HAMBURGO, EL NUCLEO HANSEATICO

En numerosas ocasiones de la historia mundial, la existencia de verdaderos «agujeros negros», espacios terrestres o marítimos ilegales, que escapan al control estatal, permiten la creación de otros vecinos, que buscan defenderse de los daños colaterales de aquéllos.

Por ejemplo, las expediciones comerciales y la piratería eran ya frecuentes en el Mar Báltico desde el advenimiento de los vikingos. El descenso económico de Novgórod en Rusia por tal motivo, permitiría poco después, el auge de otra zona en Europa, al norte, pero en la franja occidental.

En efecto, en la segunda mitad del siglo XII y el comienzo del XIII, se fundaron numerosas ciudades alemanas en la costa báltica: Lübeck (1158), Rostock, Elbing, Danzig (hoy Gdansk), etc. En estas ciudades, los mercaderes se instalaron rápidamente en el poder y en poco tiempo, Lübeck fue el nodo central de todo el comercio marítimo que unía las zonas del Mar del Norte y el Báltico.

Fuentes de madera, cera, resinas, ámbar, pieles, trigo y centeno, comenzaron a comerciarse fuertemente entre los puertos alemanes, donde empezó a destacarse Hamburgo, con Flandes e Inglaterra. Hasta fines del siglo XV, duró el esplendor de esa Liga Hanseática, con una organización flexible, descentralizada, configurada en torno a 70 a 170 ciudades del norte de Europa, incluyendo las capitales de los hoy Estados Bálticos. A la Hansa, la terminaría de socavar el Estado-Nación y el surgimiento de las monarquías absolutistas en casi toda Europa.

Lübeck, Bremen y Hamburgo sobrevivieron en la Liga hacia 1630 y luego, como ciudades-Estado libres, hasta el advenimiento del nazismo en el primer tramo del siglo XX.

Fundada en el 808 d.C., fue Federico I Barbarroja, quien le otorgó a Hamburgo, el status de «Ciudad Imperial Libre». En 1529, se convirtió al luteranismo y empezó a recibir oleadas de inmigrantes judíos, procedentes de Países Bajos, Francia y hasta Portugal. Napoleón ocuparía Hamburgo y luego, en 1814, los rusos la liberarían. Ya en el siglo XX, fue sede del partido nazi y sería bombardeada y destruida en un 70 %, por la RAF británica, durante la II Guerra Mundial. Formaría parte de Alemania Occidental, luego de la gran conflagración.

Hoy, Hamburgo está organizado en 7 distritos: Altona (el más occidental, sobre la margen derecha del Río Elba); Bergedorf; Eimsbüttel, que incluye a Rotherbaum, donde se juega el ATP de tenis cada año; Hamburg-Mitte, el centro urbano, que incluye a HafenCity y Sankt Pauli; Hamburg-Nord; Harburgo, en la orilla meridional del Elba y, Wandsbeck. Casi el 15 % de la población es extranjero y el 20 % de ellos, son turcos, con una buena parte de polacos y anglosajones.

Llegando a Hamburgo, desde Berlín. Puede apreciarse el verde de la pradera boscosa alemana, además de las placas de energía solar, tal cual Angela Merkel predica en favor de las «energías limpias».

Aquí podemos ver parte de la bella ciudad.

Hamburgo también cuenta con bellos parques. El Planten un Blomen es famoso.

El resto de la ciudad.

Un alemán un tanto anárquico: también los hay.

Argentina siempre está.

El alcohol en estos lugares del norte de Europa, por el frío invierno o la depresión, también, aunque no sabía que fuera «espirituoso», ja ja

Este es un barrio de clase alta, aristocrático, llegando a Rotherbaum. Paradójicamente aquí hubo desaparecidos, secuestrados y asesinados en campos de concentración nazis, seguramente habán sido judíos o por qué no, alemanes arios. Hay recordatorios de sus antiguos inquilinos o propietarios en las veredas o cerca de las puertas.

La despedida no podía ser sin degustar una buena cerveza alemana en el centro hamburgués, aunque el mozo fuera un inmigrante asiático.

