EL ULTIMO REY POLACO

A esta altura, nadie subestima la heroicidad del pueblo polaco, puesta a prueba en más de una ocasión, sobre todo en la II Guerra Mundial, a partir del mismo momento en que fuera atacada por la Alemania nazi, en setiembre de 1939. Con sólo recordar miniseries como «Holocausto» (1978) – sobre la macabra realidad de los campos de concentración y el ghetto de Varsovia- y películas como «Hurricane» (2018), sobre la valentía de los pilotos polacos al servicio de la RAF en la Batalla de Inglaterra, «El pianista» (2002) y la más reciente «Varsovia 1944» (2014), ambas descriptivas del levantamiento de la ciudad capital, el 1 de agosto de 1944, en el que hubo 2.000 muertos y unos 700.000 desplazados, ante la inminente llegada de los -hoy denostados- soviéticos -en esa época, erigidos en «salvadores»- que venían a barrer con la Wehrmacht, basta para destacar la bravura especial de aquella nación.

Hoy integrada a la Unión Europea y con tropas de la OTAN en su territorio, luego de haber tenido durante décadas, las del Pacto de Varsovia, Polonia atraviesa otro momento especial de su larga y tumultuosa historia. Su gobierno semiparlamentarista, de corte conservador, populista y nacionalista, al avanzar con decisiones polémicas, incluso de raigambre moral, sobre la división de poderes, concretamente sobre el Poder Judicial, ha confrontado con la propia institucionalidad de Bruselas a la que se abrazara tan ciegamente en los años noventa, luego de los gloriosos ochenta, que nos recuerdan a las huelgas del sindicato Solidaridad de Lech Walesa y al meteórico ascenso al Vaticano, de Karol Wojtyla (Papa Juan Pablo II). Pero también, reconocido y reivindicado por el propio Donald Trump en histórica visita, Polonia se ha convertido en uno de los Estados-ariete de la prédica de una supuesta amenaza rusa, especialmente tras la paranoia desatada por el accidente aéreo de su ex Presidente Lech Kaczynski y la anexión de Crimea en su vecina Ucrania, con la cual, la une una particular y antigua ligazón.

Aquí, algunas fotos de mi llegada en mi último breve viaje hace 3 años por Varsovia (Aeropuerto Federico Chopin).

De todos modos, esta vieja nación, percibida a lo largo del tiempo, como una víctima de vecinos belicosos como suecos, austríacos, prusianos, alemanes y rusos, también a fuerza de una sólida identidad religiosa (católica), un idioma singular y un lugar reservado y por ende, problemático, para diásporas como la judía, también goza de misterios y verdades poco conocidas o difundidas. Por ejemplo, Polonia no sólo fue una Confederación junto a Lituania en el siglo XVII que hasta se dio el lujo de invadir fallidamente Moscú en 1612 sino también contó con una monarquía electiva. En efecto, Polonia tuvo un Rey -elegido- y el más célebre, fue su último monarca: Estanislao Poniatowski.

Hago un paréntesis en el relato histórico y muestro fotos del moderno aeropuerto de la capital polaca.

La familia Poniatowski se tornó célebre a fines del siglo XVIII y XIX: en apenas tres generaciones, la familia ascendió del rango de la nobleza al del Senado y luego a la realeza, lo cual se traducía en un trampolín directo al trono.

El origen de la familia se remonta a finales del siglo XV, cuando aparecieron en Poniatowa , a unos 40 km al oeste de Lublin en 1446. Poniatowa fue la residencia de varias ramas de la familia Poniatowski: Tłuk, Jarasz y Ciołek. El 7 de septiembre de 1764, en Wola, un barrio de la actual Varsovia, el miembro más famoso de la familia, Stanisław Poniatowski , fue elegido Rey de Polonia y Gran Duque de Lituania.

Estanislao Antonio Poniatowski nació en 1732, sus padres fueron el Conde Estanislao Poniatowski, Palatino de Cracovia -amigo y compañero de Carlos XII de Suecia- y la Princesa Constanza Czartoryska. Desempeñó cargos diplomáticos desde su juventud, destacándose entre la nobleza polaca (szlachta) por su ingenio e inteligencia y ambición y también gracias a la influencia de sus tíos de la aristocrática familia Czartoryski.
Gracias a tales influencias, no tardaron en enviarlo en misión diplomática a San Petersburgo en 1755 en el séquito del Embajador británico Williams, convirtiéndose en amante de la Princesa rusa Catalina Alekséievna, la esposa del príncipe Pedro, quien sería la Zarina Catalina la Grande.

Durante su estancia en Rusia, Estanislao Poniatowski destacó por su brillantez para hacer contactos políticos de alto nivel, así como por granjearse la confianza firme de los aristócratas rusos, al punto de aceptar varios encargos como el de ser Embajador del Imperio Ruso ante la corte de Sajonia.

