PARALELISMO DE DOS PAISES QUE EMPIEZAN CON “A”

Me preguntan que asemeja y qué diferencia a #Argentina y #Austria?

En principio, los iguala la globalización y por lo pronto, la fecha de elecciones (en noviembre). Luego, hay varias distinciones. No sólo que el segundo está poblado originariamente por germanos (campesinos y conservadores) mientras el primero, por mestizos, aunque ambos tuvieron grandes oleadas de inmigrantes cuando mejor les fue: Austria, ahora, desarrollada, con un generoso Estado Benefactor, miembro de la #UE y la #OTAN, atractiva para sirios, afganos, kurdos, iraníes, balcánicos, africanos, etc.; Argentina, en la segunda mitad del siglo XIX, cuando recibió el récord de 6 millones de inmigrantes, preferentemente europeos.

Hay otras singularidades, a pesar de que te podés encontrar en el bus, una joven argentina, mendocina, tatuada, con su pelo teñido de violeta. que hace más de un año, deambula por Austria, eso sí, acompañada por un valenciano, estudiando Anatomía Patológica (Medicina) y ahora intentando entrar en Ingeniería, aunque antes debe rendir el nivel básico de alemán. Argentina es en grande, como esa joven. Está perdida, sin brújula. Austria es ordenada, organizada, todo funciona, no hay ruidos en su capital (Viena), excepto alguna ambulancia, autobomba o coche policial persiguiendo drogadictos en la costa baja de los canales del #Danubio (Donau).

En Viena, la ciudad con mejor nivel de vida de #Europa, donde gobiernan los socialistas hace 102 años, invictos en todas las elecciones, todo está limpio, impecable, sin grito alguno, la sociedad es homogénea y obediente pero responsable, no hay pobres en las calles, excepto algunos borrachos noctámbulos aislados. Los únicos diferentes son los refugiados e inmigrantes recientes de la última década, cuando aprisionados en #Turquía y #Grecia, se fueron viniendo al norte, recalando masivamente aquí, porque es el paso previo -y más accesible- que #Alemania.

En este país de Europa Central, lindero y tan afín a esa primera potencia europea (Alemania), los políticos no son profesionales: tienen vocación de servicio, están encuadrados ideológica y partidariamente -hay disciplina en tal sentido-, sujetos a códigos especiales y como no deben vivir de la política, o del #Estado, o del dinero de los contribuyentes, las propias empresas, sobre todo, las de seguros, los emplean. Sí, aquí los políticos se dedican a vender seguros: no entran a los directorios de las compañías para hacer lobbying en favor de sus intereses.

Como ya hemos visto, en una entrega anterior, el Presidente Van Der Bellen, por ejemplo, pasea todas las mañanas por el #Arenbergpark como un jubilado más o, concurre a su trabajo, en metro.

Respecto a temas de la agenda política, en vísperas de elecciones, el gran problema de los últimos años, es que han proliferado las ayudas a los refugiados e inmigrantes iraquíes, afganos y sirios -los más cultos de todos, igual que los iraníes-, con sólo llenar formularios y obligarse a aprender el alemán. Ello ha despertado inquietud y rechazo por parte de la población austríaca autóctona pero también de los inmigrantes de los ochenta y noventa, quienes han pagado ya un “enorme derecho de piso”, razón por la cual se enrolan en las filas del #FPÖ (Partido de la #Libertad), el viejo partido de Jörg #Haider, uno de los primeros dirigentes derechistas que tuvo #Europa, trágicamente desaparecido en 2008, tras haber sido gobernador del Estado de #Carintia (vecino a #Eslovenia).

