Diseñado en el siglo XIX, por un arquitecto alemán, a solicitud del Barón de Nova Friburgo -la colonia suiza cercana a la capital carioca-, el ex Palacio Presidencial guarda un interesante eclecticismo porque exhibe varios estilos: grecorromano, renacentista, versallesco y hasta musulmán. Cuenta con una planta y tres pisos además de amplios jardines, con laguitos y estatuas de diferente tamaño. En la actualidad, desde que dejara de ser sede de gobierno en 1960, es visitado por miles de personas por mes y es empleado como parque de descanso para otros tantos ancianos de clase media que viven en el barrio de Catete, uno de los de mejor calidad de vida en Rio, dada su cercanía con el Parque y praia de Flamengo.
El 2019 empezó en Brasil con la tradición como cada lustro, de un Presidente novo (nuevo, traducido del portugués). Ya en las calles y las bellas playas del extensísimo litoral costero brasileño, los últimos días del 2018, permitían visualizar no sólo una revitalización de la economía, tras los largos años recesivos de la fase final del petismo en el poder, sólo interrumpido por el ajuste de Michel Temer (2016 en adelante), sino también un clima festivo y de «boom» del consumo que a la postre, quedaría demostrado en el récord de masas de povo (pueblo) presentes en Brasilia, para la asunción del Presidente entrante.
Unas 150.000 personas estuvieron allí el primer día del 2019, con banderas sólo verde-amarelhas con el escudo del «Orden y progreso», como no ocurría desde la asunción de Lula en su primer mandato, en 2003. Claro, primer síntoma de una nueva era: más banderas brasileñas, más nacionalismo, más sentimiento de patriotismo antes que preocupación por clivajes sociales o económicos. Allí estaban vitoreando a su Capitao (capitán), porque no hay que olvidar que Jair Bolsonaro llegó a esa jerarquía como paracaidista del Exército (Ejército) brasileño. Otro outsider y populista que les prometió como personajes tan disímiles ideológicamente pero comunes en varios aspectos, Chávez, Trump u Orban -de presencia insólita en Brasilia-, que venía a «limpiar Brasil», en todo sentido: contra la corrupción, contra el narcotráfico, contra «el comunismo» -hubo una mención explícita a que «la bandera brasileña nunca será roja»-. Lo dijo alguien que a pesar de haber sido diputado durante 28 años, se declaró admirador de la feroz dictadura militar de 1964 a 1985. Ese halo militarista hegemonizó todo el acto de asunción: la omnipresencia de guardias de seguridad, el desfile del auto descapotado con hombres del servicio secreto, las decenas de miles de soldados y oficiales destinados a resguardar la seguridad del evento y del propio Presidente, quien ya sufriera un atentado que lo favoreció en plena campaña hace algunos pocos meses.
La causa feminista goza hoy de muy buena salud, al menos en una parte del mundo, a pesar de una trayectoria con no pocos vaivenes. Tras un comienzo algo fulgurante en los tumultuosos años sesenta y setenta, donde mujeres pero también hombres, tras el revolucionario «baby-boom» de los cincuenta, filosofaron y predicaron la necesidad de una revisión de la historia humana en función de la manifiesta desigualdad sexual, aquel movimiento que no tardó en traspasar a la arena política fue perdiendo el vigor inicial. Mientras en el mundo occidental, se consolidó en Europa en los ochenta y noventa, provocando una fenomenal crisis de los matrimonios y la monogamia, tuvo altibajos en Estados Unidos donde la revolución conservadora reaganiana le puso cierto coto, de la mano de las iglesias protestantes electrónicas. Tardó bastante en llegar a América Latina, recién ahora y muy selectivamente. En el resto del globo, no existe: en Africa, donde el reino tribal vulnera hasta el clítoris de las mujeres, como si viviéramos aún en la Antigüedad y Asia, sobre todo en el Islam, nadie se pregunta por los derechos del sexo femenino.
Siempre supe que detrás de las cándidas y pegadizas canciones de ABBA y Roxette, había historias personales demaiado pesadas. Como ésta que relatamos a continuación.
