BRASIL: UNA GRANDEZA CON PIES DE BARRO (III)

Saliendo de Sao Paulo, se puede visualizar hacia los costados de la rodovia, tanto los morros como la enorme superficie verde y con una selva que va apareciendo.

Es interesante observar también toda la infraestructura caminera, puentes y túneles que conectan cada una de las ciudades brasileñas.

Estas son imágenes de la BR-050 que vincula la capital paulista con el gran puerto y ciudad industrial de Santos (433.000 habitantes), donde nació, debutó, jugó y se consagró Pelé (también la famosa dupla futbolera más reciente de Diego y Robinho). Son unos 80 kilómetros de distancia entre ambas ciudades.

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BRASIL: UNA GRANDEZA CON PIES DE BARRO (PARTE II)

Sao Paulo, la capital de América Latina. Rival de Rio de Janeiro en la propia Brasil. Claro, esa puja histórica entre paulistas y cariocas intentó ser resuelta con la creación de la artificial Brasilia, la nueva capital del país, erigida en 1960, gracias al arquitecto Oscar Niemeyer.

Sao Paulo es el centro productivo, corporativo, industrial, comercial y hasta financiero de Brasil: allí se encuentra la todopoderosa FIESP, el lobby desarrollista más importante del país y por qué no del MERCOSUR, el mismo que envidiaría cualquier industrialista argentino.

También es la capital del Estado del mismo nombre, hoy gobernado por el médico Geraldo Alckmin y como Municipio, es administrado por Joao Doria Junior, una especie de “zar de los medios” -a lo Marcelo Tinelli-, aunque con un componente empresarial y hasta católico practicante, de los que el conductor y showman argentino carece. Doria fue el presentador de un programa televisivo “reality”, “O Aprendiz”, de formato muy parecido al que popularizara el actual Presidente de Estados Unidos, el populista Donald Trump, cuando alternaba en los grandes medios norteamericanos.

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BRASIL: UNA GRANDEZA CON PIES DE BARRO (PARTE I)

Vas por la ruta y podés detener la marcha del automóvil para refrescarte y tomar agua potable que sale de caños ad hoc al borde del camino, de la misma selva. O cortas los frutos de las palmeras y recogés bananas, a las que podés dejar madurar durante un par de semanas y luego, digerir sin problemas.

Es que Brasil, el segundo productor de bananas de este mundo, detrás de la India, con 18 millones de toneladas y una superficie sembrada de 500.000 hectáreas, es gigantesco por donde se lo mire.

En su superficie, pero también en sus vastos recursos naturales; en su riqueza mineral -y petrolera- y en su potencial alimentario; en su clima tan subtropical, tan abarcativo de regiones tan distantes, desde el norte y el centro hasta el sur, otrora templado. En el “debe”, no dejan de llamar la atención sus desigualdades tan marcadas: por ejemplo, en patrimonios económicos. En Sao Paulo, hay más helipuertos que en Nueva York o cualquier capital europea y no sólo por razones de tamaño urbanística. En Rio do Janeiro, conviven las realidades tan contrastantes de Leblon y Copacabana o Jacarepaguá con la Rozinha, a pocas cuadras.  Las geográficas y regionales son visibles. Rio Grande do Sul o Santa Catarina se parecen a la “Pampa Gringa” argentina pero difieren notablemente de los estados nordestinos, que se parecen, a Perú, Bolivia o Ecuador. En el centro, el verde que lo domina todo, en gran medida, respaldado por una humedad incesante. Ya enel plano político-institucional, ni hablar de la corrupción, ahora pública, gracias al “Mensalao” o el “Lava-Jato” y el archifamoso Juez federal Sergio Moro, nacido en Maringá, Estado do Paraná, hace 44 años. Transparentadas por la misma justicia que no dice ni dijo nada acerca de las largas décadas de dictadura militar, que se impuso desde los años sesenta y fue una de las más feroces y represivas del continente.

Un país, con supermercados inmensos -aunque con cajeras que apenas pueden sumar-, con obras de infraestructura como puentes y autopistas, también gigantes, con un empresariado que ha sabido defender sus intereses a lo largo del tiempo, aunque el resultado de dichas políticas, no hay sido finalmente, la realidad de un país desarrollado, sino sólo, “emergente”. “O mais grande do mondo”, pero emergente. Un Brasil, en el que me resulta difícil entender cómo trabajar como un alemán, cuando la misma naturaleza invita al ocio y el relax permanentes. Todo lo opuesto al esfuerzo y la disciplina moral que exige el desarrollo económico.

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