Cuando el rey  Augusto III de Polonia falleció a fines de 1763, los aristócratas polacos convocaron a su Parlamento (Sejm) con el fin de elegir a su nuevo monarca, como era ley en la República de las Dos Naciones. Con las credenciales de sus fluidos vínculos con la poderosa Rusia, y con el apoyo familiar, Estanislao se presentó como candidato. Gracias a las presiones rusas, así como el pago de caros sobornos del Kremlin a varios altos jefes de la szlachta, Estanislao Antonio Poniatowski fue elegido Rey de Polonia en setiembre de 1764 a los 32 años de edad, con el abierto apoyo de la Emperatriz  Catalina II La Grande. El nuevo Rey tomó para sí, el nombre de Estanislao II. Habitó este Castillo Real, cuya foto adjunto.

Cuando el rey  Augusto III de Polonia falleció a fines de 1763, los aristócratas polacos convocaron a su Parlamento (Sejm) con el fin de elegir a su nuevo monarca, como era ley en la República de las Dos Naciones. Con las credenciales de sus fluidos vínculos con la poderosa Rusia, y con el apoyo familiar, Estanislao se presentó como candidato. Gracias a las presiones rusas, así como el pago de caros sobornos del Kremlin a varios altos jefes de la szlachta, Estanislao Antonio Poniatowski fue elegido Rey de Polonia en setiembre de 1764 a los 32 años de edad, con el abierto apoyo de la Emperatriz  Catalina II La Grande. El nuevo Rey tomó para sí, el nombre de Estanislao II. Habitó este Castillo Real, cuya foto adjunto.

Royal Palace in Warsaw

Ya en el trono, Estanislao II fomentó el desarrollo de la Ilustración en Polonia, promoviendo la edición de diarios, tertulias literarias y creaciones artísticas varias, al punto de crear e impulsar el primer teatro nacional polaco, en una especie de «renacimiento intelectual» que favoreció notablemente las artes y las letras de Polonia-Lituania.

No obstante ello, tras consumarse la primera Partición de Polonia en 1772, Estanislao Poniatowski vivió el dilema permanente entre modernizar su Mancomunidad Lituana-Polaca, apoyando a los nobles más reformistas y liberales aplicando un programa democratizador pero nacionalista o, mantener el statu quo, apoyándose en la aristocracia más conservadora y apegada a Rusia.

Así, pese a haber apoyado la Constitución liberal de 1791, Estanislao retornó pronto a su alianza con los elementos más absolutistas de la szlachta por temor a que una liberalización de Polonia significara perder privilegios para sí y sus nobles. Tras la segunda partición de 1793, el resignado Rey Estanislao prácticamente se sometió a los planes de la aristocracia prorrusa reunida en la Confederación de Targowica, oponiéndose a la sublevación del general Tadeusz Kościuszko. Consumado el tercer reparto de Polonia con la derrota de Kościuszko en 1795 y la consiguiente desaparición de Polonia como nación independiente, Estanislao II se vio forzado a abdicar ante estos hechos, aunque sin nombrar sucesor.

El ex monarca se exilió pronto en San Petersburgo, donde pasó el resto de su vida, ocupado en una variada correspondencia con otros aristócratas europeos y escribiendo sus memorias hasta su muerte en 1798. Los zares rusos le sucederían desde entonces de facto, utilizando formalmente el título de «reyes de Polonia» entre 1814 y 1917. Como se puede observar, su vida aciaga es bastante similar aunque habiendo sido coronado, a la del «Bello Principe Carlos Bonnie Prince Charlie«Estuardo en Escocia y el destino polaco del siglo XVIII, tal vez se asemeje al de Ucrania en la actualidad.

La escritora mexicana Elena Poniatowska (nacida en París, en 1932) es descendiente indirecta del rey Estanislao II Augusto Poniatowski. Todavía hoy hay Poniatowski viviendo en Polonia, Francia, México, Italia, Rusia, Estados Unidos, Alemania y muchos otros países del mundo.

Varsovia, julio de 2016.

LA FIEBRE DE LA AMPLITUD

Macri y CFK son simétricos en el fondo y hasta, muy predecibles. En más de una ocasión, han jugado a adoptar medidas o tomar decisiones similares aunque antagónicas siendo el gran desvelo de ambos, intentar sorprender al adversario. En las últimas semanas, han desnudado otra vez, tales intenciones con las maniobras que han ejecutado, aunque descarto que hayan sido fruto de un planeamiento excesivo y por el contrario, más bien, producto de sus respectivos impulsos personales. En efecto, aunque uno pretenda recrear el 1995 de Carlos Menem y el otro, el 2007 de los Kirchner, tanto Miguel Angel Pichetto (MAP) como candidato a Vice de Macri y Alberto Fernández (AF), como «candidato a Presidente» (sic) de CFK, lejos de ser producto de la racionalidad y el cálculo mensurado, son más que nada, resultado de la desmesura y la desesperación por no perder -poder-.

Después de entretenernos -y agobiarnos- durante largos 4 años con una grieta ficticia, alentando a sus correspondientes «tribus» sectarias pero minoritarias, haciéndonos perder un tiempo precioso en términos de gestión macroeconómica y madurez política, han privilegiado por fin, escoger el camino de la moderación y el centrismo. Ahora que ambos se han percatado que ninguno de ellos le puede ganar al otro, con las recetas del manual duranbarbista ni con el «Frepasito tardío», salen urgidos, aunque las disfracen de maniobras inteligentes y racionales, obsesionándose por leer y copiar las experiencias de la Concertación de Partidos por la Democracia en Chile o el Frente Amplio en Uruguay. Los «instrumentos» son MAP y AF, las versiones criollas de Edgardo Boeninger Kausel y Julio María Sanguinetti, respectivamente, para graficar de una manera elocuente, tamaño roles y jugadores cruciales en el complejo entramado político de los países más -institucionalmente- «europeos de América Latina.

