La evolución histórica de la Argentina está ligada indisolublemente a la del liberalismo. Como tradición, como doctrina o, recientemente, como identidad, ha ocupado un lugar central en la construcción institucional del país moderno, en la segunda mitad del siglo XIX hasta aproximadamente 1930.
Hubo un antecedente de esta tendencia, hace 3 décadas: el fenómeno de la UCEDE, partido político de centro-derecha liberal, liderado por el Ingeniero Alvaro Alsogaray (diputado nacional), cuyo hijo Alvaro Luis, hoy nos pudo entregar su testimonio de aquellos grandes momentos de la agrupación partidaria, que llegó a influir en el programa de gobierno, parcialmente aplicado por Carlos Saúl Menem.
Una de las ventajas no deseadas del encierro motivado por la cuarentena: la proyección de videos reproduciendo interesantísimas conversaciones o diálogos entre intelectuales. En este caso, el historiador Ricardo López Göttig charlando con el politólogo Pablo Dons, acerca de la desvalorización gradual de la educación y los orígenes de la destrucción del proyecto exitoso de la post Generación del ’37 (o sea, la Generación del Ochenta). Dons plantea que el odio a la democracia liberal y al capitalismo ha sido la gran fuente de la decadencia a lo largo del último siglo y medio, abrevando en la generación tardía de los Ochenta (Ibarguren, Carlés, Lugones -cuyo aniversario de su muerte es hoy- y cía). La crítica moral a la sociedad abierta que favorecía la movilidad social ascendente y por el contrario, la reivindicación de los valores tradicionales de la sociedad que se iba quedando en la retaguardia, fueron los cimientos de aquél odio. La misma elite se fue disparando gradualmente en los pies: aquí, lejos de existir una «revolución popular» -como aducen peronistas y kirchneristas al unísono, hubo una erosión de los mismos valores que llevaron al progreso de la sociedad.
Dons empieza con un dato revelador de la tragedia educativa argentina: mientras hace 20 años atrás, los niños de primer grado aprendían ya a leer y escribir, ahora aprenden recién a partir de sexto grado. Resulta interesante como Dons, a la hora de las responsabilidades lejanas al respecto, hace hincapié en la fortaleza del nacionalismo católico a lo largo del tiempo, hoy potenciado por el pensamiento de Jorge Bergoglio, como Papa Francisco, exaltando la sacralización o glorificación de la pobreza y un orden social jerárquico, donde cada uno mantiene, sin ascender, su lugar en la escala social, sólo matizado por cierto grado de distribucionismo.
Llama la atención entonces, dice Dons, en la última discusión por el aborto, cómo libertarios anarcocapitalistas iban a las plazas, acompañando a los «Provida», que están en la antítesis de una sociedad abierta y demás valores liberales. Existe una falta de cultura generalizada y mucho esnobismo, que explican estas insólitas alianzas, potencialmente explosivas según López Göttig. Remarca Dons que la «patria instagramera» puede tener un éxito efímero y es una demostración más de cómo el liberalismo argentino hasta ahora, ha carecido de cultura política y militancia.
Resulta paradójico en tal sentido que, a diferencia de lo postulado por el anarcocapitalismo, el liberalismo argentino contribuyó según el historiador Ezequiel Gallo, a crear el Estado, concentrarlo en nichos estratégicos y luego limitarlo, no «explotar el Banco Central», como a veces se postula en los vivos de Instagram. Según Dons, hay que militar en la calle, penetrar en las villas, generando un liberalismo popular, sin esnobismo, sin la conexión «online«, sino con formación y lectura. Claro, sobrevuela en este pasaje, una crítica velada a los Maslatón, a los Milei, a los Gómez Centurión y obviamente, los «influencers». Aunque por lo visto en Carlos Paz y otras ocasiones, juzgarlo a Milei como superficial, es por de pronto, muy exagerado si tenemos en cuenta su algún grado de formación académica.
