“CHERCHEZ LA FEMME”: EL INTENTO DEL AMOR EN SUPERAR A LA CULTURA

Las relaciones de pareja a través de Internet, hoy se han potenciado. Cada vez más, existen novios y novias, hasta matrimonios que se forman y forjan a través de las redes, sobre todo, acercando identidades lejanas en términos de culturas, religiones, lenguas, tradiciones. Son tremendamente dificultosas sobre todo, por lo recelos que se generan en los respectivos ámbitos familiares. Si normalmente y sin necesidad de globalización alguna, en el seno de un mismo país, sobre todo si se trata de uno de valores colectivistas, como algunos latinos o asiáticos, son los entornos familiares de las nuevas parejas los que obstaculizan muchas veces, la cercanía de los amados, imaginemos la dimensión y significado del problema cuando se trata de naciones y culturas diferentes.

En un contexto, donde se suma la inmigración musulmana, sobre todo la africana en la Francia contemporánea, la película “Cherchez la Femme” busca con una dosis original de humor, describir las vicisitudes que tienen dos estudiantes de Ciencia Política, Armand y Leila, que están enamorados, ante sus respectivas familias. El, con padres iraníes, exiliados por la Revolución Islámica y detractores del velo y todo otro símbolo del clericalismo fanático. Ella, con un hermano, recién llegado de la caótica Yemen, que sólo busca hacerlos regresar con su hermano menor y encontrar una mujer musulmana de pura cepa en un país “contaminado” por la postmodernidad laicista y hasta atea.

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“TOC TOC”

Es una enfermedad de la postmodernidad. Puede hallarse en la todavía no moderna Africa o algunos lugares de Asia y hasta América Latina, pero seguramente en sus centros urbanos sí, aquejando a cientos de miles o por qué no, millones de personas. Son fobias, tics nerviosos, expresiones, manías, que adquiriendo carácter crónico, parecen esclavizar a las personas que las sufren. Atacan a todo tipo de clases sociales, incluso se dice que hubo nobles y hasta reyes que las tuvieron. Por ejemplo, Pedro El Grande, el Zar ruso que construyó San Petersburgo, tenía muecas faciales constantes, guiñando los ojos, frunciendo boca y nariz y moviendo la mandíbula, todo lo cual era bien manifiesto en presencia de sus visitantes europeos que luego lo difundieron, según el pintos ruso del siglo XIX, Valentín Seróv. Hoy, estos emergentes de los miedos humanos, se tratan en el diván de los psicólogos o en terapia grupal, pero supongo que hay muchísimos que no lo hacen por vergüenza.

Por eso, rescato el filme español, estrenado el año pasado, donde sobresalen, un actor argentino, Oscar Martínez -en un papel mucho más lucido que en “Relatos Salvajes”- y una Rossy de Palma -que por fin se liberó de Pedro Almodóvar- y que se refiere al Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC; en inglés OCD). Precisamente, el nombre de la película -y obra teatral- se titula “Toc Toc”.

Habría que recordar que una década antes de “Toc Toc”, ya el genial Jack Nicholson había mostrado el trastorno en la película “Mejor imposible”, junto a Helen Hunt y Greg Kinnear.

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LOS GATOS, TAN ADORADOS POR LOS RUSOS

Una de las características de la postmodernidad es la necesidad, entre tantas, de los seres humanos, de verse acompañados por mascotas. Ya sea a nivel familiar, con la presencia de los niños, por carencia de hermanos o aún teniéndolos o a nivel de los solteros, viudos o simplemente solitarios, la compañía de un animalito ameniza el ambiente hogareño.

Amo los gatos y los prefiero por encima de los perros, debido a su limpieza casi obsesiva pero sobre todo, por su independencia respecto a los humanos. También aprecio su necesidad de cariño y a modo de contraprestación, su provisión del mismo. Si son más jóvenes que los perros y por lo tanto, se comportan así porque no nos distinguen como seres diferentes de ellos, es una cuestión que se la reservo a los veterinarios para que la debatan y resuelvan. Otros los privilegian por su rol de proveedor de limpieza de casas amplias con patios o jardines, en su vocación de perseguir ratones.

Algo parecido a la Zarina rusa Elizabetta, en el año 1700, quien fue la primera en ese país, que los apreció en función de su papel de conservar limpio el Palacio Real de San Petersburgo. En la actualidad,  en la franja del Palacio de Invierno que ocupa el Museo del Hermitage de San Petersburgo, viven todavía unos 70 gatos, para el disfrute de la administración, el personal y los turistas. Suele celebrarse en la ciudad, la Feria Internacional de los Gatos. Como si esto fuera poco, el 1 de marzo, los rusos celebran el Día Nacional del Gato.

En una encuesta representativa realizada a 43.034 personas de 52 países, realizada por el Grupo Dalia, con sede en Berlín (Alemania), Rusia figura en el primer lugar, con un 59 % de rusos dueños que tienen al menos un gato en su casa y le siguen Ucrania, con un 49 % y Estados Unidos, con un 42 %. Bélgica, está cuarta; Argentina, quinta y Malasia, sexta, aunque este país, lidera por número de felinos por dueño: 3 o más.