El problema, les recordaría a Mauricio y Cristina, es que en tales países, los partidos políticos existían y existen y aquí no, tras el cataclismo del 2001 y el Pacto de Olivos de 1994, por lo que tal coalicionismo, necesidad de acuerdos y vocación por el centro para eliminar toda grieta, se construyeron en nuestros países hermanos sobre aquellas bases sólidas y no sobre arena como en Argentina. Tampoco fue la conveniencia y mezquindad de ganar una elección evitando un ballotage, lo que persiguieron aquellos actores estadistas extranjeros: fue encarrilar primero y acabar luego, con durísimas transiciones postmilitares. Probablemente, la resistencia y cerrazón derivada de un falso principismo y la flexibilidad posterior para negociar y alcanzar consensos son meras etapas (ineludibles, irremediables pero necesarias) de un largo proceso político por quebrar y derrotar pacíficamente un bloque hegemónico, de dureza autoritaria.

Pero la grieta argentina, lejos de operar en tal contexto, se construyó desde el marketing ante la orfandad de ideas y pobreza del debate de la elite nacional, por lo que jamás se requirió construir otra mayoría que haga del diálogo, su principal sustancia. Paradójico es que el gran acuerdo Perón-Balbín se haya pergeñado cerca de la muerte de ambos y que el Pacto de Olivos lo haya sido con el exclusivo e inocultable propósito de asegurarle a Menem su reelección y a los radicales, la oposición sistémica. Existe una altísima correlación entre el egoísmo puro y cortoplacismo de la clase política -deshonesta, tránsfuga y volátil- y una sociedad civil manipulable y cómplice.

Aunque por razones diferentes -en el caso de Macri, mala praxis macroconómica y asegurar gobernabilidad ante el más de una vez despreciado «círculo rojo» y en el de CFK, para ganar impunidad y no pagar costos políticos de concesiones que traicionarían a sus feligreses -, tampoco deja de sorprender que la necesidad de moderación de ambos, se logre con sendos operadores políticos, sin votos propios, como MAP y AF. Nunca en 36 años de democracia argentina, con la excepción de Zanini, en la fórmula de Scioli, tales «monjes negros «, quedaron tan expuestos en la faz pública. O la gobernabilidad a posteriori de noviembre, es tan clave para ganar votos o para seducir al establishment que financie las campañas o, los moderadores son los operadores o no se entiende muy bien estas «jugadas maestras». En cualquier caso, hay que recurrir a figuras peronistas, porque según parece y a pesar de que el peronismo como partido esté herido de muerte, como dice Durán Barba, tal identidad sigue siendo útil para hacerle más edulcorado a los argentinos, el tránsito tardío al capitalismo moderno.

Claro, es la misma identidad que condujo al evidente fracaso económico de décadas -5 o 7 da igual-, el mismo que tal vez ahora obra como estímulo, una vez más, para demostrar el «Teorema de Baglini». Del lado del Presidente, ir a buscar a Pichetto para resucitar -la castigada por Marcos Peña- «pata peronista» del PRO, embrionaria en 2003, aquélla que ayudó a crear Macri con el colombiano De Narváez (ex dueño de Casa Tía) en la Fundación Creer y Crecer o la triunfadora de hace una década, sobre el propio Néstor Kirchner en las parlamentarias bonaerenses, bajo el paraguas de la Unión-Pro junto al citado «Colorado» y al otro «saltimbanqui» Felipe Solá, como del lado de CFK, rogarle a Fernández, para recrear el 2005 de la transvesalidad, es el reconocimiento más palpable y patético de una dirigencia política que va y viene a los mismos lugares comunes: el ya célebre «ciclo político político argentino», que tanto Manuel Mora y Araujo, Pierre Ostiguy y tantos otros, se aburrieron de describir. Le advierto a ellos que por más que Pichetto extremice su lenguaje, con frases maccarthistas, xenofóbicas o de «mano dura», intentando «bolsonorisarse» para captar votos extremos y Fernández se «corbinice» como un hippie viejo atractivo para los jóvenes, lo único que hacen es desnudar la pobreza de ideas y la funcionalidad a sus dos «Príncipes».


Cualquiera sea el estímulo o detonador, ojalá los vaya convenciendo a ambos principales actores de la decadente película argentina actual, a medida que adquieran conciencia que sus «brillantes» movimientos tácticos también hallan límites, incluyendo favorecer a toda otra «tercera vía» por la que compiten Lavagna, Espert o la izquierda, que la acuciante realidad, se impone, por encima de los recurrentes artilugios de toda especie, con los que se obstinan en embaucarnos.

La Opinión de A. Malamud

La Opinión de Zuleta Puceiro

El triunfo del ala política del gobierno

«DIA D», 75 AÑOS DESPUES: DONDE ESTA RUSIA?