Finalmente, los interlocutores exploran las raíces del mundo sindical argentino, su carácter crecientemente patrimonialista, sus concubinatos a partir de negocios como contratistas del Estado, etc. Incluso, cómo en «la vieja guardia sindical» argentina -citando López Göttig un estudio de Rubén Zorrilla-, el hijo de un sindicalista se casaba vía matrimonio civil y pretendía escalar socialmente, fuera del ámbito gremial y ahora, por el contrario, decide casarse vía Iglesia Católica y se convierte en sucesor de su padre, en el sindicato. Cualquier parecido con la familia Moyano, es pura coincidencia.
Respecto al futuro, Dons plantea un escenario complejo, testimoniando el enorme desencanto social con la gestión Macri, fracasada por la falta de visión de la realidad. Todo ello se agudiza con la enorme «politización de la política», esta especie de reinado de la hermenéutica, la interpretación permanente de lo que pasa. Sin embargo, se puede salir adelante si a la formación se le agrega la participación: a la ejemplaridad individual hay que sumarle la pública, para ser buenos ciudadanos. El desprecio a los sectores populares -a través de las veladas críticas a los «choriplaneros»- de parte por ejemplo de los vecinos de clase media de Recoleta que, de manera contradictoria, también rechazan ganar dinero por vía lícita, debiera dejar lugar una mayor formación e involucramiento con pensamiento crítico, en la cosa pública.
«Depende del prisma con el que se lo mire». Se trata del juego de las interpretaciones y no tanto de los balances que se precian de racionales, que hacen los terceros, cercanos o no, cuando uno muere.
Hace algo más de 17 años, cuando falleció mi «viejo», un hombre que supo vivir y disfrutar de la vida, pero que engañó a mi madre durante 15, ante su ceguera y la nuestra como hijos, descubrí que todos sus amigos., incluyendo los que no conocía yo, sabían perfectamente hasta lujos de detalles de mi vida. Allí me di cuenta no sólo que «no hay peor ciego que quien no quiere ver» sino que, haciendo una interpretación más que idiosincrática de la Argentina, la mentira está incorporada en nuestro ADN. Nos mienten y nos encanta que nos mientan. Eso conduce a una conducta rayana a la esquizofrenia, tal vez cercana a la de muchos países de Europa Oriental, la propia Rusia y sus vecinos cercanos, donde imperó el «socialismo real»: durante décadas, imperó la mentira oficial del «hacemos que trabajamos y ellos hacen que nos pagan». Aquí no hubo ejercicio de falsedad oficial y sistemático -tal vez el más cercano a ello, fue la cobertura de la guerra de Malvinas o la negación de las violaciones de los DDHH, bajo una dictadura- pero nos habituamos, incluyendo bajo la democracia, tal vez, a modo de elusión de una realidad decadente -codearnos con las grandes potencias y luego descender al infierno-, a vivir hipócritamente.
El mismo cinismo que vemos en estas horas en ocasión de otro entierro, el de Carlos Menem. Otro hombre que supo disfrutar del poder, de los buenos y malos momentos, de la farándula, de las mujeres, en fin, del mundo. Como mi padre. No en vano, Menem murió un día como el de ayer, en pleno carnaval, porque su vida era así, simpática, atractiva, prácticamente una fiesta, incluyendo peripecias graves como su prisión en Las Lomitas o la muerte de su hijo Carlos Junior -que lo shockeó, sin dudas-.
Un personaje que hoy, es reconocido como «un buen adversario» o todo «un caballero», por Jorge Lanata, el periodista otrora progresista, por no decir marxista, ahora republicano y social-liberal, que fundó un Diario -Página 12-, financiado con el secuestro de los hermanos Born, desde el cual destrozaba la política económica pro-mercado de Menem -la única transformadora aunque parcial, en décadas- y la manchaba de toda denuncia de corrupción que se le ocurriera, algo que hasta en estas horas, defiende por su «razonabilidad». Subrayo que en el menemismo, excepto en su ocaso (caso Yabrán y crimen de Cabezas), absoluta libertad de prensa, por lo que los Lanata, los Castro, los Verbitsky, pudieron criticar abiertamente a quien estaba intentando transformar a la Argentina, con un gran apoyo en votos, por primera vez en tantas décadas.
