madera, cera, resinas, ámbar, pieles, trigo y centeno, comenzaron a comerciarse fuertemente entre los puertos alemanes, donde empezó a destacarse Hamburgo, con Flandes e Inglaterra. Hasta fines del siglo XV, duró el esplendor de esa Liga Hanseática, con una organización flexible, descentralizada, configurada en torno a 70 a 170 ciudades del norte de Europa, incluyendo las capitales de los hoy Estados Bálticos. A la Hansa, la terminaría de socavar el Estado-Nación y el surgimiento de las monarquías absolutistas en casi toda Europa.

Lübeck, Bremen y Hamburgo sobrevivieron en la Liga hacia 1630 y luego, como ciudades-Estado libres, hasta el advenimiento del nazismo en el primer tramo del siglo XX.

Fundada en el 808 d.C., fue Federico I Barbarroja, quien le otorgó a Hamburgo, el status de “Ciudad Imperial Libre”. En 1529, se convirtió al luteranismo y empezó a recibir oleadas de inmigrantes judíos, procedentes de Países Bajos, Francia y hasta Portugal. Napoleón ocuparía Hamburgo y luego, en 1814, los rusos la liberarían. Ya en el siglo XX, fue sede del partido nazi y sería bombardeada y destruida en un 70 %, por la RAF británica, durante la II Guerra Mundial. Formaría parte de Alemania Occidental, luego de la gran conflagración.

Hoy, Hamburgo está organizado en 7 distritos: Altona (el más occidental, sobre la margen derecha del Elba); Bergedorf; Eimsbüttel, que incluye a Rotherbaum, donde se juega el ATP de tenis cada año; Hamburg-Mitte, el centro urbano, que incluye a HafenCity y Sankt Pauli; Hamburg-Nord; Harburgo, en la orilla meridional del Elba y, Wandsbeck. Casi el 15 % de la población es extranjero y el 20 % de ellos, son turcos, con una buena parte de polacos y anglosajones.

Llegando a Hamburgo, desde Berlín. Puede apreciarse el verde de la pradera boscosa alemana, además de las placas de energía solar, tal cual Angela Merkel predica en favor de las “energías limpias”.

Aquí podemos ver parte de la bella ciudad.

Hamburgo también cuenta con bellos parques. El Planten un Blomen es famoso.

El resto de la ciudad.

Un alemán un tanto anárquico: también los hay.

Argentina siempre está.

El alcohol en estos lugares del norte de Europa, por el frío invierno o la depresión, también, aunque no sabía que fuera “espirituoso”, ja ja

Este es un barrio de clase alta, aristocrático, llegando a Rotherbaum. Paradójicamente aquí hubo desaparecidos, secuestrados y asesinados en campos de concentración nazis, seguramente habán sido judíos o por qué no, alemanes arios. Hay recordatorios de sus antiguos inquilinos o propietarios en las veredas o cerca de las puertas.

La despedida no podía ser sin degustar una buena cerveza alemana en el centro hamburgués, aunque el mozo fuera un inmigrante asiático.

CUANDO LA BELLEZA NO ES SOLO PARISINA: LYON (FRANCIA)

Sorprendente, excitante, vital y bella. Así es Lyon, camino hacia el sur de Francia, en el centro-este, el corazón del país, en los Alpes del sur, la que fuera, durante el Imperio Romano, la capital de la antigua Galia, la tribu de personajes caricaturescos tradicionales como Asterix y Obelix y durante la Edad Media, un gran centro comercial y financiero, hasta convertirse en la capital mundial de la seda.

Atravesada por los ríos Ródano y Saona, esta ciudad que combina lo medieval con lo moderno de más de 513.000 habitantes (2,2 millones en el área metropolitana) al mismo tiempo, se muestra como tal, en los videos que presento a continuación, donde se puden apreciar sus bellas plazas y parques, costanera, iglesias y demás edificios de vieja data.

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LA ENCICLOPEDIA SOLIDARIA: WIKIPEDIA

La Edad Media, a pesar de su halo superreligioso, fue una época de grandes pecados como la codicia y la avaricia. Sin embargo, también favoreció la curiosidad y el ansia de salir de semejantes grilletes materiales y espirituales, dando lugar al auge de viajeros y exploraciones de mundos no conocidos. Lo mismo pasó con el arte: fue gracias a los “mecenas” de la época, que se financió la gran cantidad y calidad de obras que hoy inundan los pasillos de los grandes museos europeos. La Edad Moderna, vio florecer el capitalismo del trabajo de mujeres y niños en las minas inglesas de carbón, a lo Charles Dickens, pero también generó a John Harvard y tantos otros filántropos, que donaron sus riquezas para el logro de causas colectivas, como la educación, la ciencia, de nuevo, el arte. Hoy, en la era postmoderna, al lado de un Mark Zuckerberg que supo aprovechar su despecho amoroso creando Facebook, hay un Elon Musk que se dedica a negocios futuristas como los autos eléctricos pero también se ofrece rescatar a los chicos futbolistas de las cuevas thailandesas, a cambio de, sencillamente, nada. En ese sentido, es Wikipedia el experimento más elocuente actual de la combinación de curiosidad, saber, mercado y desinterés.

Creada hace 17 años, siendo el quinto website más visitado del planeta (tras Google, You Tube, Facebook y el chino Baidu), Wikipedia es el representante actual más genuino del “orden espontáneo” de Friedrich August Von Hayek. En efecto, se trata de una enciclopedia virtual que es el fruto de millones de personas alrededor del mundo que la van nutriendo día a día, hora tras hora. Son millones de curiosos que tienen siempre algo que aportar en materia de info: desde jóvenes hasta ancianos que pasan sus últimos días de vida frente a una computadora, contribuyendo con lo experimentado, conocido, sabido. Donan su tiempo a cambio de  nada. Como vemos, en tiempos de falta de iniciativa a menos que sea recompensada monetariamente, en forma de salario, honorarios o acciones, todavía sigue vigente la necesidad de difundir por la vocación de conocimiento mismo más el placer o gusto por hacerlo.

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