FRANKFURT, LA ALEMANIA GLOBALIZADA

Alemania cuenta con dos Frankfurt. Una es Frankfurt -o Fráncfort, en español- del Meno, en el Estado de Hesse y la otra es Frankfurt del Oder, en el Estado de Brandenburgo. La primera, a la cual visitamos, esla quinta ciudad más importante de Alemania, con más de 730.000 habitantes, detrás de Berlín, Hamburgo, Münich y Colonia. La segunda, fue prácticamente destruida en un 90 % durante la II Guerra Mundial, cuando tenía 67.000 habitantes, unos 9.000 más de los que cuenta hoy mismo, en un elocuente ejemplo de declinación demográfica.

Desde el siglo VIII d.C., a orillas del Río Meno (o Maln, en alemán), Frankfurt es una ciudad muy relevante, superando a Wiesbaden, que es la capital de Hesse. Primero, fue ciudad imperial libre, luego aquella que elegía y coronaba al Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. El propio Carlomagno habitó allí gran parte de su vida.

También fue capital de la Confederación del Rin (1806) y la Germánica (1815) en el Siglo XIX.

Hoy, es un centro económico y financiero europeo, alojando al Banco Central Europeo (BCE), a la Bolsa de Frankfurt y también a la Frankfurt Messe, centro de convenciones internacionales como el Salón del Automóvil y la Feria del Libro.

La Eurotower, sede del BCE

Dada su gran cantidad de rascacielos, se la compara con Manhattan.

Así llegábamos a Frankfurt, desde Rotterdam (Holanda), en una jornada lluviosa.

Ahora sí, vamos a ver y disfrutar esta fantástica ciudad de Frankfurt del Meno, que también fuera semidestruida por los aliados pero luego levantada por el esfuerzo alemán.


La gente disfruta al borde del Río Meno.


EL BASQUET ARGENTINO Y UN BAÑO DE REALISMO

El excelente resultado que acaba de lograr el seleccionado argentino de básquet, nada más ni nada menos que un subcampeonato, el segundo en 17 años, en el Mundial de China, no sólo ha devuelto relevancia a dicho deporte, uno más en las preferencias colectivas de los argentinos, sino sobre todo, ha inaugurado un nuevo debate acerca de la ejemplaridad de aquel equipo sobre la actual hora de decadencia y grieta, contexto natural de la política en estas tierras. Un artículo del productor televisivo y ex actor Adrián Suar en el Diario Clarín, detonó tal discusión que ya se venía perfilando días antes a medida que el equipo argentino volteaba rivales con una personalidad y eficiencia que asombraba a propios y extraños.

Claro que la comparación inmediata con el fútbol, otro gran deporte, privilegiado por las juventudes argentinas a lo largo de las generaciones, compañero inseparable de la política (dirigentes partidarios, sindicales, empresarios procedentes de allí, subsidios estatales en cuantía a clubes, financiamiento de barrabravas o «hooligans» criollos), posibilita que ahora el básquet emerja con sus virtudes, como la gran contracara para explicar el gran fracaso como país.

Ciertamente, razones sobran. Mientras en el básquet argentino, hay continuidad, hay proyecto de largo plazo, en el fútbol y la política, sobra la improvisación y el cortoplacismo. Los equipos surgen de clubes de barrio o ciudades, pero juegan en un torneo auténticamente federal, como es la Liga Nacional ya desde hace décadas, una obra gestada por el «Ruso» León Najnudel (1941-1998), el visionario dirigente judío de Ferro Carril Oeste, un club que también lo es de fútbol, en el barrio de clase media, llamado Caballito en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. En el deporte de los Messi y Maradona, en cambio, los torneos se arman y desarman cada cierto tiempo, según los caprichos de los dirigentes alineados con el gobierno de turno.

Mientras la Liga Nacional permitió el acceso de jugadores extranjeros de buen porte y calidad, como los norteamericanos ya hace largos años, para enseñarles a los nativos, cómo jugar a nivel competitivo y foguearlos para grandes lides, el fútbol argentino, se nutre sólo de vecinos paraguayos, uruguayos, colombianos, algún chileno o peruano exportando a temprana edad a nuestros juveniles a Europa.

