LA GENERACION DEL ’37: ALBERDI

ESTANISLAO LOPEZ, UN AUTENTICO FEDERALISTA HOY NECESARIO

A pesar de la historia revisionista de José María Rosa y Ernesto Palacio, ensalzando a Juan Manuel de Rosas como el paladín del federalismo y el nacionalismo argentino en el siglo XIX, tengo todo el derecho a dudar de dichas credenciales. Exiliándose en Southampton (Inglaterra) a la que supuestamente confrontaba, no parece propio de un nacionalista cabal. Idem respecto a su identidad como hacendado y antes que nada, caudillo de sus peones, antes de serlo de todos los bonaerenses, a quienes condujo con rigor y de modo monópolico. Jamás Rosas quiso someterse a un mandato constitucional alguno. Nunca planteó un liderazgo compartido con otros líderes provinciales. Era un señor feudal que prefería coexistir y luego dominar a otros tantos señores feudales en cada una de las Provincias.

Un auténtico federal pero extranjero, uruguayo, era José Gervasio de Artigas. Auténticos federalistas eran Manuel Dorrego, quien vivió como embajador en Estados Unidos y conocía de cerca la genuina experiencia federal norteamericana y el Brigadier General Estanislao López, quien luego de ser soldado de Belgrano y caer prisionero en la campaña del Paraguay, se embarcó al frente de sus Blandengues, en una guerra fratricida de 7 años, contra el unitarismo del Directorio porteño (Pueyrredón y Alvear) y los gobernadores de Buenos Aires (Rondeau y Soler). Cuando San Martín temía ser detenido por las autoridades porteñas al retornar de su campaña libertadora del Perú, López se ofreció a protegerlo y llevarlo en andas con sus gauchos, a la Plaza de Mayo.

Además de un brillante militar y caudillo querido por su pueblo santafesino, fue un gobernador progresista, que tuvo grandes ministros como Domingo Cullen y Pascual Echagüe, rechazando al indio, alentando la agricultura y la ganadería pero sobre todo a diferencia de los Rosas, Quiroga, Bustos, Ibarra, Heredia y tantos otros, que manipulaban la bandera federal para sus propios intereses personales (entre otros, encaramarse en el poder). López era un integracionista, porque buscaba articular en un todo federalizado, incluso a la Banda Oriental del Uruguay y abogaba por la libre navegación de los ríos, en contra de los porteños y bonaerenses. Finalmente, López tuvo la virtud de ser magnánimo hasta con sus enemigos, en tiempos de ferocidad y venganza: además del citado gesto protector con el Libertador de América, le perdonó la vida al “Manco” Paz.

Ante el error garrafal de Lavalle de fusilar a Dorrego, López quedó junto al caudillo entrerriano “Pancho” Ramírez, como los únicos interlocutores de envergadura de Rosas. Este logró dividirlos y entonces, López apenas insistió y fracasó en su intento de convencerlo de la institucionalización del país, se retiró políticamente hasta morir el 15 de junio de 1838 en su amada Santa Fe, por la tuberculosis -o por “la mano negra” de James Lepper, el médico personal inglés de Rosas-? Si todos los esfuerzos institucionalistas de López como el Estatuto de 1819, los Tratados de Pilar, Cuadrilátero y la Constitución confederal como fue el Pacto Federal de 1831, todos antecedentes de la Constitución alberdiana de 1853,  hubieran prosperado, tal vez hasta nos hubiéramos evitado la nefasta experiencia rosista.

Hasta 1853, año en que se levantaría otro federalista entrerriano -aunque tardío-, Justo José de Urquiza, el legado del “Patriarca de la Federación”, el único sincero que pudo sobrevivir a la anarquía, más allá de los roles políticos de su hermano Juan Pablo “Mascarilla” y su hijo Telmo, quedó vacante dejándole todo el protagonismo y la suma del poder público a Rosas. Pero ese enorme legado es desconocido, sobre todo para los no santafesinos y las jóvenes generaciones que seguramente se pregunta qué y quién está en esa estatua cerca del canal 13 y el Puente Colgante en mi bella ciudad natal.

Lamentablemente, López al haberse constituido en el único vencedor invicto de los porteños, no tiene en su honor, ninguna calle de la ciudad capital, pero ser recordado por los ciudadanos de su Provincia Invencible que él soñó convertir en República, más allá del nombre en la Autopista Santa Fe-Rosario o el Estadio de mi Colón, quizás es su mejor premio.

Es contrafáctico pero qué hubiera hecho López si hubiera enfrentado un caso como el de la expropiación de Vicentín por parte del gobierno nacional, plagado de porteños? Seguramente, no hubiera actuado como el actual timorato gobernador Perotti, tratando de mediar y actuar más como obsecuente de Buenos Aires sino como un verdadero custodio de la soberanía santafesina, enfrentando al poder centralizador.