A un lado y otro del Canal de la Mancha, se celebró hoy el 75 aniversario del desembarco aliado en las playas de Normandía. En efecto, tanto veteranos de guerra supervivientes, ya ancianos, como políticos de las naciones victoriosas pero también las derrotadas (Alemania y Japón), se hicieron presentes en los festejos. Tanto Donald Trump, que se dio el lujo de humillar en estas horas a los británicos de variadas formas, como Emmanuel Macron, Angela Merkel y la Reina Isabel, entre otros, se dieron cita en Portsmouth y Colleville-sur-mer, para recordar esta epopeya occidental?

Bueno, he allí la duda. Porque a poco de memorizar correcta e íntegramente los hechos, hubo una marcada participación soviética, legitimada por Roosevelt y Churchill en diferentes Cumbres, decisiva a la luz de lo ocurrido, a lo fines de quebrar el frente alemán. Esa invisibilización, para nada ya sorprendente, explica tal vez, la ausencia de Rusia de este tipo de eventos, lo cual le permite por un lado, habilitar su propio festejo cada 9 de mayo en la Plaza Roja y por el otro, ignorar la fiesta occidental, al recordar Putin con su colega chino Xi-Jinping, los 70 años de relaciones entre Moscú y Pekín.

Otra sutil manera que demuestra la propensión rusa de sentir y exhibir fastidio ante cada omisión adrede de un «Occidente» venido a menos y la apuesta a futuro al próximo hegemón mundial.


CFK EN EL CENTRO Y HACIA EL CENTRO?

«Con Cristina no alcanza pero sin ella, no se puede» (Alberto Fernández)

En un país que perdió la brújula allá lejos en el tiempo y donde no se discuten proyectos colectivos, sino trayectorias personales, ahora a tono con la realidad de la política mundial, no sorpende que las únicas noticias provengan de las situaciones o conductas que gesten o atraviesen los actores principales del devenir político nacional. En el último lustro, ese protagonismo básicamente lo han tenido el Presidente Mauricio Mauricio Macri y la ex Presidenta -dos períodos- Cristina Fernández, viuda de Kirchner.

Además, los asesores a cargo de la gestión de campaña de Macri, han estimulado la confrontación entre ambos, produciendo una «grieta», en gran medida para disimular la inoperancia del gobierno, no obstante que ellos hayan dado pruebas de que tal antinomia existe «científicamente» en los grupos focales con los que trabajan semana a semana. Desde el año 2017 en que la ahora Senadora fuera derrotada en el distrito bonaerense, esa grieta lejos de haber desaparecido, se mantuvo impertérrita y hasta se profundizó, en los medios de comunicación, las redes sociales y el discurso de la mayoría de la clase política y hasta empresarial. Los mercados han reaccionado una y otra vez ante los movimientos de la ex Presidenta y en un contexto de altísima volatilidad financiera y monetaria, estimulada por la propia mala praxis del elenco gobernante, este año electoral, parecía ir inexorablemente hacia una segunda vuelta dirimida entre los dos grandes protagonistas.

Sin embargo, en los últimos dos meses, hubo enormes presiones del «establishment» (o «círculo rojo», como le agrada llamarlos el encuestador ecuatoriano Durán Barba) para que Macri abandone el barco, deje su candidatura a María Eugenia Vidal («Plan V») y fortalezca la «pata peronista» de «Cambiemos». Claro que dicha jugada es muy riesgosa porque puede nacer políticamente débil -recuérdese lo ocurrido con Angeloz en plena debacle alfonsinista- y porque deja huérfano el bastión de la Provincia de Buenos Aires, muy relevante para ganar la elección presidencial. Negándose a admitir su fin como partido nacional, los radicales, socios siempre imprevisibles y no muy leales, como quedó demostrado con la Alianza de De la Rúa y con el propio kirchnerismo (Cobos), esperan hasta su Convención, el 27 de mayo para definir si acompañarán a Macri «hasta el cementerio» o lo abandonarán para optar por un eje moderado (con socialistas y peronistas del interior).

Del otro lado, pendiente de sus potenciales juicios por corrupción y mirándose en el espejo de Lula, CFK tomó nota de todo y buscó no perder el centro de la escena, aunque tornándose pragmática y moderada, como en sus viejos tiempos (2007 y 2011). No era para menos: hace 8 años que pierde elecciones y a sabiendas que ni el peronismo de los gobernadores (mejor fiscal y electoralmente con Macri que con ella misma) ni el gobierno ni los medios tolerarían su regreso y le prepararían un «blitzkrieg» mortal, intentó reposicionarse.

Como una orfebre, fue tejiendo cada uno de sus pasos. Se impuso silencios largos, con los que subió en las encuestas, aprovechando la debacle de su»Otro» (Macri); tendió puentes con el Papa -vía Juan Grabois-; evitó humillaciones en las elecciones provinciales, bajando a sus candidatos; se reconcilió con viejos socios devenidos en enemigos como el Presidente de la Corte Suprema, Lorenzetti, el sindicalista camionero Hugo Moyano pero sobre todo con Alberto Fernández -viejo operador de Menem, Cavallo y Duhalde y ex Jefe de Gabinete de Néstor- y, luego de hacer un acto triunfal con la presentación de su libro en la Feria del Libro -a la que también antes defenestró-, volvió a cobijarse en el sello del PJ al que había despreciado cuando logró su histórico 54 % Para rematar su teleraña, hoy a las 9 de la mañana presentó y fundamentó en un video difundido en las redes sociales, su candidatura, pero a Vicepresidenta, del propio Alberto Fernández.Todo sea para volver al poder, con otro ropaje, con otros estilos, con otros ejecutores, con otros valores -aparentando magnanimidad y generosidad-, exhibiéndose hasta seductora de los sectores medios que ella misma cuestionó otrora a granel.