Una nena de 12 años, testigo pasivo de los abusos de su padre sobre su madre, culmina hastiada, arrojándole un bidón de gasolina y prendiéndole así, fuego en su auto. Por intento de homicidio agravado, es encerrada en un manicomio, bajo el «resguardo» del Estado, el mismo Estado que hace «desaparecer» a su padre y condena a la soledad y desamparo a su madre, que ve consumir sus últimos años de vida, perdida en un geriátrico. Para permitir su «rehabilitación social», un médico psiquiatra inescrupuloso la «domesticará», teniéndola más de un año, acostada atada con cadenas a la cama.
La nena, «semiliberada», al crecer en edad, pronto tendrá un tutor, un abogado, que a la postre, al sufrir un accidente cerebrovascular, algo común en ese país hegemonizado por ancianos huraños y solitarios, será reemplazado por otro, extorsionador y abusador de menores, que así también someterá, con la impunidad oficial, a la ahora mujer. Ella no tendrá a quién recurrir: se rebelará en silencio con una fisonomía punk y sólo podrá defenderse, como una hacker sin igual, gracias a las nuevas tecnologías.
Podrá vengarse de sus «protectores» y hasta poner al desnudo sus vejaciones pero para ello necesitará de la ayuda tan imprevista como incondicional de un periodista y su medio comprometido como, cuando se vaya desenrrollando la compleja trama siniestra que ocultó su ultraje oficial, donde convergían abogados, fiscales, policías y sobre todo, el servicio de inteligencia, preocupada por proteger al perverso padre de la chica, un empleado ex camarada soviético -cuándo no los rusos, nunca un polaco, un checo ni un húngaro-, allí recién aparecería otra oficina gubernamental, dentro del mismo cuerpo de seguridad, pero la de protección constitucional que por fin entendió que se trataba de un fenomenal caso de violación estatal contra lo derechos de una ciudadana, en un país que se precia de salvaguardar como nadie, precisamente, los derechos individuales. Como si todo ello fuera poco, en contra de la víctima, la persigue un hermanastro superasesino, con analgesia congénita, o sea, insensibilidad al dolor. Parece mentira pero la saga se iniciade modo distante con este guión central, al referirse a un caso de neonazismo encubierto, violación y crímenes al interior de una familia empresaria poderosa, cuyos hermanos mantenían oculta la siniestra historia.
El país del que se trata, no es Estados Unidos, tampoco es Gran Bretaña, la que se acaba de ir de la UE, ni siquiera Alemania. Me refiero aSuecia, un país que se jactó siempre de tener un Estado Benefactor, sin cárceles porque no hay presos, con un feminismo acendrado, mostrando su orgullo de ser pacífico y neutral durante guerras mundiales, incluso en la Guerra Fría, el mismo que exporta cultura y hasta financia actividades de organizaciones de ayuda humanitaria y promoción de derechos humanos en el Tercer Mundo. Pero claro, hasta la inocencia que vende for export, tiene su contracara hacia dentro.
Subís a un taxista y se queja en la ciudad argentina en la que estés, que los habitantes locales manejan de manera pésima, ignorando la prioridad de paso por la mano derecha. Para qué abundar de ejemplos de padres o madres que circulan llevando a sus hijitos en moto, con el casco en la mano, para -eventualmente- colocárselo apenas divisen la figura de un agente de tránsito. Se ha generalizado la toma de calles y rutas, por parte de grupos minúsculos, que protestan por las más variadas razones, violando los derechos de terceros, con total impunidad, sin tener en cuenta que existe un orden social, donde es legítimo peticionar a las autoridades pero a través de las instituciones que ellos mismos votan. Desde hace tiempo, son comunes los ataques de padres a los maestros y profesores por retar o evaluar negativamente a sus hijos, alumnos mediocres, cada vez más desinteresados en estudiar o prestar atención en clase. En las encuestas de opinión pública, esta sociedad anómica exhibe y legitima un total desapego al esfuerzo, la ética del trabajo como válido para alcanzar el progreso individual y colectivo, creyendo que existe el atajo -cualquiera sea-, para tener éxito en la vida.
