EL ENORME DEFICIT DE LIDERAZGO EN ARGENTINA

Tres escenarios ilustran como nunca antes, la acefalía en la que se halla la Argentina, un país pletórico de creatividad individual pero que en términos sistémicos, fracasa como proyecto colectivo, crónicamente seducido por un carrusel que lo deposita en el mismo lugar cada tantas décadas, lo cual demuestra el grado de adolescencia societal que afronta. Por ejemplo, algo semejante a lo que vivimos hoy, fue 1974, apenas murió Juan Domingo Perón, sí, hace exactamente 44 años.

En aquel terrible julio, cuando yo tenía 10 años de edad, ya tuve que afrontar el ocaso de un régimen por la pérdida física de su líder omnipresente, que dejó en su impresentable viuda “Isabelita” Martínez (una ex cabaretera del Caribe, todavía “becada” en Madrid), la responsabilidad de conducir el país, rodeada de obsecuentes, “brujos” como el ex cabo policial “Josesito” López Rega y bandas parapoliciales como la “Triple A”. En el Mundial de Alemania, la Selección era un caos por la improvisación con la que se preparó y las irregularidades con el nombramiento de su cuerpo técnico (Sívori-Cap). Pasamos la primera ronda gracias a un milagroso partido contra Haití y merced a la derrota de Italia a manos de Polonia, pero luego perdimos con Brasil y fuimos humillados por una Holanda, que llegaría a la final. Por último, en la materia, donde eclosionan todos nuestros problemas como sociedad, la economía, por vivir siempre más allá de nuestras posibilidades, emitiendo moneda, endeudándonos (afuera o adentro) y despojando al campo, vía retenciones, ya incubábamos el “rodrigazo”, un sinceramiento abrupto de todas las variables (tarifas y salarios), que por fin, explotaban, tras la irresponsable represión inflacionaria de años anteriores (con los militares y el propio Perón). Como los procesos anárquicos no pueden sobrevivir, aunque deriven  en guerra civil, 1976 fue el corolario triste de semejante bienio de estupidez colectiva: el advenimiento de una dictadura militar, que “reinstauró el orden”.

Como decía Marx en “El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte”, “cuando la historia se repite, primero lo hace en forma de tragedia y luego, deriva en farsa”. Unos 35 años de democracia, a la que volvimos -y nunca debemos olvidar-, producto de una guerra perdida en Malvinas -y no por la lucidez dirigencial-, donde no encontramos líderes estadistas, sino políticos con ambiciones vulgares que priorizaron su perpetuidad personal (Menem y Kirchner -incluso éste falló en su cálculo-) o fracasados como Alfonsín y De la Rúa, por errores propios y conspiraciones ajenas. Respecto a 1930, sólo aprendimos que haya cierta alternancia en el poder y que el peronismo haya aceptado en paz, sus tres derrotas electorales (1983, 1999 y 2015) aunque como opositor, le haya plagado el camino de espinas a sus rivales triunfantes.

En el fútbol, que es el deporte que mejor nos representa y con el que nos identificamos como sociedad cada cuatro años en los Mundiales, que no dejamos de jugar desde 1970, ganamos dos veces la Copa del Mundo en 1978 y 1986, fuimos subcampeones en 2014 pero nuestra desorganización institucional, tanto antes, durante como después de la presencia del ex ferretero Julio Humberto Grondona al frente de la AFA, la “cultura del aguante” que puebla nuestras canchas, el estado deplorable de las mismas y la elevada corrupción con dirigentes ricos y clubes pobres, hacen que sobrevivamos sólo gracias a la emergencia coyuntural de grandes jugadores como Diego Maradona y Lionel Messi. Mientras en ese terreno queremos competir con Alemania o Francia, la economía nos muestra la realidad: un país que vivió 70 años con inflación, 2 hiperinflaciones, más de 50 años con déficit fiscal, 27 planes incumplidos con el FMI, decenas de devaluaciones, confiscaciones de depósitos, un 30 % de pobres, aunque tiene 400 mil millones de dólares de argentinos fuera del sistema financiero o legal, con lo cual podría ser autosuficiente, superavitaria y alimentar a medio mundo. En estas más de tres décadas, este triple escenario se multiplicó para empeorar.

