TRIBUTO A MANUEL MORA Y ARAUJO

Tal vez, la respete a la Sociología -la disciplina que eligió estudiar mi hija-, gracias a Alexis de Tocqueville y a dos argentinos, José Luis de Imaz y Manuel Mora y Araujo. Pero de éste, que nos acaba de dejar a sus 79 años de vida, rescato otras virtudes y creencias que me legó apenas lo conocí en los años ochenta, más exactamente en 1984, cuando vino por primera vez a Rosario, traído por la Fundación Libertad. He aquí el detalle.

En los años sesenta, Mora y Araujo, quien se desempeñaba en la Fundación Bariloche, era un sociólogo marxista, que creía en la teoría de la dependencia de Cardoso y Faletto pero cuando viajó a Inglaterra junto a los historiadores Ezequiel Gallo y Oscar Cornblit, su mirada intelectual cambió rotundamente. Allí, en Sussex, conoció al genial epistemólogo austríaco Karl Popper y también a Friedrich Von Hayek y eso llevó a los tres a modificar sus miradas históricas y sociológicas de manera completa.

Cuando retornó a la Argentina, le tocó explicar en un brillante artículo publicado en la Revista “Desarrollo Económico” del IDES de 1982, por qué nuestro país era un “modelo” de anormalidad de postguerra: el famoso ciclo político argentino de más de 5 décadas, donde los civiles fracasaban pero también lo hacían los militares, a diferencia de otros casos postautoritarios exitosos como Corea del Sur, Taiwan y Chile. El “fracaso” era una sociedad improductiva, con una inflación alta y crónica y una inestabilidad política estructural, donde la típica explicación del antagonismo peronismo-antiperonismo ya no tenía validez, tampoco la responsabilidad exclusiva del llamado populismo (versus los militars supuestamente proliberales y oligárquicos) pero menos la poseían otras miradas, como la propia de Mora en su juventud, es decir, la dependencia de terceras potencias. La variable institucional era “la madre de todas las explicaciones” según Mora, apoyándose nada más ni nada menos, que en la sabiduría de la Ilustración Escocesa, que todavía hoy el 90 % de la intelectualidad social argentina ignora que existe.

Mora era un sociólogo original. Refutó en 1974, como nadie antes, la teoría de Germani acerca del advenimiento del peronismo, con su famosa obra imperdible “El voto peronista”, donde revela la gran capacidad de Perón para quedarse con el voto conservador del campo argentino, atrayendo al peón rural y ratificando como nadie que ese movimiento tenía una carácter muy amplio como coalición lo que le permitió ser imbatible mientras no estuviera proscripto. Perón era un extraordinario líder político como organizador y cooptador de grupos diversos y no sólo un demagogo populista que las masas adoraban.

Pero en los comicios presidenciales de 1983, ya dedicándose a la consultoría política y estudios de opinión pública, su estudio con socios de la talla de Felipe Noguera, Hernández y Llorente (con quien escribió el libro antes mencionado), pudo pronosticar como nadie, la primera derrota electoral del peronismo en la historia argentina y por lo tanto, el triunfo del radical Raúl Alfonsín. Sus éxitos profesionales no tardaron en propagarse por el continente. El fue el primero en traer la WAPOR, la organización que nuclea a los consultores y encuestadores a nivel mundial, a Buenos Aires, en un mega Congreso donde vinieron los grandes gurúes de la comunicación política y las encuestas, como Ralph Murphine y James Carville. Gracias a “Manolo” Mora, se expandió el mercado de los encuestadores en Argentina.

En 1990, producto de esos vastos contactos, pronosticó con Felipe Noguera, el triunfo de Violeta Chamorro en Nicaragua contra los sandinistas procastristas. Un año antes, había anticipado el triunfo de Menem en la interna peronista contra Cafiero y luego, su victoria contra Angeloz. Vale la pena recordar que entre esos contactos latinoamericanos, pudo conocer y hasta admirar profesionalmente, al ecuatoriano Jaime Durán Barba, desde hace tiempo, asesor de Macri.

La década del noventa lo vio crecer aún más ya como megaconsultora hasta que se separó de Noguera y vendió sus acciones. Se reposicionó con la marca IPSOS y se siguió manteniendo al frente del mercado, para después del 2001, prever que una fuerza nacionalista como el kirchnerismo, sería hegemónica por más de una década. No compartía nada con el menemismo ni con el kirchnerismo: después de todo, no eran sus ideas, por las que había luchado brevemente en los ochenta, en la centrista UCEDE de Alvaro Alsogaray, sobre todo, en la opositora al oficialismo de la familia, la Unión Liberal de Pedro Benegas y muchos entonces jóvenes como Francisco Cabrera, Carlos Pirovano, Pablo Walter -hoy funcionarios del gobierno de Cambiemos de Mauricio Macri- y el propio Gerardo Bongiovanni. Su decepción fue enorme cuando su línea interna, perdió las elecciones contra el oficialismo alsogaraísta, que luego sería cooptado por el peronismo menemista y desde entonces, abandonó la política para nunca más regresar.