Alberto Fernández en la UNVM, abril de 2018.
Alberto Fernández en el programa de Roberto García en mayo de 2017.

En la vereda opuesta, Macri, que no sólo se equivocaba gobernando, sino que además, parecía imitarla con su último «no-plan económico»: precios esenciales», actuaba como una fuerza centrífuga: ahuyentaba radicales, como Storani y Alfonsín (hijo) pero también operadores propios valiosos como Monzó y Massot -quien seguramente le tendió una trampa reciente en Córdoba-; se recostaba en laderos republicanistas pero confrontativos como «Lilita» Carrió y el círculo ultramacrista del Jefe de Gabinete, Marcos Peña e, insistía con sus peleas a lo Pugliese (1989), con los empresarios y comerciantes. Hasta parte de la «mesa chica» de «Cambiemos» le pudo haber solicitado «por lo bajo» que decline, valorando que pasará a la historia como el primer Presidente no peronista que termina su mandato desde 1928 y que su gobierno será recordado por el gran respeto de la libertades civiles, cuando pocos esperaban ese mérito de un Mandatario Ingeniero.

El martes 21, CFK irá a tribunales a afrontar su primer juicio oral, algo que estuvo en duda, ante las idas y venidas de la Corte Suprema, que pareció apostar a su triunfo. Si hace de ello, una nueva victimización que le reeditúe, habrá que esperar a verlo. Pero si continúa tejiendo a través de Fernández, para que en estas semanas previas a las PASO, en las que empezará a medir en las encuestas, medra en el seno de algunos gobernadores, atrae a Massa y otros peronistas no K y se torna amigable con poderes fácticos, pronto todo puede sonreírle más allá del adverso contexto judicial, incluso por qué no, invertir el sentido de la fórmula. Más allá de todo racionalismo, ya sea habiendo construido esta jugada, por impulso, para ocultar su propia debilidad -y temor por la embestida judicial- o, como prenda de futuras negociaciones con el resto del peronismo, con la posibilidad hasta de alterar el sentido de la fórmula, Cristina se comporta como una realista de pura cepa.

De todos modos y más allá de las analogías históricas (Cámpora-Solano Lima y Perón-Perón en 1973 y 1974, respectivamente), y sin aventurar interpretaciones machistas que me atraen en torno al peso moderador que ejercen los hombres en su entorno, CFK retomó la iniciativa: con un sólo y ágil movimiento de piezas, movió todo la totalidad del tablero político argentino. Advirtiendo su desgracia futura o, especulando con el discurso de la «unidad» licuando la estrategia de la Rosada, CFK le dejó a peronistas «racionales» como Schiaretti, Urtubey y Pichetto y al propio gobierno, la oportunidad tardía de hacer las próximas movidas.

Dependerá de ellos, asomar como más inteligentes e impedir que la ex «Primera Ciudadana», sin figurar ya visible en primer término, les cope el centro para no llegar primera en la línea de largada de agosto porque resulta claro que en las próximas semanas, fanáticos y rivales, hablarán de ella.

Para Macri, en cambio, cuando la economía comenzaba a tranquilizarlo, estas novedades del bando contrario, no parecen dejarlo en paz, al descolocarlo. Dependiendo de la reacción de los mercados el lunes 20, pueden ser semanas aún más difíciles para un Presidente que prometió modernizar y cambiar al país y termina enredado en su propio laberinto y en un pasado que su archirrival quiere que se asemeje más a 2007 que a un futuro promisorio.


MARSELLA: EL PUERTO DE LA COSTA AZUL

Luego de haber recorrido parte de la Costa Azul (en francés, Côte d’Azur) en 2016, claramente reconozco que tenía cierta aprehensión a conocer Marsella y más aún cuando llegamos a la propia terminal de buses y empecé a ver la variedad de rostros y etnias presentes allí. Sabía de sus rasgos de ciudad antigua -fundada en el 600 a.C. pero también cosmopolita y global, con más de un millón de habitantes (un tercio de musulmanes) pero pensaba que producto de todo ello, estaría desordenada en su tráfico, más bien sucia, con escaso patrimonio arquitectónico, dado el «boom inmobiliario» reciente. La cercanía con el Africa de refugiados e inmigrantes ilegales, me permitía ahondar esas expectativas negativas y más aún, su pasado focense (griego) y provenzal, me desalentaban de conocerla.

Tal vez, hasta haya influido en demasía ver desde tan pequeño, la película «Contacto en Francia» (1971), donde las redes de narcotraficantes corrompían a la policía francesa y uno de los «buenos» moría al final, traicionado por los propios. El escenario era Marsella. En los noventa, para colmo, se constituyó en el epicentro del voto nuclear del xenofóbico Front National de Jean Marie Le Pen. En 2014, según estadísticas oficiales, Marsella también recibió, producto de la crisis financiera de 2008-2009, inmigrantes europeos: los del sur, como españoles, portugueses, italianos y rumanos pero también del norte, polacos.