Llama la atención que Argentina plantee este escenario cuando a principios del siglo XX, se erigía en una país de enorme futuro, con una autoestima muy elevada y siendo por demás de atractivo para los muchos inmigrantes que la poblaron, proviniendo de los más lejanos lugares del mundo. Educativamente, asegurando una cierta igualdad de derechos, la elite que la gobernó, con una lógica muy clara de proyecto de país, permitió que masas enteras de italianos, españoles, judíos, musulmanes, croatas, alemanes, rusos, etc. se formaran y al mismo tiempo, progresaran individualmente. La pregunta que surge al instante por qué ese proyecto fracasó, autocuestionado por los hijos de la propia elite, que con culpa, empezó a criticar los mismos cimientos de aquel orden, su mayor o menor justicia, su legitimidad, su grado de cobertura. Como alguna vez mencionara Mariano Grondona, aquella aristocracia se fue al campo y «cerró la tranquera», recluyéndose en su vida privada y absteniéndose ya de participar en los asuntos públicos del país. Siguiendo la lógica advertencia burkiana, tal abdicación dejó el país en manos de los conservadores más mediocres, los radicales ya no tan éticos, Perón y los militares y así, el daño, fue enorme. Pero no era cuestión de intérpretes o ejecutores: sí lo era de ideas. Las ideas condujeron al país al resultado de decadencia que hoy vemos.
Desde niño, mi madre me enseñó que hay mentiras y mentiras. Las hay graves, por supuesto, como ser infiel a tu esposo o esposa o ser desmesurado, para evitar castigos que te mereces o provocar polémicas donde no hubieran existido. Por el contrario, las hay veniales o pequeñas, para evitar males mayores o discusiones estériles, con el efecto de congraciarse con el otro para no «avivar la llama» que puede generar un incendio funesto. Entre estas últimas, existe la mentira porque nos aburre cierto estado de ánimo, a la manera de una broma de mal gusto. Sólo que en este caso, también hay consecuencias no queridas. Quien recuerda la fábula de Esopo, llamada «El pastorcillo mentiroso», puede concluir que el problema del mentiroso, aún venial, es que «carga con una cruz»: nadie le cree cuando dice la verdad -más habitualmente que quien se dice sincero-.
Algo parecido ocurre con ese bien tan supremo que es la paz. Hay muchos caminos a ella, no un único. Nadie asegura que una buena conducta, individual o colectiva, pueda garantizarla. A veces, el sendero más insólito nos conduce a ella. A veces, la sóla amenaza puede disuadirnos de procurarla para evitar mayor sangría de la esperada. Si tuviera que escoger entre la paz que predican los pacifistas a ultranza y los realistas, conocedores de la imperfecta naturaleza humana, me quedo con la de estos últimos. La paz no se alcanza con discursos rimbombantes cada final de setiembre en la Asamblea de la ONU ni ofreciéndose como escudo protector de las fuerzas del organismo. Quedó demostrado hasta el hartazgo que aún entre los grupos de Médicos sin Fronteras, Cruz Roja Internacional o los mismos pacificadores -recordar la negligencia holandesa en Srbenica-, existen almas pecadoras, que escapan de sus propios demonio internos y por eso, eligen estar allí, en esas circunstancias tan peligrosas, tratando de alcanzar vaya a saber uno qué redención, lavando sus culpas individuales del pasado.
El caso del egipcio Ashraf Marwan, doble agente del Egipto de Anwar El Sadat y la Israel de Golda Meir, Moshe Dayan y Menahem Begin en los años setenta, me hizo reflexionar sobre la mentira y la paz. Ese yerno de Gamal Nasser, el «Padre de la Patria» egipcia, era sobre todo, humano: lo cegaba la ambición de poder. De bajo perfil y acomodaticio, se había casado con Mona, tal vez hasta por interés, no por amor. Cuando las intrigas palaciegas y la escasa valoración de su suegro amenazaron con desplazarlo, no dudó en pasar sus servicios a Israel y la temible Mossad. La muerte de Nasser y el nuevo favoritismo de Sadat para con él, cambiaron diametralmente las circunstancias, pro él quedó preso de las mismas. Giró hacia un idealismo de conveniencia, para manipular a egipcios e israelíes, casi por igual. Tras dos intentos errados, «Angel» -ése era su seudónimo como espía projudío-, se ganó la confianza definitiva de los últimos, tras advertirles a tiempo de la Guerra del Yom Kippur, que sólo ocasionó 17.000 muertos, evitando la de millones. Ni a su propia mujer pudo convencer que jamás tuvo amantes: su verdadero amor estaba dirigido al poder y el dinero.Con esos valores criticables y aún con la sóla confianza de otro agente israelí («Alex»), logró más que nadie y es el único héroe egipcio e israelí al mismo tiempo: la paz por más de 40 años ya entre ambos países.