O que, Duhalde y muchos radicales, que contribuyeron al derrumbe de la Convertibilidad por venganza y orgullo perdido, respectivamente, ahora «se pavonean» en los canales de TV y radios, llenando de loas y alabanzas al supuesto «gran estadista» de las últimas décadas. Como si hoy viviéramos en el «Primer Mundo» que prometió.
O que, para no cuestionar sólo a los peronistas y los K, mi propio partido -la UCEDE- rinda un tributo póstumo a quien, mintiéndole a su propio electorado justicialista, nos sobornó a los liberales y robó nuestras banderas, algo de lo que tardamos en levantarnos, otras dos décadas. Por cierto, como creo en el sitio de control interno y la voluntad como su expresión, mi crítica es mayor a mis propios correligionarios y su actitud en aquel momento -más que al presente- y que al mismo agente incentivador.
Podríamos seguir infinitamente con el repertorio de conductas cínicas. Pero claro, por razones de espacio, prefiero no hacerlo. Considero que es mejor, sin entrar en el análisis de la política pública en general o la evaluación de la gestión del menemato, al que se lo juzga peor por lo que hizo en el primer mandato que por el segundo cuando tal vez habría que hacerlo exactamente al revés, observar de qué manera ese cinismo puede proyectarse en el tiempo y hacer metástasis en el tejido moral, de la misma manera que lo hecho en el postsocialismo europeo oriental y ruso. Podemos ver más claramente cómo Menem es el padre reconocido de Duhalde quien a su vez, cegado por su ira por la promesa incumplida de aquél de permitirle la Presidencia en ese aciago año 1995, lo fue de los Kirchner y tras éstos, los hermanastros de Macri, a pesar de la grieta artificial, en la que nos han embarcado desde 2008.
Como yo el día del velorio y entierro de mi padre, tal vez -y ojalá-, espero que esta muerte sirva a los argentinos para asumir por fin nuestras verdades por más dolorosas que sean, dar vuelta atrás páginas que ya no nos conducen a nada positivo y finalmente, sobre la base de tal aprendizaje, dedicarnos «a las cosas» como reclamaba Ortega y Gasset.
Mientras tanto, Menem y Maradona seguirán vivos en nuestro recuerdo, dividiendo o alegrándonos.
Como pocos hombres de Estado o políticos en Argentina, Domingo Felipe Cavallo sufrió un verdadero ostracismo, sin haber estado nunca condenado ni detenido por razón alguna. Su pecado fue pergeñar el mayor y más exitoso -mientras duró- plan de estabilización antiinflacionaria de la Argentina (Plan de Convertibilidad), del que pronto se cumplirán 3 décadas -mañana 1 de febrero se celebra su asunción como Ministro de Economía- así como también intentar salvarlo de manera no traumática, lo cual arrastró a una enorme crisis de la que se salió errática y sólo parcialmente merced al «boom de las commodities» (2002-2011).
Se trata del penúltimo gran estadista vivo tras su gran apoyo -y «sepulturero político» (Carlos Menem)- dado que tuvo una mirada general y estratégica de lo que había qué hacer con el Estado argentino: como reducirlo, reasignarlo, reformarlo, eficientizarlo, en sus tres niveles, no sólo el nacional. De hecho, cuenta con ex funcionarios que le respondían, en algunos gobiernos actuales, por ejemplo, Osvaldo Giordano en Córdoba.
Podrá criticarse su papel en el gobierno de De la Rúa (2001) pero su obsesiva vocación de servicio a la Patria, de la que nunca se fugó ni quiso emigrar, está fuera de duda. Se peleó con muchos políticos (Alfonsín, Duhalde, Alvarez, Terragno, Storani, María Julia Alsogaray, hasta el propio Menem después de 1996, etc.) pero también estuvo en desacuerdo con no pocos colegas (Erman González, Javier González Fraga, Rodolfo Rossi, Enrique Folcini, los monetaristas y los austríacos vernáculos, etc.), que hasta el día de hoy, lo envidian, por no haber exhibido ellos la valentía ni la cuota de poder que él tuvo para ejecutar los cambios de fondo que eran tan necesarios en 1989 como ahora.