La dirigencia basquetbolística es semiamateur pero ha logrado un esponsoreo diverso e importante y lo administra de manera inteligente; los «caciques» del fútbol son impresentables, con raras excepciones y siempre el dilema -falso-, es profesionalismo con clubes privatizados o amateurismo sin fines de lucro.

Hasta el periodismo que rodea a ambos deportes es sustancialmente diferente. Hay muy pocos periodistas formados y que entienden y transmiten el básquet. Abundan los futboleros y así son sus ingresos y poder de influencia, sobre jugadores, técnicos, árbitros y fans. Comparar la actitud de unos y otros a través del Mundial de Rusia del año pasado y éste de China, ya es elocuente. Negativa y sectaria en el caso del fútbol, de bajo perfil y desinteresada, mostrando amor auténtico por el deporte, en el del básquet. José Montesano es un verdadero ejemplo, una «isla» en su empresa TyC, el canal privado de deportes, que acaba de cumplir 25 años.

Pero esas diferencias se trasladan al campo de juego. Técnicos que son exitosos, que juegan roles de maestros potenciadores de talentos, queridos como si fueran padres, como Sergio»Oveja» Hernández, Rubén Magnano o Julio Lamas, jugadores que también demuestran talento, humildad y compromiso, como el cordobés Facundo Campazzo (número 3 de la Liga española) o el bahiense Emanuel Ginóbili (número 1 retirado de la famosa NBA), otros que no se quieren retirar como el porteño Luis Fabián Scola, ya bordeando los 40. En el fútbol, las individualidades brillantes que hemos tenido y seguimos fabricando no alcanzan para construir equipos hiperganadores: en los últimos 26 años, apenas una Copa América lograda, dos subcampeonatos también en tal plano y otro a nivel mundial. El básquet venía muy desde atrás, desde 1950 y en estas dos últimas décadas, ha nivelado al fútbol en éxitos significativos.

Ahora bien, aún reconociendo que el básquet es un deporte reivindicable para las generaciones presentes y futuras, como deporte y allí hay mucho aún por mejorar, por ejemplo, vis a vis con quien hoy nos ganara -España y su promoción pública del deporte, al igual que lo logrado por el fútbol y el tenis de la Península Ibérica-, donde me resisto a ponerlo en un sitial de ejemplaridad que le excede, es en la política.

Claro que el deporte es una actividad que ojalá despierte interés y pasión de los más chicos, les quite espacio a las drogas, el celular o el sedentarismo, pero de allí a afincarlo en un lugar modelo para nuestra castigada clase política, me parece no sólo exagerado sino inapropiado. Por razones de tamaño, jerarquía social, responsabilidad y hasta liderazgo colectivo, la política amerita encontrar nuevos formatos y dirigentes capaces de sacarnos del marasmo y la decadencia, en su propio campo y no afuera. El básquet tiene su propia esfera y está muy bien que haya mejorado y siga haciéndolo en ella. No es bueno, exigirle roles, funciones ni tiempos para los cuales no está preparado. La mochila sería demasiado pesada y lo distraería de su misión primordial y específica. La ficción o el atajo mágico a los que somos tan propensos los argentinos, volverían a imponerse sobre la cruel realidad.

Párrafo final para una inquietud alejada del tema de debate pero que me acechó a medida que pasaban los partidos de una selección compacta, solidaria e invicta, hasta hoy. Cómo explicar que mientras el país vivió muy pocas luces y muchas sombras a nivel macro, estos chicos que nacieron, se socializaron, se educaron y jugaron a su deporte preferido en estas dos décadas y media, excepto el ya nombrado veterano Scola, pudieron mantenerse al margen de dichos avatares -o no- pudiendo construir sus destinos venturosos que hoy muchos disfrutamos, incluso aquellos que los ven triunfar a nivel individual en otras latitudes. Puede tenerse éxito cuando la infraestructura y el progreso macro ayudan como el caso español pero también a pesar de ello o, sin tenerlo tan en cuenta, como quizás explica este triunfo argentino, porque aún recalcando lo que ya dijimos, de cómo la buena organización del básquet local ayudó a él, el aporte decisivo lo brinda la voluntad individual. Fueron ellos, desde Córdoba, Bahía Blanca, Mar del Plata, Concordia, La Banda, Gálvez, Sunchales, Cañada de Gómez, Marcos Juárez, Junín, General Roca y tantas otras ciudades de Argentina, los que llegaron hasta allí, tan lejos como sólo ellos se lo propusieron.