Realmente 2018 se asemeja metafóricamente a 1974, pero no lo es. Un gobierno como el de Macri, sostenido sobre la base discursiva de un “Cambio” que nunca alcanzó a plasmarse como tal y en la profundidad que la sociedad requería, excepto en la libertad cultural y de expresión reinante. De liderazgo ni hablar. Su gurú ecuatoriano confunde los planos y lo relativiza porque lo considera “pieza de museo” en una sociedad supuestamente gobernada por la vertiginosidad tecnológica, la omnipresencia de la imagen y las pantallas táctiles. Golpeado por una feroz crisis cambiaria entre abril y junio pasado, nunca se apeló a una comunicación directa con el pueblo, pidiendo sacrificio épico o transmitiendo las razones de la pesada e irresponsable herencia recibida.

A futuro, como estamos en una sociedad donde como reflejos de un pasado que prometía un futuro muy diferente del presente que tenemos, predomina el feminismo, si Macri, un político postmoderno raro, que habla suave, no levanta jamás el tono de la voz y apenas gesticula, pero ingeniero, incómodo con el lugar donde está y por eso ha envejecido de manera rápida, volviera a ser reelegido el año próximo, lo será porque su principal soporte es una mujer: María Eugenia Vidal. Excepto Margaret Thatcher, no conozco mujeres con un liderazgo cuasi masculino. Enfrente, el viejo y machista peronismo también se apoya en otra mujer, con la mejor imagen: CFK, la viuda de Kirchner. Esto significa que si el “Cambio” que votó la sociedad argentina, se traduce por fin en un fenomenal ajuste estructural, que es una y otra vez postergado, porque afectará los privilegios de los poderosos (empresarios cortesanos y sindicalistas mafiosos), aunque el mercado lo haga cada tanto de manera salvaje, con las sucesivas devaluaciones, aquél estará a cargo de políticos blandos o “tiernos” como el actual Presidente, opositores parecidos a él como Massa o Urtubey o mujeres, que están muy lejos del prototipo comunicacional y de personalidad dura y aguerrida de la extinta líder conservadora del Reino Unido, a la que ni la propia Theresa May se le parece.

Finalmente, en el fútbol, la Selección acaba de volver de un Mundial como el de Rusia, derrotada y semihumillada en octavos de final, tras clasificar agónicamente en la eliminatoria y en primera ronda con Nigeria, pero sobre todo, con el mismo diagnóstico de 1974: crisis dirigencial previa;  irresponsabilidad al reclutar con urgencia, un técnico pero vinculándolo vía un contrato por un lustro, sin evaluación intermedia; un cuerpo de entrenadores con mayúsculas diferencias internas; un Sampaoli con demasiadas idas y venidas en sus decisiones, haciendo demagogia con el equipo, que lejos de granjearle simpatía, lo terminó aislando; una vez que renuncie o lo renuncien, graves riesgos de que se repitan viejos males con nuevos responsables al frente del equipo. Como consecuencia, una Selección sin identidad alguna, que nunca fue un equipo, que sólo apeló a darle “pases en forma de adoquines” -como advirtió Maradona- a su máxima estrella para que Messi resuelva en soledad.

Es que esta foto en tres dimensiones es nuestra Argentina cobarde y pusilánime. No hay liderazgo en ninguno de los tres planos: ni en la política, ni en la economía ni en el fútbol. Votamos, elegimos, producimos y jugamos como somos, con conductores que evaden sus responsabilidades. Puede haber discursos pro-cambio o pro-equipo, pero no se cree en esa ética confuciana, con la disciplina y solidaridad que aquellos exigen, porque todos los roles están desnaturalizados. Se habla de proyectos de largo plazo, pero sobra ansiedad, impaciencia. Se dice valorar la gestión, pero hay exceso de improvisación, aunque con planillas Excel. La imagen personal se traduce en sobreactuación. Los problemas se dilatan (o “pedalean”) en el tiempo; se repiten los ciclos discursivos; no se habla de una vez por todas, con crudeza y realismo; se teme pagar los costos de cada decisión; se espera un “ángel salvador” cada tanto o que “Dios nos salve con la cosecha”. Mientras tanto, se profundiza la velocidad en el tobogán de la decadencia, la misma que vemos cada verano cuando vamos a Mar del Plata o las sierras de Córdoba: la misma infraestructura de hace cinco décadas, los mismos paseos, la misma pobreza de servicios, los mismos costos, el mismo robo a cara descubierta, aunque sea de “guantes blancos”.