Contrariamente a lo que se monologa en las Universidades y medios de comunicación, el camino a la reforma económica no fue nada lineal ni mucho menos, sencillo. Cuando asumió Economía, Cavallo en febrero de 1991, Menem estaba en un piso de popularidad del 20 % y casi todo el arsenal de medidas ortodoxas y también heterodoxas, con el apoyo de grupos empresarios nacionales como Bunge & Born y tantos otros, como extranjeros, en un contexto global muy favorable, se había usado con resultados aún insatisfactorios.
Es que a Cavallo en su tándem con Menem, se les puede reprochar NO LO QUE HICIERON, sino tal vez, cómo lo hicieron o, lo más importante, LO QUE NO PUDIERON HACER. El «cómo lo hicieron» guarda directa relación con los gremialistas y algunos «empresaurios» -diría hoy Javier Milei– que lograron direccionar las reformas hacia sus propios intereses (algunas privatizaciones, programas de desempleo, subsidios, etc.), no acordes a la ejecución técnica estricta o el plan general que Cavallo tenía originalmente en mente, combinando lo monetario, con lo fiscal pero sobre todo, integrándolo a lo económico.
LO QUE NO PUDIERON HACER, habiendo hecho demasiado (reforma monetaria, del Estado, descentralizaciones, baja de impuestos, desregulaciones, AFJPs, ARTs, etc.), tiene vinculación con sobre todo, la NO reforma laboral y la NO reforma del sistema de Obras Sociales, además de la ausencia de reforma educativa y el carácter procíclico del régimen perverso de federalismo fiscal (coparticipación nacional y provincial). Poco o nada de ello se logró, por la fuerte oposición de los gremios peronistas, amparados por el propio menemismo (en parte), que frustraron el diseño inicial del brillante ex Ministro.
Sin tales reformas, el despegue definitivo de la economía argentina, con una baja de costos, vis a vis el «torniquete» monetario y cambiario, no era posible en el largo plazo, como ya quedó demostrado en 2001, no por «el fracaso del modelo» como se repitió insistente y erróneamente, sino por todo lo que faltó ejecutar. La mayor productividad de una economía totalmente desorganizada en 1990 y con un nuevo training en abril de 1991, quedó como una tarea pendiente.
Ojalá algún día esta mente brillante que tenemos los argentinos, pueda tener su merecido reconocimiento, el mismo que sí le dan en países tan diferentes como Ecuador y Rusia. Hoy, se dedica como un joven quinceañero entusiasta a bajar sus entrevistas por doquier, en su propio sitio web, ayudado por su hija economista, publicar notas y hasta libros de historia económica argentina. Sigue siendo incansable, inquieto, curioso, polémico, pero tremendamente lúcido: insisto, con una visión global de lo que debe hacerse con el Estado pero también con el país, remarcando que es necesario una organización económica (con incentivos institucionales correctos) y un liderazgo carismático y audaz que la promueva, resucitando así, las fuerzas económicas del mercado.
No pierdo la esperanza de que sea escuchado y que en el 2023, cuando este pésimo gobierno termine -si no lo hace antes-, pueda volcar sus conocimientos y experiencia nuevamente en la función pública, para el gobierno que asuma ante la que será seguramente, la mayor crisis de nuestra historia como país.
Esperemos que sea una estela del 2020 y no la continuidad nefasta. Una mala noticia para el mundo académico de las #RRII en #Argentina y por qué no el mundo. El pasado sábado 2 de enero, me informaron colegas de la #UNVM, que se nos fue el polémico pero siempre original CARLOS #ESCUDE. A quien invitamos a un webinar fallido por razones de Covid19, el 29 de setiembre pasado. Una gran pérdida.