Tuve la suerte de estar en su última charla en la Fundación Libertad de Rosario, hace casi años, antes de las PASO y por supuesto, previamente a las definiciones de primera y segunda vuelta en las elecciones presidenciales que catapultaron al poder a Mauricio Macri y su Frente Cambiemos.

Allí, volvió a exponer los problemas estructurales de nuestro país, combinando lo político-institucional con lo económico-social, con la sabiduría y visión que lo caracterizaban.

Dijo Mora y Araujo en esa oportunidad que Argentina tiene dos grandes problemas. Uno, que el 30 o 40 % de la población, más productiva, sostiene al otro 60 % (empleados públicos y empleo informal), de bajísima productividad, con un segmento medio que no reconoce eso y con un segmento, el primero, que no tiene poder político ni representatividad política acorde a su producción de riqueza. Ese dato estructural no se observa en el resto de América Latina y eso explica, en gran medida, que Argentina sea un país en decadencia a lo largo del tiempo.

El otro problema tiene relación, no con las elecciones, sino con el día después de las elecciones. De los tres componentes que requiere la política (comunicación para ganar votos, gestión e ideas), en el actual liderazgo argentino, sobra de los  dos primeros componentes -el primero era muy importante en el gobierno de CFK y eso explicaba la gran popularidad de la ex Presidenta en 2015- aunque escaseaba el tercero. Lo demostraba la interna del PRO en CABA (Rodríguez Larreta-Michetti), donde no aparecían ni se discutían ideas.

En ese momento, Mora se equivocó al pensar que si la economía no entraba en colapso -como no entró-, ganaría el oficialismo, o sea, Scioli, aunque también advirtió que lo haría si imponía su candidato a vicepresidente: en ese momento, se especulaba con que fuera Gioja -eso no ocurrió-. Tal vez, la imposición desde la Casa Rosada, de un candidato como Zannini a vice y la obstinación de Aníbal Fernández para candidatearse a gobernador por Buenos Aires, terminaron posibilitando la derrota de Scioli, a pesar del pronóstico de Mora y Araujo. Con las ideas, se construyen los consensos para luego sí gerenciar con un sentido, el “hacia dónde vamos” que hoy muchos le reclaman al propio Macri. Sin ideas, se pueden ganar elecciones, se puede gestionar pero sólo a base de puro marketing artificial.

Mora y Araujo era un ciudadano argentino comprometido. Regresó al país cuando pudo haber hecho una formidable carrera académica en el extranjero como por ejemplo, la hizo Guillermo O´Donnell. Fue un intelectual honesto y cambió sus ideas cuando aprendió como un alumno más, conociendo profesores que ignoraba y luego, cuando volvió al país, rediscutió lo que él mismo había creído años antes: se refutó a sí mismo. Fue un brillante profesional, un pionero del mundo de las encuestas, que aquí llegaron muy tarde. Se volvió a vincular con el mundo académico cuando ya no disfrutaba tanto de las encuestas: fue Rector de la UTDT entre el año 2009 al 2013. Como pocos, era un liberal íntegro, en todo los planos y luchó políticamente porque sus ideas lleguen al poder, aunque a través de los votos. Era crítico, aún de este gobierno pero entendía que el mundo y la sociedad ya no son lo mismo que en los setenta y los ochenta y hay que adaptarse. Sus columnas de Perfil lo testimonian, como antes lo hacían las de La Nación en los ochenta y noventa.

Su última columna de Perfil, en contra del “2×1” de la Corte, revela que Mora hasta sus últimos días, creyó y defendió el liberalismo en su faz política, en contra de numerosos liberales argentinos que creen sólo en su dimensión económica, pero adscriben a lo que el siempre original “Manolo” describía como “pinochetismo sociológico” (neoautoritarios en los político).

Recomiendo sus libros: “Qué nos pasa a los argentinos” (uno de los mejores libros que leí en mi vida), publicado en 1985, en plena euforia alfonsinista; “La propuesta liberal” (1987); “Liberalismo y democracia” (1988); “Ensayo y error: la nueva clase política argentina” (1991); “La estructura social de la Argentina (2002); “La Argentina: una víctima de sí misma” (2003) y varios más.

Adiós “Gran Maestro”.

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Acerca de Marcelo Montes

Doctor y Magister en Relaciones Internacionales. Politólogo. Profesor universitario, área Política Internacional. Analista de la política exterior de la Federación Rusa. Investigador. Columnista de medios de comunicación escrita, radial y televisiva. http://consultoriayanalisisrrii.blogspot.com.ar/ https://twitter.com/marceloomontes
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