VARSOVIA: 80 AÑOS DESPUES

Cada calle que recorrí, cada edificio que visité o fotografié, cada casa por la que pasé, cada metro que caminé, fui particularmente recordando que allí casi todo fue reconstruido, seguramente por los soviéticos o los pocos polacos que sobrevivieron. Claro, Varsovia, la capital polaca (1,75 millones de habitantes), fue destruida en un 86 % por los bombardeos, primero de la Luftwaffe nazi y luego, por los aliados, en esa II Guerra Mundial que la tuvo como protagonista prácticamente desde los primeros días de setiembre de 1939.

Por eso, es emocionante hoy ver sus grúas por doquier, que revelan la incesante vitalidad de esta ciudad -la de Madame Marie Curie y Nicolás Copérnico-, entre otros célebres, sus paradigmáticos puentes (sobre el Río Vístula), sus edificios históricos, sus monumentos -a veces increíblemente al lado de instalaciones deportivas-, sus parques, etc.


Empiezo a mostrarles las estatuas y monumentos recordando la guerra, el levantamiento de 1944 o a los héroes militares polacos. Están a cada paso, en cada esquina.

Monumento del General Józef Pilsudski, héroe de la independencia polaca contra los rusos

El ex líder sindical y ex Presidente polaca en la fase postsoviética, Lech Walesa, dejó su rastro aquí en el Instituto de Sociología de la Universidad de Varsovia.

Polonia es una nación conservadora y muy católica: hay que recordar al Papa Juan Pablo II.

Más de su centro moderno -o no tanto-.


Tanto como bravos y resilientes, los polacos, al igual que buena parte de los europeos orientales, parecen más obsecuentes o serviles con sus amos coyunturales, ya sean soviéticos, alemanes o norteamericanos. Este es el edificio que le levantaron en honor a Stalin, agradeciéndole la reconstrucción de la postguerra, aunque hoy se llame Palacio de la Cultura y la Ciencia.

Algunas imágenes más del centro moderno.


Nosotros alquilamos un departamento en Praga-Poludnie («Praga del sur» o en polaco, Szmulowizna) pero aquí en estas fotos, se puede apreciar el camino hacia Praga-Pólnoc, el barrio más bohemio de Varsovia.


El particular parque zoológico de Varsovia, un verdadero «pulmón verde» de la ciudad. Un bálsamo de paz increíble, con una sombra bienvenida para días de tanto vcalor veraniego que a su vez, demuestra cómo esta ciudad no parece la capital de un país europeo, sino más bien la de una provincia.

Los polacos beben muchísimo y prueba de ello, son las botellitas de alcohol dispersas o abandonadas en toda la ciudad, incluso en lugares insólitos.

Es un gusto ver cómo cuidan a las especies arbóreas.


También estuvimos cerca del Estadio Nacional (PGE Narodowy), donde se jugó la Eurocopa 2012 -compartida con la vecina Ucrania-. Allí, cuyo partido inaugural en aquel certamen, fue el empate 1 a 1 entre polacos y griegos, juega habitualmente la selección polaca de fútbol, cuyo goleador es Robert Lewandowski, el temible delantero del Bayern Munich alemán, quien acaba de cumplir 31 años de edad.

Por último, les mostraré el casco histórico antiguo de la ciudad, mundialmente famoso como el «stare miasto» de Varsovia, donde no faltan las excentricidades.

Columna de Segismundo y el Palacio Real.

Aquí, no podíamos dejar de referenciar a la Argentina -o Italia-: Palermo.

En un país, de precios muy accesibles, los trenes son modernos y funcionan. Los supermercados tienen productos en abundancia y muchos de ellos son muy ricos, «Made in Poland«. Eso sí, a habituarse a la moneda polaca: los zlotys. Cada zloty equivale a 0,23 euros.