Pero quien fue más allá en su crítica, fue el heterodoxo pero brillante y original académico en Relaciones Internacionales, Carlos Escudé. Su opinión me parece mucho más válida que la de Vargas Llosa, porque se convirtió a la religión judía en la última fase de su vida. Más allá de sus cambios o afinidades ideológico-partidarias (sucesivamente, progresismo, liberalismo, menemismo, kirchnerismo), Escudé tuvo una actitud crítica con ciertas decisiones autoritarias y confrontativas de Israel en las últimas dos décadas, sobre todo, con su política de colonización de territorios, además de exculpar a Irán en relación a los atentados de Buenos Aires, en los años noventa.
Un impacto menor aunque no sobre mí, causó con su genial libro «Patología del nacionalismo» donde desnudó el proyecto educativo argentino de enseñar la historia y la geografía del país, a lo largo de décadas, sobre la base de la victimización nacional, mediante la pérdida consuetudinaria de territorios a favor de nuestros vecinos (Brasil, Paraguay, Bolivia, Uruguay y Chile). Escudé demostraría más bien, el producto contrario: a través de una minuciosa investigación histórica, Escudé fundamentó cómo los perdidosos fueron los otros países, no el nuestro, lo cual explica la envidia y el resentimiento de algunos de sus pueblos, como el chileno.
Escudé tiene otros méritos no menos relevantes, en su propia trayectoria académica. No sólo que retornó a su país, pudiendo quedarse en Estados Unidos, sino que siendo parte integrante del sistema académico investigativo nacional (CONICET), logró construir una teoría propia de la autonomía nacional en política exterior (el «realismo periférico»). Intentó aplicarla bajo el mandato de Guido Di Tella como Canciller de Carlos Menem (1989-1995-1999) aunque ya en el llano, tuvo que explicar una y otra vez, a sus colegas, cuánto, cómo y bajo qué márgenes políticos, pudo hacerlo.
Estuve en Navarro este año antes de la cuarentena pero también pude visitar hace cuatro veranos, la localidad de Tilcara en Jujuy, donde se halla la casa, hoy Museo, donde fueron velados los restos de Lavalle, por sus propios soldados y oficiales que le juraron lealtad, escapando de las huestes rosistas, camino al altiplano boliviano.
En ambas situaciones, me emocioné hasta las lágrimas, porque ambos semejantes héroes nacionales, unidos en la lucha contra el dominio español, no pudieron zanjar sus diferencias, a posteriori, sino a través de la sangre -que terminó usufructuando un tercero-, desencadenando así una absurda guerra fratricida que duró tres décadas.
Habremos entendido los argentinos hoy, a la luz de un siglo XXI que luce fragmentado, con la virulencia de las redes sociales, enfrentados los unos a otros, por diferentes causas, que tal desunión no conduce a un destino más venturoso sino peor? En este contexto, vale la pena recordar aquela fecha fatídica. Ojalá aquel remordimiento que acompañó a Lavalle toda su vida, hasta su propio crimen, no haya sido en vano y sirva de lección histórica para un pueblo como éste, que se empeña en forjar divisiones muchas veces, sin sentido alguno.
Mi hijo Nicolás Andrés tenía dos fechas para nacer en octubre de 2000, habiendo descartado ya hacerlo el mismo día que yo (el mítico 17): el 23, el día del cumpleaños de «Charly» García -en el el que nació- o, el 30, el de Diego Armando Maradona. En cualquier caso, sería un día escorpiano, el de un talentoso puro, un genio, aunque Nico hasta el día de hoy, intenta y lo logra, no serlo. Porque sabe en su interior, por eso lo admiro, que ese tipo de vidas son realmente intensas, desmesuradas, constantemente en un subibaja o montaña rusa -a lo Kusturica- y él prefirió la tranquilidad absoluta. Su bajo perfil le permite disfrutar a su manera de las oportunidades que le brinda la vida y él busca, tomar distancia de las adversidades de algunos de sus hermanos mayores e ir zigzagueando los peligros que le deparó -y depara- la vida misma.