Confieso que la ciudad nos deslumbró desde todos los ángulos, incluso sus playas, ni hablar su puerto -tanto el de veleros, lanchas y yates como el de cruceros- y la costanera en general. Cabe subrayar que Marsella es el primer puerto comercial más importante de Francia y el tercero más relevante de toda Europa, tras Rotterdam (Holanda) y Amberes (Bélgica).

La historia de Marsella está asociada al mundo antiguo pero también al moderno: el himno nacional (la «Marsellesa»), el corso Napoleón Bonaparte, las celebraciones del Ejército imperial, etc.

Hasta tuve el placer de vivir otra «frutilla del postre». El famoso Castillo de la isla de If, donde Edmundo Dantés estuvo encerrado junto al abate Faria en la novela de Alejandro Dumas «El conde de Montecristo», se halla enfrente de la siempre soleada costa de Marsella.

Ah, no faltan los «churros» en Marsella. Algún argentino afrancesado?

Bueno, para el final pero no menos importante, mi novia Ekaterina luciéndose en la Costa Azul. Las fotos son de su Instagram.

UN «BATALLON» RUSO: FEMENINO

El año pasado se cumplieron 100 años del final de la I Guerra Mundial, un conflicto eminentemente europeo, pero que fue tremendamente sangrienta y detonó incluo revoluciones, como la bolchevique en Rusia. Precisamente, esa guerra enfrentó entre otros, a alemanes y rusos, a pesar de los vínculos dinásticos entre las familias gobernantes de ambos países. Sin embargo, Lenin negoció la paz con los germanos quienes a cambio, le financiaron su levantamiento contra el Zar Nicolás II Romanov. En 1917, éste abdica y se genera una situación caótica en el propio frente de batalla, con innumerable cantidad de soldados rusos que desafían a la oficialidad en nombre de la «nueva libertad» y desertan en forma masiva, volviendo a sus hogares, al carecer ya de legitimidad, morir por el Zar.

Los alemanes incentivan la situación, al convidar con alcohol (brandy) y tabaco a sus enemigos. Ambos ejércitos bailan donde antes peleaban y los rusos se desbandan, ebrios y ladrones, en cada aldea que recorren. Los soviets y los comisarios políticos comunistas obran aún como fuerzas más disolventes.

En San Petersburgo, ante semejante panorama anárquico, el gobierno provisional y constitucionalista de Alekandr Kerenski, trata de sobrevivir, manteniendo la decisión de afrontar la guerra. En tal contexto, intenta usar como factor estimulante, a un batallón de mujeres jóvenes, liderada por la fornida suboficial, oriunda de Veliki Nóvgorod, María «Yashka» Bochkariova (en ruso, Мари́я Лео́нтьевна Бочкарёва), quienes podrían actuar como aleccionadoras en un frente donde los hombres aparecían como traidores y cobardes.

Como hace algunos años antes, la película estrenada en 2008, llamada «Almirante» (en ruso, «Адмираль»), sobre la vida del Almirante Kolchak,el film presentado en 2015, denominado «Batallón» (o «Батальонъ» en ruso) rescata aquella trama de la rica historia rusa, omitida adrede en el relato historiográfico soviético. En la era putinista, impregnada de nacionalismo y amor a la tierra, por encima de cualquier ideología, además de valores como el honor y el heroísmo, la nueva película «calza perfecta». Incluso, lo hace para contrastar de manera inteligente, con el feminismo postmoderno occidental (o europeo), que tiende a anular la femeneidad.

En el film, puede observarse la notable valentía de aquellas 300 mujeres menores de 35 años, de todas las clases sociales, que dejando familias atrás o queriendo vengar a esposos o novios, iban al frente a luchar contra un enemigo a priori, supuestamente amigable pero traicionero que hasta solía usar gases tóxicos para amilanarlas. La cruel lucha en trincheras y cuerpo a cuerpo, con el rezo o la bendición previa del cura ortodoxo, completan un cuadro que ilustra cabalmente tanto la heroicidad como la religiosidad del pueblo ruso.

En el caso de aquellas mujeres soldados de la I Guerra como de las que cavaban trincheras en la II Guerra para defender Moscú o las que desfilan cada 9 de mayo en el Día de la Victoria en la Plaza Roja, se puede y se debe ser mujer y al mismo tiempo, amar a la Madre Rusia y sonreír cuando reciben flores de sus amores masculinos. Es una manera de reivindicar los viejos pero perennes valores, aquellos que el bolchevismo intentó borrar a lo largo de 7 largas décadas.

Un último detalle. En la película, nada se dice de la forma cruel en que murió fusilada en mayo de 1920, la fornida Bochkariova, condenada por un tribunal soviético en un juicio absolutamente parcial, al igual que el Almirante Kolchak. Ambos eran jefes del movimiento blanco, antibolchevique, que lucharía en la guerra civil que siguió a la Revolución. Tampoco se informa de cómo los norteamericanos no cumplieron con su promesas de apoyo militar a ambos líderes. Por alguna razón que no conocemos, el cine putinista prefirió omitir tales referencias, concentrándose en la historia de valor de aquellas mujeres.

