NICOLA TESLA

Mucho antes que Novak Djokovic o el Padre de la ex Yugoslavia, el croata Mariscal Tito, hubo un serbio que hoy reconoce Elon Musk llamando por su nombre a su empresa de autos eléctricos y que también es reconocido por el propio Aeropuerto de Belgrado. Hollywood lo mencionó en “El ilusionista”, el film de Christopher Nolan, estrenada en 2006. Se llamaba Nicola Tesla, un genio olvidado, casi condenado al ostracismo científico, por sus rivalidades con Thomas Alva Edison, entre otros.

Nacido en 1856, en Smiljan, en el seno del Imperio Austrohúngaro (hoy Croacia), pero hijo de padres serbios, Milutin, sacerdote ortodoxo y Duka, un ama de casa especializada en fabricar aparatos caseros, Nicola no terminó sus estudios universitarios de ingeniería eléctrica pero se convirtió en un genio estudioso de la corriente alterna. Poseía una inusual e inigualable memoria fotográfica, visulizaba un objeto con sólo escuchar su nombre y concebía sus ideas con precisión extrema, sin aferrarse al dibujo de esquemas. Todo ello, afectaba su cuerpo, provocándole alucinaciones, ya desde su infancia.

En Hungría, empezó su larga secuela de inventos: como ingeniero del primer sistema telefónico de ese país, creó en 1881, un amplificador, el primer altavoz del que se tenga referencia. En 1882, ya en Francia, trabajando para quien sería su eterno rival en vida, la empresa de Edison, concibió el motor de inducción. Ayudó al propio Edison en el desarrollo de diferentes proyectos y hasta reparaciones como ingeniero eléctrico pero cansado del escaso reconocimiento monetario del norteamericano, renunció a la empresa y montó la suya propia.

La bobina de Tesla; los Rayos X, incluso superando los aportes del alemán Roentgen; la licuefacción del aire; la lámpara fluorecente; el control remoto; la resonancia mecánica -ya en Nueva York-; el primer radiotransmisor -lo que le generó conflictos judiciales con el italiano Marconi- y otras innovaciones tienen el sello del genial serbio, sin hacer jamás un plano, pero su innovación mayúscula fue la generación inalámbrica de energía eléctrica a principios de 1891, aunque nunca pudiera plasmarla de forma eficiente. Tesla incluso llegó a idear la posibilidad de transmisiones posibles con otros planetas, convirtiéndose así en un pionero de la radioastronomía.

Muy respetuoso de las religiones, pero sin ser creyente, adhería al principio de que todos somos uno: “cada uno de nosotros es solamente parte de un todo”, escribió en el año 1900.

Envidiado y combatido por Edison, quien se negó siquiera a compartir con él, el Premio Nobel de 1915, juzgado como un científico loco, murió empobrecido, el 7 de enero de 1943, a los 86 años.

Acerca de Marcelo Montes

Doctor y Magister en Relaciones Internacionales. Politólogo. Profesor universitario, área Política Internacional. Analista de la política exterior de la Federación Rusa. Investigador. Columnista de medios de comunicación escrita, radial y televisiva. http://consultoriayanalisisrrii.blogspot.com.ar/ https://twitter.com/marceloomontes
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