Dos películas reflejan dos de las más grandes humillaciones que recibiera Estados Unidos en los últimos 40 años.
Una, es «Argo», premiada con el Oscar de la Academia de Hollywood, protagonizada y dirigida por Ben Affleck, donde se describe el calvario de 66 diplomáticos y ciudadanos norteamericanos, tomados de rehenes en la Embajada de su país en Teherán (Irán), durante 444 días entre el 4 de noviembre de 1979 y el 20 de enero de 1981. Tal crisis se suscitó en el marco de la Revolución Islámica, de sesgo shiíta radicalizada, liderada por el Ayatollah Ruhollah Khomeini, quien había regresado por aquellos días, de su exilio en París, tras haberse opuesto tenazmente al Sha Reza Pahlevi, el autócrata modernizador casado con la emperatriz Farah Diba -quien solía tomar baños con leche para rejuvenecer su piel- , la pareja apoyada férreamente por Estados Unidos desde la caída del Premier nacionalista Mohammad Mossadegh, orquestada por la CIA en 1953.
La otra película es «Trece horas: la historia de los soldados secretos de Bengasi», aludiendo a la también toma violenta e incendio del Consulado norteamericano en la ciudad libia de Bengasi, el 11 de setiembre de 2012, en el undécimo aniversario del atentado a las Torres Gemelas y el Pentágono, por parte de Al Qaeda, que desencadenaría la muerte por asfixia, del entonces embajador americano, Christopher Stevens. El contexto de esta acción cuasi terrorista, era la «Primavera Arabe», que a diferencia de la Revolución iraní, fue estimulada y apoyada por Estados Unidos, en la ingenua creencia de que generaría un efecto democratizador «dominó» sobre la región de Medio Oriente, similar a la postguerra en Alemania y Japón.
Me encanta la frase «lo hecho, hecho está, cuando nosotros decimos que está hecho».
«Qué está haciendo?» pregunta la agente del MI6. «Mejor no ver lo que hace», le dice su colega americano, ante la locura y audacia de la acción del protagonista, su propio jefe.
«A grandes males, grandes soluciones», otra de las frases preferidas del personaje central, un apostador nato que nunca opta por caminos minimalistas.
«El no es más que la propia manifestación del destino», dice con admiración de él, su ex autoridad en la CIA.
Un equipo de técnicos eficientes; un líder que se mantiene joven a pesar de los años, escalando aviones, manejando motos de alta cilindrada en ciudades populosas o trepando alturas inimaginables, contradiciendo toda ley biológica o de gravedad; una permanente búsqueda de simulación que logra engañar a «los malos» pero sobre todo, un espíritu de unidad y de servicio al Estado -corporizado en su propio team, el de la IMF-, que permite que Ethan Hunt priorice salvar la vida de un compañero -la cual vale como la de millones- o relegue enamorarse para no condenar a su esposa a la viudez temprana, prefiriendo más bien, otra mujer tanto o más aventurera que él.
En qué capital de un país podemos ver imágenes diarias como ésta? sí, no creo que haya muchos, más bien diría pocos, contados con los dedos de una mano. Relajados, seguro jubilados, una buena vida, tranquila, un «Estado Benefactor» desde «la cuna hasta la tumba». No es Suecia, no es Suiza, es Uruguay, precisamente la «Suiza latinoamericana», como se llamó alguna vez. «Estado tapón» entre Argentina y Brasil, pergeñado en los escritorios de la diplomacia británica en el siglo XIX, de apenas algo más de 176.000 km. cuadrados y unos 3 millones y medio de habitantes, con una de las poblaciones más envejecidas del continente y por qué no, del mundo, pero uno de las más alfabetizadas, democráticas, pacíficas e igualitarias (aunque no desarrolladas) del orbe.