Si bien las trayectorias de ambos terminaron muy diferentes, sus orígenes eran parecidos y nos revelan la otra Argentina que tuvimos hasta 1970, la de la movilidad social ascendente. El «Negro» Monzón, criado en San Javier, al norte de mi Santa Fe natal, era un joven villero, flaco, desgarbado, casi desnutrido, al que le tenían que vendar las manos porque luego de cada uno de sus golpes durísimos, le dolían enormemente sus nudillos. Por el contrario, Roldán, nacido en la zona de Freyre, pueblito del norte de Córdoba, cerca de San Francisco, limítrofe con la Provincia santafesina, hombreaba bolsas y ordeñaba vacas.
Son historias que los jóvenes no conocen o sólo parcialmente, incluso tergiversada, como puede ser la del propio Monzón -hoy sería considerado un femicida-. Pero ambos nos hicieron inmensamente felices en los años setenta y ochenta. Eran heroicos, fueron casi míticos. El himno argentino sonaba más potente y la bandera se erguía orgullosa, con ellos y sus peleas. Desde la humildad, construyeron grandeza, haciendo caso omiso de la adversidad.
-Choque de civilizaciones
-Diario de una pasión
-Doctor Zhivago
-El Conde de Montecristo (Alejandro Dumas)
-El Señor de Ballantrae (Robert Louis Stevenson)
-La sociedad abierta y sus enemigos (Karl Popper)
-Motín a bordo
-Reflexiones sobre la Revolución Francesa (Edmund Burke)
-Robinson Crusoe (Daniel Defoe)
-Shakespeare enamorado
-The Last of The Mohicans (Fenimore Cooper)
-The silence of the lambs
-The peacemaker
-Facundo: civilización y barbarie (Domingo Faustino Sarmiento)
FRASES PARA RECORDAR
– «The only thing necessary for the triumph of evil is for good men to do nothing» (EDMUND BURKE)
-«Once we accept our limits, we go beyond them» (ALBERT EINSTEIN)
– «Rien n´est plus puissant qu´une idée dont l`heure est venue» (VICTOR HUGO)
– «No hay edad para vivir un amor intenso, así como creo que el amor es lo único que importa. Todo lo demás son plumas del pavo real, modas para seducir, como cuando un tipo se compra un auto fabuloso. Y el drama es que muchas veces el asiento de al lado va vacío, o con una mujer que no le gusta. No se necesita un Porsche para que una mujer te quiera. Hasta Adam Smith tenía esto claro: la razón por la cual la gente busca la riqueza es para salir del anonimato de la masa y ser querida» (ARTURO FONTAINE TALAVERA)
– «Our patience will achieve more than our force» (EDMUND BURKE)
– «Ahora la vida es mucho más riesgosa e incierta, aunque, al mismo tiempo, mucho más entretenida. No tengo ninguna nostalgia por el mundo de nuestras abuelas, donde las mujeres se casaban y tenían siete u ocho hijos y quedaban bastante encajonadas en una vida donde había muy poca posibilidad de cambiar De vida, porque no trabajaban» (ARTURO FONTAINE TALAVERA)
– «To read without reflecting is like eat without digesting» (EDMUND BURKE)
– «Your time is limited, so don’t waste it living someone else’s life» (STEVE JOBS)
– «Todos los hombres nacen iguales, pero es la última vez que lo son» (ABRAHAM LINCOLN)
– «Have the courage to follow your heart ad intuition» (STEVE JOBS)
– «Al final, lo que cuenta no son los años de tu vida, sino la vida de tus años» (ABRAHAM LINCOLN)
– «Si eres neutral en situaciones de injusticia, es porque estás del lado opresor» (ARZOBISPO DESMOND TUTU)
– «Casi todas las personas son tan felices como preparan sus mentes para serlo» (ABRAHAM LINCOLN)
-«In Italy, for 30 years under the Borgias, they had warfare, terror, murder and bloodshed, but they produced Michelangelo, Leonardo da Vinci and the Renaissance. In Switzerland they had brotherly love, they had 500 years of democracy and peace – and what did that produce? The cuckoo clock» (GRAHAM GREENE)
«Sólo el que ha conocido el extremo del infortunio puede sentir la felicidad suprema. Es necesario haber querido morir, para saber cuan dulce es la vida» (EL CONDE DE MONTECRISTO)