Cuando no hay liderazgo, cuando los políticos no usan su autoridad docente optando por emplear un lenguaje edulcorado, amigable con el público, para parecerse al género femenino, con el objetivo de ganar votos, a cualquier costo; cuando los técnicos de fútbol archivan sus convicciones y declinan su autoridad para buscar ser “amigos” de los jugadores; cuando ni siquiera los economistas que sobran en Argentina, a pesar de que la economía es un desastre por donde se la mire, deshacen su autoridad del saber para hacerse entender en un medio de comunicación, a través de la extravagancia o el histrionismo, como si fueran actores, es decir, cuando los que deben conducir, guiar, tutelar, optan por no hacerlo, esta sociedad fragmentada en tres tercios -donde el privado productivista sostiene a los otros dos, el estatal subsidiado y el informal pobre-, pierde el rumbo, el sentido, el futuro, ahogándose en la anomia, que diagnosticó el sociólogo francés Emile Durkheim. Producto de ello, donde tampoco se identifica dirigencia moral – no se salvan de este “patíbulo virtual”, los curas, periodistas e intelectuales-, el desasosiego y la falta de horizontes resultan abrumadores.

Esta Argentina anómica, increíblemente conservadora, resiliente y providencialista, no puede seguir así por mucho más tiempo. La excusa identitaria de que “somos como somos” y que estamos condenados a ello, choca contra nuestro pasado, en donde sí pudimos quebrar la inercia latinoamericanista, católica, prebendaria y mendicante. Sociedades de nuestro continente que eran históricamente clasistas, hoy ven emerger clases medias, de la misma manera que lo hacía Argentina a principios del siglo XX. La excusa futbolera de que así, con esta densidad mafiosa, barrabravismo y carencia de planificación logramos ganar Copas Mundiales o instalar árbitros nuestros en instancias finales, no sirve cuando se ve cómo todos (europeos y latinoamericanos) nos van superando o emparejando y ya “no ganamos con la camiseta”. Se nos van acabando los antídotos para asumir nuestras responsabilidades como adultos y dejar de ser una promesa eterna inexplicable en las cátedras del Primer Mundo. Se nos va terminando la vida y entre un 30 a un 39 % de los argentinos no ve futuro aquí y aconseja a sus hijos, irse del país. Es la más cruda muestra de un país sin dirigencia.

Por razones también estructurales, el quiebre o la bisagra no podrá ser ya una dictadura militar, una guerra perdida, un financiamiento extraordinario externo, un éxito deportivo excepcional. “Dios nos ha abandonado” y debe ocuparse de otros países mucho más desventurados que el nuestro. Jugar con otra crisis para exponernos al abismo y reaccionar no garantiza una salida pacífica. Por mayor resiliencia de la que hablemos, la capacidad de tolerancia social no es infinita.

Con este panorama en cierta manera, desolador, tal vez, el “milagro argentino” radique en salir del marasmo, paradójicamente, a través de una generación más joven y feminizada que la que nos condujo al fracaso y con instrumentos, capacidades y estilos muy diferentes a los que razonamos tan indispensables, en esta coyuntura tan acuciante. Una vez más, resuena la frase desde el sepulcro del español Ortega y Gasset: “argentinos, a las cosas”.

Acerca de Marcelo Montes

Doctor y Magister en Relaciones Internacionales. Politólogo. Profesor universitario, área Política Internacional. Analista de la política exterior de la Federación Rusa. Investigador. Columnista de medios de comunicación escrita, radial y televisiva. http://consultoriayanalisisrrii.blogspot.com.ar/ https://twitter.com/marceloomontes
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46 comentarios

  1. Ningún técnico argentino de la elite, quiere dirigir a la Selección. Están capacitados o tienen mucho marketing? https://www.youtube.com/watch?v=OZ-BIoawlOQ&list=PLHZksI4Ht1iOS2SGVS3UFL7cGevCVwqE5

  2. Importa tanto el proceso, el técnico o el apoyo institucional y de jugadores? https://www.youtube.com/watch?v=ONcsAZ1p9ao

  3. La interna de “Cambiemos” al rojo vivo según “Beto” Valdez. https://www.youtube.com/watch?v=8rOeSP3p-SU

  4. Laura Di Marco y la interna entre Vidal-Rodríguez Larreta versus Marcos Peña. https://www.youtube.com/watch?v=cGXnuyS-9U4

  5. Pagni, el nuevo entusiasmo de Macri, la reforma militar y el acuerdo con el PJ. https://www.youtube.com/watch?v=HsZWGJ6WRvE

  6. “Pancho” Olivera y la venganza de los empleados y los empresarios en el escándalo de los cuadernos. https://www.lanacion.com.ar/2159175-peligrosas-esquirlas-de-un-pacto-roto

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