El país en el que en toda la Semana Santa no se trabaja a pesar de que están separados la Iglesia y el Estado hace muchísimo tiempo; el país en el que vivir en Montevideo, la capital, se asemeja a vivir en una capital de provincia del interior argentino; el país que eligen argentinos y no pocos europeos, para poner sus ahorros en dólares y euros; el país en el que muchos argentinos tienen sus yates, sus autos, sus departamentos, sus inversiones en campos, para evadir el fisco de nuestro pais. Sí, Uruguay, aquí están nuestras fotos de Montevideo y su bella costanera, el elegante barrio de Carrasco más Punta del Este y Piriápolis en su costa este sobre el Río de la Plata y Océano Atlántico.
-Choque de civilizaciones
-Diario de una pasión
-Doctor Zhivago
-El Conde de Montecristo (Alejandro Dumas)
-El Señor de Ballantrae (Robert Louis Stevenson)
-La sociedad abierta y sus enemigos (Karl Popper)
-Motín a bordo
-Reflexiones sobre la Revolución Francesa (Edmund Burke)
-Robinson Crusoe (Daniel Defoe)
-Shakespeare enamorado
-The Last of The Mohicans (Fenimore Cooper)
-The silence of the lambs
-The peacemaker
-Facundo: civilización y barbarie (Domingo Faustino Sarmiento)
FRASES PARA RECORDAR
– «The only thing necessary for the triumph of evil is for good men to do nothing» (EDMUND BURKE)
-«Once we accept our limits, we go beyond them» (ALBERT EINSTEIN)
– «Rien n´est plus puissant qu´une idée dont l`heure est venue» (VICTOR HUGO)
– «No hay edad para vivir un amor intenso, así como creo que el amor es lo único que importa. Todo lo demás son plumas del pavo real, modas para seducir, como cuando un tipo se compra un auto fabuloso. Y el drama es que muchas veces el asiento de al lado va vacío, o con una mujer que no le gusta. No se necesita un Porsche para que una mujer te quiera. Hasta Adam Smith tenía esto claro: la razón por la cual la gente busca la riqueza es para salir del anonimato de la masa y ser querida» (ARTURO FONTAINE TALAVERA)
– «Our patience will achieve more than our force» (EDMUND BURKE)
– «Ahora la vida es mucho más riesgosa e incierta, aunque, al mismo tiempo, mucho más entretenida. No tengo ninguna nostalgia por el mundo de nuestras abuelas, donde las mujeres se casaban y tenían siete u ocho hijos y quedaban bastante encajonadas en una vida donde había muy poca posibilidad de cambiar De vida, porque no trabajaban» (ARTURO FONTAINE TALAVERA)
– «To read without reflecting is like eat without digesting» (EDMUND BURKE)
– «Your time is limited, so don’t waste it living someone else’s life» (STEVE JOBS)
– «Todos los hombres nacen iguales, pero es la última vez que lo son» (ABRAHAM LINCOLN)
– «Have the courage to follow your heart ad intuition» (STEVE JOBS)
– «Al final, lo que cuenta no son los años de tu vida, sino la vida de tus años» (ABRAHAM LINCOLN)
– «Si eres neutral en situaciones de injusticia, es porque estás del lado opresor» (ARZOBISPO DESMOND TUTU)
– «Casi todas las personas son tan felices como preparan sus mentes para serlo» (ABRAHAM LINCOLN)
-«In Italy, for 30 years under the Borgias, they had warfare, terror, murder and bloodshed, but they produced Michelangelo, Leonardo da Vinci and the Renaissance. In Switzerland they had brotherly love, they had 500 years of democracy and peace – and what did that produce? The cuckoo clock» (GRAHAM GREENE)
«Sólo el que ha conocido el extremo del infortunio puede sentir la felicidad suprema. Es necesario haber querido morir, para saber cuan dulce es la vida» (EL CONDE DE MONTECRISTO)