Tuvimos la suerte de asistir a uno de los primeros actos políticos del #FPÖ (Partido de la #Libertad), agrupación de derecha conservadora-liberal, tercera fuerza nacional detrás de los socialistas y la coalición gobernante democristiana (conservadora-popular)-ecologista (izquierda actual). Fue en un distrito alejado de la ciudad de Viena, el 22, llamado Donaustadt -donde naciera el gran futbolista austríaco (negro) David Alaba-, pero el tercero más importante por su nivel de ingresos. En un bar al aire libre, con la sombra de los árboles, en lugar de choripán y una Coca Cola, les daban a los asistentes, casi todos, de mediana edad, blancos nativos y canosos, la tradicional salchicha (picante, para mi gusto), en un pebete vienés y un jugo de manzana.

Los discursos de Angela Schütz -la nieta del gran sociólogo austríaco Alfred Schütz, discípulo de la Fenomenología de Hüsserl y ex compañero de estudios de Mises y Hayek- y el candidato a concejal Maximilian Krauss, incitaban a los aplausos de los presentes, sobre todo, cuando se proponía pagarles boleto de regreso a los últimos inmigrantes. Conste que este acto se desarrolló unos días antes de la caída de Kabul, capital de Afganistán, lo cual podría generar otra oleada humanitaria hacia estas tierras, de la magnitud que tuvieron los austríacos con la guerra de Balcanes en los noventa y la crisis siria en 2015.

Qué objeta particularmente -y con alguna razón- la derecha austríaca en relación a los refugiados? Que por ejemplo, los refugiados provenientes de Afganistán son trasladados en helicópteros o aviones de la Fuerza Aérea Austríaca, financiados con el dinero de los contribuyentes austríacos. Allí nace una segunda objeción: “quien abandona su hogar para estar cómodo en nuestro Seguro Social no necesita protección, sobre todo si luego visita su país para irse de vacaciones a casa”. Agrego yo, en función del carácter gregario o colectivista de sus entornos familiares, hasta son portadores irresponsables del virus Covid-19, cada vez que van y vienen de sus tierras natales, por ejemplo, los balcánicos.

También arrancaban aplausos, cuando se enfatizaba desde la mesa de panel, el cuestionamiento a las absurdas medidas propuestas por los Verdes, socios de Sebastian Kurz en el poder, como por ejemplo, un impuesto de un euro mensual al uso y parking de autos en el centro vienés, para financiar el impulso a las energías renovables.

La pandemia no estuvo afuera del debate. Los liberales austríacos proponen arancelar la vacuna, para que cada uno pueda elegir cuál y dónde inyectársela, al contrario de lo que ocurre bajo influencia ecologista: el Estado decide qué stock de vacunas existe y cuál y dónde, de manera monopólica, será inoculado cada ciudadano.

Como puede verse, así como hay hartazgo en Argentina con todo el sistema político, también en Austria, existe un enorme malestar con el gobierno pero también buena parte de la oposición. En nuestro país, crece la voz de Javier Milei en contra del establishment y en Austria, el FPÖ junto a sus socios, los NEOS (en alemán, Das Neue Österreich und Liberales Forum), por diferentes razones, pero ascienden al fin.

A pesar de las distancias, en un mundo globalizado pero que se cierra cada día más, desde una Viena que cobija edificios y organismos de la ONU y debiera ser por lo tanto, más universalista y generosa, pero se escuchan estas otras voces que apelan a un sentimiento tal vez, más egoísta, hay hasta convergencia con Argentina en no pocos tópicos, excepto -claro está-, los macroeconómicos.

En última instancia, a Austria la gobierna un joven que no terminó sus estudios de Derecho y que se jacta de una frase que resuena más argentina que europea: “no se nos debe juzgar por lo que somos, sino por lo que hacemos”. Porque en nuestro país, hay demasiada gente en puestos clave que no merecen estar allí y de hecho, tenemos un Presidente que también se ufana diariamente de criticar la meritocracia.

Acerca de Marcelo Montes

Doctor y Magister en Relaciones Internacionales. Politólogo. Profesor universitario, área Política Internacional. Analista de la política exterior de la Federación Rusa. Investigador. Columnista de medios de comunicación escrita, radial y televisiva. http://consultoriayanalisisrrii.blogspot.com.ar/ https://twitter.com/marceloomontes
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