LA LECCION HOLANDESA

Esta semana, la novedad internacional la constituyó el resultado electoral de Holanda. En sus comicios parlamentarios, el oficialismo liberal de Mark Rutte (VVD), volvió a ganar como en 2012, aunque esta vez, sobre el candidato populista Geert Wilders (PVV), el «Trump nederlandés». Este líder político, con su discurso xenófobo y antieuropeísta, había liderado las encuestas hasta las últimas semanas, en las que, producto de algunos errores de campaña, como su silencio ante la prensa, a la que también juzgó como «mentirosa», fue cayendo hasta perder en los votos -aunque haya subido en el número de escaños-.

Pero cuáles son las reflexiones que demanda el caso holandés a esta hora? Así como desde hace siglos, la sociedad de ese país de Europa septentrional, otrora colonia española, fue un ejemplo paradigmático de tolerancia religiosa y hasta sexual, pluralismo cultural y civismo político, resultaba asombroso que también pudiera caer en la red del populismo antidemocrático. Las preguntas serían, en todo caso, qué razones o factores influyeron para que Holanda -un país, con un sistema atomizado de partidos, que no cumplía el mandato completo de su gobierno desde 1998-,  se viera sometida a tal amenaza y por qué finalmente, nunca terminó de plasmarse en un resultado electoral exitoso? Continúe leyendo

LOS IDUS DE MARZO

Tal vez, cualquier alumno de Teoría Política I pueda conocer el significado de «los idus de marzo» en la Roma antigua. Eran por ejemplo, los días 13 de cada mes, excepto en marzo, mayo, julio y octubre, en que se celebraban los días 15. Precisamente, el idus de marzo se festejaba el día 15, en honor a Marte, el dios de la guerra.

Pero básicamente, los idus implican en el lenguaje postmoderno, el advenimiento de tiempos con buenos augurios, pero que pueden torcerse súbitamente y tornarse negativos para quienes afrontan desafíos de gobierno o del poder.

La película que nos convoca, en términos de ficción, protagonizada por Ryan Gosling, George Clooney y el malogrado actor Philip Seymour Hoffman, entre otros, trata la campaña primaria del Partido Demócrata entre dos candidatos, un gobernador y un político tradicional, ambos asesorados por sus equipos de consultores. De un lado, un profesional joven, un tanto idealista, contratado por su amigo, un veterano del marketing político y del otro, su contracara, un consultor también avezado pero inescrupuloso. En el medio, una periodista contratada por el segundo para manipular la información del primer candidato.

En un contexto de ideas y valores progresistas, tras el fiasco de los «neocon» de Bush (hijo) en pleno comienzo de la era Obama, cuando se aguardaba en el mundo y en la propia Estados Unidos, una revalorización de la política doméstica y de los políticos en general, el film ofrece una mirada demasiado descarnada y realista que parece opacar aquellas expectativas iniciales.

Hoy, en una nueva era, la de Trump, ya habiendo vivido lo años de Obama, que pasaron sin pena ni gloria, «Los idus de marzo» nos recuerdan que el plano de los valores y los ideales se hallan en tensión permanente con los del poder y los votos, en el mundo de la política.

Claro que, semejante conclusión atrapa a los ciudadanos en un dilema igualmente desconsolador: la frescura que suponen la consecución de ideales, la alternancia y el cambio democrático, pierde sentido ante la ambición desmedida de los políticos, que no trepidan en apelar a cualquier estrategia, incluso inmoral, para acceder y mantener el poder. Esto explica en parte, la atracción que ejercen los nuevos líderes «antiestablishment».

«LOS POLITICOS SON LADRONES PORQUE LOS PUEBLOS LO SON»

Qué pasaría si un buen día, nuestro político gobernante al frente de la sociedad, es reemplazado por un loco, salido del manicomio, que bien disimula su condición? Ese es el eje llamativo del film «Viva la Libertá», protagonizado por el brillante actor italiano cuasi sexagenario Toni Servillo, que nos invita a preguntarnos hasta qué punto la política actual, llena de políticos, acartonados o no, populistas o no, inescrupulosos o no, pero sí cobardes, con falta de luces, sin emociones que les transmitan a electorados cada vez más zoombies. Serán necesarios locos (no bufones como Trump, Johnson, Wilders o Beppe Grillo) que saquen a la opinión pública de este tedio pseudodemocrático en el que estamos sumidos, con expresiones responsabilizadoras como la de nuestro título? Lo paradójico es que el film se ambienta en Italia, un país que ha sido laboratorio de todos los experimentos con su clase política desde la Logia P2, pasando por la Tangentópolis, el «homo videns» de Sartori, Silvio Berlusconi y el ex Premier reformista Matteo Renzi. Un variado menú de variados discursos y frases inolvidables, con un sarcasmo poco habitual sobre la labor de quienes nos gobiernan, con una sorprendente reflexión sobre la mentira institucionalizada en ambos mundos: el de la política y el propio cine. Súper recomendable.

LA FRANCIA QUE CASI CATAPULTA AL PODER A MARINE LE PEN

En medio de la marea del «Brexit» y el triunfo de Trump, con un elocuente mensaje nacionalista, xenofóbico y antieuropeísta, la líder del Front Nationale, Marine Le Pen, encabezaba los sondeos en octubre pasado en Francia.

Sin embargo, en las últimas semanas del año 2016, Francois Fillon, le ganó la primaria de la derecha a Alain Juppé en segunda vuelta y a Nicolás Sarkozy y Jean Francois Copé, entre otros, en la primera. Este episodio ha demostrado una vez más, que la derecha liberal está mucho más politizada y movilizada de lo que se suponía, incluso, mucho más que en otros países de Europa, donde la extrema derecha y algunos retazos de izquierda moribunda, parecen ocupar toda la franja del espectro político, inclinado así hacia el «iliberalismo». Un 10 % del electorado votó por las primarias del espacio político mencionado, es decir, unos 4,3 millones de votantes, una cifra absoluta marcadamente superior a los 2,8 millones que votaron en las primarias de la izquierda ganadora hace un lustro. Señalando a la izquierda por el fracaso en el gobierno del pusilánime Hollande y advirtiendo a los franceses sobre la potencial quiebra del país, en caso de que ganen la familia Le Pen, Fillon convocó de inmediato a sus ex rivales derechistas para tomar el Palacio Elíseo en las elecciones de abril próximo. Este liberal, católico, jesuita, que votó en contra del Tratado de Maastricht en el referéndum de 1992 y es amigo del Presidente ruso Putin, sabía que tiene una oportunidad histórica, aprovechando la decepción de los progresistas con su propio gobierno, para ganar en primera vuelta y luego, triunfar en el ballotage, como lo hiciera de manera abrumadora (83 contra 17 %) Jacques Chirac contra el padre de Marine, Jean Marie Le Pen, en mayo de 2002. Continúe leyendo