El Aeropuerto Federico Chopin, que ya conocía desde 2016, me despidió con estas fotos.



UN MILAGRO PARA MACRI HACIA OCTUBRE

Confieso que cuando el lunes pasado por la mañana, en Viena, Ekaterina, dueña de un prodigiosa intuición, me avisó que en la info de su celular, no aparecía como ganador o ganadora de la elección primaria en Argentina, ni Macri ni CFK, pensé en lo peor -y adiviné-: ganó Alberto Fernández (AF), quien por primera vez en su vida, había abandonado por un momento su traje de «monje negro» para convertirse en un líder expuesto y vencedor en las urnas. El problema no era sólo su triunfo sino el elevado margen con el que lo hizo: cuando vi los porcentajes, tampoco podía creerlo. Hasta supuse que igualmente sorprendidos estarían mis amigos peronistas, que aventuraban desde hacía meses, igual que la consultora Isonomía, que Macri podía perder hasta en primera vuelta con CFK -algo que ella misma ahora debe estar mascullando por regalarle tanto protagonismo a AF-.

En fin, las sorpresas, ahora llamadas «cisnes negros» siempre existieron aunque no dejo de buscarles alguna explicación: ése es mi rol de analista. Porque más allá del singular discurso impregnado una vez más de misticismo republicano de la Diputada Elisa Carrió el jueves 16 de agosto en el seno del gabinete ampliado -en pleno shock y duelo juntos-, en el que retó y reprochó a marketineros como Durán Barba, «mártires» como Marcos Peña, funcionarios insensibles y cobardes, veraneantes europeos como yo mismo, en suma, a la sociedad toda, lo relevante es entender que la sorpresa tenía muy poco de ello. Es que nadie quiso ver lo que estaba ocurriendo desde por lo menos, la crisis devaluatoria de abril de 2018, es decir, el gobierno estaba licuando rápidamente su capital político acumulado hasta la parlamentaria de octubre de 2017 y su estrategia de confrontar o polarizar con CFK para sacar rédito, sin tomar ninguna medida estructural, por temor a pagar costo político, no hacía mas que unir al peronismo, lo cual lo dejaría en franca y evidente desventaja a Macri de cara a este agosto.

Que luego los grupos focales del ecuatoriano, las encuestas, la propia Isonomía que se iría desdiciendo de sí misma en abril, los medios, los periodistas, hasta los mercados, creyeran que Macri había emparejado, es otra historia. Pero la realidad, oculta tras el voto vergonzante de la clase media -la que se quedó en Argentina-, estaba presente desde hacía mucho. Ni siquiera el propio kirchnerismo la vio venir en toda su dimensión.

Qué queda de aquí a futuro, en 2 meses? La reacción del dólar el mismo lunes, con mercados temerosos de otro default, la amenaza brasileña de quebrar el bloque regional, la especial atención de Washington, etc., complican a AF más de lo previsto y lo obligan a seguir con atención la trayectoria del «teorema de Baglini». La sensatez puede primar sobre cualquier fantasía populista y entonces, en su horizonte, puede perder votos desencantados con su nuevo realismo o abrir grietas con el ala kirchnerista. Tanto pragmatismo -no creo-, pueda soportar CFK y su entorno.

A Macri no le queda otra más que «remarla» y dar un giro de 180 grados en su política y su entorno: será capaz de hacerlo? En 2015 -desde setiembre-, lo hizo; por qué no ahora? Otra vez, estará a prueba su liderazgo tan singular pero para revertir todo en dos meses, deberá alejarse de influencias cercanas tóxicas y dar señales claras -y no ficticias- de cambio. La llegada de Lacunza por un inoperante Dujovne, puede avanzar en tal sentido. Porque para cambiar al país, como prometió, antes deberá cambiar él.

«ICH BIN EIN BERLINER», VERSION 2019

Se cumplen 80 años del inicio de la II Guerra Mundial, comenzada precisamente por los alemanes y 3 décadas de la caída del Muro de Berlín, así que, qué mejor ocasión para conocer la tradicional capital alemana, tan a menudo discriminada por los avatares históricos en favor de Bonn, Colonia, Hannover y hasta Hamburgo.