EL ULTIMO PENSADOR MODERNO DEL MUNDO ANTIGUO

Me fastidio -y angustio- cuando escucho a mis alumnos/as habituados/as en otras cátedras, a demonizar al «neoliberalismo» ignorando de qué se trata y mucho menos, cuáles son sus límites temporales e intelectuales con el liberalismo y ni hablar, con el socialismo. Mucho más monto en ira cuando a sabiendas de explotar la supuesta debilidad moral de la doctrina liberal –vis a vis el socialismo distribucionista-, esos mismos profesores/as suelen hacerles identificar de manera automática, liberalismo con egoísmo, atomismo, indiferencia social , aislamiento,  racionalismo frío y calculador, el llamado «individualismo falso» o «racionalismo ingenuo» -opuesto al crítico-, en términos de Friedrich Von Hayek y Karl Popper. Claro, no saben que la tradición liberal es rica y diversa y que por ejemplo, no conocen la existencia de un historiador escocés y contemporáneo a Adam Smith (1723-1790), formando parte de la misma escuela, que reivindicaba por un lado, la virtud cívica republicana vigente en la Antigüedad y por el otro, cuestionaba los males (no deseados) de la sociedad civil mercantil, típica del capitalismo, que sí acabaría apoyándose en una moral egoísta.

Supe de su vida por primera vez, vía el gran historiador argentino Ezequiel Gallo. Vivió en plena Edad Moderna, siendo testigo directo de la hegemonía militar de Gran Bretaña -una monarquía comercial en transición a la democracia-, cristalizada finalmente con la victoria sobre el Imperio napoléonico en Waterloo (1815). Capellán retirado del Ejército británico y luego profesor de Filosofía Moral en la Universidad de Edimburgo, fue contemporáneo y formó parte de la llamada Ilustración Escocesa, que pensó la modernidad de una manera especial, sin depositar tanta fe ciega en la razón humana y sopesando el valor de la tradición.

Adam Ferguson (1723-1816) fue más allá y fue mucho más crítico de esa modernidad que sus colegas Adam Smith y David Hume, sin convertirse en un reaccionario. En efecto, cuestionó la mirada crítica de Hobbes de la barbarie o el mundo salvaje típico del estado de naturaleza pero también de la reivindicación naturalista de Rousseau, con su famosa frase reivindicatoria cuetionando a la sociedad y la civilización: «el hombre nace libre y por todos lados, aparece encadenado». Ferguson se ubica en un punto equidistante y superior a ambos. Para el filósofo escocés, ya hay rasgos de sociabilidad y racionalidad en el mundo antiguo coexistiendo con la barbarie, en el propio mundo antiguo. Una vez más, a diferencia de Smith con su «simpatía» y «benevolencia», el historiador escocés diría que es de un contexto de  agresión, violencia, odio, rencor, en suma, la guerra, que derivan virtudes como el honor, la caballerosidad, el patriotismo, el heroísmo, la valentía, la abnegación, la virilidad, la fortaleza, el desinterés, la adhesión a lo simbólico, la cortesía, la noble venganza, incluso otros, más personales, como el culto de la amistad y hasta la creatividad.

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CUMPLEAÑOS 130 DE «EL»: «HA VUELTO»?

Ayer domingo, Pascua de Resurrección (para los católicos) y Domingo de Ramos (para los ortodoxos), cumplió 93 años, la Reina Isabel II de Inglaterra.

Pero también un 20 de abril de 1889, nacía alguien tan notorio como ella, en el seno de una familia numerosa austríaca católica, siendo el cuarto de seis hijos. Sí, él, Adolfo Hitler, el hombre que cambiaría la historia del siglo XX. Quien instauraría una feroz maquinaria militar de horror y terror, el mismo, que al igual que Aníbal y Napoleón antes, conquistando Europa, provocando la II Guerra Mundial y produciendo una salvaje matanza de judíos (el llamado «Holocausto»).

El cine lo recuerda un vez más. La película germánica «Ha vuelto» (2015), imagina un hipotético regreso en vida del «Führer» a la Alemania actual y todas sus sensaciones personales al verla moderna, desarrollada, globalizada, diversa, multicultural y en paz.

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EL GIRO «OTOÑAL» DE MACRI

Todavía no encuentro las razones para explicar cómo y por qué superó el gobierno de «Cambiemos» la crisis cambiaria del año pasado, además del notorio aumento inflacionario y por ende, depreciación salarial, que derivaron de aquélla. La promesa de «cero emisión», algunos cambios en las autoridades del BCRA, una política de flotación del dólar entre bandas y un mayor respaldo del FMI, anticipando préstamos, calmaron relativamente a los mercados, aunque a costa de un riesgo-país creciente -el más alto desde 2014-y mayor fuga de capitales. Ayudado mediáticamente por un G20 distractivo, el 2018 cerró «tranquilo» para Macri, con una tasa de interés por la nubes para frenar la compra de dólares, lo cual se tradujo en altísimas rentabilidades para los bancos, a costa del sector productivo. Tras un verano estabilizado por cierto y ligero «viento de cola» que llegó del «Norte», volvieron las turbulencias a fines de marzo y abril, de la mano de un dólar que escaló hasta el límite máximo de la banda superior y una inflación del 4 y pico por ciento mensual, muy difícil de derribar. Nada de lo que hizo este gobierno supuestamente pro-mercado a lo largo de este último año de estallido, se tradujo en estabilidad monetaria ni cambiaria, seducción de capitales o, reducción sustancial de la inercia inflacionaria. Por el contrario, los argentinos estamos inmersos en una larga agonía que nadie tampoco entiende, hacia dónde conduce porque comunicacionalmente Macri tampoco con su liderazgo, transmite un sentido de su «no-política».