El Río Spree.

A poco de recorrer sus estaciones de transporte público integrado (tren-metro-tranvía-bus), la ciudad (con 3,5 millones de habitantes) deja entrever su vitalidad, multicoloridad y diversidad, expresada en la gran cantidad de razas que la pueblan, la pluralidad de idiomas y vestimentas que se ven como las conductas humanas, en las que prevalece el respeto por el otro.

Berlín ilustra cabalmente lo que es Alemania siglo XXI: una nación integrada con una gran inmigración, pero donde todo funciona, con buenos precios, bajos costos, dotada de un orden sistémico, aunque no sea perfecto, como muchas veces se la idealiza y tampoco luzca estéticamente. Prueba de ello último, es la proliferación de cocheras para autos, construidas a puro hierro.

La Alemania hiperglobalizada

La máxima expresión de aquel dinamismo y variedad étnica lo exhibe el barrio de Chalottenburg, situado en la parte oeste de la ciudad. Allí viven cerca de 400.000 personas, pero el 35 % de ellas, no son alemanas, sino árabes, turcos, iraníes e hindúes en un primer grupo minoritario; luego le siguen griegos, italianos y otras nacionalidades de Europa meridional; finalmente, rusos, ucranianos y kazajos, componen un 4 % de aquella población. Con sólo visualizar los bares, restaurantes y hoteles, puede verificarse la presencia masiva de estas comunidades no germánicas.

Muchísimos turistas se dan cita en Alexanderplatz, donde se halla la torre famosa de la TV alemana y el reloj mundial, con una gran cantidad de negocios de comida rápida y cerveza por doquier.

Unos kilómetros más allá, se halla la Puerta de Brandeburgo -colmada de manera insólita y surrealista, por los Hare Krishna, venezolanos pro-Maduro contra el «intervencionismo imperialista norteamericano» (la Embajada de Estadov Unidos está al lado del monumento) y pueblos originarios latinoamericanos- y el Reichstag alemán.

Extrema vigilancia en la Embajada britanica por el incidente con Irán en el Estrecho de Ormuz.

El Bundestag donde Frau Merkel, junto a su sucesora en 2021, la actual Ministra de Defensa, Annegrette Kramp-Karrenbauer, homenajearon el fracasado golpe militar y atentado del Coronel Von Sttaufenberg contra Hitler en 1944, también se ubica allí cerca, en medio del Parque Zoológico de Berlín, a metros del Monumento de la Victoria (construida a fines del siglo XIX y en pie durante la guerra), más las estatuas del Canciller de Hierro, Otto Von Bismark y el general Von Moltke, sobre la famosa Under den Linden (Avenida de los Tilos).

Un párrafo aparte merece el recordatorio del Muro y el puesto fronterizo donde eran latentes las tensiones entre soldados aliados y soviéticos en plena Guerra Fría (1961-1989). Hoy, hindúes o chilenos que apenas saben del acontecimiento que dividió al mundo, lo banalizan, eligiendo postear sus fotos desde aquel lugar tan especial.



Al recorrer la ciudad, no dejan de resonar las palabras de Kennedy, tratando, con la famosa frase con la que titulo este artículo, de congraciarse con los berlineses o de Ronald Reagan cuando le  pidió a Gorbachov que haga todo lo necesario para derribar el Muro. Pero también imagino la fortaleza y capacidad de resistencia del pueblo alemán: los numerosos ancianos septuagenarios u octogenarios, manejando sus bicicletas y hasta sillas de ruedas de última generación, como si aquella guerra que vivieran cuando niños tal vez hasta huérfanos y con ejércitos extranjeros ocupando su hogar, no hubieran hecho mella en sus cuerpos.

Por eso, yo también les tributo mi homenaje a lo Kennedy con su célebre frase y les “perdono” sus licencias contemporáneas, como los buses perdiendo su puntualidad famosa; cierta desidia con la jardinería; algunos mendigos durmiendo en los túneles o los automovilistas sin frenar ante un cruce peatonal, todo lo contrario al relato alemán de postguerra de su supuesta infalibilidad y excepcionalidad. Prefiero enfatizar en esa otra capacidad, tan estoica ante tanto dolor, aunque como hemos visto en el propio caso de Frau Merkel y sus temblores, el cuerpo les pase factura por ser como son.

El último párrafo, para el cruce de la Filosofía en una calle berlinesa.


EL PRESIDENTE QUE NO MERECIMOS

Ayer falleció el ex Presidente Fernando De la Rúa, quien gobernara con una singular alianza de centro-izquierda, que congregaba radicales y peronistas-progresistas, entre 1999 y 2001. A continuación, comparto alguna semblanza.

Estuvo en el lugar correcto en el momento equivocado -y con las compañías inadecuadas-. De la Rúa fue uno de los últimos exponentes de la clase dirigente argentina, en creer y escalar socialmente de manera meritocrática, sin tomar atajos como un matrimonio por conveniencia o alguna otra corruptela. Cordobés de origen, fue abanderado del Liceo Militar General Paz, Medalla de Honor en Abogacía de la UNC, Profesor por Concurso en la UBA y elegido como el «delfín» del histórico dirigente radical Ricardo «Chino» Balbín, para salvarse de la debacle generalizada contra el avasallador peronismo triunfante de 1973, convirtiéndose en el Senador nacional más joven de la historia argentina. En el regreso de la democracia, una década más tarde, tras ser derrotado en una gran interna radical contra Raúl Alfonsín, a la postre, Presidente de la Nación (1983-1989), fue diputado nacional y el primer Jefe de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, donde ya era un connotado vecino adoptivo. Quien fuera llamado con razón, el «Kennedy argentino», estaba llamado a ser Presidente a su turno. Lo fue en 1999, elegido por más de 11 millones de votantes en primera vuelta, que esperaban que castigara la corrupción menemista, mejorara la política social pero mantuviera la Convertibilidad de 1 dólar = 1 peso.

Sin embargo, no contaba conque su propio partido, encabezado por Alfonsín, lo presionara imponiéndole funcionarios como el economista heterodoxo Machinea ni «le soltara la mano» en el tramo final; tampoco con un peronismo que adentro de la coalición (con «Chacho» Alvarez como Vicepresidente -renunciante-) como en la oposición con la grieta Menem-Duhalde, una vez más asumiría un rol institucional irresponsable; finalmente, no supuso que la sociedad civil, que lo había acompañado, se dejaría manipular discursivamente por una nueva coalición, no partidaria, pero sí sectorial, la devaluacionista, formada por grupos empresarios (mediáticos e industriales), a la que se agregaron políticos vengativos de ambos grandes partidos tradicionales, como Duhalde y Alfonsín y no pocos intelectuales.

La renuncia de De la Rúa, más allá de sus dudas en la gestión y un contexto internacional sumamente adverso -el bajísimo precio internacional de la soja y la altísima tasa de interés en Estados Unidos-, condujo a la Argentina a un abismo, cuyos efectos se perciben hasta hoy. Desde todo lo que significó el derrumbe formal de la Convertibilidad, algo que ni siquiera Rafael Correa se animó a hacer -con la dolarización- en Ecuador, en materia de ruptura de contratos generalizados-incluyendo el «corralón» de Remes Lenicov; el default; una devaluación del 137 % en un año -pulverizando salarios-; el regreso de la inflación y la regresión autoritaria del kirchnerismo. Todo ello fue tolerado y hasta acompañado tácitamente por una sociedad contradictoria y bipolar que a mediados del 2001, en un 80 % aprobaba el mantenimiento de la Convertibilidad pero que rechazó abrumada un ajuste presupuestario quirúrgico de Ricardo López Murphy en marzo de aquel trágico 2001.

A De la Rúa, lo conocí hace apenas cuatro años en el CARI, cuando fue a ver a Mariano Caucino, en una charla de presentación sobre su primer libro de Rusia. Me impresionó como un buen hombre, un político culto -de los que ya no quedan-, honrado, respetado -en tal círculo- y respetable. Seguramente, su vulnerabilidad cardíaca y renal, empezó a perfilarse por aquellos años aciagos del país, así como muchos compatriotas, como mi ex suegro y mi propio padre, que sufrieron infartos mortales entre 2001 y 2004. Con estoicismo admirable, guardó un bajo perfil durante la década durante todos lo demonizaron, aunque se quedó a vivir en el país.