Con este panorama, este otoño no podía dejar de tener impactos políticos. La imagen negativa de Macri creció y la paridad inicial en las encuestas con CFK empezó a vislumbrar la posibilidad de que la «Doctora» -en términos de Jorge Asís-,  gane en un eventual ballotage. Comenzaron los primeros indicios de fractura con los radicales en la coalición oficialista, que nunca lo fue de gobierno y sí electoral: Córdoba dio el insólito puntapié. Le siguió Mendoza, alentada desde la propia Casa Rosada. Los resultados provinciales no ayudaron. La Pampa, Neuquén, Río Negro, Chubut, San Juan, Entre Ríos fueron determinando resultados conservadores donde los oficialismos provinciales ganaron -en gran medida, gracias a la «montaña de recursos» que les aseguró este gobierno federal a partir de la resolución de la Corte Suprema de Justicia apenas ungido en el poder-, el kirchnerismo fue castigado pero los candidatos de «Cambiemos» lo fueron más, saliendo terceros en algunos territorios.

Dependiendo de una buena liquidación de la cosecha de granos en dólares, a Macri no le quedó otra alternativa que brindar una respuesta en materia de política pública. A los radicales, todavía influidos por economistas demasiado heterodoxos como Prat Gay y Lousteau, se les ocurrió una especie de «remake» del «Plan Primavera» de agosto de 1988. Previo «anclaje» del dólar por parte del BCRA, el ataque a la escalada de precios se tradujo en una dosis más de «kirchnerismo de buenos modales» -en términos de Espert-: un nuevo set de «precios cuidados» o congelamiento de precios incluyendo tarifas hasta el cambio de gobierno. A los más de 500 ya existentes, se pactaron otros 64 precios de alimentos -sin fruta alguna, ni pollo ni pescado, en un país de creciente obesidad-, con apenas 16 empresas de la COPAL, lo cual revela la enorme concentración sectorial que todavía tiene el país -hemos retrocedido respecto a los denostados noventa-. La respuesta de los mercados no se hizo esperar: más desconfianza, más fuga de capitales, mayor caída de bonos argentinos. La opinión pública tampoco se demoró: las primeras encuestas revelan el mayoritario apoyo popular a las medidas de paliativo, incluso entre los votantes K. 

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EL INCENDIO DE NOTRE DAME Y UN POSIBLE SIGNIFICADO POLITICO

Se preguntaba esta mañana Marcelo Longobardi junto a Carlos Pérez Llana, en Radio Mitre, si a partir del incendio de ayer en la Catedral de Notre Dame, no podría galvanizarse una reacción de la sociedad francesa, aunque no tengo claro en qué sentido, porque antes había citado a Angela Merkel, en relación a la identificación supuestamente francesa y sobre todo, europea, del mítico templo en llamas. 

Tengo la impresión precisamente contraria. En una Francia en la que un ingenuo Macron apuesta al diálogo en asambleas populares, el país ha vivido desde 2014 hasta aquí, un sinfín de acontecimientos trágicos y violentos, como atentados terroristas en París y Niza, entre otras ciudades, como elecciones polarizadas con una amenazante extrema derecha como el Front National, pasando por las revueltas protagonizadas por los autodenominados «chalecos amarillos» hasta los recientes ataques antisemitas en tumbas y muros, bullying a escritores y quemas de iglesias cristianas.

Fuente: Diario El Litoral de Santa Fe.

Estos tristes antecedentes que revelan una sociedad anómica pero conservadora, pueden sumar el incendio de ayer, aún considerándolo accidental, adoptándolo como un hecho simbólico, que galvanice todo aquello que se está gestando desde hace tiempo: una radicalización de la espiritualidad francesa. En una Europa postmoderna, agnóstica o atea, llama la atención la cantidad de franceses rezando en cadenas de oración junto a la Iglesia quemada. Semejante muestra de religiosidad junto con la conmoción expresada por el recuerdo de la beatificación de Santa Juana de Arco, el inicio de la masacre de «la noche de San Bartolomé», la entronización de Napoleón, la prosa de Víctor Hugo o los funerales de De Gaulle, Pompidou y Mitterrand, no puede hacer más que avivar el nacionalismo xenofóbico francés, al estilo del ataque anglófilo en la otra orilla del Canal de la Mancha, que supuso el «Brexit». No olvidemos cómo en nuestro continente, el 11S expandió exponencialmente lo peor del nacionalismo americano, en un país («republica imperial», en términos del sociólogo francés Raymond Aron) en el que nunca existió como tal, dicho flagelo.

Así que habrá que mantenerse alerta a los próximos signos vitales de la sociedad francesa.

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