Un detalle final: De la Rúa murió un 9 de julio, coincidiendo con la fecha de la independencia patria. Tal vez, la amaba más que ninguno. Tal vez, todos, ciudadanos de un país de baja institucionalidad, fuimos muy injustos con él. Quizás en Suiza -o Uruguay-, lo hubieran apreciado y valorado mucho más.


CHERNOBYL: 33 AÑOS DESPUES

No habia forma de convencer en abril de 1986, al 80 % de mis compañeros y docentes de la Facultad de Ciencia Política y RRII de la UNR que la URSS no era el «paraíso perfecto» ni estaba del lado correcto de la historia. Ni siquiera con la expectativa favorable generada por la llegada, desde la agrícola pero discriminada por las políticas estalinistas, Stavrópol, de Mikhail Gorbachov, como nuevo Secretario General del PCUS en marzo de 1985.

Sus discursos reconociendo las carencias estructurales del sistema comunista soviético, precedidas de la huelga obrera y represión militar del régimen de Jaruzelski en Polonia, algunos años antes y el fracaso militar de la invasión a Afganistán, no parecían calar hondo en la intelectualidad argentina en otra muestra más de su habitual encapsulamiento. Tuvo que ocurrir una tragedia como la de Chernóbyl, para que aquí, algunos empezaran a abrir los ojos.

Hoy, con la perspectiva de la distancia temporal, ésta es mi opinión sobre lo ocurrido, además de sus repercusiones en la Rusia actual.

ENTREVISTA EN RADIO FM AHIJUNA

Aquí el trailer de la nueva serie de HBO que ha causado tanta conmoción entre las nuevas generaciones.

GUAYAQUIL: LA CIUDAD DE LOS LIBERTADORES

Es una de las ciudades más modernas y pujantes de América Latina,
sin ser capital de un país, lo cual no dejó de acarrearle no pocos conflictos en su vasta historia. La misma que la tuvo como epicentro del único encuentro -y más importante- entre los dos Libertadores de América: los Generales José de San Martín (argentino) y Simón Bolívar (venezolano), el 26 de julio de 1822.

Monumento La Rotonda

Como ya lo he documentado, en el verano de 2018, con mi novia Ekaterina, en auto, luego de un largo paso por la costa brasileña, hasta el norte y luego descender hasta el sudoeste, atravesando la selva amazónica hasta llegar a la frontera peruana, me dispuse a hacer una modesta recreación del viaje sanmartiniano, en la campaña del Perú del siglo XIX. El sábado 27 de enero cruzamos el límite, llegamos a Cuzco el lunes 29 y a Lima, el miércoles 31. Subimos hacia el norte bordeando la costa del Pacífico, pasamos Trujillo (ciudad de casi un millón de habitantes) y Talara (125.000 habitantes) y finalmente, arribamos a nuestro objetivo de Guayaquil, el sábado 3 de febrero por la noche. Permanecimos una semana allí, recorriéndola además de visitar su playa más famosa, Salinas (35.000 habitantes).

Con más de 3 millones de habitantes incluyendo zona metropolitana, Guayaquil, «la Perla del Pacífico», fundada en 1547, como astillero y puerto comercial de la Corona de España, bordeada por el Río Guayas, ha sido fundamental como centro neurálgico de la economía ecuatoriana en su faz independiente, dada la relevancia de su comercio marítimo, actividad mercantil y progreso industrial. El 40 % de las 1.000 empresas más grandes de Ecuador, se halla radicado en Guayaquil. Además, canaliza el 80 % del comercio exterior de todo el país y como es obvio, al ser una ciudad tan bonita y con tanta variedad, recibe muchísimo turismo nacional e internacional.

 

2019: UN AÑO ESPECIAL DE RECORDATORIOS

Además del 500 aniversario del viaje de Magallanes-Elcano circunnavegando el globo y el 80 aniversario del inicio de la II Guerra Mundial, que ya comentamos, se celebran:

Ver artículos relacionados